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Crónicas carpetovetónicas, por Florentino Areneros

Del Scalextric y la Nancy al universo digital

 

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Florentino Areneros
6 enero, 2017

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Al tipo que inventó el Quimicefa hoy le hubieran metido en la cárcel. En este entrañable día de Reyes, nuestro cronista Florentino Areneros hace un balance de lo mucho que ha cambiado el panorama juguetero: de las Nancys y los Madelman hemos pasado a los juguetes electrónicos con los que nuestros niños se divierten en solitario ¿En serio, vamos a un mundo mejor?

Los tiempos han cambiado una barbaridad y los juguetes también. Los de la generación Yold recordamos con nostalgia aquellos juguetes de nuestra infancia: nada que ver con la mayoría de juguetes de hoy en día, que son mucho más sofisticados. La técnica y la electrónica se han apoderado del tiempo de ocio de nuestros hijos y nietos. Pero quizá lo más sorprendente sea el modo de jugar, de socializar mediante el juego. Antes los juegos eran mayoritariamente comunes, se necesitaba de amigos para poder divertirte, jugar solo era muy aburrido. También influía el hecho de que éramos más de exterior, llegábamos del colegio nos daban el bocata y ale ¡a la calle! donde te esperaban los amigos. No hacía falta WhatsApp para quedar. En vacaciones pasaba igual, en casa eras un estorbo. Sin embargo hoy en día los niños juegan solos, pueden pasar horas delante de una consola. Y qué decir de los móviles ¡si hasta cuando se juntan varios les ves a cada uno con su móvil!

Junge schaut im Garten auf ein Smartphone,Köln, Nordrhein-Westfalen, Deutschland

“Éramos más de exterior, llegábamos del colegio nos daban el bocata y ale ¡a la calle! donde te esperaban los amigos”.

Lo cierto es que en nuestros días, lo de salir de casa a jugar a la calle es complicado. Seguramente, esto se debe a que queremos proteger demasiado a nuestros niños. También es que los pequeños de hoy tienen menos tiempo libre: cuando terminan el cole tienen que dedicarse a actividades varias, llegan a casa y a estudiar, y el tiempo que les queda libre, lo dedican un poquito a ver la tele y el resto al móvil e Internet. El tiempo dará y quitará razones; nuestra infancia también fue distinta a la de nuestros padres. Pero a veces, viendo a nuestros pequeños de ahora, no tengo nada claro qué va a ser de nuestras pensiones.

Hoy, día de Reyes, vamos a hablar de los juguetes de nuestra infancia, esos regalos que esperábamos encontrar en la mañana de un día como hoy cuando nos despertábamos. Pero antes hay que resaltar que los juguetes de antes poco tenían que ver con los de ahora, sobre todo en temas de seguridad y normativas. Muchos de los juguetes de nuestra infancia hoy estarían directamente prohibidos por peligrosos, y eso hablando de los que vendían en las tiendas. Porque además de los juguetes de las tiendas nos hacíamos los nuestros. Como por ejemplo, aquellos carritos de madera con rodamientos para tirarnos por las cuestas, todavía no me explico cómo no nos rompimos la crisma más de una vez. Sin olvidar los tirachinas y las hondas (nada que ver con las motos), o aquellas ballestas hechas con un listón y pinzas de la ropa, y que con gomas elásticas lanzaban el hierro de las pinzas: algunos estuvieron a punto de perder un ojo. Y por supuesto, también estaban los juegos de la calle, un auténtico rosario de entretenimientos al aire libre: el escondite, rescate, pañuelo, tulipán… o los tradicionales de las chapas y las canicas.

“Uno de los juegos más peligrosos que se vendían era el Cheminova, había otro similar llamado Quimicefa, yo tenía los dos. Hoy sacan un juego así y algún industrial juguetero acaba en la cárcel. Aquello era una auténtica caja de bombas”.

Uno de los juegos más peligrosos que se vendían era el Cheminova, había otro similar llamado Quimicefa, yo tenía los dos. Hoy sacan un juego así y algún industrial juguetero acaba en la cárcel. Aquello era una auténtica caja de bombas, nunca mejor dicho, empezando por el mechero de alcohol; no sé si algún niño de la época habrá ardido a lo bonzo pero no me extrañaría. Los experimentos del librito eran muy aburridos, lo que apetecía era probar mezclas, alguna vez tuvimos que salir por piernas ante la que se estaba liando y más de un boquete me hecho en la ropa, con sus consiguientes daños colaterales posteriores. Recuerdo haber hecho hasta pólvora, para lo que había que comprar unas pastillas de perborato de no sé qué, que se vendían en las farmacias para curar las llagas. Afortunadamente no conseguimos fabricar unas mechas viables, a saber qué burrada podríamos haber hecho de haberlo conseguido, “pa’habernos matao”.

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Otro de los juguetes que habitualmente solían caer en Reyes eran los Madelman, luego sacaron los Geyper Man, pero no eran lo mismo. La verdad es que daban mucho juego aquellos muñecos; entre los que más recuerdo estaban un esquimal, con trineo y perro husky incluido, y un buzo con traje de neopreno, con su zodiac y todo. Estaba cuidado hasta el último detalle, llevaban un montón de pijaditas incluidas, todo un logro. Eso sí, tenían todos la misma cara; creo que con el tiempo aquello fue mejorando, incluso creo que también sustituyeron el muñón de las piernas que se encajaba en las botas, por un pie de verdad. Desconozco si se siguen fabricando, pero me temo que los niños ya no los piden.

                            Los Madelman estaban modelados con todos sus detallitos

El juego social por excelencia y que no podía faltar en ninguna casa eran los Juegos Reunidos, había diferentes tamaños con más o menos juegos, pero cualquiera de ellos te servía para apañar una tarde.

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Los inolvidables Juegos Reunidos

En ausencia de consolas y videojuegos, los juegos de mesa triunfaban: el parchís, la oca, el Monopoly… Y por supuesto también se jugaba a las cartas, algo casi impensable en los chavales de hoy en día.

Lo más adelantado del mundo de la técnica y la electrónica aplicado al juguete en aquella época era el Scalextric, una pasada de juego para aquella época, lo más. Requería su intendencia, primero había que montar el circuito (y desmontarlo al final), lo que ya llevaba su tiempo y era parte del juego. Era normal también que entre varios juntaran las pistas para hacer grandes circuitos. Las partidas eran épicas, con sus paradas para que se enfriaran los mandos que se ponían casi al rojo vivo. Recuerdo los trucos de mal perdedor cuando se te salía el coche, como tapar la vía como por despiste para detener al contrario mientras colocabas el tuyo; o ese cable del mando que en un “involuntario” descuido había quedado cruzando la pista, y otras trapacerías varias. Lo de hacer trampas formaba parte de un código no escrito, pero que todos cumplíamos. Lo contrario hubiera sido como ir a un mercadillo de Marruecos y no regatear: en todos los juegos se hacían trampas.

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Los Beatles también jugaron al Scalextric

Recuerdo con detalle la mañana que me regalaron mi primer Scalextric, era un simple rosco de pista con dos seiscientos, pero creo que ha sido el juguete que más ilusión me hizo en toda mi infancia, el cual todavía conservo. 

Eran otros tiempos también para los valores femeninos: lo que se fomentaba era la mujer femenina y de su casa. Por eso, el regalo más habitual para las niñas eran las muñecas. Lo primero que se me viene a la cabeza es el legendario anuncio de “Las muñecas de Famosa”, aunque supongo que la oferta sería numerosa en modelos y marcas. Así a bote pronto me vienen a la cabeza los nombres de Nancy, de Nenuco y me dicen también de Barriguitas. Y todas ellas con sus accesorios: cochecitos, cunas, sillitas…

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Nancy, la reina de nuestras muñecas

No podía faltar, tampoco, todo un repertorio de vestidos y complementos varios. Todavía no habían llegado a España esa Melania hecha muñeca que son las Barbies (al orondo Papa Noel y a sus juguetes franquicia todavía no se le hacía mucho caso afortunadamente).

Los tiempos eran muy distintos también en cuanto a la ética de los juguetes. En aquella época no estaba nada mal visto, sino al contrario, lo de regalar juguetes que hoy se consideran violentos, agresivos y si me apuran, sanguinarios: las espadas, las pistolas y las escopetas, por ejemplo. Algunas de esas armas disparaban de verdad, o al menos sonaban como tal, debido a que llevaban unos pistones de plástico que explotaban con el percutor. También había unas tiras de papel enrolladas, con bolitas de pólvora incrustada que hacían el mismo efecto. Estas últimas eran las habituales en las armas de vaqueros, muy populares en nuestra infancia al igual que las películas del oeste. Ahora ya no se ven tantas pistolas ni escopetas, y menos que exploten.

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En la Cabalgata de 1963, los Reyes hacían publicidad desde una grúa

Podríamos seguir hablando de juguetes y más juguetes hasta el infinito, entre ellos los clásicos Exin Castillos o el Cine Exin, en el que siempre se te quemaban las películas. Y los habituales de la calle, como la pelota para los niños, o la comba y la goma para las niñas (estos últimos me temo que se han perdido para siempre). Seguramente se me olvidan muchos juguetes más: por ello, invito a nuestros lectores a que nos digan cuáles fueron sus juguetes preferidos. Seguro que entre todos podríamos reeditar un catálogo de El Corte Inglés de hace cincuenta años. ¿Te animas? 

El cine Exin molaba, aunque se quemaban las películas

 

Florentino Areneros

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