Mundo Yold. Una exposición única en Madrid permite disfrutar de la belleza de sus obras

Alphonse Mucha, el alma de la Belle Époque

Inés Almendros
10 febrero, 2018

Hasta finales de febrero se puede disfrutar en Madrid de esta espectacular muestra que reúne algunos de los carteles más bellos y emblemáticos del que fuera el creador y el más grande autor del Art Nouveau, y que consiguió convertir el arte en algo urbano, y en un disfrute popular. Fue también uno de los padres de la publicidad.

Un siglo después de su creación, los famosos carteles de Alphonse Mucha, como el popular anuncio de Moët & Chandon, siguen enamorando a quien los mira. Su peculiar estética le convirtieron en uno de los artistas más famosos de su época, la llamada Belle Époque, una breve era de la humanidad en Occidente definida por la luz espiritual y el buen gusto en general, que fue violentamente interrumpida por la Primera Guerra Mundial y definitivamente defenestrada por la segunda.

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Nacido en la localidad de Ivančice, en la región de Moravia, que hoy pertenece a la República Checa, Mucha pasó gran parte de su vida apoyando a la independencia de los pueblos eslavos del Imperio Austrohúngaro. Su padre Ondřej Mucha era administrativo de la corte, y en su familia de clase media se estilaban la cultura y la música. Aunque desde niño participaba como cantante en el coro de su iglesia, pronto demostró grandes dotes para dibujar; de hecho, por su excelente caligrafía le contrataron en el tribunal donde su padre trabajaba.

1895 Poster for Amants - Comdie de M. Donnay at the Theatre de la Renaissance, Paris © Alphonse Mucha Estate-Artists Rights Society (ARS), New York-ADAGP, Pa

Amants (1895)

A los 19 años se traslada a la capital austríaca, Viena, donde empieza a trabajar para la casa de decorados de teatro Kautsky-Brioché-Burghardt. En 1885 ingresa en la Academia de Artes de Munich y desde allí viaja a París, donde comenzaría realmente su gran aventura. Como tantos otros por aquella época, Mucha participa en los movimientos de las vanguardias, y hace amigos, como Gauguin, que posteriormente serían considerados genios.

Su trayectoria como cartelista comienza en 1894, cuando diseña la publicidad de la obra Gismonda para Sarah Bernhardt.

Pero su trayectoria como flamante cartelista comienza en 1894, cuando diseña la publicidad de la obra Gismonda para la famosísima actriz Sarah Bernhardt, la más célebre intérprete de su momento, quien tras ver el trabajo realizado por Mucha inmediatamente le contrató para que siguiera dibujando sus reclamos publicitarios.

F. Champenois fue su principal editor

F. Champenois fue su principal editor

En apenas unos meses, los bellos carteles de Mucha sobre las obras de la Bernhardt -gran parte de los cuales se pueden ver en la exposición- comenzaron a cubrir París y a convertirse en uno de los elementos decorativos más típicos y admirados de la ciudad, que se volcó con el joven artista checo.

Realizó miles de carteles, anuncios, ilustraciones, postales, calendarios, envoltorios y cajas para productos, decoraciones de interiores, y por supuesto también pinturas.

Desde entonces y hasta el final de su vida, Mucha no dejaría de trabajar: realizó miles de carteles, anuncios, ilustraciones, postales, calendarios, envoltorios y cajas para productos, decoraciones de interiores, y por supuesto también cuadros y pinturas clásicas al temple, al óleo o mixtas, porque sobre todo, Alphonse era un creador completo, inagotable y polifacético, un auténtico renacentista. Sin embargo, pese a la amplitud de su trabajo, sus carteles publicitarios siguen siendo lo más popular de su obra.

Mucha fue de los primeros en diseñar el packaging completo de un producto

Mucha fue de los primeros en diseñar el packaging completo de un producto

El padre de la publicidad
En sus famosos carteles publicitarios, realizados para todo tipo de firmas y productos, Mucha combinaba su enorme talento para la belleza, el equilibrio, la simetría y las combinaciones cromáticas
. Sus bellas figuras femeninas protagonizaban auténticas escenas de ensueño, envueltas además por una trabajadísima ornamentación meticulosamente trazada, dibujada y pintada. Su estilo pronto empezó a hacerle famoso en el París de primeros de siglo, y al mismo tiempo, comenzó a ser admirado y copiado en todo el mundo y a ser conocido como Art Nouveau.

París “se decoró” con los carteles publicitarios del artista checo que entusiasmaban al público de la calle.

París “se decoró” con los carteles publicitarios del artista checo que entusiasmaban al público de la calle, lo cual al mismo tiempo inspiró a su editor, F. Champenoise, para editar carteles meramente decorativos y venderlos a un precio bastante asequible. La idea fue todo un éxito: por primera vez en la historia de la humanidad, la gente de la calle, con sus modestos ingresos, podían comprarse un cartel impreso con una de las preciosas pinturas de Mucha, y colgarlo para decorar su dormitorio, ya que hasta entonces, las mayor parte del arte, o las pinturas al óleo eran exclusivas pertenencias de los ricos. Por ello, Mucha también fue el primer artista que democratizó el arte para la gente y colaboró en que la decoración fuese algo popular, algo de lo que se sentía orgulloso, ya que insistía en lo importante que era poder dedicarse al público.

La meticulosidad de sus ornamentos, uno de los atractivos de sus carteles

La meticulosidad de sus ornamentos, uno de los atractivos de sus carteles

Para 1900, cuando se inauguró la Exposición de París, Mucha ya era uno de los grandes artistas de la época, y participó de muchas formas en este gran evento internacional; por ejemplo, se ocupó de la decoración del pabellón de Bosnia-Herzegovina por encargo del Imperio Austrohúngaro, algo que le provocó no pocas contradicciones y luchas internas, siendo como era partidario de la independencia de los pueblos eslavos.

Mucha también fue el primer artista que democratizó el arte para la gente y colaboró en que la decoración fuese algo popular.

Para resarcirse de alguna forma, durante los siguientes años logró financiación y pudo realizar uno de los mayores trabajos de su vida: un conjunto de veinte cuadros históricos monumentales sobre la Epopeya Eslava, que realizó entre 1011 y 1926 con la financiación del empresario Charles Richard Crane, a quien conoció antes, en 1904, tras su primer viaje a Estados Unidos, donde fue recibido como un ídolo. La prensa estadounidense le definió como «el mejor artista decorativo del mundo». Las pinturas de la Epopeya Eslava fueron escondidas durante la Segunda Guerra Mundial y recuperadas posteriormente. Actualmente pueden verse en Praga y en distintas exposiciones itinerantes.

IMAGEN DE LA EXPO

Cartel de la exposición en Madrid

En lo personal, Mucha se casó, cuando ya tenía casi 50 años, con Marie Chytilova, que tenía la mitad de años que él, aunque se conocían hace bastante tiempo, y tuvieron dos hijos, Jaroslava y Jiří. Finalizada la Primera Guerra Mundial, que partió el mundo e interrumpió la feliz fase de la Belle Époque, Mucha al menos pudo disfrutar de ver cómo su querida Checoslovaquia se independizaba. En esta fase colaboró con las nuevas instituciones checas, diseñando sellos, billetes y otros elementos institucionales. Sin embargo, la Segunda Guerra Mundial le terminó de romper el corazón, al ver a los nazis invadiendo su joven país.

El Palacio de Gaviria,que merece por si mismo una visita

El Palacio de Gaviria, que merece por sí mismo una visita

El artista, ya mayor, fue uno de los primeros arrestados e interrogados por los alemanes. Aunque le soltaron unos días después, Mucha falleció al poco tiempo: murió en Praga el 14 de julio de 1939, a consecuencia de una pulmonía y con el corazón destrozado. Como gran parte de su trabajo eran carteles impresos, su familia pudo recopilar la mayoría de los originales, que son los que constituyen la gran colección que hoy en día alberga la Fundación Mucha, y a la que pertenecen las obras que se exponen en Madrid. Una muestra recomendable cien por cien para todos aquellos amantes de la belleza, que quieran disfrutar de uno de los más grandes y peculiares artistas del siglo XX.

Inés Almendros

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