Mundo Yold. Recordando al extraordinario pintor y su turbulenta relación sentimental con la también pintora Josephine Nivison

Hooper y Josephine, la extraña y solitaria pareja

 

 

Inés Almendros
14 mayo, 2021

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Se cumple el aniversario del fallecimiento del genio de la pintura Edward Hooper. Hacemos un recorrido por algunas de sus maravillosas obras y recordamos su vida junto a la también pintora Josephine Nivison, con quien vivió una extraña pareja que se amó tanto como se odió.

Hay algo atractivamente magnético, y al mismo tiempo solitario y triste, en las pinturas de Edward Hopper, uno de los más reputados pintores del siglo XX, y uno de los grandes genios del arte estadounidense. Pero un genio al que, tal vez, nadie hubiera llegado a conocer si no hubiera sido por el impulso que le dio su esposa, la también artista Josephine Nivison.

Jo y Edward Hopper en Cape Elizabeth, Maine. Colección de Arthayer R. Sanborn Hopper Trust – 1927

Su matrimonio significó el principio del éxito para él, y el inicio de la decadencia para ella. Su unión también fue una historia peculiar, marcada por una simbiosis de pasiones inflamadas, por la corta distancia de su permanente encierro. Se amaban, pero se peleaban continua y duramente. Se admiraban, pero al mismo tiempo cada cual aborrecía hasta el límite los defectos del otro. La suya fue una relación permanentemente tóxica, tan creativa como asfixiante, que solo finalizó con la muerte de ambos.

Nighthawks, una de las obras más reconocidas de Edward Hopper

Edward, el taciturno y Jo, la extrovertida
Hooper había nacido el 23 de julio de 1992 en Nyac, una pequeña localidad del estado de Nueva York, en una familia de comerciantes de clase media. Su padre, Garret Henry Hopper, era aficionado a leer, y en la familia de su madre, Elizabeth Griffiths Smith, había habido reputados artistas, por lo que ella le inculcó desde niño el amor a la pintura, comprándole material para dibujar. Tomó sus primeras clases de pintura por correspondencia y acabó ingresando en la Escuela de Arte y Diseño de Nueva York.

Edward Hopper dibujó caricaturas para expresar su enfado hacia su esposa, Jo, como se ve en Él no puede decir nada, solo escuchar

Pasó años de su juventud viajando por la Europa de las vanguardias, relacionándose con los mayores creadores de aquella época dorada, aunque acabó desarrollando un estilo propio que no tenía que ver con ninguna tendencia. A su vuelta a Estados Unidos, para sobrevivir, se dedicó a trabajar como ilustrador en algunas editoriales porque no lograba darse a conocer, pese a formar parte de grupos artísticos como el Whitney Studio Club, donde se daban cita algunos de los creadores punteros del momento en Nueva York.

Hay algo atractivamente magnético, y al mismo tiempo solitario y triste, en las pinturas de Edward Hopper.

Jo in Wyoming. Acuarela (1946). Imagen vía WikiArt

El año 1923 marcó un antes y un después en la vida de Edward. Fue el año de su reencuentro con la pintora Josephine Nivison, a quien había conocido años antes en un curso de verano en Gloucester, Massachusetts. Para entonces, ambos ya rondaban los cuarenta y eran dos artistas maduritos que habían dado bastantes tumbos por el mundo. Ella era pequeña y redonda, sociable, divertida y abierta, mientras que él era alto, delgado, conservador, taciturno y callado. Pese a lo distintos que eran, se hicieron inseparables y se casaron al año siguiente, en 1924.

Bodegón. Josephine Nivison

Jo -Josephine Verstille Nivison- había nacido en Manhattan, en una familia artística pero problemática. Se licenció en Arte, aunque trabajó como actriz y maestra, y pasó una juventud de constantes vicisitudes, viajando frecuentemente, pero sin dejar de pintar. De hecho, cuando se reencontraron en el 23, ella era mucho más famosa que Hooper; para entonces, Nivison ya había expuesto en prestigiosas galerías, junto a artistas como Picasso, Modigliani o Man Ray, y contaba con importantes relaciones en el sector.

Cuando se reencontraron en 1923, ella era mucho más famosa que Hooper.

Encierro permanente y voluntario
Desde el principio de su vida juntos, la proyección profesional de ambos dio un giro total. Jo impulsó la carrera de Hooper y se dedicó a trabajar más para el reconocimiento de su marido, que para el suyo propio. Gracias a ella, varios cuadros de Edward se expusieron en una muestra en Brooklyn. A partir de ahí, comenzó el éxito, tanto de crítica, como comercial, para el pintor.

Jo Painting, 1936. Imagen vía Whitney Museum of American Art

También desde el principio comenzó su peculiar, voluntaria, y tóxica encerrona sentimental. Los Hooper residían en un pequeño apartamento de Nueva York, modesto y apenas equipado, que carecía de nevera o de inodoro, en el número 3 de Washington Square North; un edificio que albergaba a otros muchos artistas, pero que estaba terriblemente acondicionado. En este reducido espacio -aunque bien iluminado por una claraboya que Hooper inmortalizó– pasaron la mayor parte de sus vidas, con pocos viajes y salidas, y con la única compañía habitual del uno para el otro, ya que no hacían mucha vida social. Solo a veces realizaban viajes de vacaciones, y desde 1930 dispusieron de una casita en South Truro, en Cape Cod, a la que regresarían todos los veranos. Pero incluso en estos viajes de vacaciones, mantenían su disciplina de pareja inseparable.

La casa que construyó Jo -cortesía de Arthayer R, Sanborn Hooper Collection Trust-, un dibujo lleno de sarcasmo 

Incluso en estos viajes de vacaciones, mantenían su disciplina de pareja inseparable.

Paso a nivel, de Josephine Nivison

Poco a poco, Josephine fue abandonando su propio trabajo artístico que, según, los críticos, también fue perdiendo personalidad. Se volcó en las obras de su marido, y hasta se convirtió en su única modelo, para lo cual le ayudó su experiencia en la interpretación. Era su ayudante en todos lo sentidos: se ocupaba de su correspondencia, de inspirarle temas y técnicas, de anotar la preparación de cada cuadro o de venderlos. Pero Jo y Edward acabaron inmersos en una relación tóxica y de dependencia,  y con continuados enfrentamientos.

Edward Hopper, Western Motel 1957. En las obras de Hooper normalmente solo aparece una figura

Estos desencuentros fueron narrados por ambos durante años. Ella, en sus diarios, le tachaba de egocéntrico, y relataba sus peleas, a veces físicas. El dejó caricaturas en las que esbozaba los conflictos de la pareja. Josephine arrastraba su propia frustración por haber perdido su protagonismo artístico, y él reprochaba el carácter de su esposa a la que consideraba una “mala ama de casa”. Pero nunca se llegaron a separar. Siguieron juntos hasta que el pintor falleció, en su apartamento neoyorquino, en 1967. Ella murió tan solo diez meses más tarde. Permanecen enterrados juntos; tan juntos y cerca como siempre estuvieron.

Edward Hopper, Interior. Whitney Museum

Siguieron juntos hasta que el pintor falleció, en su apartamento neoyorquino, en 1967. Ella murió tan solo diez meses más tarde.

Como nunca tuvieron hijos, antes de fallecer, Josephine legó toda la obra, tanto la de su marido, como la suya propia, al Museo Whitney de Arte Estadounidense; pero mientras que los cuadros de Hooper fueron considerados el tesoro de la institución, los suyos acabaron en los almacenes hasta que, hace pocos años, fueron recuperados y vueltos a exponer. Por cierto, que el edificio entero del número 3 de Washington Square North, ahora es la Escuela de Graduados de Trabajo Social de la Universidad de Nueva York.

Automat , 1927. Como en todas sus obras, Jo fue la modelo

Las pinturas de Hooper -en muchas de las cuales aparece el retrato de Josephine, su única, su esencial modelo amada y odiada- son un canto a la soledad en el mundo típicamente americano de la época. A través de la exquisita factura realista de sus cuadros, nadie como Hooper representó al silencio y la soledad, en la simetría poética de luces y sombras que conforma la mayoría de sus cuadros. Tal vez ellos expresan como nadie la taciturna incomunicación permanentemente acompañada, en la que la pareja vivió un matrimonio, a su manera, feliz.

Comentarios

  1. Mary Carmen dice:

    ¡¡GRACIAS POR EL RECORDATORIO DE ESTE PINTOR TAN ESPECIAL….!! Y por reseñar la importancia que tuvo Josephine en su vida. Me ha impulsado a investigar más sobre las obras de ella.
    Probablemente fue una relación tóxica que les hizo sufrir a los dos…La vida esta llena de misterios….

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