Bien&Star Yold. Todos tenemos ese amig@ al que lo que le sucede siempre es, y será, mucho peor de lo que te pasa a ti

Víctima de vocación

Redacción Yold
18 junio, 2017

Un relato dirigido a todos aquellos que tenéis a vuestro lado a esta clásica persona que se ha pasado la vida quejándose de lo mal que le va todo; cuyos dramas son tan importantes, que siempre serán mucho más importantes que los tuyos o los de nadie. Dedicado a todos los que convivís con una auténtica víctima de manual.

Os conocisteis a los diecitantos. En aquel momento ella lo estaba pasando muy mal: según te contaba permanentemente, sus padres no la entendían, su novio no la valoraba, sus profesores le complicaban las cosas a mala fe; la regla le dolía más que a ninguna y, aunque se inflaba a donuts en el recreo y tenía una talla 34, se quejaba permanentemente de que todo la engordaba. Aquel cúmulo de desgracias vitales y constantes era suficiente como para llenar la conversación de todo el grupo de amigas. Así es que pocas veces había espacio para contar tus problemas o los de las demás. Por otra parte, vuestras sencillas y simples historias parecían una tontería al lado de las suyas, así es que sacarlas, estando ella allí, con tanto sufrimiento, nunca parecía un buen plan.Hands pointing sad girl

Pasaron los años y llegásteis juntas a la universidad. Las cosas no cambiaron mucho: sus padres seguían sin comprenderla y se enfrentaban a todo lo que ella deseaba en la vida. Su nuevo novio tampoco la valoraba; ni ella misma podía entender qué hacían juntos. No estaba nada convencida de haber escogido Filología, la carrera definitivamente la había decepcionado. Sus reglas cada vez eran más dolorosas e irregulares; de hecho, una vez al mes, sin falta, dedicaba una semana entera a quejarse de su menstruación. Por supuesto, también seguía lamentándose de su tendencia a engordar, aunque por entonces pasaba horas ingiriendo bocatas y litronas en el bar de la universidad sin que aquello pareciera afectar a su cinturita de avispa, talla 36. Mientras daba buena cuenta de todas sus desgracias, tu amiga cautivaba definitivamente al personal y de alguna forma se las apañaba para conquistar la solidaridad, el apoyo y hasta la admiración del resto de los y las compis universitarios. No, definitivamente, tampoco en aquellos tiempos tus problemas eran comparables a los suyos. Era mejor estar calladita y dejar que ella se explayara con sus infortunios.

Scared mother arguing daughter over online activity. Cyber bullying or blue whale game concept

Siguieron pasando los años. Por esas cosas del destino, (o porque en realidad tu amiga necesitaba estar cerca de alguien como tú), seguisteis juntas. Ambas empezasteis a trabajar, os casasteis, tuvisteis hijos… Ahora el círculo había cambiado: el grupo de amigos de barrio, del insti o de la facultad había sido sustituido por el de los maridos, hijos y gente cercana al grupo familiar. Pero en el fondo de los fondos, nada había variado, porque ella lo seguía pasando mal, muy mal. Peor que nunca.

Ahora -siempre según ella-, sus padres seguían sin comprenderla, pero habían pasado a un segundo plano desde la llegada de sus suegros: unos auténticos hooligans emocionales cuyo único empeño eran destruirla física, psicológica, moralmente y todos los mentes que uno pueda imaginar. Su marido -como había sucedido con todos los novios anteriores- jamás la había valorado. Sus hijos eran maravillosos, los más guapos y listos del mundo mundial, pero atenderles era una tarea titánica, apocalíptica, que acababa con toda su fuerza vital. Por ello, había tenido que dejar su empleo, un trabajo en el que -como no podía ser de otra forma- la habían infravalorado, sobreexplotado, acosado, hecho bullying y relegado. Tras numerosos enfrentamientos con jefes, compañeros y clientes, y después de varios cambios y bajas laborales, tu amiga llegó a un acuerdo con la empresa para que la despidieran. Entonces vino el paro, y por consiguiente la “anhelada y muy necesitada” dedicación en exclusiva a sus adorados hijos. Pero aquel tránsito fue mucho peor, porque de tanto cambiar pañales y hacer deberes infantiles, se acabó olvidando de ella misma, lo cual finalmente le sumergió en una auténtica depresión que se complicó con su regla, ya complicada de por sí: ahora, los horribles dolores no la dejaban vivir, ni dormir, así es que a la depresión se sumó el insomnio, provocando un cocktail generalizado de ansiedad y neurosis existencial. Un cuadro, vamos.

Child abuse concept and physical or emotional damage in children as a victim of violence or sexual assault as a crumpled paper on rustic wood shaped as the head of a young neglected person as a psychology metaphor in a 3D illustration style.

Menos mal que, por aquel entonces, como antes, y como siempre, ella te seguía teniendo a ti: la eterna y leal amiga que siempre la escuchaba, callada y tranquila, a la que llamaba entre cuatro o seis veces al día para quejarse y soltar todos sus problemas y su mala energía. Y tú la escuchabas, la tranquilizabas y le dabas ánimo, mientras trabajabas, preparabas la comida de tu bebé, intentabas conciliar con tu marido y te las apañabas para ir al super entre medias. Allí estabas tú, como siempre, escuchando sus enormes desgracias: dándole apoyo una vez más, sin apenas mencionar tu propio agotamiento, tus fracasos, problemas, decepciones y tus miedos. Con todo lo que tenía la pobre encima, no ibas a sobrecargarla con tus historias, poco importantes y mucho menos trascendentes que las suyas. Y si alguna vez intentabas sacarlas, pronto la conversación volvía a ser derivada a lo que realmente importaba: sus grandes problemas. Eso sí, poco a poco, con los años, conforme la ibas escuchando, ibas anidando la pequeña necesidad de que, alguna vez, ella dejase de hablar de sus problemas para escuchar los tuyos. Pero ni siquiera llegaste a comentarlo.

Y, claro… siguieron pasando los años. Ambas pasasteis por vuestras propias crisis personales y matrimoniales. Visteis crecer a los niños; cada uno a su manera, fue buscando su camino y haciendo su vida lejos de vosotras. Atravesado el ecuador de la vida y en plena mediana edad, sin embargo, había algo que no había cambiado: ella seguía mal; sus problemas seguían siendo horribles, mucho peores que los tuyos, infinitamente mayores que los de nadie.

Small woman under pressure of big human hand

Pero de repente, un día, mientras escuchabas sus permanentes quejas, dramas e infortunios, algo te hizo “clic” en la cabeza. Por fin te diste cuenta: hoy, mañana y siempre, tu amiga era, nada más y nada menos, que una auténtica víctima existencial. Víctima de sus padres, por cuya culpa, tal y como aseguraba, había sufrido enormes traumas (lo había descubierto con los años en el psicólogo). Víctima de sus suegros, a los que culpaba de ser determinantes para acabar con su matrimonio. Víctima de sus hijos, de los que decía que la habían robado la vida y la energía, sin que ahora la correspondieran. Víctima de su exmarido, al que odiaba porque se había ido con otra mujer, dejándola rota por completo, después de haberle dado ella toda su juventud. Víctima de la regla, que ahora, con la premenopausia, se había vuelto más incontrolable. Víctima de los compañeros de trabajo, que conspiraban contra ella. Víctima del mercado laboral, que -en esto tenía razón- no la dejaba opciones para cambiar de trabajo. Víctima de los antiguos amigos, que se olvidaron de llamarla. Víctima de los vecinos, que tenían el perro ese que ladraba tanto. Víctima de su propio cuerpo, que seguía empeñado en engordar y engordar, sin freno, aunque ella hacía todas las dietas del mundo, (dietas que compaginaba con las salidas en el grupo “Solteros gourmets”, durante las cuales se ingerían tapas, vinos y chuletones sin complejo). Víctima de la vida, víctima del destino, víctima de la dimensión interplanetaria intermolecular. El universo entero se había fijado en tu amiga decidiendo ir contra ella. Daba igual lo que pasara hoy, mañana y siempre, porque todo siempre le saldría mal: tu amiga era una auténtica víctima de manual.

Descubriste entonces también que el gran drama de tu amiga no eran sus problemas, que en realidad nunca habían sido diferentes ni mayores a los tuyos o a los de nadie. Su problema auténtico -o su gran ventaja- era que vivía en el planeta de las víctimas, donde sus habitantes tienen continuas desgracias y dificultades que continuamente tienen que clamar y relatar al mundo entero. De hecho, tu amiga antes lo hacía por teléfono o tomando un café, pero ahora también lo hacía a través de su muro de facebook, en el que día sí, día no, hacía partícipe de sus dramas cotidianos a un entregado público que respondía con su solidaridad virtual. Tu amiga era la protagonista de su propia historia de víctima. Un cuento que le ayudaba a evitar la realidad, le permitía desviar la mirada de los problemas ajenos y, por supuesto, la liberaba de tener que preocuparse por nadie más. Y es que el papel de víctima permanente, si lo sabes hacer, tiene muchas ventajas: te permite cosechar atención y protagonismo; siempre eres el centro de atención, y sobre todo, y lo más importante, te da un excelente salvoconducto para no tener que preocuparte, ni hacer ningún esfuerzo por los demás porque estás demasiado ocupado y/o hundido por sus graves infortunios. El victimismo, aprendiste entonces, es el perfecto escudo para el egoísta más monumental. Y fue ahí cuando, un buen día definitivamente, decidiste sacar de tu vida a aquella amiga, que en realidad nunca lo había sido; le cortaste el teléfono, el facebook y la conversación, y allí se acabó aquella amistad. Una relación insana en la que tú tuviste mucha culpa, porque durante años permitiste que ella fuera la única protagonista de vuestro relato común, por escucharla sin contestarla. Por creerte peor, y darle menos importancia a tus problemas, a tu trabajo, tus padres o tus hijos, que a los suyos. Por convencerte permanentemente de que eras menos protagonista que ella, por no luchar para hacerte ver y ser escuchada.

Sí, debiste haber cortado con aquella relación hace más de treinta años, pero bueno: lo hiciste hace tan solo un año. Y desde entonces, no tienes que arrastrar, escuchar y guardar sus permanentes y horribles penas sin remedio. Has aprendido que tú también eres importante, porque todos, sin excepción, necesitamos en nuestras relaciones que nos escuchen, nos apoyen y ayuden. Que el hecho de que seas, o parezcas más fuerte, no es sinónimo de que no necesites la misma atención, el mismo cariño, igual protagonismo y apoyo que cualquier amigo.

Befreiung aus dem Käfig und Flucht in die Freiheit

Y desde que no tienes cerca a alguien así, y desde que sabes todo esto, te sientes mucho, mucho mejor.

 

Inés Ortega

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