Mundo Yold. El problema de los grafiteros o simples bobos incapaces de distinguir las reliquias del pasado

Analfabetos con espray

Inés Almendros
10 julio, 2018

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Que el grafiti es un arte de nuestro tiempo es una realidad que nos ofrece inspiradoras obras como las del genial y misterioso Banksy. Otra cosa muy distinta es el vandalismo de quienes embadurnan y manchan los monumentos y reliquias del pasado, causando así un perjuicio muchas veces irreparable. Hoy repasamos los daños de las pintadas sin escrúpulos ni cerebro: un problema cada vez mayor y difícil de solucionar.

En las últimas semanas hemos vuelto a leer desagradables noticias sobre casos de pintadas en monumentos históricos de gran valor patrimonial. Sin ir más lejos, el pasado 16 de marzo Menorca amanecía con una desagradable noticia que disgustó a muchos y enfadó a otros cuantos. Sa Naveta des Tudons, el monumento prehistórico más importante de la isla y que data de entre el 1.200 y el 750 a.C., aparecía lleno de pintadas -nada menos que 81 fueron contabilizadas-.

Nada menos que 81 grafitis han aparecido en Sa Naveta des Tudons

Los grafitis fueron descubiertos por un ciudadano local que paseaba por los alrededores del monumento y los actos fueron inmediatamente denunciados por el Concell de la comunidad. Sa Naveta des Tudons es el yacimiento prehistórico más importante de Menorca por su antigüedad y constituye uno de los principales activos de la candidatura de la Menorca Talayótica a Patrimonio Mundial de la Unesco.

Sa Naveta des Tudons, el monumento prehistórico más importante de toda la isla de Menorca, que data de entre el 1.200 y el 750 a.C., aparecía lleno de pintadas.

Pero el caso de Sa Naveta no es único: el vandalismo contra importantes monumentos, verdaderas reliquias de la historia, es una realidad cada vez más frecuente. Entre los últimos casos, también figura el del Búnker de Cubelles, en la provincia de Barcelona, patrimonio histórico del municipio catalán y uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad, que amaneció el pasado 13 de abril completamente pintado de amarillo.

Aspecto del Búnker de Cubelles

O la Lonja de Valencia, edificio catalogado como Patrimonio de la Humanidad, que igualmente apareció lleno de pintadas políticas.

En el histórico barrio del Carmen en Valencia, la Lonja también ha sufrido distintas pintadas

Lo mismo pasó con el Puente de la Culebra, en la Casa de Campo de Madrid: una obra del siglo XVIII, de Francesco Sabatini, que sobrevivió al paso de las tropas franquistas en la Guerra Civil, y que ahora está embadurnado con las iniciales de algún imbécil que decidió que era el mejor sitio para hacerse notar.

Detalle del Puente de la Culebra, en la Casa de Campo de Madrid

También ha sido atacada la muralla norte del castillo de Denia, uno de los lugares históricos más emblemáticos del Mediterráneo medieval. Y estos son solo algunos ejemplos de entre muchísimos casos y lugares, porque la triste realidad es que cada vez nos encontramos más con el panorama de espantosas pintadas sobre las paredes, edificios y monumentos más antiguos, valiosos y emblemáticos de nuestras ciudades y pueblos.

Un excursionista descubrió en marzo, durante uno de sus paseos, pintadas de letras y símbolo en al menos 25 rocas del camino hacia la Bassa Verda.

Problema internacional
No se trata de un problema exclusivamente nacional; la profusión de grafitis y pintadas que se realizan sobre monumentos históricos y edificios de gran valor es un mal que se extiende cada vez más en muchos lugares del mundo. Se calcula, por ejemplo, que en Ciudad de México siete de cada diez monumentos han sido pintados, y el problema se extiende igual en ciudades europeas como Berlín o Londres. Hasta el Lincoln Memorial de Washington, en Estados Unidos, fue recientemente dañado.

El problema no se limita a España: esta es una pintada en uno de los parques históricos de Anagni, en Italia

En muchos casos, posiblemente es la torpeza o el desconocimiento lo que lleva a los “autores” a pintar sobre una superficie milenaria. En otros casos, no cabe duda de que nos encontramos con verdaderos vándalos cuyas intenciones son precisamente dañar estas obras inmortales y destrozar así una herencia patrimonial incalculable que pertenece a la comunidad.

Otro caso en Nimes, Francia: la Torre Magna, de época romana

Afortunadamente, cada vez hay más y mejores sistemas para limpiar y eliminar estas pintadas con maquinaria, sin dañar la superficie, con sistemas de chorreado por succión, que han sustituido a los abrasivos antiguos. Sin embargo, según sea el tipo de piedra, la limpieza puede dejar huellas, cambiar su tono original y, por lo tanto, estropear definitivamente lo que es una obra de la antigüedad. A ello se unen el efecto visual negativo que ofrecen las pintadas, especialmente ante los visitantes y turistas, así como el desalentador hecho de comprobar el poco respeto hacia nuestra propia historia y cultura y el patrimonio común de todos.

Aunque restaurada, Santa María la Antigua es la iglesia con más larga historia de Madrid, algo que a los de las pintadas les da lo mismo

En cuanto a la legislación de los delitos relacionados con el vandalismo urbano, y en concreto con el de los grafitis, cada ayuntamiento opta por un tipo de sanción, generalmente relacionada con la magnitud de los desperfectos ocasionados y en proporción con el gasto que haya podido suponer la limpieza y restauración del elemento afectado.

En Madrid la ordenanza establece multas de 300 a 3.000 euros por las pintadas en edificios o monumentos que formen parte del patrimonio histórico.

En el caso de Madrid, por ejemplo, cuya normativa no distingue “pintadas, grafitis e inscripciones en […] cualquier elemento integrante de la ciudad”, las multas van de los 300 euros en los distritos periféricos a los 600 en el centro. Sin embargo, la ordenanza establece multas de 300 a 3.000 euros para edificios o monumentos que formen parte del patrimonio histórico, como es el caso de los sucesos de Menorca, Cubelles y Denia. En caso de reincidencia, las multas en Madrid pueden oscilar entre los 600 y los 6.000 euros.

Una zona del histórico muro de la Casa de Campo, después de la limpieza. Las huellas de la pintura en espray no desaparecen del todo

Por su parte, en Barcelona las sanciones pueden llegar a los 750 euros en caso de infracciones leves, o a los 3.000 cuando el dibujo se haya realizado “sobre monumentos o edificios catalogados o protegidos”, según indica la legislación.

En el caso de Bilbao, donde existen paredes y muros a la disposición de los artistas urbanos para que los decoren a su gusto, las multas por realizar pintadas en lugares no permitidos y que se salgan de los estrictamente estipulados para este uso ascienden nada menos que de los 1.500 a los 3.000 euros.

Este es un histórico fortín en el Parque de la Cuña Verde de Madrid. También es permanentemente atacado con pintadas

Asimismo, en Palma de Mallorca, un joven de 18 años fue condenado el año pasado por el juzgado de lo penal a un año de cárcel y una multa de 3.000 euros por hacer grafitis en monumentos del patrimonio histórico de Palma, concretamente en la fortificación de Sa Torre d’en Pau y en la muralla renacentista Baluard del Príncep, ambos monumentos catalogados como Bienes de Interés Cultural (BIC), con el nivel de protección máximo, A1.

Pese a la legislación que persigue los delitos contra los bienes culturales, resulta difícil su persecución dada la cantidad de acciones de este tipo que se comenten, y la evidente falta de medios para investigar. En muchas ciudades, como Berlín o Barcelona, se han abierto lugares especiales para que los grafiteros puedan expresarse sin que lo hagan en lugares menos recomendables. Sin embargo, estas iniciativas no han evitado que el problema cada vez sea mayor. Tal vez se necesitan acciones promocionales mucho mayores, para hacer ver a estos locos del espray que dañar la pared de una catedral es, además de una necedad, un atentado contra su propia historia, contra su ciudad, contra su patrimonio cultural. Tal vez debemos educar más y mejor a nuestros jovenes en el respeto y cariño a nuestros tesoros e historia, de forma que puedan valorarlo adecuadamente. Tal vez, simplemente, sea el momento de tomar nuestro patrimonio cultural en serio.

Más información:

https://elpais.com/cultura/2018/03/17/actualidad/1521302285_560831.html

Reportaje: Carmen Matas e Inés Almendros

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