Cine Yold. Fue protagonista de unas noventa películas, entre ellas, un título clave de los sesenta: Un hombre y una mujer
Anouk Aimée, la “plus belle dame” del cine francés

El pasado mes de junio, de forma suave y elegante, como ella fue, se nos marchó una de las actrices más icónicas y bellas del cine europeo: la gran Anouk Aimée, que fuera protagonista de unas noventa películas. Entre ellas, un título clave de los sesenta: Un hombre y una mujer.
A la interprete Anouk Aimée (París, 27 de abril de 1932 – París, 18 de junio de 2024), le faltaron ocho años para ser centenaria, tal vez la única meta vital que no pudo conseguir. Nos dejó el mes pasado con 92 años, después de una carrera amplísima, con cerca de noventa títulos cinematográficos, que la consolidó como una de las grandes damas del olimpo cinematográfico europeo. Trabajó durante, nada menos, que ¡ocho décadas!, desde 1947 a 2019, cuando realizó su última interpretación. Compartió rodajes con los actores y directores más importantes del cine europeo, recibió innumerables nominaciones y premios y un César honorífico por toda su carrera. Y dejó grabada, para la historia del cine, su impronta de dama bellísima, elegante, magnética y sensual.

En “Un hombre y una mujer”
Anouk fue un caso especial desde su más tierna infancia. Fue registrada en el archivo general de nacimientos de París como Françoise Sorya Dreyfus. Sus padres también eran actores, (concretamente, Henry Dreyfus, conocido como Henry Murray, y Geneviève Marie Thérèse Durand, conocida como Geneviève Soria). Se divorciaron cuando era una niña. Con la llegada del nazismo, su madre decidió cambiarle el apellido paterno para protegerla (pues su padre era judío) y la envió a una granja aislada y bucólica, donde fue criada por sus padrinos.

Trabajó con los mejores directores y actores de su época
De manera fortuita -sin que la pequeña eligiera ser actriz puesto que posiblemente hubiera preferido triunfar como bailarina- debutó en el cine a la edad de trece años. La película se tituló La maison sur la mer. En la cinta, Françoise interpretaba a una joven llamada Anouk, y de ahí que la actriz eligiera este nombre para su carrera artística. Lo del apellido vendría posteriormente, mientras rodaba La fleur de l´age, película que quedó inacabada, pero durante la cual conoció al escritor, poeta y autor de canciones Jacques Prevert. Él fue quien le propuso su nuevo apellido cinematográfico “Aimée” que en idioma francés significa ‘amada’. Pese a que en los años cincuenta ya había participado en unas veinte películas, fue en 1961 cuando se convirtió en una figura reconocida al protagonizar Lola, de Jacques Demy, cuyo personaje se convertía en precursora de la nueva feminidad de los rompedores años sesenta.
Los años 60
Los años sesenta serían su época más gloriosa y en 1966 llegaría el trabajo que la haría mundialmente conocida: el film Un hombre y una mujer, de Claude Lelouch, que sería un bombazo universal. Aquí, Aimée interpretaba a una joven viuda con una hija pequeña, cuyo marido falleció durante el rodaje de una escena peligrosa. Jean-Louis Duroc, su nuevo pretendiente, es un joven viudo, piloto de carreras, interpretado por el galán francés de aquellos años, Jean Louis Trintignant. Antes de pensar en Anouk, el director había ofrecido el papel a la malograda Romy Schneider. Las razones por las que esta última rechazó la oferta, las desconocemos, pero está claro que no fue una buena decisión, ya que Un hombre y una mujer fue un enorme éxito comercial en todo el mundo, (aunque la crítica no fuera en su totalidad tan entusiasta). El film ganó la Palma de Oro en Cannes y disparó a la actriz a fama universal. Además, en el rodaje la actriz también conoció a su tercer marido, el actor y cantante Pierre Barouh, coautor de la banda sonora del film, que, con aquel estribillo del ‘dabadá, badá…’, se convirtió en un hit mundial.

A partir de ese momento, Anouk se consolidó como la bella y elegante dama del cine europeo, sugerente en la pantalla, de enigmática sonrisa, y muy diferente a lo que podrían simbolizar otras glorias del cine francés como la voluptuosa Brigitte Bardot o la algo misteriosa Catherine Deneuve. Su belleza diferente y elegante la llevó a ser elegida, en 1995 como una de las 100 estrellas de cine más sexy de la historia, específicamente en el lugar 56, por la revista Empire.
Otros títulos imprescindibles en su filmografía, fueron: La dolce vita (1960) y Ocho y medio (1963), dos de las más grandes obras de Federico Fellini, uno de sus directores fetiche y gran amigo suyo; Los amantes de Montparnasse (1958), de Jacques Becker; Las estaciones de nuestro amor (1966), de Florestano Vancini; Una noche, un tren (1968), de André Delvaux; Model Shop (1969), de Jacques Demy o Salto en el vacío (1980) de Marco Bellocchio, entre su larguísima lista de interpretaciones.

Con Mastroiani formó una de las parejas más atractivas del cine europeo
Si en el cine fue muy admirada, no lo era menos en su vida personal. Se casó cuatro veces y también tuvo romances con algunos de los hombres más guapos de la época, como Omar Shariff y Marcelo Mastroianni. El primero de sus maridos fue el popular presentador televisivo Edouard Zimmermann, a partir de 1949, pero sólo duró un año su convivencia. Su segundo esposo fue el cineasta griego Nikos Papatakis, con quien tuvo a su única hija, Manuela. Contaba él que, para conquistarla, “la impresionó presentándole un día a Pablo Picasso y otro a Jean Genet”. Celebraron su boda en 1955, divorciándose en ese mismo año. El compositor Pierre Barouh sería el tercero de sus esposos. Por último, Anouk se desposó con el brillante actor británico, Albert Finney, en 1970, lo que la obligó a residir en Londres. Lo hizo muy convencida, y aceptando también que eso llevaría consigo su retirada del cine. Y así acaeció hasta que en 1978 se dijeron adiós, porque Albert estaba interesado en otras mujeres.

Con su último marido, el actor Albert Finney
Una vida muy vivida
Tras su amarga experiencia con los hombres, Anouk Aimé regresó a París, reanudando su actividad cinematográfica, ya desde luego más efímera. Durante sus últimos años siguió participando tanto en cine como televisión, y cuando menos se lo esperaba, en 2019, le llegó una propuesta a la que no pudo negarse: la secuela de Un hombre y una mujer, segunda parte. Por tanto, cincuenta y tres años después, volvía a dar vida a aquella sensual Anne Gauthier con su mismo enamorado, el ya envejecido Jean Louis Trintignant.

La actriz permaneció activa hasta 2019
Nada más se supo después de Anouk Aimée, ya sí definitivamente retirada. Por resumir cuantos elogios se produjeron tras su muerte, recogemos este comentario del diario Le Monde: “Fue una inmensa actriz francesa”. Naturalmente, es cierto que lo fue, pero condensar su trayectoria vital con esta escueta frase, me parece una falta de respeto. Anouk fue, y es, una leyenda del cine, y las leyendas nunca mueren, tan solo se funden en el paisaje de la última escena que rodó.
Ángel Domingo Pérez



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