Yoldilandia. Una deriva entre tazas y letras

Cafés literarios en Europa

¿Quién no se ha imaginado alguna vez un escritor fumando y escribiendo en un cálido café? Lo cierto es que algunos cafés de Europa han sido testigos de la inspiración y creación, no sólo de obras literarias, sino de historias políticas.

Porque al calor de un buen café las discusiones literarias y políticas estaban a la orden del día en los cafés de París, Madrid, Roma, Lisboa o de cualquier ciudad con categoría intelectual a finales del siglo XIX. Los cafés en el pasado siglo, además de ser un punto de reunión donde las tertulias literarias y políticas fluían, eran un refugio para muchos escritores. En esa época no había calefacción en las casas, que en muchas circunstancias eran sólo penosas habitaciones de pensiones y hostales donde vivían la mayoría de estos escritores, y no ofrecían las condiciones mínimas para poder escribir durante horas. Por eso muchos eran asiduos de los cafés del Barrio Latino en París, por ejemplo, donde escribían, discutían y se reunían o en Saint-Germain-des-Prés, donde el Café de Flore era el favorito de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir.

Muchos de estos establecimientos han cerrado, otros se han transformado y algunos se mantienen, aunque ahora no es tan fácil encontrar en ellos a escritores. Algunos son lugares caros, aunque con buenos restaurantes, pero siguen siendo un buen reclamo para los viajeros y turistas que buscamos encontrar un pedacito de historia. Vamos a hacer un pequeño repaso por algunos cafés que no puedes perderte.

París
Probablemente es la primera ciudad que viene a nuestra mente cuando pensamos en café mezclado con literatura y arte. El Café de Flore, situado en el barrio de Saint-Germain-des-Prés fue fundado en 1887 y debe su nombre a una estatua de la diosa Flora que ya no existe. Durante la Primera Guerra Mundial, Guillaume Apollinaire recibía allí a sus amigos, entre ellos Max Jacob, Louis Aragon y André Breton, y el local se convirtió en el lugar de encuentro favorito de los dadaístas y surrealistas. En los años 30, el poeta Jacques Prévert y sus amigos del “Grupo Octubre”, se reunían allí, al igual que León-Paul Fargue, Georges Bataille y Raymond Queneau. Los pintores y escultores les siguen, por eso era frecuente ver allí a Picasso, André Derain, Ossip Zadkine y a los hermanos Giacometti. Pero es a partir de 1939, fecha de su adquisición por Paul Boubal, que el Café de Flore se convertirá en el centro de la intelectualidad del margen izquierdo del Sena. Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir tenían mesa fija y atrajeron allí a buena parte del movimiento existencialista. Después de la Segunda Guerra Mundial se convertirá en el lugar predilecto de Ernest Hemingway, Truman Capote y Lawrence Durrell y también de renombrados miembros del Partido Comunista Francés, como Louis Aaragon y Marguerite Duras. En los años 60, los representantes más ilustres de la nouvelle vague y del mundo del cine toman el Flore. Les siguen los grandes diseñadores de moda y famosos del mundo de la canción. En los años 70, el Café de Flore ya es un mito y es uno de los lugares imprescindibles de la capital, tanto para los franceses, como para los extranjeros. Actualmente en él se puede disfrutar de una comida francesa como en un bistró, y sigue siendo un lugar donde encontrarse con artistas y gente del cine y la música. El actual propietario creó en 1994 los premios de Flore y, cada otoño, un jurado compuesto por periodistas premia a un autor prometedor. Los criterios de selección son la originalidad, la modernidad y la juventud.

1

http://cafedeflore.fr/

Florencia
Le Giubbe Rosse (Casacas Rojas) es uno de los más famosos cafés literarios italianos. Está situado en la Plaza de la República y abrió sus puertas en el año 1897 como cervecería. Sus propietarios eran los hermanos alemanes Reininghaus y le pusieron su apellido como nombre, pero a los clientes les resultaba muy difícil pronunciarlo y lo terminaron llamando “el sitio de los casacas rojas” porque los camareros vestían esas chaquetas siguiendo el estilo vienés y con ese nombre se quedó. Por este lugar pasaron famosos escritores italianos como Filippo Tommaso Marinetti, Giovanni Papini, Giuseppe Prezzolini, Dino Campaña, Carlo Emilio Gadda, Umberto Boccioni, Eugenio Montale y muchísimos otros. Tras la Segunda Guerra Mundial el local decayó lentamente, hasta que en 1991 los nuevos gestores decidieron recuperar el antiguo esplendor, atrayendo a jóvenes artistas y programando encuentros y manifestaciones culturales. Entre éstas últimas se encuentra la edición, a partir de 1992, de la colección literaria de Fiorenzo Smalzi.

scansione00242

http://www.giubberosse.it/giubbe/index.html

Zurich
El Café Odeón abrió en el año 1911 en Limmatquai 2, y por sus mesas ha pasado toda la agitación política de estas décadas. Diversos movimientos artísticos y políticos discutieron entre sus paredes. El local de estilo Art Noveau, con grandes ventanales y techos altos, tenía una sala de billar en la primera planta y su propia pastelería. Numerosos escritores, poetas, pintores y músicos frecuentaban el local, como Stefan Zweig, William Somerset Maugham o James Joyce. El poeta y pintor Richard Hülsenbeck y el escultor Marcel Janco establecieron sus cuarteles en el Odéon, y por eso es reconocido como el lugar donde nació el dadaísmo. Después de la Segunda Guerra Mundial, el Odeón seguía siendo un lugar de encuentro para la generación más joven, que solo podía permitirse vivir en habitaciones alquiladas, por lo que el café se convirtió en su hogar y lugar de reunión. Actualmente clientes de todas las edades y estratos sociales son habituales del Café Odeón; fue el primer bar en Zurich donde se podía consumir el champagne por copa, y ahora también se puede tomar una agradable comida típica de bistró.

33

http://www.odeon.ch/en/

Lisboa
Junto al Café A Brasileira se encuentra la conocida y fotografiada estatua de Pessoa, lo que nos indica que además de poder tomar un estupendo y puro café con un pastelito de Belem, podemos empaparnos de su atmósfera literaria. En este café, inaugurado en 1905 y que mantiene su decoración de madera labrada y en el que se puede escuchar música de fado de fondo, se reunían artistas e intelectuales y tuvieron lugar legendarias tertulias. Era el lugar favorito de Fernando Pessoa en cuyas mesas escribía. Está situado en el número 120 de Rua Garrett, en el barrio del Chiado, y se abrió para vender y disfrutar del más puro café brasileño, algo que no era tan común en la época, porque entonces se consumía más té. Merece la pena entrar y tomarse un café para poder disfrutar de su espléndida decoración.

4

 

Praga
El Café Slavia está situado junto al teatro y al lado del castillo, y sus mesas se llenan en los entreactos y salida del teatro de espectadores y actores. Sus grandes ventanales ofrecen vistas insuperables a los edificios históricos que la rodean. Se convirtió rápidamente en el símbolo del renacimiento nacional en el siglo XIX, además lleva el nombre de “Slavia”, la madre mítica del pueblo eslavo. Los intelectuales y artistas acudían al local incluso en los momentos más duros y oscuros de la época comunista, los poetas Jiři Kolář y Jaroslav Seifert, el pintor simbolista Jan Zrzavý, y actores y autores de teatro, como Václav Havel, formaron parte de la clientela más prestigiosa del Slavia. A la vez café nacional, histórico y literario, es ahora la imagen de una ciudad acogedora. En la actualidad es también restaurante y cada día un pianista toca desde la cinco hasta las once de la noche.

5

http://www.cafeslavia.cz/index.php?id_page=uvod&id_rest=slavia&id_lang=en

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies