Mundo Yold. Las llamadas “calculadoras de Harvard” fueron contratadas por ser mujeres porque eran más baratas
María Mitchell y las (olvidadas) mujeres que inauguraron la astrofísica moderna

En este año nuevo que recién comienza se cumple un siglo del nacimiento de Maria Mitchell, la primera profesora de astronomía de la historia, que detectó un cometa nunca antes visto, el hoy conocido como Miss Mitchell’s Comet y junto a un grupo de mujeres, las calculadoras de Harvard, descubrió miles de nuevas estrellas, enanas blancas, nebulosas y galaxias, dando a luz el mapa del cielo actual. Hoy, Gente Yold quiere rescatar sus hallazgos y sacarlas del olvido de la historia.
La historia de las calculadoras de Harvard es, a día de hoy, una historia marginada y olvidada, solo para entendidos y aficionados a la astronomía, a pesar de que a su esforzado y paciente trabajo se debe el mapa vigente del cielo, la base científica para estudiar el universo conocido y la comprensión de la inmensidad de los millones de mundos que lo componen.

Equipo de astrónomos junto a algunas de las calculadoras
Un grupo de mujeres, seleccionadas por el astrónomo Charles Pickering a finales del siglo XIX, trabajaron concienzudamente para catalogar cientos de miles de estrellas, cometas, asteroides, nebulosas y galaxias en el departamento de Ciencias de la Universidad de Harvard.

Maria Mitchell
Gracias al legado de Henry Draper, un astrónomo aficionado, la universidad pudo hacerse con un gran telescopio y comenzar con el análisis sistemático de las placas fotográficas del cielo, de las que disponía el departamento dirigido por Pickering.

Telescopio legado de Henry Draper
Un harén de científicas
Este colectivo de mujeres, que en su día fue conocido como el harén de Pickering y hoy es dignamente llamado las calculadoras de Harvard, estaba capacitado para hacer cálculos matemáticos que ahora hacen los ordenadores. Con rigurosidad y paciencia elaboraron el Catálogo Estelar Henry Draper, que aporta datos de posiciones, magnitudes y espectros de estrellas de la totalidad del cielo, y con el que se estableció el sistema alfabético actual de clasificación espectral.

Las calculadoras de Pickering hacia 1890. De pie, Williamina Fleming
En aquellos años de finales del siglo XIX y principios del XX, las mujeres tenían vetado el acceso a los estudios superiores prácticamente en toda Europa, pero en Estados Unidos tenían ciertas ventajas. La escolarización de las niñas estaba más extendida y normalizada y el acceso a una base mínima de cálculo matemático no era difícil.
Pero ¿por qué si la mujer estaba tan infravalorada en el ámbito del conocimiento y la educación fue elegida para llevar a cabo este proyecto de mapeo del cielo y sus estrellas?

Algunas de las calculadoras, 1918. (Fuente Harvard-Smithsonian Center for Astrophysics)
La respuesta es sencilla, pero triste y dolorosa. El mencionado astrónomo Edward Charles Pickering, director del grupo, afirmó que las mujeres eran perfectas para las labores rutinarias que no requiriesen pensar y, además su contratación era muy conveniente porque cobraban sensiblemente menos que los hombres (pasmosa brecha salarial que hoy, ya entrado el siglo XXI, es la norma en todo el mundo).
La contratación femenina era muy conveniente porque cobraban sensiblemente menos, justo como hoy día, en pleno XXI.
Por estas razones, el director del departamento contrató a varias mujeres, entre ellas a su propia empleada del hogar, Williamina Fleming, a la que puso al frente del grupo.

Caricatura de la mujer filósofa con pretensiones científicas
“¡Cuánto necesita la ciencia a las mujeres!”
En este proyecto participó también Maria Mitchell (1818-1889), la primera persona en ver y descubrir un cometa en 1847, el que hoy es conocido con su nombre, Miss Mitchell’s Comet.

Mitchell en su madurez
Además de este gran descubrimiento, Mitchell fue pionera en otras facetas: fue la primera profesora de astronomía de Estados Unidos y la primera mujer que perteneció a la Academia Estadounidense de las Artes y las Ciencias y a la Asociación Estadounidense para el Avance de la Ciencia.

Alumnas del Vassar College
Fue profesora de astronomía en el Vassar College, una exclusiva universidad de élite solo para mujeres que impartía tanto materias de arte y humanidades, como de ciencias, y que por ello supuso un importante avance en el acceso a la educación femenina.

Vassar College
Pero Maria Mitchell no se limitaba a mirar al cielo, también era una mujer de su tiempo, con una clara conciencia política que manifestó de diversas formas. En protesta contra la esclavitud, dejó de vestir trajes de algodón; asistió a diversas reuniones de sufragistas como Elizabeth Cady Stanton y cofundó la Asociación Estadounidense para el Avance de las Mujeres.
Un cráter en la luna se llama Maria Mitchell.
-“En mis años jóvenes, solía decir ‘¡cuánto necesitan las mujeres las ciencias exactas!’, pero desde que he conocido a algunos científicos que no siempre atienden a las enseñanzas de la naturaleza, que se quieren a sí mismos más que a la ciencia, digo: ‘¡Cuánto necesita la ciencia a las mujeres!”, llegó a manifestar la científica.

Sentada, Maria Mitchell en el observatorio donde pasó tantas horas de estudio
Además del cometa, hoy un asteroide y un cráter en la luna también llevan su nombre. Del cometa sabemos que sigue su órbita y no se espera que regrese a la tierra.
Las dimensiones de la Vía Láctea
Otras aguerridas mujeres integraban el grupo de las calculadoras. Williamina Fleming (1857-1911), por ejemplo, aportó al Catálogo Henry Draper más de 10.000 estrellas, descubrió 59 nebulosas gaseosas -entre ellas la llamada Nebulosa Cabeza de Caballo-, además de 310 estrellas variables y 10 novas.

Henrietta Swan Leavitt
Henrietta Swan Leavitt (1868-1921), también integrante del grupo, escribió un libro en el año 1912 sobre su descubrimiento e investigación de las Cefeidas, Periodos de 25 estrellas variables en la pequeña nube de Magallanes que, como tantas veces ha pasado en la historia de las autorías femeninas, fue firmado por Pickering.
Gracias a los cálculos de Henrietta Swan Leavitt se determinaron las dimensiones de la Vía Láctea.
Gracias a los cálculos de Leavitt, se determinaron las dimensiones de la Vía Láctea, y se calcula que una de cada diez estrellas variables que los astrónomos conocen a día de hoy fue estudiada primero por ella. No recibió grandes reconocimientos en su momento, ni ninguna medalla, ni premio, pero a día de hoy, a modo de homenaje, hay un cráter lunar Leavitt y el asteroide 5383 también lleva su nombre.

Annie Jump Cannon
Annie Jump Cannon, Antonia Maury y Cecilia Helena Payne-Gaposchkin, asimismo, formaron parte de este grupo que sentó las bases de la astronomía moderna.
La existencia de este primer colectivo de astrónomas está olvidada al fondo del armario del cielo, que paradójicamente tanto contribuyeron a iluminar con su conocimiento estelar.
Sirvan estos párrafos como modesto recuerdo a sus hallazgos.
Reportaje: Itziar C. Aguirre y María Aguirre


Cuando estuve en EEUU con una beca postdoctoral me asocié a la Asociación Estadounidense para el Avance de las Ciencias. Después de leer este artículo me siento más orgullosa al pensar en la primera mujer que perteneció a ella.
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DAVA SOBEL: El Universo de cristal.
Libro de la Hª de las mujeres de Harvard