Mundo Yold. Recordamos al inmortal escritor en el centenario de su fallecimiento

Cien años de la muerte de Galdós

 

 

Inés Almendros
4 enero, 2020

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Se cumplen cien años del fallecimiento del gran escritor Benito Pérez Galdós. El autor de Fortunata y Jacinta o los Episodios Nacionales fue un tipo curioso y apasionado; un intelectual multidimensional que nunca perdió su punto de hombre sencillo. Mujeriego empedernido, mantuvo un largo historial de torrenciales romances, algunos tan novelescos como sus obras. Hoy recordamos al maestro.

El 4 de enero de 1920, hace ahora cien años, el insigne escritor Benito Pérez Galdós fallecía en su madrileña casa de Hilarión Eslava, convertido ya en una gloria de las letras universales. Al día siguiente, el 5 de enero, el pueblo madrileño se echó a la calle para seguir al cortejo fúnebre en una auténtica demostración de fervor y cariño popular. Su cuerpo se expuso en el Ayuntamiento de Madrid, donde miles de personas acudieron para rendirle homenaje. Porque Don Benito se había ganado el afecto de la gente de la calle, la normal, a la que él tan bien representó en sus docenas de escritos.

El escritor con su famoso bigote que lució toda la vida

También porque, desde que llegara muy joven a la capital de España, el escritor hacía la vida del clásico madrileño callejero y deambulador que recorría mercados, tiendas, cafés o tertulias, y que lo mismo departía con los comerciantes que con las meretrices; con los camareros, que con las estrellas del teatro; con las lumbreras del intelecto, que con políticos o filibusteros. Daba igual: Don Benito escarbó en la psicología humana más profunda y variada, y así lo plasmó en su amplia y memorable obra.

Amado y odiado
Benito Pérez Galdós es considerado por muchos especialistas como uno de los grandes novelistas de todos los tiempos, y una de las grandes figuras literarias en español. Su amplio y magnífico legado abarca cerca cien novelas, treinta obras de teatro y una innumerable colección de artículos periodísticos, ensayos y relatos. Está considerado como uno de los grandes maestros del realismo y el naturalismo. Reconocido dentro y fuera de España, aunque fue propuesto para el Nobel de Literatura, sus mismos compatriotas bloquearon esta posibilidad.

Galdós oyendo el discurso pronunciado por el alcalde de Madrid, Garrido Juaristi, con motivo de la inauguración del monumento erigido al literato en el Retiro

Nacido en Gran Canaria, en 1843, en el seno de una familia de clase media, con un padre que era coronel del ejército, Galdós llegó a Madrid en 1862 para estudiar Derecho. Sin embargo, el conocimiento de las leyes le atraía menos que zascandilear por la urbe madrileña, frecuentando teatros y tertulias o yendo a conferencias del Ateneo. Finalmente, abandonó los estudios y comenzó a escribir en revistas y periódicos, siendo testigo y cronista de algunos de los acontecimientos de una época convulsa, como el pronunciamiento de los sargentos del cuartel de San Gil, y otros que le marcaron profundamente. Publicó su primera novela en 1970, y a partir de ahí nunca dejaría de escribir.

Está considerado como uno de los grandes maestros del realismo y el naturalismo.

Galdós en el ensayo de ‘Sor Simona’ (Teatro Infanta Isabel de Madrid, 1915)

Don Benito también fue el fundador de numerosas revistas y publicaciones; un poco a pesar suyo dirigió su propia editorial, tras años de disputas con su inicial editor. Participó en política de una forma un tanto desapegada, como diputado del Congreso por el Partido Liberal y como líder de la Conjunción Republicano-Socialista. Fue miembro de la Real Academia Española, y nombrado Caballero de la Gran Cruz de la Orden de Alfonso XII. Sin embargo, su crítica reiterada a estamentos conservadores, a la iglesia, o a la hipócrita burguesía de su época, le granjearon la animadversión de buena parte de la alta sociedad. Fue propuesto tres veces para el Premio Nobel de Literatura (en 1912, 1913 y 1915), pero la prensa tradicionalista católica, y parte de la Real Academia Española emprendieron una campaña de descalificaciones que hizo desistir a la Academia sueca.

A la derecha, el autor en un rincón de su finca de San Quintín, en Santander, en una imagen publicada por un diario de la época

El escrito no solo se enfrentó al rechazo de esta sociedad, sino también de buena parte de los intelectuales de su tiempo, y de generaciones posteriores que se burlaron de él, y le tildaban de clásico y aburrido, hasta el punto de otorgarle el apodo de “Don Benito, el garbancero”. Pero con el tiempo, lo cierto es que las novelas de Galdós no solo no han envejecido en absoluto, sino todo lo contrario, mientras que las obras de sus detractores contemporáneos o posteriores apenas si han trascendido. Muchas de sus novelas han sido llevadas al cine y a la televisión en numerosas ocasiones, como la genial Tristana de Luis Buñuel (1970), El abuelo de Jose Luis Garci (1998, candidata al Oscar) o la inolvidable serie Fortunata y Jacinta de TVE (1980), entre otras muchas.

Su crítica reiterada a estamentos conservadores, a la iglesia, o a la hipócrita burguesía de su época, le granjearon la animadversión de buena parte de la alta sociedad.

 

En la imagen, la hija del escritor (a la derecha) le toma del brazo

El trágico desenlace de Fortunata y Jacinta une para siempre a las dos mujeres en un orgulloso respeto mutuo y femenino, a través del amor maternal.

Una lectura actual de Fortunata y Jacinta, por ejemplo, nos revela a un autor que supo radiografiar la hondura profunda de las mujeres desde un punto de vista muy novedoso para la época: Fortunata, analfabeta, indómita y pobre; Jacinta, burguesa, inocente y recatada. Galdós disecciona el enamoramiento de ambas por un mismo hombre, Juanito, un señorito inmaduro, inconstante e infiel, por el cual cada una de ellas se convierte en la enemiga de la otra. Pero con los años y el sufrimiento, el enfrentamiento entre ambas se transforma en una íntima comprensión mutua. Y el trágico desenlace de esta fantástica obra une para siempre a las dos mujeres en un orgulloso respeto mutuo y femenino, a través del amor maternal.

En su sencillo dormitorio de su casa madrileña, en el barrio de Argüelles

El mujeriego Don Benito
Mucho y muy bien debía conocer Don Benito a las mujeres para trazar un doble retrato psicológico tan profundo y sincero. Y es que, aunque jamás se llegó a casar, las mujeres fueron las grandes protagonistas de su vida. Apenas era un adolescente cuando vivió y sufrió su primer y desgraciado gran amor, el que sintió por su prima cubana, María Josefa Washington Galdós Tate, a quien apodaban Sisita, y de la que fue separado por la familia.

Durante sus primeros años en la ciudad, el joven periodista vivió en pensiones y habitaciones de alquiler. Pocos años después, cuando ya se había establecido, dos de sus hermanas se trasladaron a residir con él, asentando el hogar familiar en el que permanecería.

Con uno de sus amados perros

Durante décadas mantuvo numerosas relaciones, más o menos conocidas, con damas y amigas de su entorno, y fugaces y numerosos escarceos con otras muchas féminas. A Don Benito todo el mundo le consideraba un mujeriego, pero hubo algunas relaciones especialmente importantes en su vida, como la que mantuvo con Lorenza Cobián González, mujer hermosa, pero inculta, a la que conoció cuando ella era una joven modelo de pintores. O como la que vivió con la escritora Emilia Pardo Bazán, mujer culta y distinguida, hija del conde José Pardo Bazán, con la que realizó apasionados viajes por Europa y compartió unos intensos amoríos secretos que quedaron reflejados en unas tórridas cartas amorosas.

Sentado a la mesa donde escribió los Episodios Nacionales

El escritor compaginó a ambas amantes en las mismas fechas, pero de forma más constante a Lorenza, a la que puso casa, mantuvo económicamente y fue la madre de su hija María (al menos, la única conocida y reconocida), que nació en 1891. La vida de Lorenza acabó trágicamente en 1906, cuando se suicidó colgándose de un pañuelo en la cárcel del gobierno de Madrid; poco antes había sido detenida por intentar tirarse a las vías del tren. Algunos estudiosos de Galdós consideran a Lorenza como la inspiración para el personaje de Fortunata.

Lorenza y su hija María

Pero el mujeriego Galdós siguió saltando de lecho en lecho: acabó plantando a la Pardo Bazán, y abandonando a Lorenza, para caer en los brazos de Concepción Morell, actriz en ciernes (dicen que fue la inspiración para Tristana). Esta relación, larga y tormentosa, acabó también en amarga tragedia.

La casa del escritor en la calle Hilarión Eslava de Madrid

Su cuerpo se expuso en el Ayuntamiento de Madrid, donde miles de personas acudieron para rendirle homenaje.

A Concha, entre otras, le siguieron la también actriz Concha Catalá y al final de su vida, Teodosia Gandarias, que fue su última compañera estable. Galdós también mostró su admiración por dos de las mayores actrices de su época, María Guerrero y Margarita Xirgú y mantuvo una íntima amistad con otras muchas mujeres, cuya relación tal vez no llegó tan lejos, o simplemente, no trascendió.

A la derecha, María Guerrero, invitada a la finca de San Quintín

Desde la muerte de Lorenza Cobián, Don Benito había estrechado los lazos con su hija María, que fue su heredera y a la que se mantuvo muy unido en sus últimos años. Cuando el escritor falleció en 1920, ella y su marido le acompañaban.

María, la única hija (reconocida) del escritor

En este 2020, un siglo después de la muerte del escritor, las mismas instituciones que entonces recelaban de su lacerante ingenio celebran por todo lo alto la onomástica de la fecha: desde noviembre de 2019 se puede visitar en la Biblioteca Nacional de España, en Madrid, una exposición monográfica dedicada a Galdós, que recoge numerosos objetos testimoniales, como manuscritos, fotografías, objetos cotidianos y obras de arte.

El cortejo fúnebre a su paso por la Puerta del Sol de Madrid

El año 2020 será el año de Galdós, y tanto la Comunidad de Madrid como el Ayuntamiento y otras instituciones nacionales y de fuera de España celebrarán otros muchos actos para recordar al escritor. Es un buen momento para desempolvar alguno de sus maravillosos libros y recordar la magia de su pluma. Cien años después de morir, Don Benito sigue vivo.

 

 

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