GENTE YOLD. Cien años de la muerte de Giacomo Puccini

Cien años de la muerte de Puccini

Angel Domingo
28 noviembre, 2024

El 29 de noviembre de 1924, hace ahora un siglo, fallecía Giacomo Puccini, autor de algunas de las mejores óperas de la historia, entre ellas La Bohème, Madame Batterfly o Turandot. Las hemos escuchado en las voces de los más grandes, María Callas, Pavarotti, Domingo, Caballé… y nos siguen emocionando y estremeciendo igual. La efeméride nos sirve en Gente Yold para revisar la vida y obra de este gran compositor, marcadas ambas por la genialidad, pero también por su temperamento apasionado, contradictorio y romántico que le llevó a protagonizar sonados escándalos en su época. El primero de ellos, su fuga con Elvira Gemignani, una mujer casada que se convertiría en su compañera de vida. Su relación tóxica los llevó a vivir auténticos dramas de película, pero jamás llegaron a separarse. Hoy en Gente Yold te invitamos a conocer el fascinante mundo de Puccini.

La preciosísima ciudad de Lucca, en plena Toscana, es menos conocida que otros centros más turísticos de Italia, pero sin duda es una maravilla que todo el que viaje a aquella zona debeRÍA visitar. En esta histórica urbe nació, el 22 de diciembre de 1858, Giacomo Puccini. Su estrella venía marcada por el arte de la música, pues los hombres de su familia llevaban décadas ejerciendo como directores de cámara en la catedral de la ciudad. Su padre, Michele Puccini, -el último en ostentar este importante cargo- falleció cuando él era un niño. El consistorio de Lucca otorgó a la familia Puccini una asignación por lo que el pequeño pudo educarse convenientemente, formándose para músico. También se le reservó la plaza de organista, para cuando fuera mayor de edad. Sin embargo, Giacomo nunca ocuparía este puesto: quedó fascinado desde muy joven con la ópera, a la que se dedicaría en cuerpo y alma.

Enfrascado desde pequeño en sus estudios musicales, el pequeño Giacomo también contribuía a la frágil economía familiar tocando el órgano ocasionalmente en pequeños conciertos e iglesias de la Toscana. Pero su vocación por la ópera despertó de forma entusiasta cuando en 1876 asistió a una representación de Aida, de Verdi. Tras graduarse en el Conservatorio de Milán, el joven presentó una primera obra, Capricho sinfónico, pero a partir de ahí, se dedicaría solo a componer óperas. La primera de ellas sería Le Villi, que se estrenó en Milán en 1884 con un aceptable éxito para ser el primer trabajo de un autor novel. A partir de este momento, Puccini comenzó a remontar: de ser un compositor desconocido, con grandes problemas económicos, pasó a convertirse, en pocos años, en uno de los autores más famosos, exitosos y mejor pagados del mundo.

María Callas fue una de las divas que cantó O mio babbino caro (Oh, mi papá querido), aria perteneciente a la ópera Gianni Schicchi, y una de las piezas más conocidas de Puccini. 

Con Elvira llegó el escándalo

Pero en 1885 el maestro aún era un joven compositor que se estaba dando a conocer, y necesitaba realizar otros trabajos para subsistir. Uno de ellos era ejercer de profesor de piano. Algunos aristócratas de Lucca contrataban al joven Giacomo para enseñar a las mujeres de su familia. Uno de ellos fue el rico comerciante Narciso Gemigniani, quien alquiló sus servicios para que su mujer, Elvira, madre de sus dos hijos, pudiera aprender a tocar.

Junto a Elvira y Antonio Puccini

Además de pudiente, Narciso era constantemente infiel a su esposa, por lo cual el joven matrimonio estaba en crisis permanente. En cualquier caso, Elvira y Giacomo, profesor y alumna, se enamoraron perdidamente y comenzaron una relación extramatrimonial. Elvira quedó embarazada, y la pareja decidió huir para no enfrentarse al tremendo escándalo que el asunto supondría en la entonces provinciana y muy puritana ciudad de Lucca, donde ambos habían nacido y eran bien conocidos. Mientras Narciso amenazaba con asesinarlos, en 1886 nació el hijo de ambos, Antonio Puccini, apodado Tonino.  Desde entonces, Elvira y Giacomo vivieron juntos sin casarse, ya que no existía el divorcio en Italia. Lo hicieron 17 años después, en 1903, cuando Gemignani falleció, también de forma trágica, debido a la paliza que le propinó el marido de una de sus amantes.

Elvira y Puccini vivieron con Tonino y Fosca (esta última, hija de Elvira y Narciso), en diferentes lugares hasta establecer su residencia principal en el precioso pueblo de Torre del Lago, a tan sólo 20 kilómetros de Lucca. En esta casa Puccini desarrolló la mayoría de sus famosas obras: Manon Lescaut (1893), La Bohème (1896), Tosca (1900) Madama Butterfly (1904) La Fanciulla del West (1910) La Rondine (1917) Il Trittico (1918), que fueron estrenadas en algunos de los mejores teatros del mundo y le convirtieron en la referencia universal de la ópera, y en uno de los autores más reconocidos y ricos del planeta.

Con Elvira y otra acompañante, pese a su relación tóxica de décadas, nunca se llegaron a separar

Viviendo un carrusel de emociones

Aunque pasaron toda su vida juntos, aunque se querían y necesitaban, la relación entre Elvira y Giacomo no fue nada fácil. Ambos tenían caracteres enérgicos, pero el mayor problema estribó en que Giacomo era un mujeriego incorregible y totalmente reconocido. Él mismo se definía como “un poderoso cazador de aves silvestres, libretos de ópera y mujeres atractivas”. Era guapo, caballeroso, exitoso y rico, y sabía gestionar su importante poder de seducción. Su trabajo le daba pie para viajar y relacionarse y lo aprovechó para tener romances con mujeres interesantísimas de su época: desde una famosa abogada de Turín, a la esposa de un banquero de Londres; desde Blanke Lendvai (hermana del músico Ervin Ledndvai), a la aristócrata alemana Josephine von Stengel, pasando por la cantante de ópera Rose Adler. Su pasión por el género femenino quedó reflejada en sus obras, donde encontramos épicas protagonistas, heroínas románticas que sufrían y lo daban todo por amor. Como la japonesa Butterfly cuyos amores con el marinero Benjamin Franklin Pinkerton la llevaban al drama más absoluto.

Rose Adler una de las muchísimas amantes que el compositor tuvo en su vida

A Giacomo también le maravillaban los automóviles y la velocidad. De hecho, fue uno de los primeros italianos que compró un automóvil con el que recorría su amada Toscana y parte de Europa. También fue uno de los primeros en sufrir un grave accidente de circulación, en 1903 que le provocó heridas gravísimas y secuelas de por vida

Pavarotti cantando E lucevan le stelle, de Tosca, una de las arias más famosas del mundo

 

Se ha acusado mucho a Elvira de ser una mujer posesiva y celosa, pero era obvio que tenía todas las razones del mundo para serlo; porque sus celos eran totalmente fundados; porque tenía más que motivos para sentirse traicionada y engañada. Hay que entender que, viniendo de un matrimonio previo con el mismo problema, su sensibilidad como mujer debió de sobrepasar al límite de lo enfermizo. La relación absolutamente tóxica de Giacomo y Elvira desencadenó un horrible drama, con una víctima inocente. En 1909 Doria Manfredi, una criada que trabajaba para los Puccini, se suicidó tomando veneno, tras ser, no solo acusada, -sino también acosada-, por Elvira, quien públicamente la denunció por mantener una supuesta relación amorosa con Giacomo. Tras su muerte, los padres de la muchacha denunciaron a Elvira por acoso y falsedad. Durante el juicio, además se supo que Doria era virgen y que por tanto, las acusaciones eran totalmente infundadas. El asunto se puso realmente mal para los Puccini, pues Elvira fue declarada culpable y, a punto estuvo de entrar en la cárcel, aunque se libró gracias a las negociaciones que Giacomo emprendió con los Manfredi, quienes retiraron los cargos tras recibir una cuantía económica por daños y perjuicios. Muchos años después, fallecidos todos los protagonistas, se sabría que en aquella época la amante de Puccini no era Doria, sino la prima de esta, Nadia Manfredi, con la que además Giacomo tuvo un hijo no reconocido. Doria solo hizo de testigo y encubridora de aquel romance, y Elvira confundió algunos de sus gestos, pensando que tenía algo con su marido.

El asunto de Doria dejó muy afectado a Puccini, y totalmente destruido a lo poco que quedaba de la pareja, aunque Elvira y Giacomo continuaron juntos hasta la muerte del compositor, que falleció en Bruselas -lejos de su querida Italia- en diciembre de 1924. A Bélgica había viajado precisamente para tratarse un cáncer de garganta del que no pudo sanarse. Falleció con 65 años, siendo millonario, un símbolo para toda Italia, y reconocido en el mundo. Dejó una de sus obras maestras incompletas -la maravillosa Turandot-, que fue finalizada por Franco Alfano y que se estrenaría con un grandioso éxito en La Escala en 1926.

Tras los solemnes funerales dedicados al músico, su cuerpo fue llevado a su preciosa residencia de la Torre del Lago, que desde entonces es su panteón, y donde también descansan los cuerpos de Elvira y del hijo de ambos. Hoy, la residencia familiar es el museo de Puccini, donde se puede conocer su vida y obra; una preciosa visita, imprescindible para quienes visiten la Toscana.

 

Más información: https://www.giacomopuccini.it/villa-puccini/

 

 

 

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