Mundo Yold. Hoy comentamos tres grandes películas que transcurren en las cálidas vacaciones veraniegas

Cine de vacaciones

 

Angel Domingo
31 julio, 2019

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Hoy nuestro crítico de cine recuerda algunas de las pelis de nuestra vida, inspiradas en la época ociosa de las vacaciones, películas inolvidables como Vacaciones en Roma o La tentación vive arriba.

Si el periodo laboral que nos ocupa la mayor parte del año, está considerado como la parte seria de la vida; las vacaciones suponen el contrapunto a esta visión: las esperamos llenos de ilusión, hacemos proyectos, acudimos a espectáculos, programamos viajes…

Esta parte divertida ha sido colonizada por la industria del cine para crear historias de todo tipo, desde el drama a la comedia, pasando por películas de terror, aventuras, musicales… Algunas cintas han marcado hitos en la filmografía anual y son consideradas obras maestras que, sobre todo en vacaciones, podemos disfrutar. A modo de ejemplo, comento tres películas que tratan hechos que suceden en vacaciones y se consideradas piezas únicas debido a anécdotas, periféricas a la acción, por las que son recordadas en la historia del cine.

Vacaciones en Roma
Comenzamos por un cuento de hadas. Vacaciones en Roma (William Wyler,1953) cuenta la vida de Anna, una responsable princesa que recorre Europa cumpliendo mil protocolos que la aburren y desesperan. Sin embargo, consciente de lo que representa, cumple con sus obligaciones, hasta que llega a Roma y decide olvidarse de toda atadura para conocer la ciudad. Allí, entra en contacto y se enamora de un atractivo paparazzi cuya intención, más que seducir a la princesa, es conseguir la exclusiva de su vida.

Audrey Hepburn, por entonces joven actriz desconocida, ganó un Oscar por este trabajo.

El proyecto tuvo que superar muchas dificultades: la Paramount, en un principio, intentó rodar en suelo americano; sin embargo, Wyler, consciente de las posibilidades de la Ciudad Eterna, decidió que la urbe tenía que ser protagonista crucial en la cinta. Y, aprovechando la coyuntura, puso tierra por medio en el contexto de la caza a supuestos comunistas, tan de moda en el Hollywood de los 50.

La productora cedió, pero recortó el presupuesto hasta el punto que el director se vio obligado a rodar en blanco y negro cuando ya el technicolor era algo muy utilizado; paradójicamente, este elegante formato dotó a la cinta de un encanto especial. El papel de princesa, debido a la escasez presupuestaria, que no llegaba para contratar a ninguna diva del momento, recayó en la joven aún desconocida Audrey Hepburn que, por este trabajo, ganó un Oscar.

En un principio, el personaje del paparazzi le fue ofrecido a Cary Grant pero, en un acto de elegancia, lo rechazó alegando que no sería creíble que alguien de su edad enamorase a una jovencita como Audrey. Finalmente, Gregory Peck aceptó interpretar al atractivo periodista.

Vacaciones en Roma es la única película que ha logrado dos estatuillas por una misma categoría: mejor guion original. Dalton Trumbo vendió a la Paramount el guion por 40.000 dólares, cuando se encontraba exiliado en México, huido del banquillo del Comité de Actividades Antiamericanas (HUAC) y, por tanto, su nombre no podía figurar en los títulos de crédito. Contrataron a Ian McLellan Hunter, guionista de segunda categoría, para tal fin. Y como la película ganó el Oscar al mejor guion, Hunter recogió la estatuilla y se apropió de la autoría. Era un secreto a voces que Trumbo era el inventor de la historia y Hunter solo un impostor. Pero Hollywood calló.

En 1993, el Sindicato de Guionistas quiso reparar el fraude y reclamó al hijo de Ian la estatuilla, para entregarla a su verdadero dueño, pero éste no quiso devolverla. La academia encargó fabricar otra que recogió Cleo, su viuda, cuando Dalton llevaba ya 17 años muerto. Tarde, pero se hizo justicia.

La tentación vive arriba
Gracias a la lucha de valientes mujeres que ya han pasado a la historia en su lucha por la igualdad de género, nuestra sociedad ha evolucionado y las mujeres han accedido a derechos laborales y sociales que antes solo pertenecían al género masculino. Aunque todavía muchísimo queda camino por recorrer en todo el mundo, la situación actual de la mujer en Occidente  nada se parece a la de mediados del siglo pasado.

La tentación vive arriba. (Billy Wilder, 1955) es un claro ejemplo de algo habitual en la época: el tópico con mayúsculas del marido que “está de rodríguez” y se queda trabajando en la ciudad mientras su esposa, eterna desempleada “oficial” pero eterna empleada a tiempo completo en el hogar, se va con los niños a la playa.

Richard Sherman (Tom Ewell), un editor cuarentón se queda en Manhattan un verano de extremo calor, y no duda en dar rienda suelta a su imaginación cuando sucede que, en el piso de arriba, se instala una exuberante rubia platino muy simpática y de aspecto inocente. Además trabaja en publicidad haciendo anuncios para la televisión sobre pasta dentífrica. Con estos ingredientes, el marido que cree disfrutar de nuevo de una codiciada soltería, ya tiene los ingredientes para cocinar un sabroso adulterio; que, por cierto, no se hace real en la trama, aunque sí estaba explícito en el guión. El adulterio en la cinta solamente sucede en la mente calenturienta del protagonista; que tiene que acudir al psiquiatra para que le confirme que su estado está dentro de lo normal, pues se encuentra en el séptimo año de su matrimonio. De ahí el título original del filme: The Seven Year Itch (La comezón del séptimo año).

Los censores, vigilantes y con claros indicios paranoicos, pusieron pegas al proyecto; pero Wilder alegó que solo se trataba de una comedia, lo que empeoró la situación pues el Código Hays explicitaba claramente que con el adulterio ni una broma.

Billy Wilder convirtió el rodaje de esta película en manifestación callejera contra la represión político-religiosa del momento. Y, para ello, la 20th Century Fox, tenía guardado un as en la manga: el carisma de su joven actriz, una Marilyn Monroe más seductora que nunca contrarrestaría, con su sensualidad, todo intento de censura.

Billy Wilder convirtió el rodaje de esta película en manifestación callejera contra la represión político-religiosa del momento.

Tanto público se agolpaba durante los rodajes, aplaudiendo, piropeando a la joven actriz que no hubo forma de que la Legión Católica de la Decencia impidiera la filmación; sus agentes, siempre presentes en el rodaje, eran silbados y abucheados cuando, metro en mano, medían la altura de la falda de la actriz.

Wilder, burlando la censura, consiguió incluir en el montaje final, dos escenas de alto contenido erótico. Una de ellas retrata a la seductora vecina doblando su ropa interior y metiéndola en el frigorífico para que estuviese fresca y ponérsela cuando bajaba al apartamento del casado, que tenía aire acondicionado. Y la segunda, con seguridad la escena más vista de la historia del cine, cuando la rubia y el casado salen de ver El monstruo del lago y es tanto el calor de la noche, que Marilyn decide refrescarse las piernas utilizando el aire de las rejillas de ventilación del metro; la escena tuvo que filmarse en dos escenarios diferentes; una madrugada en la calle (más de 20 tomas) y otra segunda vez dentro del plató de rodaje.

Varios miles de curiosos, a pesar de la hora, y más de 600 fotógrafos de prensa no se perdieron detalles cuando el aire levantaba su falda. Joe DiMaggio, marido de la actriz y presente también en el rodaje, no soportaba que tantos mirones viesen las piernas de su esposa y, en un ataque de celos, obligó a la actriz a ponerse dos pares de bragas.

La escena que aparece en el montaje final fue la que se filmó en plató. Y en ella apenas se ve más arriba de las rodillas. Hoy, cuando un espectador quiere ver la película y entre ellos me incluyo, detenemos el vídeo y, al llegar a la escena de la falda, entramos en Youtube porque ahí se puede ver volar la falda y el cuerpo perfecto que esconde debajo:

Hace poco, en una subasta, alguien pagó mas de 6 millones de dólares por la falda de Marilyn.

Tiburón

Tiburón (Steven Spielberg, 1975) podría resultar una película menor, pero tres premios Oscar otorgan al film una distinción que debería hacer reflexionar a todos aquellos que la consideran un pastiche comercial.

La cinta nos lleva a un olvidado pueblecito de la costa de Nueva Inglaterra; su apacible vida turística es sacudida por la aparición de un monstruoso tiburón blanco. Tal es el terror que se produce en la localidad que, para hacer frente al gigantesco escualo, un veterano cazador de tiburones (Robert Shaw), un oceanógrafo y el jefe de la policía local unen sus esfuerzos para dar caza al imponente monstruo marino.

La reacción de Steven al escuchar, por primera vez, las emblemáticas notas creadas por John Williams fue pensar que le estaban gastando una broma.

La película, basada en una popular novela de Peter Benchley, ha conseguido que varias generaciones se lo piensen dos veces antes de lanzarse a nadar en la playa; a pesar, según las estadísticas, que solo una persona de entre 11,5 millones es atacada y, más aún, que la víctima muera durante el ataque sea de una de entre 264,5 millones. Sin embargo, el pánico al ver aparecer una siniestra aleta es auténtico y no entiende de registros contables. Otra consecuencia de este filme fue la persecución de la especie llamada come hombres hasta el punto de llevarla al borde de la extinción.

Lo primero que llama la atención del film es su música. La reacción de Steven al escuchar, por primera vez, las emblemáticas notas creadas por John Williams fue pensar que le estaban gastando una broma; pero, años después, jamás ha dudado en afirmar que gran parte del éxito de su película se basa en la oscarizada banda sonora creada por Williams.

El presupuesto inicial de la cinta fue de tres millones y medio de dólares, pero el atrevimiento del veinteañero Spielberg por rodar en mar abierto, unido a su inexperiencia marinera, ocasionó un tormentoso rodaje que incrementó el coste hasta los nueve millones. El rodaje, planificado en 55 días, terminó siendo de 159. Estos contratiempos mantuvieron a los productores ejecutivos de la Universal Studios en la duda continuada de suspender la filmación. A día de hoy, Tiburón ha recaudado más de 500 millones de dólares en todo el mundo.

La película tuvo una filmación plagada de dificultades:

– Se rodó en primavera a pesar de ser una historia de verano, para evitar una huelga de actores.

– Como no existía ningún tiburón blanco domesticado, Steven mandó construir tres máquinas; una de ellas la bautizó con el nombre de Bruce en honor a su abogado. Sin embargo, debido a su mal funcionamiento, todo el equipo le llamó “la gran mierda blanca”.

– Otro alarmante contratiempo fue el inesperado naufragio del barco en el que iba el equipo de rodaje; rescataron del fondo del mar la cámara de filmación y la enviaron a un laboratorio de Nueva York donde se pudo recuperar el material. De salvar las cintas de sonido se encargó el técnico que manejaba el Nagra con el que se grababa en sonido directo. Puede ser que por esta proeza, Roger Herman y sus ayudantes ganaran el Oscar.

– Para la escena donde los oficiales del pueblo celebran la captura del tiburón necesitaban encontrar un tiburón real lo suficientemente grande, pero los pescadores locales no consiguieron capturar un animal de ese tamaño. Tuvieron que transportar, en avión, a un tiburón tigre capturado en Florida; lo que no imaginaron fue el apestoso hedor que emanaba de este tiburón, cuya carne se estaba descomponiendo.

Y así podría contar decenas de contratiempos más. Irónicamente, el equipo de rodaje cambió el título original Jaws (tiburones) por el de Flaws (fallos). Al parecer, Spielberg, muy atento a las conversaciones de los curiosos y de los técnicos, quiso incorporar a la trama los comentarios jocosos que escuchaba, para contrarrestar la tensión machacona de su película, y para este fin contrató a Carl Gotliebb, cómico y amigo suyo. Además se inventó un personaje para él: director del periódico local.

El joven cineasta no rodó la escena final; alguien le chivó que detrás del último ¡corten, hemos terminado! el equipo le tiraría al agua como pago por el nefasto rodaje. Chico listo.

Para finalizar este artículo, recomiendo el cortometraje sobre cine de vacaciones que obtuvo el primer premio, en Madrid, del Festival 48 Horas de Cine en el Mundo (2013): El Roble Venusiano, proyecto en el que participé.

Ángel Domingo Pérez

Comentarios

  1. Patricia dice:

    El autor de este artículo es el mejor y único escritor del mundo

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