GENTE YOLD. La crisis de la mediana edad

¿Qué estoy haciendo con mi vida?

Inés Almendros
3 diciembre, 2016

Dado el alargamiento de la vida, la famosa crisis de los cuarenta ahora la sufrimos nosotros, los que tenemos cincuenta. Básicamente es ese momento en que todos nos preguntamos, ¿a dónde vamos?, ¿estamos dónde queremos estar? Si la respuesta no nos satisface, podemos entrar de cabeza en una auténtica hecatombe existencial.

Por lo general, el hecho de cumplir años va asociado a la adquisición de experiencia, madurez y por tanto, sabiduría y coherencia. Algo que en teoría, nos dará estabilidad, pero que también puede ir asociado al inicio de nuevas fases, a la búsqueda de nuevas inquietudes.

Si en el transcurso de nuestro crecimiento -y más cuando llegamos a la madurez de un yold- nos encontramos que nos faltan cosas; que no estamos y tal vez quisiéramos estar; que lo que tenemos no nos aporta lo suficiente; que nos faltan capítulos importantes por vivir; que el futuro empieza a tener fecha de caducidad, pero no estamos aprovechando el presente a tope… Si nos empiezan a rondar estas ideas por la cabeza, es que nos estamos sumergiendo en una clásica crisis de la mediana edad. Un tipo de crisis que, en los casos más persistentes, es capaz de arrasar con familia, estatus y estabilidad.

El momento de emprender el rumbo a dónde realmente queremos ir

La crisis de la mediana edad fue bien estudiada y definida por el escritor, psiquiatra y psicólogo Carl Jung (1875-1961), que dedicó gran parte de sus análisis a esta fase de la vida. Para Jung, es precisamente durante los años de la madurez cuando nos enfrentamos a algunos de los cambios psicológicos más trascendentes del ser humano. Y es que, tras atravesar la juventud y en el momento en que nos aproximamos al ecuador de nuestra vida, es casi natural que cualquiera de nosotros nos preguntemos qué hemos hecho; si estamos satisfechos con lo que estamos haciendo; si realmente vamos en la dirección acertada. Porque, al fin y al cabo, ahora es el momento de dirigir ya sin equívocos el timón de nuestra vida, y emprender el rumbo hacia dónde queremos ir realmente. Hacia lo que, de verdad, deseamos vivir.

Según Jung la primera mitad de la vida nos permite formarnos y experimentar; la segunda, evolucionar según nuestros deseos. Por ello, la pregunta ante la crisis de la madurez no es “¿Qué nos ha pasado?” sino “¿Qué quiero que pase a partir de ahora?”. Sin duda, es el momento de sentirnos como somos de verdad, desarrollarnos según nuestros propios deseos, reconocernos y enfocar nuestros pasos como seres maduros.

Sin embargo, la aparición de estos planteamientos da lugar, en muchos casos particulares, a que surja una verdadera crisis existencial, que puede afectar y mucho a la estabilidad de cada uno, y a su círculo personal y familiar. Está comprobado que existe un alto índice de divorcios y separaciones a partir de los cuarenta y pico años. También a estas edades es elevado el número de personas que rompen con sus familias o se alejan de sus amigos. Es un momento en que muchos -especialmente los varones- sienten necesidad de recuperar hábitos y hasta formas de vestir juveniles. Es un clásico en la literatura, el cine universal, o simplemente en historias de barrio o del pueblo, el caso del tipo de cuarenta y tantos o cincuenta y pico, que deja a su buena mujer de toda la vida para irse con una “que podría ser su hija.

Evidentemente, muchas de estas personas y sus familias pueden sufrir enormemente por estas crisis, que dan al traste con lo establecido y conocido hasta ahora. Por eso, en situaciones de este tipo, siempre conviene que un terapeuta ayude tanto a la persona en sí, envuelta en su búsqueda vital, como a los familiares, que todavía pueden sufrir mucho más.

Sea cual sea el camino que se elija y el final que acabe teniendo, la llegada de esta crisis también tiene su lado positivo, porque no deja de ser una respuesta vital a la necesidad de seguir creciendo, seguir buscando, seguir evolucionando. A la necesidad de incorporar a nuestra existencia nuevos caminos, proyectos e ilusiones: “Desde la mitad de la vida hacia adelante, solo permanece vital aquel que está preparado para morir con vida”, decía Jung. Por ello, con o sin crisis, solo teniendo una actitud vital, que incluya una permanente renovación de las ilusiones, los deseos y trabajo para seguir disfrutando, es la única manera para, ahora, como siempre, seguir adelante.

Redacción Yold

Crisis de cine

  1. Una casa en la Toscana

El argumento es un clásico: a la escritora estadounidense Frances Maye (Diana Lane) la dejan por otra. Para que se relaje, una amiga le regala un viaje a la Toscana, donde acaba comprándose una casa que se cae a pedazos, y luchando contra viento y marea para hacer ambiente.
¿Cómo acaba? (Cuidado: ¡spoiler!) De cine: tras darse unos cuantos batacazos con el mundo italiano en general, el éxito acaba premiando a la sufrida americana, que acaba con su casita perfecta y un macizorro italiano haciéndole las pizzas. Como para animar a cualquiera.

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  1. American Beauty

Posiblemente, la mejor película sobre crisis de la mediana edad. El ejecutivo Lester Burnham (Kevin Spacey) está realmente cansado de su trabajo, de la monotonía de un matrimonio completamente falso y de unos hijos que pasan de él cuando, de la forma menos esperada, vuelve a enamorarse.
¿Cómo acaba? (Cuidado: ¡spoiler!) Lester se enfrenta a la hipocresía de su vida con una rebelión que, tras una inolvidable fase de auténtica gloria, le dirigirá hacia el bajón definitivo.

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  1. Bailamos

Si tienes a Richard Gere como marido madurito no se te ocurre dejarlo por ahí aburrido, pero es lo que hace Susan Sarandon, que a la postre se entera de que su esposo se ha metido a aprender salsa, y nada menos que con la buenorra de Jennifer Lopez.
¿Cómo acaba? (Cuidado: ¡spoiler!) Al final, la Sarandon, que no puede evitar interpretar a tipas con las antenas bien puestas, reconduce totalmente la situación. Una peli para aprender a gestionar adecuadamente una crisis complicada.

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  1. Los puentes de Madison

.La obra de arte, por excelencia, del amor maduro entre la tranquila ama de casa Francesca Johnson (Meryl Streep) y el fotógrafo Robert Kincaid (Clint Eastwood) nos hizo descubrir que el amor a estas edades puede ser igual o mucho más sensual e impactante que el de la juventud. El devenir demasiado plácido de la vida de Francesca se torna en una auténtica crisis al conocer a Robert.
¿Cómo acaba? (Cuidado: ¡spoiler!) Lamentablemente para muchos de nosotros, Francesca hizo lo que debía hacer: quedarse para siempre con su marido.

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  1. Conocerás al hombre de tus sueños

Woody Allen tiene un amplio repertorio de personajes maduros y de mediana edad, en las crisis más disparatadas del mundo, pero nos quedamos con el interpretado por el genial Anthony Hopkins, por ser un clásico típico y tópico de tipo sesentón que empieza por ir al gimnasio para sacar musculazos y acaba casándose con una starlet barriobajera que le saca hasta los higadillos.
¿Cómo acaba? (Cuidado: ¡spoiler!) Con Hopkins reconociendo, sin paliativos, que es un absoluto imbécil.

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Comentarios

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    Tengo 76 años, estoy en una residencia de la tercera edad,son las cuatro de la madrugada,y posiblemente me acabo de dar cuenta que estoy terminando de pasar la crisis de los cuarenta.

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