Mundo Yold. Las joyas más preciadas de nuestra memoria

¿Cuál es tu primer recuerdo?

Inés Almendros
7 mayo, 2019

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Un beso de tu madre, el cuento que te leía el abuelo o, tal vez, tus primeros juegos infantiles… Apenas sabemos nada sobre nuestros recuerdos más tempranos, salvo que son joyas de la memoria y que todos tenemos alguno. Y en tu caso, ¿cuál fue tu primer recuerdo? Compártelo con nosotros hoy en Gente Yold.

La ciencia lleva décadas estudiando a fondo la memoria humana pero, como casi todo lo relacionado con nuestro cerebro, su funcionamiento todavía alberga numerosos misterios por resolver. Uno de ellos es el relacionado con los primeros recuerdos. Normalmente, la edad media de nuestros primeros recuerdos suele situarse entre los tres y los cinco años, aunque depende de cada persona; y los recuerdos son totalmente distintos para cada uno de nosotros: hay quien recuerda simplemente su habitación infantil, otros pueden asociar su primer recuerdo a un momento especial, de fiesta o celebración…

Algunas personas cuentan que su primer recuerdo está muy vinculado a su madre o su padre, y otras lo relacionan con alguna actividad, como jugar, comer, cantar o, tal vez, visitar en el hospital a su hermanito pequeño. Pero normalmente todos estos flashes de la memoria pertenecen a un momento en el que teníamos entre tres y cinco años, porque prácticamente no almacenamos recuerdos previos a esta edad.

Algunas personas cuentan que su primer recuerdo está muy vinculado a su madre o su padre, y otras lo relacionan con alguna actividad, como jugar, comer, cantar…

¿Por qué no tenemos recuerdos de cuando somos bebés o tenemos un año de vida? Aunque los especialistas siguen estudiando sobre el tema, sí hay varias conclusiones ya aceptadas. Por ejemplo, que la memoria funciona desde que nacemos, y que, por lo tanto, generamos recuerdos desde que somos bebés. Lo demostró con sus experimentos la profesora Carolyn Rovee-Collier, en los años sesenta.

Carolyn realizó numerosos estudios con bebés gracias a los cuales se pudo comprobar que los recién nacidos ya almacenan recuerdos; por ejemplo, un bebé de 3 meses puede recordar durante 24 horas algunos estímulos aprendidos, mientras que otro de 9 meses puede mantener recuerdos durante un mes y medio.

La memoria funciona desde que nacemos, y que, por lo tanto, generamos recuerdos desde que somos bebés.

Entonces, ¿qué sucede con estos primeros recuerdos? ¿Por qué desaparecen? Según otras explicaciones, como las de la investigadora Carole Peterson de la Universidad Memorial de Newfoundland, en Canadá, que ha realizado importantes experimentos al respecto, la memoria de los niños va cambiando conforme crecen.

Es decir, los primeros recuerdos van desapareciendo, al tiempo que los pequeños viven nuevas experiencias que van incorporando a su cerebro y que sustituyen a las anteriores. Es por esto por lo que apenas si conservamos recuerdos infantiles; es por ello, también, por lo que nuestros primeros recuerdos son las joyas de la corona de la memoria de nuestra vida.

Sí hay evidencia de que los impactos emocionales negativos que recibamos desde el principio de nuestra vida pueden generar traumas posteriores.

Generar buenos recuerdos, un regalo inestimable
Pero, mientras la ciencia investiga el origen y el funcionamiento de estos primeros archivos de nuestra memoria, psicólogos y terapeutas hablan de la importancia de las emociones desde los primeros momentos de nuestra vida. Y es que, aun sin estar aclarado el funcionamiento de los recuerdos, sí hay evidencia de que los impactos emocionales negativos que recibamos desde el principio de nuestra vida pueden generar traumas posteriores que influirán de forma determinante.

Igual que lo harán los estímulos positivos que recibamos. Por ello los terapeutas infantiles recomiendan generar estos estímulos positivos en los niños, desde que son unos bebés, por ejemplo, comunicando afecto a través de emociones positivas, como caricias, besos, abrazos, risas, música… O potenciando los primeros mecanismos del pensamiento y la inteligencia con juegos, con palabras, con sugerencias…

Lo cierto es que nuestros primeros recuerdos van a marcar nuestro funcionamiento emocional posterior. Por eso, regalar a un niño buenos recuerdos es otorgarle herramientas positivas para el futuro; es, además, obsequiarle con algo bello y perdurable, que influirá en él para siempre. Si lo puedes hacer, hazlo: con los años te lo agradecerán.

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