PALABRA DE YOLD. El jardín de las palabras, por Paloma S. Molina
Cuando somos invisibles

Solo cuando nos sentimos invisibles, somos capaces de plasmar toda la cotidianeidad que nos rodea. La realidad. Eso hizo durante toda su vida Vivian Maier, niñera a tiempo completo y fotógrafa de la calle, autodidacta y desconocida, que nos ha dejado cajas enteras de negativos que reflejan cómo era la vida en Chicago y Nueva York en la segunda mitad del siglo XX.
Siempre salía con su cámara colgada al cuello y muchas veces llevaba a los niños que cuidaba a callejones y lugares imposibles de la ciudad, fascinada por lo cotidiano y lo real, por las personas de carne y hueso, y en cualquier caso por los otros. No dejaba de fotografiar, casi de manera compulsiva, todo lo que veía. Pero con una perspectiva y un ojo fuera de lo común, porque ella se mantenía a distancia, los protagonistas eran los otros, lo otro, por muy anecdótico que fuese.

Nunca le enseñó sus fotografías a nadie, en realidad nunca nadie supo quién era realmente y aunque fue niñera durante más de cuarenta años, los niños que cuidaba y los padres con los que vivía tampoco eran conscientes de lo que hacía y del tesoro que guardaba. Era obsesiva y acumuladora, y desde luego muy introvertida, no compartía porque consideraba que lo vivo, lo valioso estaba fuera de ella. Ella solo era testigo de la vida, y como tal, no dejaba de plasmarlo en unas fotografías impresionantes, la mayoría de las cuales no llegó a revelar, realizadas principalmente en entornos urbanos, pero también en el campo o la playa, y que se han convertido en un referente de la fotografía callejera.
Una parte importante de sus imágenes la componen los autorretratos. Composiciones buscadas en reflejos de escaparates, sombras, espejos o cualquier objeto que modificara o de alguna manera alterara su rostro. Se ocultaba hasta en sus autorretratos porque no quería ser otra persona, simplemente quería mirar y ver a otros vivir y atraparlos con su cámara. Buscaba lo incongruente, lo raro, lo poco atractivo de la vida para capturarlo como tantos objetos y recuerdos que acumulaba en los cuartos en los que vivía.
“Sus imágenes son ya un referente de la fotografía callejera”.
También grabó y filmó en los años 70 en color, y en estos fragmentos captados de nuevo por la calle, preguntaba sobre la actualidad política, le importaba la opinión de la gente de la calle aunque luego no la mostraba a nadie, ni hacía nada con ello. Un material que fue acumulando durante años, y que tras su muerte con 83 años, prácticamente en la indigencia, se descubrió en la subasta de un trastero en Chicago, en el que había numerosas cajas de películas.
Fascinada por la locura de lo humano no dejó de perseguirla y atraparla para sí misma, para guardarla. Tras su muerte, la investigación llevada a cabo por un joven documentalista ha salido a la luz y se están mostrando por todo el mundo una parte reducida de sus fotografías. A pesar de que ya se sabe que era hija de inmigrantes europeos llegados a Nueva York, de conocer alguna de las casas en las que vivió, e incluso de descubrir que llegó a viajar a Europa y Asia, no sabemos casi nada de qué la impulsaba realmente, qué era lo que pensaba y sentía porque consiguió ser invisible durante toda su vida.
Más información:
Sitio oficial de Vivian Maier
http://www.vivianmaier.com/
Documental “Buscando a Vivian Maier”
http://www.findingvivianmaier.com/
https://www.youtube.com/watch?v=Z_Ne0ICiPi8


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