Mundo Yold. Recordando la visión transgresora y provocadora de uno de los grandes del cine

Buñuel: De Teruel al Oscar pasando por México

Angel Domingo
25 marzo, 2020

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Este 2020, la Residencia de Estudiantes (Madrid) cumple 110 años, institución educativa que acogió a los mayores genios de las artes del primer tercio del S. XX: poetas, novelistas, músicos, pintores y cineastas convivían y compartían sus obras. Hoy nos ocupamos de un director, para muchos el más grande del cine español: Luis Buñuel.

Luis Buñuel Portolés (22 de febrero de 1900, Calanda, Teruel / 29 de julio de 1983, D.F. México) fue el mayor de siete hermanos, hijo de un ferretero llamado Leopoldo Buñuel y de María Portolés, mujer que solo tenía dieciséis años cuando contrajo matrimonio con Leopoldo, casi treinta años mayor que ella.

El joven Luis entre el humo de uno de los cigarrillos que fumaba compulsivamente

Después de estudiar con los jesuitas, recibiendo una educación religiosa que le marcó en su devenir personal y artístico, se trasladó a Madrid en el año 1917 para iniciar la carrera de ingeniero agrónomo, instalándose en la Residencia de Estudiantes, donde entabló amistad con Salvador Dalí y Federico García Lorca, entre otros jóvenes artistas e intelectuales que allí residían.

Retrato en la Residencia de Estudiantes, en 1926. En el centro, Buñuel junto a Lorca. A la izquierda, Dalí 

En la capital de España, nuestro protagonista abandonó la carrera de ingeniería para terminar licenciándose en Filosofía y Letras. Con el mundo del celuloide en auge, la visión de la película Las tres luces (Fritz Lang, 1921), obra de su gran ídolo alemán, le decidió a dedicarse al séptimo arte. En el año 1925 Buñuel contrajo matrimonio con Jeanne Rucar, con quien tuvo dos hijos: Juan Luis y Rafael.

Una imagen insólita, por lo tierna, del Buñuel padre de familia

Tras ocupar el puesto de asistente de dirección y guionista de Jean Epstein y Mario Nalpas, y estudiar técnica cinematográfica en la Academia de Cine de París, Buñuel realizó el famoso corto experimental Un perro andaluz (Luis Buñuel, 1929), título que se convirtió inmediatamente en pieza clave de la historia del cine, por su inmersión en el surrealismo y su capacidad de perturbación. De extraordinaria fuerza visual, pretendió provocar ansiedad y desasosiego en el espectador. Y lo consiguió.

Su famoso retrato pintado por Dalí

Tras Un perro andaluz, Buñuel dirigió obras tan significativas como La edad de oro (1930), una sátira surrealista que fue recibida con entusiasmo por la crítica del momento, lo que le supuso recibir una oferta de la Metro Goldwyn Mayer. Después de viajar a Hollywood, pero sin conseguir dirigir, Buñuel regresó a España para rodar el documental Las Hurdes/Tierra sin pan (1932), censurada porque, según la Segunda República, daba “mala imagen” de España.

Con el comienzo de la Guerra Civil Española, el autor aragonés colaboró con el gobierno republicano para el que dirigió España 1936-España leal en armas. Tras la guerra se exilió y acabó teniendo la doble nacionalidad española/mexicana.

 

Charlando con el grande entre los grandes: Billy Wilder

Trabajó durante un periodo en el MOMA (Museo de Arte de Nueva York) y pasó de nuevo, brevemente, por Hollywood, donde no pudo concretar varios proyectos que manejaba.

Paco Rabal, inolvidable Nazarín

Tras un largo periodo sin dirigir, Buñuel se asentó definitivamente en México, estrenando su primer film en tierras aztecas: Gran Casino (1947), una película de encargo protagonizada por Jorge Negrete y Libertad Lamarque. En 1949 se nacionalizó mexicano, consiguiendo la doble nacionalidad junto a la española.

Después de Gran Casino estrenó títulos como la comedía El gran calavera (1949), Los olvidados (1950), Susana (1951) -con el protagonismo de Rosita Quintana-, Don Quintín el amargao (1951) y Subida al cielo (1952), en la que emparejó en un viaje en autobús a Lilia Prado con Esteban Mayo.

Buñuel: pasión rodando y viviendo

Su cine -original y simbólico- abordó diversos géneros y subgéneros, como farsas, sátiras, comedias negras, dramas de corte neorrealista o pasionales melodramas, pero siempre dirigiendo sus puyas críticas principalmente al catolicismo y la burguesía. Admirado tanto en Hollywood como en Europa, Buñuel, en muchas ocasiones, ayudado en el guión por Luis Alcoriza y Jean-Claude Carriére trabajó a partir de mediados de los años 50 en el viejo continente, principalmente en Francia.

Su cine -original y simbólico- abordó diversos géneros y subgéneros, como farsas, sátiras, comedias negras, dramas de corte neorrealista o pasionales melodramas.

En el año 1955 rodó Así es la aurora, una película franco-italiana protagonizada por Lucía Bosé y George Marchal. Más tarde, con capital galo y mexicano estrenó La muerte en el jardín (1956), con Simone Signoret, Marchal, Michel Piccoli y Charles Vanet. En 1959 filmó con el absoluto protagonismo de Paco Rabal Nazarín, la adaptación de la novela de sus escritores favoritos: Benito Pérez Galdós.

La monja Viridiana vestida de novia ante la mirada obnubilada de Fernando Rey

1961 fue el año de estreno de una de las más grandes películas de la historia del cine: Viridiana. Con la ayuda del inmenso talento de Silvia Pinal, Francisco Rabal y Fernando Rey, Buñuel nos cuenta una historia rompedora, brutal, llena de recovecos y matices con escenas de fuerza visual poderosísimas, que se quedan para siempre, inolvidables, en nuestra retina.

Con la bella Catherine Deneuve en el rodaje de Belle de jour

Belle de jour, estrenada en 1967, protagonizada por Catherine Deneuve, es otra de las obras emblemáticas, revolucionarias y provocadoras, de Don Luis que, en esta ocasión, basó la historia en la novela homónima de Joseph Keller.

En 1972, El discreto encanto de la burguesía recibió el Oscar a la Mejor Película Extranjera.

Al inicio de los setenta, Buñuel era una vaca sagrada del cine de autor mundial. Vivía tranquilamente entre París y el Distrito Federal -con ocasionales visitas a España para ver a su familia o rodar películas como Tristana (Luis Buñuel, 1970), tomándose su ración diaria de dry Martini y en general llevando la vida burguesa que tanto apreciaba, pese a su fama de revolucionario eterno.

Otra imagen inolvidable: el enigmático final de El discreto encanto de la burguesía

En 1972, El discreto encanto de la burguesía recibió el Oscar a la Mejor Película Extranjera. Con elegancia exquisita, que no disimulaba un fondo incendiario, la película cerró las bocas de quienes consideraban a Buñuel un director tosco, para demostrar que la teórica imperfección formal de sus cintas mexicanas no se debía a otra cosa que a la falta de recursos económicos y técnicos. De hecho, existen pocas películas tan sofisticadas, desde los movimientos de cámara hasta el vestuario de las actrices, por no mencionar el modo en el que hablan y se mueven sus personajes, en una coreografía tan perfecta que por momentos los hace parecer autómatas accionados por control remoto.

Con su mujer y sus hijos poco antes de su muerte

La trama de esta cinta, al parecer, surgió de una anécdota ocurrida con el productor Serge Silberman. Este productor había invitado a varias parejas de amigos a su casa un martes, y después lo olvidó completamente y salió a cenar fuera aquel día, sin avisar a su mujer, que recibió sorprendida, en bata y zapatillas, a los invitados que se presentaron en el domicilio portando ramos de flores. A partir de esta escena ridícula, y junto al joven guionista Jean-Claude Carriére, Buñuel escribió una historia de humor corrosivo con sueños dentro de sueños, tráfico de drogas, lucha de clases y surrealismo cotidiano que en principio debía llamarse Abajo Lenin o La virgen en la cuadra, y a la que el día antes del estreno se le asignó el título definitivo de El discreto encanto de la burguesía.

Tras un notable éxito de taquilla, el filme se incluyó en el quinteto de títulos nominados al Oscar a la Mejor Película Extranjera de 1972, en el que había otro film español: Mi querida señorita (Jaime de Armiñán, 1971). Buñuel había despotricado sobradamente sobre los Estados Unidos y su sistema de producir películas, por lo que los periodistas se frotaban las manos cuando acudieron, grabadora en mano, a preguntarle si creía que iba a llevarse el galardón. Tal y como él mismo contaría en sus memorias: les contesté muy serio que sí, que ya había pagado los veinticinco mil dólares que me habían pedido. Los norteamericanos -les dije- tienen sus defectos, pero son hombres de palabra”. Los medios de comunicación publicaron entonces el escándalo de que Buñuel había comprado el Oscar por veinticinco mil dólares. El productor Silberman, como es comprensible, entró en cólera. Mais mon cher ami, era solo una broma” fue la respuesta sarcástica de Buñuel.

Ángel Domingo Pérez

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