Crónicas carpetovetónicas, por Florentino Areneros
Habemus President (El pelucón)

A la hora de realizar sus conjeturas, analistas y “todólogos” del mundo entero han tenido en cuenta que Donald Trump es machista, racista y misógino, entre otras muchas virtudes. Sin embargo, ninguno de ellos ha tenido en cuenta el transcendental factor tupé, que es lo que, finalmente, le ha granjeado la victoria, tal y como nos demuestra Florentino Areneros, nuestro cronista estrella.
La pasada semana se celebraron las elecciones en Estados Unidos en las que, contra todo pronóstico, se impuso el polémico Donald Trump a una poco creíble Hillary Clinton. La noticia conocida de madrugada desató el temor en el resto del mundo, los noticiarios anunciaban un largo periodo de incertidumbre, un futuro incierto, las bolsas se desplomaron en Japón y Europa, parecía que se acercaba el mismo apocalipsis. Pero, sorprendentemente, la histeria no se contagió en los propios Estados Unidos. El índice “Tom Jones” no solo no bajó, sino que encadenó dos días de subidas récord no recordadas por Wall Street. Los mercados lanzaban un mensaje claro; como si se tratara de una película de mafiosos venían a decirnos “Donald es uno de los nuestros”, tranquilos.
La verdad es que es muy difícil saber qué van a hacer con su voto los americanos. Si Obelix levantara la cabeza y viera que ya no mandan los romanos, seguramente diría “estos americanos están majaretas”. Las elecciones americanas, incluyendo las nominaciones de candidatos, la campaña y las votaciones son un misterio para nosotros. La puesta en escena es siempre la misma, independientemente de los partidos: mucha bandera de barras y estrellas, hasta en algunos trajes; gente eufórica -como si estuviera en un partido de champions– que grita continuamente “iu-es-ey, iu-es-ey” (aquí Álvaro Pombo lo intentó con el “u-pey-de, u-pey-de”, pero no cuajó); los colores de la bandera por todos los lados; muchas luces, confeti… vamos, un espectáculo. El Correa y el Bigotes de turno que organicen en los EE. UU. estos saraos electorales tienen que ser la leche.
“Las elecciones americanas, incluyendo las nominaciones de candidatos, la campaña y las votaciones son un misterio para nosotros”.
Analizando, que es gerundio
La verdad es que los yanquis hacen cosas muy raras con esto de las elecciones y las votaciones. A mí siempre me llamó la atención lo de “el primer martes después del primer lunes de noviembre”. Yo con esto pensaba lo mismo que Obelix, pero este año lo he comprendido: si no hubiera un lunes antes del primer martes, ese martes sería día uno, es decir el día después de la noche de “Jalogüin”, y no es plan presentarte a presidente de mesa con todo el resacón y la caraja, disfrazado de zombie o vampiro. Al final no van a estar tan locos como pensamos.
La elección de Trump ha dejado en pública evidencia a lo más granado de dos especies autóctonas carpetovetónicas por excelencia. Por un lado, los economistas mediáticos, esos “enteraos” con corbata que son capaces de “predecir” con asombrosa exactitud lo que ha pasado ayer. Si se hunde la bolsa, al día siguiente te lo razonan con una suficiencia insultante, que deja boquiabiertos a quienes les escuchan. Lo que no he visto todavía es que te anuncien que mañana se hunde la bolsa, que es lo que tendría mérito. Jugando con tanta ventaja, Rappel y Sandro Rey iban a ser los Ronaldo y Messi de la futurología (y que me perdonen Ronaldo y Messi).
“La otra especie carpetovetónica de nueva aparición, que ha conseguido poblar platós televisivos y estudios radiofónicos, son los “todólogos”, una evolución darwiniana del plasta de barra de bar, o del cuñado navideño”.
La otra especie carpetovetónica de nueva aparición, que ha conseguido poblar platós televisivos y estudios radiofónicos como las cotorras argentinas los parques, son los “todólogos”, una evolución darwiniana del plasta de barra de bar, o del cuñado navideño, que son capaces de disertar de política, economía aplicada, física cuántica, derecho constitucional, historia del imperio asirio, deportes, y lo que haga falta, lo saben todo y más, para eso son “todólogos”. Además poseen el don de la ubicuidad, amaneciendo les puedes oír al poner la radio, un poco más tarde el mismo “todólogo” te aparece en el programa de Ana Rosa, a mediodía está gritando con Ferreras, te levantas de la siesta y le ves en “Más vale tarde”, de allí a una tertulia radiofónica de noche, o en la 13 o Intereconomía, y a veces hasta de madrugada con el Pedrerol. Estas apariciones, al igual que las marianas, sí que son un misterio para Iker Jiménez: ¿tiene Maruhenda naturaleza ectoplásmica?
Pues amigos lectores, con todo este saber mediático, más reconcentrado que una gota de Fairy, nuestros ilustres “todólogos” no han conseguido predecir cómo un transgénico de Pato Donald con la fortuna del Tío Gilito ha conseguido ganar las elecciones en los Estados Unidos ¿Qué ha ocurrido para que nuestros infalibles “todólogos”, apoyados por numerosas macroencuestas, se hayan columpiado de esta forma? Por otro lado la economía sigue tan mal como antes, que no peor (por ahora por lo menos), las bolsas no se han hundido, incluso el índice “Tom Jones” marca máximos históricos, seguro que nuestros economistas de cabecera nos cuentan mañana qué ha pasado.
Para dar con las claves de este misterio, en la Redacción de Gente Yold un prestigioso equipo de analistas, formado exclusivamente por mí, se ha puesto en marcha para estudiar en profundidad las diferentes claves y vectores que han podido provocar este imprevisible resultado electoral. Tras un pormenorizado estudio, que nos ha llevado a revisar las elecciones presidenciales de los EE. UU. desde hace más de 50 años, hemos podido constatar que el factor más determinante a la hora de elegir presidente es el factor capilar: el pelucón.
“Tras un pormenorizado estudio, que nos ha llevado a revisar las elecciones presidenciales de los EE. UU. desde hace más de 50 años, hemos podido constatar que el factor más determinante a la hora de elegir presidente es el factor capilar: el pelucón”.
Los presidentes con pelo gustan más
Los jóvenes que ya tenemos una edad, los yoldies que dice la Jefa de Redacción de Gente Yold, hemos visto pasar un buen número de presidentes por la Casa Blanca. En mi caso vine al mundo siendo presidente John F. Kennedy, que fue precisamente, el que comenzó la revolución capilar. Hasta su llegada, todos los presidentes o eran calvos o llevaban un rapado casi militar (sin contar a los primeros presidentes de los siglos pasados, que esos sí que llevaban un buen pelucón postizo).

“El demócrata John F. Kennedy fue el primero con un flequillo poblado, y arrasó en las urnas”.
Veamos: el demócrata John F. Kennedy fue el primero con un flequillo poblado, y arrasó en las urnas. Kennedy fue asesinado, y fue sustituido por el vicepresidente Lyndon B. Johnson, que no tenía pelucón, pero tampoco hubo que votarle. Para sustituirle, los demócratas tiraron del hermano del presidente asesinado, Robert F. Kennedy, de poderoso flequillo también. Pero Robert sería también asesinado y los demócratas optaron por Hubert Humphrey, que tenía el hombre la frente despoblada, un error que pagaron perdiendo frente a Nixon, que por entonces lucía una saludable pelambrera. Años más tarde, Nixon tendría que abandonar la presidencia tras el escándalo del Watergate, y sería sustituido por su vicepresidente Gerald Ford. Para contrarrestar a Ford, los demócratas tiraron de pelucón nuevamente, y presentaron a Jimmy Carter, otro hombre de poblado flequillo, ante el que un rapado Ford no pudo hacer nada. Claramente, el factor pelucón volvía a marcar la tendencia en las urnas.

El caso Carter tuvo que desatar las alarmas en el Partido Republicano, y para contrarrestar el flequillo de Carter, recurrieron a un pelucón de Hollywood: Ronald Reagan, que tenía el pelo más denso que el de un Madelman, además era el exmarido de Ángela Channing, la mala malísima de Falcon Crest, que quieras que no, eso también ayuda. El pobre Carter no tenía nada que hacer y perdió las elecciones. Para acabar con Reagan, en las siguientes elecciones los demócratas presentaron a Walter Mondale, con un generoso flequillo también, pero que, a tenor de los resultados, no era suficiente para ser presidente.

“Tras la era Reagan, en el partido demócrata recurrieron a uno de los mayores pelucones que se recuerdan, el de Mikel Dukakis, a quien parecía que el pelo se le podía poner y quitar, como a un Click de Famobil”.
Tras la era Reagan, en el Partido Demócrata recurrieron a uno de los mayores pelucones que se recuerdan, el de Mikel Dukakis, a quien parecía que el pelo se le podía poner y quitar, como a un Click de Famobil. Pero aunque el capilar es el factor determinante, en este caso no fue el decisivo: Dukakis era bajito y además griego, lo que facilitó finalmente la elección de Bush padre. Pero Bush padre no repetiría, porque los demócratas nuevamente tiraron de flequillo, en esta ocasión el de Clinton que ganaría dos elecciones seguidas a golpe de tupé.

“Los demócratas nuevamente tiraron de flequillo, en esta ocasión el de Clinton, que ganaría dos elecciones seguidas a golpe de tupé”.
Tras los dos mandatos de Clinton se enfrentaron para la presidencia Bush hijo y el demócrata Al Gore. Ciertamente, el pelucón de Gore eclipsaba al de Bush. De hecho, Gore ganó por votos; pero en Florida, donde un hermano de Bush era gobernador, a Gore le tomaron el pelo con un chanchullo en las papeletas, y finalmente el republicano acabó ocupando la presidencia. Para intentar desplazar a Bush los demócratas contratacaron cuatro años después con otro pelucón legendario: el de John Kerry. Sin duda, en condiciones normales, Kerry habría arrasado, pues su flequillo era imbatible, pero el miedo tras el 11-S y el panorama internacional acabaron por favorecer a Bush.
En 2008 el panorama era incierto. Por parte de los demócratas se presentaba Barak Obama, un tipo elegante, con buena figura, sonrisa Profiden y la cabellera completa, pero tenía un serio hándicap: era negro. Nunca había habido un presidente negro, ni siquiera un candidato a presidente. Los estilistas de Obama debieron tenerlo claro: en su caso el flequillo hubiera sido contraproducente, ya que con el pelo largo Obama hubiera parecido un componente de los Harlem Glober Trotters o Michael Jackson. Seguramente todo esto hizo confiarse a los republicanos, que presentaron a John MacCain, que además de tener nombre de patatas congeladas era calvo, un error imperdonable a estas alturas ¿Cómo se pudo presentar a un calvo? El resultado fue demoledor a favor de Obama.
Como hemos demostrado, el factor flequillo, tupé, pelucón o como lo quieran llamar, ha sido determinante en las elecciones norteamericanas en los últimos 50 años. Este factor clave es el que ha pasado desapercibido para nuestros “todólogos”, llevándoles a cometer un imperdonable error de cálculo. Para su pronóstico han tenido en cuenta que Trump es un machista, racista, misógino, homófobo y toca “potorros”, entre otras muchas virtudes. Sin embargo, ninguno de ellos ha tenido en cuenta el transcendental factor tupé, el que ha logrado que Donald Trump haya dado la vuelta a las encuestas. En toda la historia de EE. UU., nunca se había presentado a las elecciones un pelucón como el de Donald, y ahí ha estado la clave de su victoria. Sin desmerecer tampoco el factor Melania, por supuesto.

Ahora la pregunta que debemos hacernos es si el factor pelucón es exportable fuera de los Estados Unidos, y puedo confirmarles amigos lectores, que la respuesta es afirmativa, por lo menos en España. En la próxima entrega de Crónicas Carpetovetónicas demostraremos la influencia del pelucón en la política española de los últimos 50 años, en la era Yold, desde el franquismo hasta nuestros días, pasando por la Transición. Emplazados quedan.
Florentino Areneros


El analisis mas serio y acertado que he visto. En tres palabras: En hora buen.