Crónicas carpetovetónicas, por Florentino Areneros

El Lute vs Bárcenas (presuntamente)

Florentino Areneros
11 noviembre, 2016

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Desde los años 70 hasta nuestros días España ha evolucionado mucho. También en lo que se refiere a sus presuntos bandoleros: atrás quedaron aquellos míticos de faja y trabuco; los que se jugaban el pellejo por tres gallinas. Los delincuentes de ahora ya no se echan al monte: permanecen en sus lujosos despachos. Ni necesitan trabuco o navaja: se manejan con un terminal. Tampoco guardan sus botines en cuevas ni enterrados bajo tierra, se lo llevan directamente a Suiza o a algún paraíso fiscal. Florentino Areneros, nuestro cronista estrella, filosofa sobre el ayer y el hoy de esta arraigada profesión.

 

La verdad es que los delincuentes de hoy ya no son como los de antes, no sé si será un problema de la globalización, de la modernización de España, o de los cambios en los hábitos alimenticios, pero algo está pasando. Todos los jóvenes que tenemos cierta edad, los yoldies que dice la Jefa de Redacción, recordamos de nuestra infancia los relatos asombrosos sobre un personaje que rozaba lo legendario. Un peligroso delincuente que traía en jaque a las fuerzas del orden, en un tiempo en el que las fuerzas del orden no se andaban con bromas, lo que acrecentaba más todavía su leyenda y de alguna manera también su prestigio. El personaje era conocido popularmente como El Lute, y responde al nombre de Eleuterio Sánchez, ya que El Lute sigue vivito y coleando.

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El Lute tenía unos orígenes humildes. Nacido en una familia merchera, pasaría una infancia de penalidades y privaciones, bordeando la ley en muchas ocasiones al cometer pequeños delitos. En 1961 con solo 20 años, estando casado y con un hijo de corta edad, robó tres gallinas, por lo que sería condenado a dos años y tres días de prisión. La pena era una tremenda exageración, pero al juez le debió de dar un ataque de ejemplaridad y no quiso aplicar la atenuante de “delito famélico”, un atenuante carpetovetónico donde los haya. Su mujer sería condenada también a seis meses de prisión, está claro que su señoría repartía con alegría, ni que las gallinas fueran suyas. Una condena desproporcionada, que confirma el dicho popular de que la ley en España está hecha para los robagallinas; a un político o a un millonario, para que le metan dos años preso, tienen que hacer un pufo muy gordo, como podemos comprobar en cada telediario. Aquella condena, por lo desproporcionado, daría ya cierta popularidad mediática a Eleuterio.

“La primera condena que le cayó a El Lute era una tremenda exageración, pero al juez le debió de dar un ataque de ejemplaridad: dos años y tres días de prisión por tres gallinas”.

Pasaron los años y en 1965 nuestro protagonista se metió en otro lío más gordo; esta vez participó en el atraco de una joyería donde resultaría muerto un vigilante. A los pocos días sería detenido, junto a uno de sus compañeros, en un bar de la calle Galileo, de Madrid. Durante el tiroteo falleció una niña de siete años. Aunque él siempre negó tener alguna implicación en las dos muertes, sería condenado, en un juicio sumarísimo en el Juzgado Militar número 2 de Madrid, a morir a garrote vil, otro invento carpetovetónico donde los haya, diseñado para eclipsar a la guillotina gabacha, que además lo ponía todo perdido, y todavía los españoles no habíamos inventado la fregona. Afortunadamente para él, al Caudillo le debió de dar un repentino e inusual ataque de magnanimidad y le conmutó la pena por 30 años de reclusión.

“El Lute fue condenado a morir a garrote vil, otro invento carpetovetónico donde los haya, diseñado para eclipsar a la guillotina gabacha, que además lo ponía todo perdido. Y todavía los españoles no habíamos inventado la fregona”.

Pero Eleuterio saltaría a la fama por protagonizar dos espectaculares fugas. La primera en 1966, cuando consigue escapar saltando de un tren en marcha en el que era trasladado de una prisión de Santander a otra de Madrid vigilado por la Guardia Civil. Permanecería fugado durante más de 15 días, recorriendo a pie en su huida casi doscientos kilómetros, con el hándicap de haberse roto un brazo al saltar del tren. Su espectacular fuga, y el tiempo que tardaron en capturarle, le convertirían en el trending topic, que dicen ahora los modernos, durante todo ese periodo. En aquellos tiempos solo se podía hablar de fútbol, de toros, de crónicas de sociedad o de sucesos, y la fuga de El Lute y su captura, fue todo un bombazo: en España, no se hablaba de otra cosa. Se creó una leyenda: El Lute era visto cada día en distintos lugares a la vez, las madres no dejaban salir a sus niños a jugar a la calle, las mujeres que vivían solas cerraban puertas y ventanas a cal y canto, menos la tía de Gila que las abría de par en par. Una contagiosa psicosis se apoderó del país, un peligroso delincuente estaba suelto. Finalmente sería capturado, y la foto de un magullado Lute con el brazo en cabestrillo flanqueado por dos miembros de la Benemérita se convertiría en la imagen de una época. Había nacido el mito.

CRIMINALIDAD-DETENCIÓN DE "EL LUTE": Salamanca, 14-6-1966.- Detención de El Lute, tras fugarse de un tren en marcha. EFE/Ángel Esteban.

“La fuga de Eleuterio fue un bombazo: en España no se hablaba de otra cosa. El Lute era visto, cada día, en distintos lugares a la vez. Las madres no dejaban salir a sus niños; las mujeres que vivían solas cerraban puertas y ventanas”.

El Lute sería nuevamente encarcelado y la “tranquilidad” volvería a las calles. En el penal, nuestro protagonista aprovecharía para aprender a leer y escribir. Parece que el líder comunista Simón Sánchez Montero, compañero de prisión, ejercería de maestro de El Lute, y con excelentes resultados por parte de su alumno.

Pero Eleuterio era un hombre que amaba la libertad y en la madrugada del día de Año Nuevo de 1971 protagonizó una singular fuga del penal del Puerto de Santamaría, donde cumplía condena. Herido en el pecho y en una pierna permanece escondido durante un largo periodo en las alcantarillas de Sevilla, mientras un impresionante despliegue de las fuerzas del orden se destina a su captura. La leyenda de El Lute se agigantaría en toda España, para algunos seguía siendo un temible delincuente, pero otros muchos le empezaban a ver como un rebelde, como un héroe capaz de poner en jaque a las entonces temidas fuerzas de orden público y burlarse de ellas, y por extensión del régimen. Finalmente sería detenido tres años después y nuevamente encarcelado.

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Murió el dictador y llegó la democracia, y con ella un indulto para Eleuterio Sánchez en 1981. Mucho había cambiado desde que fuera encarcelado por primera vez por robar tres gallinas. Durante su estancia en prisión había terminado la carrera de Derecho y alcanzado una sólida formación. Sus apariciones en radio y televisión sorprendieron a toda España: no tenía nada que ver con la imagen que el ideario popular se había creado de él, se trataba de un hombre culto, que se expresaba con fluidez y propiedad, un intelectual frente al robagallinas. Un nuevo Eleuterio Sánchez había salido de la cárcel, El Lute había muerto para siempre, y con él había muerto algo más que el personaje. El Lute era el último de una especie, como el lince ibérico, en grave peligro de extinción, el último de una estirpe legendaria, el último de una creación tan carpetovetónica como la siesta o la paella, El Lute era el último bandolero español.

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“El Lute era el último de una especie, como el lince ibérico, en grave peligro de extinción, el último de una estirpe legendaria, el último de una creación tan carpetovetónica como la siesta o la paella, El Lute era el último bandolero español”.

El Lute, el último bandolero carpetovetónico auténtico

No se sabe si es por culpa de la LGE, de la LOMCE, o de ese benemérito y afortunado personaje que responde al nombre de José Ignacio Wert (que ha sido agraciado por los servicios prestados con una luna de miel perpetua en el romántico París, con todos los gastos pagados, incluidos chacha y mayordomo), pero los jóvenes españoles, que saben perfectamente de Robin Hood y sus hazañas, son incapaces de repetir el nombre de un bandolero español. No sé qué tendrá ese personaje de la pérfida Albión que no tengan nuestros bandoleros de toda la vida. Esas mallas ajustadas marcando paquete; esa faldita corta, esos botines de fieltro… Por no hablar del ridículo sombrerito triangular con su plumita y todo (¿con qué se lo fija?, ¿con Super Glu?) ¿Y qué me dicen del arquito y las flechas, o ese mondadientes que lleva por espada? ¡Patético! Además Robin Hood es un aristócrata venido a menos. Nos quieren hacer creer que ayuda a los pobres y esas cosas, pero no nos engañemos, en realidad lo que le mueve es el tradicional “¿qué hay de lo mío majestad?”.

Por el contrario el bandolero español es de familia humilde, un hijo del pueblo, un hombre hecho a sí mismo, un superviviente… Al bandolero le empuja al monte la injusticia. La imagen del bandolero es creíble: botos camperos, pantalón de pana, una faja rodeando el vientre (que el frío en la tripa es muy malo), esa chaquetilla corta que parece la de un torero, el pañuelo en la cabeza y en el cuello, y algunos con el coqueto sombrerito similar a una montera encajado a presión, casi a rosca y sin olvidar esas características patillas de hacha. Y ya puestos hablemos del armamento: no hay bandolero que se precie que no tenga una navaja de Albacete de siete muelles, mango de asta de toro y hoja de a palmo. No me imagino lo que tenía que amedrentar en medio de la noche escuchar ese clac, clac, clac… (hasta siete). Y eso por no hablar del arma carpetovetónica por excelencia: el trabuco. Debe de ser terrorífico que te apunten con un trabuco. Menuda estampa.

Pero, tras la muerte de Franco, el país se modernizó: llegaron la democracia, la OTAN, el Mundial, la Comunidad Europea, la Expo, las Olimpiadas… Estábamos en la Champions League del mundo mundial. En España ya no había sitio para el bandolero romántico del siglo XIX, ni siquiera para el pobre ladrón de gallinas al que aplicar el atenuante del “delito famélico”. Como decíamos, El Lute fue el último representante de aquella legendaria estirpe: algo tan español como el golfillo y el pícaro dejaban paso al golfo y al sinvergüenza.

“Tras la muerte de Franco el país se modernizó: llegaron la democracia, la OTAN, el Mundial, la Comunidad Europea, la Expo, las Olimpiadas… Estábamos en la Champions League del mundo mundial. En España ya no había sitio para el bandolero romántico del siglo XIX”.

Los grandes delincuentes de nuestros días (presuntos hay que decir, que si no se enfadan y te achuchan a sus abogados) no necesitan echarse al monte tras cometer un delito, permanecen en sus lujosos despachos, no necesitan ni trabuco ni navaja, les basta con una llamada telefónica, no guardan sus botines en cuevas ni enterrados bajo tierra, se lo llevan directamente a Suiza o a algún paraíso fiscal. La indumentaria del bandolero era la adecuada para vivir en el monte, la del presunto golfo de hoy es la de un hombre elegante, la de un hombre de negocios. Si el bandolero necesitaba esconderse en las montañas, el golfo presuntamente se mimetiza perfectamente en los consejos de administración de las grandes empresas, en las sedes de los partidos o incluso en las cámaras parlamentarias y en los consistorios, donde pasa completamente desapercibido. Pero la principal diferencia estriba en que si el bandolero robaba a los ricos para compartirlo con los pobres, el presunto golfo se aprovecha de los pobres para repartírselo con los ricos.

Geneva street view in summertime

“Los grandes delincuentes de nuestros días no necesitan echarse al monte, permanecen en sus lujosos despachos. No necesitan ni trabuco ni navaja, les basta con una llamada telefónica. No guardan sus botines en cuevas ni enterrados bajo tierra, se lo llevan directamente a Suiza o a algún paraíso fiscal”.

Antiguamente los bandoleros y los ricos o poderosos, eran como el agua y el aceite, era imposible que se mezclaran entre sí, cada uno de ellos representaba una amenaza pare el otro, era una lucha de supervivencia. Sin embargo, hoy en día en España es de lo más corriente e incluso está bien visto, que el rico y el poderoso se mimeticen con el presuntamente golfo y convivan en perfecta armonía. Nadie se imaginaría a Espartero invitando a la boda de su hija a Luis Candelas o a El Tempranillo, pero hoy en día en España es posible ver en la boda de la hija de un Presidente del Gobierno, celebrada con todo el boato en el Monasterio de El Escorial, a todo un catálogo de presuntos golfos que han sido invitados a la misma, mezclados con la flor y nata de lo mejorcito del país y parte del extranjero. Tampoco nos imaginamos a día de hoy a Espartero mandando un emisario a la cárcel de Madrid con un mensaje para Luis Candelas diciéndole “Luis, sé fuerte”, entre otras cosas porque hoy en día no hace falta enviar emisarios, existe el WhatsApp.

Podríamos poner muchos más ejemplos, pero creo que con esto se hacen una idea de cómo ha evolucionado España en lo relativo a sus presuntos delincuentes, un ejemplo más de cómo España avanza hacia la modernidad, dejando en el camino estereotipos atávicos que tanto daño hacían a la “Marca España”, como los bandoleros decimonónicos o personajes como El Lute. Pero de alguna manera seguimos sintiendo cierta nostalgia de aquella España, seguramente mucho más humana y auténtica que la actual, donde todavía quedaba sitio para los mitos y las leyendas. Parafraseando a Sabina, “las niñas ya no quieren ser princesas”, ahora aspiran a “tronistas” o “youtubers”.

No quería terminar esta crónica sin referirme nuevamente a El Lute, o a Eleuterio Sánchez para ser más correctos, un hombre que ha rehecho su vida y es ahora un respetable abogado admirado por muchos ciudadanos. Su fama traspasaría nuestras fronteras y el grupo alemán Boney M (que ustedes recordarán, estaba formado por tres bellas señoritas y un individuo con severos ataques espasmódicos, el baile San Vito como decían antes las abuelas, que de vez en cuando se acercaba al micrófono para perpetrar una especie de berrido gutural) le dedicaría un tema de gran éxito, una balada de la que se venderían millones de copias en todo el mundo: https://www.youtube.com/watch?v=_FoVCBMkUw0

No creo que ningún grupo actual le vaya a dedicar alguna canción a los golfos presuntos de nuestros días, ni una copla como a Luis Candelas. Se ha perdido todo el encanto, lo único que nos recuerda a nuestros bandoleros de antaño son las patillas de hacha que gasta Bárcenas y otros personajes del entorno, pero todo ello presuntamente, faltaría más.

MD79. MADRID, 25/02/09.- Fotograf’a de archivo tomada el 12/03/04 del tesorero del PP, Luis B‡rcenas, a quien el juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garz—n ha implicado en la supuesta trama de corrupci—n ligada a cargos del Partido Popular, cuya direcci—n ha presentado hoy mismo una querella por prevaricaci—n contra el magistrado. EFE/Archivo/MG

Hace escasos días Eleuterio Sánchez de nuevo fue noticia por una frase que pronunció: “Que un obrero vote al PP es un reflejo de la estupidez humana”, y se quedó tan ancho. Ya lo ven amigos lectores, pese a ser un ex-bandolero, Eleuterio sigue aplicando el principio del aceite y el agua cuando se trata de ricos o poderosos y humildes.

foto-eleuterio-sanchez-de-su-facebook

Como siga así, no le van a invitar nunca a la boda de una hija de un Presidente de Gobierno en El Escorial. Presuntamente, por supuesto.

 

Florentino Areneros

Comentarios

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