Munndo Yold. Uno de los grandes músicos del siglo XX se despide de su público

Ennio Morricone, banda sonora para una intensa vida

Angel Domingo
28 junio, 2019

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Hoy en Gente Yold repasamos la vida y carrera del gran músico que ha escrito algunas de las más conmovedoras bandas sonoras de nuestra vida. Multitud de escenas de grandes películas de toda la historia del cine están grabadas a fuego en nuestra memoria gracias al genio de este inolvidable compositor.

Como no podía ser de otra manera, el maestro dejó sin voz al Wizink Center de Madrid. Se trataba del último concierto, The Final Concerts Tour, o lo que es lo mismo, la despedida del músico italiano al público de Madrid, el pasado 8 de mayo. Hay que decir que no es por falta de taquilla por lo que se despide de la capital; Ennio no dejaría de llenar cualquier auditorio. Sin embargo -afirma- está cansado. Y no es para menos, tiene 90 años y más de quinientas composiciones a su espalda, la mitad de ellas consideradas obras maestras.

Portada de uno de sus numerosos álbumes de grandes éxitos

Nació en 1928 en el Trastevere romano, en el seno de una familia de clase media. Y a la temprana edad de seis años compuso la primera obra con su trompeta. Su padre, consciente de las cualidades musicales del niño, lo inscribió a los nueve años en el Conservatorio de Santa Cecilia terminando en seis meses unos estudios de trompeta que, normalmente, se cursaban en cuatro años. Sus primeros trabajos como compositor fueron para breves cuñas publicitarias y los hizo de forma anónima; muchos pensaban que pertenecían a otros músicos ya famosos de la época. No firmó como Ennio Morricone hasta crear la música de fondo de varios programas de radio.

A la temprana edad de seis años compuso la primera obra con su trompeta 

Con Sergio Leone, amigos desde la infancia

De la radio pasó a la gran pantalla junto a su amigo de la infancia, Sergio Leone, con quien colaboró musicalmente en el western Por un puñado de dólares (1964), película filmada en el desierto de Almería, con bajo presupuesto; el rodaje supuso todo un cúmulo de improvisaciones; al director, casi a diario, se le ocurrían nuevas ideas, algunas brillantes y novedosas. Sirva de ejemplo que por primera vez se utilizó la técnica de plano subjetivo en los duelos con revolver, así el espectador tiene la sensación de ser él quien dispara y mata al malo. La banda sonora no acompaña a la acción, Morricone consiguió que se convirtiera en personaje clave de la trama y por ello el joven compositor recibió su primer galardón: Nastro d´argento (1966).

Morricone consiguió que la banda sonora de Por un puñado de dólares se convirtiera en personaje clave de la trama.

Para la siguiente película juntos, Leone pidió a su amigo que escribiese música para otro western, sin darle más explicación. Por primera vez en el cine, cambian las tornas; la banda sonora era, hasta entonces, la parte final de la producción; en La muerte tenía un precio (1966) es justo el arranque. A todo volumen, en el set de rodaje, se escuchaba lo que Sergio Leone había compuesto y, el director, de fino oído por lo visto, rodaba los diferentes planos conforme a las sensaciones que la música le producía.

Morricone se convirtió así en un compositor de bandas sonoras extraordinariamente sensible. La armonía y el contraste entre imagen y sonido, fotograma a fotograma, nota a nota, alcanzan un clima único en sus composiciones para el cine. En El Bueno, el Feo y el Malo (1966) la banda sonora simula, entre otros, el aullido de un coyote.

En El Bueno, el Feo y el Malo la banda sonora insinúa el aullido de un coyote.

 

Con su mujer, María

Queimada (Gillo Pontecorvo, 1969) es el mejor alegato que el cine ha producido en favor de los Derechos Humanos. El título original era Quemada, en referencia al incendio que los españoles provocaron en Haití (1520) para aplastar la revuelta de los esclavos africanos. El gobierno de Franco amenazó al productor con prohibir la película si no se cambiaba el título. Cambiaron el título por Queimada y la historia la ubicaron en 1804; son los portugueses los que aparecen como explotadores de los falsos obreros. Morricone escribió la música que acompaña a la trama de esta turbia historia; desde los títulos de crédito se hace patente el arte del maestro para acentuar, en el espectador, la sensación de injusticia de los colonizadores.

En La Misión, Jeremy Irons calma el sufrimiento de los indígenas tocando el oboe, sin haber tenido jamás antes en las manos uno.

La música de La Misión (Roland Joffé, 1986), según cuenta nuestro compositor, fue la que más trabajo le costó escribir debido al terrible argumento del film y las obligaciones que se impuso: “Tenía que respetar el tipo de música que los indios del Paraguay practicaban en el siglo XVI”. Para conseguirlo utilizó tambores, flautas y otros instrumentos originarios de la zona. Un amigo, el productor Fernando Ghia, le invitó a viajar hasta Londres para ver una proyección sin banda sonora musical. Quedó tan impresionado con la historia que le dijo al director: ”Déjenla así, esta película no necesita música”. Por supuesto, no le hicieron caso y acabó componiendo una de las mejores, y más reconocidas bandas sonoras de la historia.

Por lo visto, la mayor dificultad la encontró al tener que componer un solo de oboe para una escena clave en el film; aquella en la que el padre Gabriel, interpretado por Jeremy Irons, calma el sufrimiento de los indígenas tocando este instrumento; el problema era que el actor jamás había tocado un oboe y no sabía nada de música, Joffre le dijo: “No te preocupes, tú mueve los dedos y toca como se te ocurra, que ya lo arreglaremos en el montaje”; cuando las imágenes, muchas de ellas en primeros planos llegaron a Morricone, éste no sabía por donde cogerlo, ya que debía hacer coincidir la nota musical con la tecla que el intérprete pulsaba al azar. Nuestro compositor no se dio por vencido, más bien se lo planteó como un reto. El resultado, la pieza Gabriel Oboe´s, le hizo merecedor de su primer Globo de Oro y millones de copias vendidas en todo el mundo.

La escena de los besos, recortes prohibidos en su día y montados al azar con acetona, al final de Cinema Paradiso (Giuseppe Tornatore 1988) es la canción mas bella que se ha escrito como homenaje a las salas de cine. La letra son los besos; y la música, delicia para el oído con sabor a labios, la escribió Ennio. Ningún otro compositor habría sido capaz de poner la piel de gallina al espectador como lo hace Morricone. Insuperable. La película ganó el Oscar, el Globo de oro y la Palma de oro.

Nunca supe si a Almodóvar le gustó la música que le hice. Con este chico me costó entenderme”, textual en su libro En busca de aquel sonido. Al parecer le resultó complicado escribir música para un personaje de baja autoestima que continuamente busca la aprobación de los demás: Átame (Almodovar 1989).

Con uno de sus grandes admiradores, Quentin Tarantino

Y Tarantino… un pesado!” Insiste y vuelta a insistir: “paisano, escribe música para mí” y el maestro: “Date por contento que te deje utilizar mis melodías en tus raras películas”. Un día, su mujer María, le dijo: “Corazón, si escribes algo para este loco te preparo tu cena preferida”. Y claro, ante unos macarrones como los que preparaba María, ¿qué pez no pica el anzuelo? Total, compuso la música de Los odiosos ocho (Quentin Tarantino, 2015). El esfuerzo le valió al maestro su segundo Oscar; el primero fue honorífico en 2007, a sus 87 años.

Para terminar, quiero recordar un dato que tal vez pocos conocen: Ennio no solo escribió música para el cine, también escribió una Misa para los Jesuitas: Misa para el Papa Francisco (2014). Cuenta en una entrevista que su mujer llevaba varios años pidiéndole que compusiera algún tema sacro para que lo interpretase el coro de la Iglesia del Gesú, próxima a su casa y de la que la familia era parroquiana. Ennio confiesa que todos los días a las 7 de la mañana baja para comprar el periódico al kiosco que hay frente de la iglesia. Una vez coincidió con el párroco y éste le dijo: “Maestro, vamos a cumplir 200 años desde la Restauración de los Jesuitas y me gustaría que usted escribiera una misa para celebrar el evento”. Tampoco es que un párroco de a pie ocupe un lugar importante en la jerarquía de la orden como para hacerle tal propuesta, pero nuestro compositor, de familia muy religiosa y practicante de los oficios dominicales en la citada iglesia, vio en el sacerdote, además de un punto de ingenuidad, una muy sincera intención expresada en tono respetuoso. Y lo tomó en consideración, advirtiendo al sacerdote que lo iba a intentar, pero que no era seguro que fuese capaz de terminarla.

Preguntado por el más alla, Morricone contestó: ‘Espero que se deje hacer una buena banda sonora´.

Durante su última gira

Más tarde supo que al aniversario acudiría el Papa Francisco, el primer pontífice jesuita, al que Ennio tenía una gran admiración y estima. Esto le animó para conseguir dar forma a una melodía sacra. Terminó la misa y envió la partitura al Vaticano solicitando una audiencia con el Pontífice para conocer su opinión. El Papa Francisco accedió y recibió al músico y a su mujer María. Al parecer fue tanta la emoción por estar a solas con el Papa que “casi no podía hablar”; pese a todo comentaron sobre la banda sonora de La Misión, y el Pontífice le dijo que le parecía la mejor música religiosa que había escuchado; esto hizo llorar de alegría a Ennio.

En la misma entrevista, Emanuele Colombo, periodista y director ejecutivo del Journal of Jesuit Studies, por último, le preguntó: “¿Qué piensa usted del mas allá? A lo que Morricone respondió irónicamente: Espero que se deje hacer una buena banda sonora”.

Pero, el cielo puede esperar. ¡Larga vida maestro!

Ángel Domingo Pérez

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