Gente Yold. María Barrabés ha escalado el Kilimanjaro después de un cáncer
“Yo no elegí tener cáncer, pero sí elegí no renunciar a la vida”

Si la Real Academia de la Lengua cuenta con una definición de ‘guerrera’, la imagen de María Barrabés debería ilustrarla. Esta leridana de nacimiento y oscense de adopción ha pasado a sus 41 años de edad por una enfermedad como el cáncer, la superación de un embarazo durante su tratamiento de quimioterapia, y la culminación de su lucha y victoria con la ascensión al Kilimanjaro. Después de su ejemplo, no podemos decir “no puedo’.
Eva, María, Araceli, Carmen y Rosa tienen muchas cosas en común. Todas ellas han sufrido y superado un cáncer de mama, todas ellas son unas luchadoras natas y las cinco se sumergieron en septiembre de 2015 en el Reto Pelayo Vida, para ascender los 5.895 metros del considerado ‘techo de África’ ¿El objetivo? Demostrarse a sí mismas que eran capaces de hacerlo. Pero especialmente demostrar a todas las mujeres que se encuentran en su misma situación, que nunca hay que tirar la toalla, que hay que luchar y, sobre todo, que hay vida después del cáncer.

Desde Gente Yold hemos tenido el placer de conversar con una de estas cinco heroínas. María Barrabés contó además con otro bache en el camino, y es que tan solo quince días después de ser operada y en el preciso momento en el que debía someterse al tratamiento de quimioterapia, descubrió que estaba embarazada. Su lema siempre ha sido el de seguir adelante, el de no bajar la cabeza, el de no rendirse. Hoy nos puede contar su historia orgullosa de tener tres hijos, entre los que se encuentra un pequeño de cuatro años al que dio vida más allá de las adversidades. “Yo no salvé a mi niño, mi niño me salvó a mí”.
“Solo quince días después de ser operada y en el preciso momento en el que debía someterse al tratamiento de quimioterapia, descubrió que estaba embarazada”.
Gente Yold.: Cuéntanos tu historia, María ¿Cómo descubriste que padecías cáncer de mama?
María Barrabés.: -“En 2011 me palpé un pequeño bulto en el pecho, fui a mi ginecólogo, adelantando mi visita anual. Quiero con esto hacer hincapié en la importancia de hacerse revisiones ¡por favor! El médico me exploró y al palparlo decidió hacerme una mamografía. Como el resultado no fue muy claro decidieron hacer una biopsia”.
Como puedes imaginarte, no olvidaré jamás el día en el que recogí los resultados, me sentí como una trapecista en las alturas a punto de caer al vacío. La palabra cáncer es aterradora, sentí miedo, muerte. Pero peor aún fue tener que decírselo a mis padres ¿Cómo se les dice a unos padres que su hija tiene cáncer? ¿y a unos hijos? En ese momento yo tenía un niño de ocho años y una niña de diez.
“La palabra cáncer es aterradora, sentí miedo, muerte”.
Lloré mucho aquel día, no podía creer que esto me estuviera pasando a mí, siempre crees que son cosas que le ocurren a otros, pero tras ese primer momento decidí que iba a luchar. No iba a dejar a mi familia tan pronto ¡quería vivir! El día de la operación para mí supuso una liberación, los días que viví siendo consciente de que tenía un tumor dentro de mí fueron horribles. Pero no todo terminó ahí. A los quince días de la operación me di cuenta de que estaba embarazada de cinco semanas. Una noticia que debería ser lo más hermoso de la vida fue un trago de lo más amargo.
Embarazada y enferma, vida y muerte a la vez, estaba aterrorizada. Los médicos solo conocían algún caso similar en embarazos más avanzados, pero me dijeron que se podía intentar. Era muy arriesgado porque tenía que esperarme a estar de tres meses para empezar con la quimioterapia, lo que no ofrecía garantías de que el tratamiento fuera efectivo después. Con mucho valor e intentando no dejarme llevar por el miedo seguí adelante, y soporté 16 sesiones de quimioterapia estando embarazada. Yo siempre digo que yo no salvé a mi niño, sino que mi niño me salvó a mí; tenerle en mi interior me hizo olvidar que estaba enferma”.

G.Y.: ¿Cómo decidiste unirte a este maravilloso reto de subir la montaña más alta de África? ¿cuál era tu experiencia en montaña y cómo te entrenaste para el ascenso?
M.B.: -“Desde que era una niña mis padres siempre me llevaban a la montaña. Creo que es una actividad ideal para inculcar valores fundamentales como la perseverancia, el esfuerzo, el compañerismo, la aceptación del fracaso, la generosidad de compartir los triunfos… A los catorce años subí por primera vez el pico Aneto, la cumbre más alta de los Pirineos, para ese entonces yo ya había descubierto ese ‘algo’ que tiene la montaña que me atrapó totalmente.
A pesar de que no practiqué mucho durante alguna etapa de mi vida, siempre he sentido que la montaña vivía en mí, de manera que cuando caí enferma busqué información sobre cáncer y montaña y me topé con la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer. Ellos me dieron mucho apoyo y se convirtieron en mi pequeña familia montañera. En 2015 decidí representar a la asociación junto a Eva García Romo, participando en el Reto Pelayo Vida, donde cinco mujeres que habían padecido cáncer de mama ascenderían a la cumbre del monte Kilimanjaro, el más alto de África.
Lo más importante del reto era llevar un mensaje de lucha a todas y cada una de las mujeres que han pasado, están pasando y pasarán esta enfermedad. Es imprescindible que tengan claro que hay vida después de un cáncer. Hay que luchar, la vida es maravillosa.
En cuanto a mi preparación previa, yo hago deporte, pero sin obsesionarme, mi mejor arma es la fuerza de voluntad. Mi preparación física era diaria: media hora de bicicleta y una hora de marcha. Considero que, como en todo, nuestra mente es más fuerte que nuestro cuerpo, es importante que todo fluya”.

G.Y.: Háblanos de la experiencia en el Kilimanjaro ¿cuántos días tardasteis en alcanzar la cima? ¿qué fue lo más duro?
M.B.: -“Cuando me propusieron el reto de subir el Kilimanjaro, por supuesto sentí un poco de miedo de quizá no conseguirlo o no estar a la altura, sobre todo teniendo en cuenta que la mayoría de las participantes eran montañeras experimentadas. Pero el fondo era tan bonito y el mensaje que transmitiríamos tan importante que no lo dudé ni un segundo.
Elegimos la ruta Máchame, a través de la cual tardaríamos ocho días en coronar la cumbre. Era una ruta larga, pero con un periodo de aclimatación más óptimo y esto es importante, ya que a medida que se asciende el oxígeno cada vez es menor y por consiguiente la respiración es más dificultosa. Fueron días muy duros, pero avanzábamos impulsadas por nuestra ilusión y fuerza. Por fin el 29 de septiembre de 2015 coronamos el monte Kilimanjaro, ése fue uno de los momentos más especiales de mi vida, ¡lo había conseguido! Sin duda, lo más duro no fue la ascensión, sino estar lejos de mi familia, quería compartir todo lo que estaba viviendo con ellos y sin embargo estaban muy lejos”.

G.Y.: ¿Habías padecido alguna secuela producto del cáncer que te dificultase más que a otras personas la subida? ¿Y tus compañeras?
M.B.: -“Me considero una persona bastante fuerte o por lo menos intento serlo. En mi caso las secuelas de la quimioterapia fueron remitiendo a lo largo del tiempo, quizá lo que más me afecta es la medicación que tomo, principalmente porque me ha generado un principio de artrosis en los dedos de las manos.
“Por fin, el 29 de septiembre de 2015 coronamos el monte Kilimanjaro; ése fue uno de los momentos más especiales de mi vida ¡lo había conseguido!“
Asimismo, soy menopáusica precoz, ya que tuve que ser inducida químicamente y eso me conlleva muchos dolores en articulaciones y músculos y fatiga general. En cualquier caso, no me gusta quejarme, estoy viva y eso es lo más importante. Trato de disfrutar al máximo de la vida y de la gente a la que quiero, considero que se me ha dado una nueva oportunidad para ello. Algo parecido sucedió con el resto de mis compañeras, que de vez en cuando tuvieron algún achaque durante la ascensión, pero estábamos juntas en el reto y nos apoyamos todas hasta que conseguimos alcanzar la cumbre”.

G.Y.: ¿Qué balance haces de este reto? ¿supuso el fin de una etapa y el comienzo de una nueva vida?
M.B.: -“Desde luego, fue el final de una etapa y el principio de otra. Fue también una especie de recompensa por todo lo que había sufrido, una oportunidad increíble de transmitir un mensaje de lucha y cariño a muchas otras personas. A partir de ahora pienso hacer más cosas por los demás, creo que era el empuje que necesitaba. Nunca olvidaré aquellos días en África. Lo que viví junto a mis compañeras y lo que sentí es algo indescriptible”.
“Estábamos juntas en el reto y nos apoyamos todas hasta que conseguimos alcanzar la cumbre”.

G.Y.: ¿Es la actitud positiva la mejor de las medicinas?
M.B.: -“Ante la vida en general la actitud positiva es primordial y, en concreto ante la enfermedad, me atrevería a decir que puede llegar a ser hasta un 50%. Yo no elegí tener cáncer, pero sí elegí no renunciar a vivir una vez me lo diagnosticaron.
La vida trae consigo infinidad de pruebas, obstáculos que debemos superar, no podemos quedarnos parados, tenemos que esquivarlos, saltarlos si hace falta. Todos poseemos una fuerza que emana de nuestro interior en las situaciones más difíciles. Está dentro, solo tienes que conocerla, sacarla y saber utilizarla para seguir adelante”.
G.Y.: ¿Sigues involucrada en actividades que conciencien sobre el cáncer de mama?
M.B.: -“Sigo en la Asociación Española de Alpinistas con Cáncer ayudando y colaborando en sus proyectos. Ahora mismo estamos inmersos en la construcción de un hospital infantil en Plaphu (Nepal). También estoy escribiendo un libro que, si todo va bien, verá la luz el próximo año. Se titulará `Una golondrina en el Kilimanjaro´ y en él narro mi historia personal y mi experiencia”.
G.Y.: ¿Qué mensaje transmitirías a nuestras lectoras, y en general a todas las mujeres que acaban de ser diagnosticadas de un cáncer de mama?
M.B.: -“Mi mensaje para todas las mujeres que me estén leyendo y estén atravesando un momento parecido es que a pesar del miedo que se siente y de la grandísima dificultad del proceso, no deben rendirse, hay que luchar por la vida, es preciosa, y todavía hay mucho esperándoos ¡Ánimo compañeras!”.
G.Y.: ¿Sigues practicando montañismo? ¿qué otros retos tienes por delante?
M.B.: -“No he dejado de hacer deporte en ningún momento, es algo muy importante para ir frenando mi artrosis. Por supuesto sigo muy unida a la montaña, me da el equilibrio y la serenidad que necesito. Mi último desafío ha sido la organización de una trail solidaria en Binaced (Huesca), el fin de semana del 26 y 27 de noviembre. Ha sido maravilloso”.
Más información:
http://www.alpinistasconcancer.org/
https://www.facebook.com/RetoPelayoVida/
Entrevista: Carmen Matas Gallardo
Fotos: Javier Campos Duaso


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