Mundo Yold. Hijos malcriados, ¿sí o no?
¿Estamos malcriando a nuestros hijos?

Ante el afán de proteger a nuestros hijos de un mundo hostil, ¿estamos dando lugar a una generación extremadamente dependiente y poco autónoma? Según algunos expertos, los niños de hoy hablan varios idiomas y son eruditos en nuevas tecnologías, pero algunos no saben ni siquiera decir ‘por favor’, ‘gracias’… ¿En qué nos estamos equivocando? Analizamos la cuestión hoy en GY.
¡Cuánto han cambiado los tiempos desde que los yold éramos pequeños! Muchos de nosotros hemos hecho grandes o pequeños trabajos, desde chicos o en la adolescencia. Por esas cosas de la educación de entonces, las mujeres tenían que hacer las faenas de la casa, ayudaban a la madre, aprendían a cocinar, a cuidar de los hermanos. La mayoría de los chicos se libraban de las tareas domésticas, pero sin embargo, les caía la mili: un corte por lo sano de tu vida para ir a servir al ejército, y “convertirte en un hombre”, si es que antes no te habían convertido tus padres y/o tus profesores, cuyos métodos de enseñanza eran un tanto más “toscos” que los de ahora.

Eran otros tiempos y la desobediencia, discrepancia o subversión, se encarrilaban rápidamente a costa de un contundente bofetón, con el que razonabas sí o también. Como padres, los yold hemos hecho mucho para suavizar estas costumbres.

Eliminadas la mili, la obligación de trabajar fuera de casa (y a veces dentro) y, por supuesto, los bofetones, la educación ha cambiado por completo, tanto, que desde hace años atendemos a nuevos fenómenos sociales: denuncias y violencia de hijos hacia padres; incapacidad de jóvenes para afrontar sus responsabilidades como adultos por culpa de la sobreprotección… Una nueva generación con muchos chavales poco realistas, blandos y sobreprotegidos, que algunos expertos achacan a la educación excesivamente laxa y carente de límites que se ha impuesto en nuestras vidas.
“Los yold nos educamos trabajando en casa y fuera de casa. Las chicas se ocupaban de las tareas domésticas, los chicos hacían la mili”.
Saglana: una niña de otro planeta
Hace algunos meses la historia de una niña siberiana de cuatro años conmocionaba a todo el mundo. Saglana Salchak se convirtió en toda una heroína tras caminar sola y de noche nada menos que ocho kilómetros por el gélido desierto de Siberia, plagado de lobos y a 34º bajo cero, para poder ayudar a su abuela enferma. Para cuando Saglana había alcanzado la casa del vecino más próximo su abuela ya había fallecido, pero, sin saberlo, ella se había convertido en toda una Caperucita de carne y hueso. Saglana es casi una niña de otro planeta en comparación con los niños que viven en nuestro mundo occidental. Su caso ciertamente es demasiado exagerado, de ahí su impacto, pero ¿no estamos situándonos sin darnos cuenta prácticamente en el extremo contrario? Vivimos en una sociedad en la que estamos lo suficiente cuerdos como para asumir que un niño no debe atravesar un bosque con lobos solo de noche, pero en la que nos cuestionamos hasta si incluir esos bosques y esos lobos en los cuentos que contamos a nuestros hijos por la noche es recomendable o no. ¿Alterará eso su equilibrio emocional?, ¿trastornará la calidad de su sueño? Muchos educadores que opinan que nos estamos pasando de rosca y criando no solo a niños mimados y maleducados, sino blandos, flojos y sobreprotegidos. En ese férreo afán de proteger a los más pequeños de un mundo peligroso y cegados por el amor, muchos adultos han hecho de sus vástagos niños incapaces de sufrir una contrariedad sin recurrir inmediatamente a la ayuda de los padres. Niños blandos, tremendamente protegidos y sin capacidad de encontrar por ellos mismos soluciones a sus problemas.

Según asegura la periodista catalana Eva Millet, autora del libro Hiperpaternidad, hoy los niños “al caerse no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos”. Es producto de lo que ella ha denominado como ‘hiperpaternidad’, un modelo de crianza originario de EE.UU., y propio de las clases medias y altas, que se caracteriza por la sobreprotección de unos hijos que se han convertido en el centro de las familias del siglo XXI.

Niños que hoy no son capaces siquiera de atarse los cordones de los zapatos ellos solos derivan en adolescentes que no pueden hacer sus deberes sin la ayuda de papá o mamá, y en jóvenes que van acompañados de sus padres a las revisiones de los exámenes para cantarle las cuarenta al profesor. ¿Qué tipo de adultos le espera a la sociedad del mañana?
“Según asegura la periodista catalana Eva Millet, autora del libro Hiperpaternidad, hoy los niños “al caerse no se levantan: esperan esa mano siempre atenta que tirará de ellos”.
El filósofo Gregorio Luri, autor del libro Mejor educados, llega a advertir que “la sociedad no tratará a los niños por el grado de felicidad que tengan, sino por aquello que sepan hacer”, por lo que “es mucho más sensato enseñar a nuestros hijos a superar las frustraciones inevitables que hacerles creer en la posibilidad de un mundo sin frustraciones”.

Educación no debe significar sólo protección, sino la construcción de carácter, según explica Alfonso Aguiló en Educar el carácter, una obra escrita hace más de 25 años pero que todavía hoy es referencia para los que consideran que la base de la educación son conceptos como la honradez, la valentía, la empatía y la generosidad.
“Alfonso Aguiló asegura que “Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda”.
Sobre lo que pasa actualmente, Aguiló asegura en su obra que “son ciclos normales del desarrollo de una sociedad. Cuando una familia quiere que sus hijos no pasen las dificultades por las que sí pasaron ellos, la sociedad se vuelve más cómoda, blanda, menos esforzada”.

El polémico juez Emilio Calatayud
Si alguien no se ha cortado un pelo en denunciar las nuevas formas de educar que implantan los padres de hoy en día ese es el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, que lidia todos los días con adolescentes que se malogran porque nadie nunca les había parado los pies. “Los padres van tapando sus travesuras hasta que dejan de ser travesuras y se convierten en delitos. Muchas veces no son conscientes del daño que hacen porque nunca les han hecho ver que sus actos tienen consecuencias”, afirma el magistrado.

Emilio Calatayud afronta en su día a día casos extremadamente graves de adolescentes, muchas veces de fuerte violencia contra sus propios padres. Tal y como asegura él mismo en sus conferencias, por su despacho desfilan cada día “padres y madres con piernas rotas y caras partidas” por sus propios vástagos. Según afirma, “dice mucho de una sociedad el gran aumento de los casos de jóvenes que parecen haber perdido el rumbo y que abocan a sus familias al caos”.
“El juez Emilio Calatayud asegura que por su despacho desfilan cada día padres y madres con piernas rotas y caras partidas por sus propios vástagos”.
Especialmente mediático y viral en las redes sociales, fue el ‘Decálogo para formar a un delincuente’, incluido en su libro Reflexiones de un juez de menores y que suele pronunciar en las muchas conferencias por todo el territorio nacional. El decálogo, que según el juez Calatayud debería pegarse en la nevera de cada hogar con niños, para que los padres no se olviden de lo que deben evitar si no quieren que sus hijos acaben pasando por tribunales como el suyo, incluye frases tan características como “dadle al menor todo cuanto desee, así crecerá convencido de que el mundo entero le debe todo” y “dadle siempre la razón: son los profesores, la gente, las leyes… quienes la tienen tomada con él”. A continuación, adjuntamos este decálogo completo, que cuando menos, nos hará reflexionar sobre la educación que damos y la que debemos dar.

‘Decálogo para formar a un delincuente’, por el juez Emilio Calatayud:
- Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
- No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
- Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
- No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
- Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
- Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
- Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
- Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
- Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
- Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.
Más información:
http://www.elmundo.es/cultura/2016/08/22/57b72da246163fc8448b4658.html
Carmen Matas Gallardo


El juez de menores Emilio Calatayud es famoso por su enfoque en relación con la educación de los menores, cree, acertadamente, que es mejor educar que castigar. Muchas de sus condenas reflejan cómo entiende el derecho y cómo cree que debe ser aplicado. No es lo mismo condenar a un menor a una pena de reclusión que obligarlo a trabajar en un centro de rehabilitación después de haber agredido a una persona mayor.
En mi opinión tiene razón cuando dice que los padres son demasiado blando en la actualidad, y también tiene razón cuando dice que eso modifica la conducta de los menores, que acaban por no tener capacidad de resistencia frente a la frustacción o de no ser capaces de soportar los baches por los que todo el mundo pasa.
Great article. I am experiencing many of these issues as well..