Mundo Yold. Hace 180 años nació la escritora que engendró una criatura inolvidable y, con ella, a la ciencia ficción literaria

Frankenstein: el sueño de Mary Shelley

Redacción Yold
30 agosto, 2017

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El 30 de agosto se cumplen 180 años del nacimiento de Mary Shelley, la autora de la primera novela de ciencia ficción de la literatura universal: “Frankenstein o el Moderno Prometeo”. Hoy, en Gente Yold, queremos recordar a la gran escritora, de vida trágica y a la vez dichosa, libre y reivindicativa. Una adelantada a su tiempo, una creadora más allá de la etiqueta de “gótica”, con la que se ha querido reducir la trascendencia de su obra.

Estoy sola. Como en las páginas de mi libro, he venido hasta los confines helados del Universo para encontrarme con la horrible criatura que mi imaginación concibió. Pero donde no hay sombras, los monstruos no existen. Sólo la memoria perdura más allá de los límites de la imaginación”.

Estas palabras, que convocan con sus ecos trágicos al más clásico romanticismo, pertenecen a Mary Wollstonecraft Godwin, que como mujer y como escritora fue una adelantada a su tiempo.

Nacida en Londres, era hija única del filósofo William Godwin y de la escritora Mary Wollstonecraft, autora de la famosa “Reivindicación de los Derechos de la Mujer”, que falleció a causa de unas fiebres contraídas en el parto. Poco después, el padre de Mary se volvió a casar con la viuda Mary Jane Clairmont, quien ya tenía dos hijos.

Dos mujeres que reivindicaron la condición femenia y sus derechos, Mary y su madre, Mary Wollstonecraft.

Dos mujeres que reivindicaron la condición femenina y sus derechos, Mary (izquierda) y su madre, Mary Wollstonecraft.

Los primeros años de la infancia de Mary fueron felices, recibió una educación informal y libre, con influencia de intelectuales amigos de la familia, como el poeta romántico Samuel Taylor Coleridge o el vicepresidente de Estados Unidos, Aaron Burr.

Aprendiendo del amor libre
Mary conoció al poeta y filósofo radical Percy Bysshe Shelley en Escocia, se enamoró de él y comenzaron a verse en secreto. Ella tenía 16 años, él 22 y ya estaba casado. Godwin desaprobó la relación e intentó romperla, pero ellos se escaparon a Francia llevándose consigo a la hermanastra de Mary, Claire Clairmont.

Al poco, Mary quedó embarazada y a menudo estaba enferma, mientras asistía al coqueteo de Percy con su hermanastra, Claire Clairmont y al nacimiento del hijo de la primera esposa de Percy, pero ambos creían y practicaban el amor libre y también ella mantuvo una relación con Hogg, un amigo de Percy.

Villa Diodati, la mansión suiza donde Mary Shelley concibió a su criatura.

Villa Diodati, la mansión suiza donde Mary Shelley concibió a su criatura.

Mary perdió a su hija, lo que le causó una importante depresión, pero volvió a quedarse embarazada y consiguió recuperarse en verano, cuando dio a luz su segundo hijo, William. En mayo de 1816, Percy, Mary y su hijo viajaron a Ginebra con Claire Clairmont. Pasaron el verano con el poeta Lord Byron y su joven médico y escritor, Polidori, en una mansión que alquilaron, Villa Diodati, a las orillas de un lago suizo. Escribían, navegaban, leían historias de fantasmas y conversaban hasta altas horas de la noche. Un día, casi de madrugada, Byron propuso que cada uno de ellos escribiera su propia narración sobrenatural. Ahí fue cuando a Mary le “nació” la historia de Frankenstein, que dos años después pasó a convertirse en novela y se publicó en 1818.

Frontispiece illustration from Frankenstein. Date: first published 1818

Portada de la edición de 1831.

Frankenstein: metáfora de dios y su creación
A Mary Shelley, el sueño de la razón le produjo el monstruo Frankenstein, el científico capaz de dar vida a un cadáver, en una historia que recrea el mito de Prometeo.

Mary Shelley se sale de ese estrecho cajón “gótico” para, primero contarnos una historia apasionante y luego, profundizar en grandes cuestiones éticas, universales.

El adjetivo “gótico”, ya tan manoseado, es el que se le suele colocar a la obra de esta escritora. Etiquetar siempre resulta fácil y llama la atención, pero lo cierto es que Mary Shelley se sale de ese estrecho cajón “gótico” para, primero contarnos una historia apasionante y luego, profundizar en grandes cuestiones éticas, universales: ¿cuál es el sentido de la vida humana?, ¿dónde están los límites de la conciencia?, ¿y los de la ciencia? Preguntas como éstas siguen de plena actualidad, en un mundo en el que son rápidos y continuos los avances en biogénetica, clonación, reproducción de la vida en laboratorio

El doctor Frankenstein, como un pequeño dios, loco de ambición, da vida a una criatura que resulta tener conciencia y valores morales superiores a los de su creador. La novela termina con las trágicas palabras del “monstruo” y las lágrimas del lector más duro:

“… me dirigiré al más alejado y septentrional lugar del hemisferio; allí recogeré todo cuanto pueda arder para construir una pira en la que pueda consumirse mi mísero cuerpo”.

No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas, decía la escritora.

No deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas, decía la escritora.

Una vida trágica y dichosa
Los años siguientes de la escritora transcurrieron entre Inglaterra e Italia, donde escribió la novela histórica “Valperga”, la novela autobiográfica “Mathilda” y las obras de teatro “Proserpina” y “Midas”. Pasaba mucho tiempo enferma y deprimida, y sufrió un aborto que puso su vida en serio peligro. Pero en la muerte se le adelantó su marido, que murió ahogado en un naufragio en la costa italiana de Viareggio.

Funeral_de_Shelley

Después de su muerte, ella regresó a Inglaterra, donde continuó escribiendo novelas y artículos para revistas femeninas. En esos años se esforzó en que la obra de su marido fuese reconocida y admirada, y promovió su publicación. Tuvo varios amantes discretamente, pero nunca volvió a casarse. Padeció numerosas enfermedades, y en 1839 comenzó a sufrir dolores de cabeza y ataques de parálisis que le impedían leer y escribir. El 1 de febrero de 1851 muere a los cincuenta años, posiblemente de un tumor cerebral.

Shelley and Wollstonecraft grave, Bournemouth

Sencilla tumba de la escritora en la Iglesia de Saint Peter, Bournomouth, al sur de Inglaterra.

Un año después, su familia inspecciona su escritorio y encuentra reliquias de los seres queridos que la precedieron en la muerte: mechones de cabello de sus hijos; un cuaderno que había compartido con Shelley; una copia del poema “Adonais”, que este había dedicado a Keats y, envueltas en un pañuelo de seda, restos de las cenizas de su esposo.

Title page illustration from Frankenstein. Date: first published 1818

Ilustración de la edición clásica de la novela.

Sobre su relación amorosa se ha rodado recientemente, aún sin fecha de estreno, la película “Storm in the Stars”, con Elle Fanning, de sorprendente parecido físico con la escritora. “Remando al viento”, de Gonzalo Suárez, una de las obras maestras del cine español, recrea también la vida, a veces trágica, a veces dichosa, de esta grande de la literatura universal.

Replicantes, clones, zombis, androides… son todos hijos de Frankenstein.

Son numerosas las versiones cinematográficas de Frankenstein y de todos archiconocidas, pero no nos resistimos a recordar la famosa escena con la niña junto al lago, en el clásico de James Whale, de 1931:

Replicantes, clones, zombis, androides… son todos hijos de Frankenstein. Su madre fue una visionaria que dio a luz a toda esa saga de personajes monstruosos, que a veces subliman la esencia propia del ser humano, logran emocionarnos y elevarnos, como pequeños Prometeos, rompiendo cadenas.

Si Flaubert era Madame Bovary y Bram Stoker, Drácula; Mary Shelley es Frankenstein y nosotros sus admirados lectores.

¡Feliz cumpleaños, Mary!

 

Reportaje: Itziar C. Aguirre y María Aguirre

 

 

 

 

Comentarios

  1. Juan Sánchez dice:

    Muy buen artículo, fascinante la obra y la vida de Mary Shelley.

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