Mundo Yold. El proyecto que ayudó a las familias de los fallecidos en la Tragedia de Los Andes a superar su pérdida

La Biblioteca “Nuestros Hijos”: la obra que transformó el dolor en luz

 

 

Inés Almendros
8 febrero, 2024

Con el éxito internacional de La sociedad de la nieve, el mundo entero ha redescubierto el increíble drama de la conocida como Tragedia de Los Andes. El regreso de 16 supervivientes que habían sido dados por muertos supuso un milagro de vida para sus familias, aunque resultó un doble golpe para las de quienes no volvieron. Pero, después del horror, trece madres de los fallecidos consiguieron unirse para generar otro increíble ejemplo de valor, superación y resiliencia: la creación de la Biblioteca “Nuestros Hijos”, que hoy, cincuenta años después de su apertura, rebosa vida y actividad. Así fue como estas madres convirtieron su inmenso dolor en trabajo, esperanza y luz.

En las navidades de 1972, el mundo entero quedó completamente anonadado al conocer la epopeya de los supervivientes uruguayos; una noticia que traspasó las fronteras y se conoció como Tragedia de Los Andes. La historia había comenzado el 13 de octubre del mismo año, cuando un avión, que llevaba en su mayoría a chicos jóvenes de un equipo de rugby y algunos amigos, se estrelló en uno de los lugares más inhóspitos del planeta tierra: el Valle de las Lágrimas, en el medio de la cordillera de Los Andes. Allí los supervivientes resistieron dos meses y medio en unas condiciones totalmente inhóspitas, a casi 4.000 metros de altitud, con nieve permanente, temperaturas de -30º en las noches, avalanchas mortales y un entorno inorgánico que les negaba cualquier posibilidad de encontrar comida. Para conservar la vida tuvieron, entre otras cosas, que alimentarse de los cuerpos fallecidos de sus compañeros. Finalmente, dos de ellos –Fernando Parrado y Roberto Canessa– realizaron una increíble travesía de diez días para sortear las montañas y encontrar ayuda. El planeta entero se estremeció con esta historia de supervivencia extrema. Pero solo 16 de los chicos regresaron con sus familias. El resto de los 45 pasajeros fallecieron en el accidente o en los días posteriores.

Madres fundadoras de la Biblioteca “Nuestros Hijos” (archivo Biblioteca “Nuestros Hijos”)

Solo 16 de los chicos regresaron con sus familias. El resto de los 45 pasajeros fallecieron en el accidente o en los días posteriores.

Para las familias de los supervivientes el regreso de los jóvenes supuso un auténtico y maravilloso milagro de la vida. Sin embargo, el mismo hecho significó un doble sufrimiento para las madres de quienes no volvieron: tuvieron que aceptar su muerte por segunda vez; debieron escuchar los terribles relatos que narraron los supervivientes; soportaron la celebración que el mundo entero hizo por el regreso de los vivos… Mientas que, en la Navidad del 72, en un hospital de Chile los supervivientes y sus familias brindaban por el reencuentro, otros lloraban a sus hijos perdidos para siempre.

Algunas de las fundadoras, que estuvieron décadas al frente de la biblioteca

Los supervivientes, obviamente, no tenían culpa ninguna -justamente al contrario, ellos igualmente fueron víctimas de la tragedia, e hicieron lo que pudieron por sus compañeros-, pero es lógico pensar que la alegría de unos profundizara mucho más todavía la tristeza de los otros.

Foto del grupo delante del avión, antes de volar

El dolor de una madre que pierde un hijo puede hacer enloquecer. Pero en este caso, el dolor conjunto de trece madres, lejos de enloquecerlas, las condujo a trabajar unidas, para trasformar su sufrimiento en algo positivo, luminoso, racional y real. Algo que pudiera ayudarlas a superar ese vacío sin fondo de la pérdida de sus hijos de una forma tan terrible; algo que, además, resultase útil para el mundo.

Gustavo Zerbino, uno de los supervivientes, y colaborador permanente de la biblioteca

El dolor conjunto de trece madres, lejos de enloquecerlas, las condujo a trabajar unidas, para trasformar su sufrimiento en algo positivo.

Según testimonios, fue Selva, la madre de Felipe Maquirriain, quien comenzó a sugerir la idea de construir algo juntas; algo que las ayudara a superar el dolor y escapar de la locura. Según testimonios, fue la madre de Carlos Valeta quien pensó en crear una biblioteca. Encontraron que era una idea perfecta y se pusieron manos a la obra. Así, apenas nueves meses después del terrible accidente, trece madres de los fallecidos en el accidente de Los Andes inauguraron la Biblioteca “Nuestros Hijos”. Una bonita leyenda abandera el centro desde su creación: “Para mantener vivo el recuerdo de los que no volvieron del accidente ocurrido el 13 de octubre de 1972 en la Cordillera de los Andes, sus madres fundamos esta biblioteca. Cada estudiante, cada lector, es recibido aquí, en nombre de nuestros hijos”.

La BNH cuenta con el apoyo especial de los supervivientes dela tragedia, que siempre han ayudado a impulsarla

Crear vida a partir de la muerte
Las trece madres fundadoras siempre reconocieron que los principios no fueron fáciles. Que cuando se juntaban para trabajar en el proyecto, acababan hablando más del accidente y de sus hijos perdidos que de la biblioteca. Pero, poco a poco, el tiempo y la preciosa actividad que habían emprendido ayudaron a sanar el dolor, y sin darse cuenta el proyecto fue captando, cada vez más, su atención y les ofreció esperanza, entusiasmo e ilusión.

Poco a poco, el tiempo y la preciosa actividad que habían emprendido ayudaron a sanar el dolor.

La biblioteca sigue más viva que nunca, organizando actividades de todo tipo

“El dolor puede ser un motor para construir realidades positivas” fue la guía que llevó a estas madres a convertir su sufrimiento en luz, al tiempo de construir, poco a poco, el mejor homenaje posible a sus hijos. Para financiarse, las trece mujeres buscaron socios que aportaran una cuota fija, a cambio de disfrutar de su club de lectura. Con estas aportaciones, desde el principio, las fundadoras también comenzaron a financiar actividades de ayuda social, como ofrecer becas para comprar libros a estudiantes sin recursos. Por supuesto, entre los socios se encuentran los supervivientes y sus familias, que siguen participando en numerosas actividades.

Tras años de gestionar el centro, a través de un trabajo común y solidario, en el año 2009 las madres fundadoras cedieron la responsabilidad a sus hijas, nueras y voluntarias quienes hoy se ocupan de su gestión. El pasado 2023, la biblioteca cumplió 50 años en plena actividad.

Los encuentros con autores, además de otros muchos actos culturales, son habituales en la BNH

A día de hoy, Nuestros Hijos es mucho más que una biblioteca: se trata de una asociación civil sin fines de lucro que trabaja para promover la lectura, la educación y el desarrollo cultural de niños, adolescentes y adultos de Uruguay. Sigue financiándose con la aportación de socios, pero también de empresas e instituciones varias. Colabora con ONG´s y distintas entidades, y organiza todo tipo de actividades como exposiciones, talleres, presentaciones de libros, encuentros, concursos… Además, por supuesto, de mantener su política de donaciones y becas.

Hoy, Nuestros Hijos es una asociación civil sin fines de lucro que trabaja para promover la lectura, la educación y el desarrollo cultural de niños, adolescentes y adultos de Uruguay.

Recientemente, el centro recibió al director de La sociedad de la nieve, Jose Antonio Bayona, que tuvo un emotivo encuentro con las madres, y pudo abrazar personalmente a la única de las trece que aún vive: Raquel Arocena, mamá de Gustavo Nicolich.

Video de la visita de Bayona a la biblioteca

Hoy recordamos el ejemplo de esas madres, que supieron transformar la energía de un sufrimiento insoportable, en energía positiva de luz, trabajo y aportación social. Su ejemplo es una inspiración.

Raquel Arocena, madre de Gustavo Nicolich, la única madre de las trece fundadoras que sigue entre nosotros

Las madres creadoras de la Biblioteca “Nuestros Hijos” fueron Raquel Arocena (madre de Gustavo Nicolich), Nené Caubarrère (madre de Julio Martínez Lamas), Bimba Cornah (madre de Diego Storm), Stella Ferreira (madre de Marcelo Pérez del Castillo), María Susana Gelsi (madre de Guido Magri), Selva Ibarburu (madre de Felipe Maquirriain), Ana María Nebel (madre de Fernando Vázquez), Raquel Paullier (madre de Arturo Nogueira), Lita Petralgia (madre de Liliana Navarro), Hélida Riet (madre de Enrique Platero), Gladys Rosso (madre de Daniel Maspons), Agnes Vallendor (madre de Carlos Valeta) y Sara Vázquez (madre de Rafael Echavarren).

Más información:

Página web: Biblioteca “Nuestros Hijos”: http://bibliotecanuestroshijos.org.uy/

Dirección: c) Miraflores 1443, esquina Ferrari
Montevideo, Uruguay

Comentarios

  1. Evelyn dice:

    Dios les bendiga

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