Mundo Yold. Un lugar que no deja indiferente a nadie

La enigmática Isla de las Muñecas

Inés Almendros
15 junio, 2019

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En Xochimilco, una bella zona de Ciudad de México, se encuentra uno de los rincones más curiosos e inquietantes del mundo. Se trata de la Isla de las Muñecas, un lugar único habitado por miles de figuras que parecen pertenecer al más terrorífico más allá. Hoy, el mundo de las tinieblas en Gente Yold.

Había una vez un hombre solitario y extraño llamado Julián Santana Barrera, que vivían en un mundo propio en Xochimilco, uno de los barrios de Ciudad de México, surcado por casi 200 kilómetros de canales navegables centenarios, en una maravillosa e insólita zona que ha sido declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

En una zona declarada Patrimonio de la Humanidad choca extraordinariamente encontrarse estas macabras `decoraciones´

A Don Julián, nacido en 1914, algunos le conocían porque vendía las verduras y hortalizas que él mismo cultivaba en su chinampa; una chinampa es una extensión de tierra levantada sobre un acuífero, y en este islote artificial Don Julián tenía su choza y su pequeña finca agraria. Pero los lugareños de Xochimilco pensaban que era un tipo excéntrico, un loco, porque tenía la costumbre de dar pregones religiosos en público o invocar escandalosamente a Dios, así es que empezaron a cogerle aversión. De hecho, más de una vez quisieron agredirle por considerar que era un sacrílego. Así pues, Don Julián, poco a poco, dejó de aparecer en público, dejando que un sobrino fuese al mercado a vender sus verduras.

En la isla, cada rincón guarda una imagen siniestra

De esta forma, pasaron años sin que nadie en Xochimilco supiera nada de Don Julián. Hasta que las autoridades municipales emprendieron un gran proyecto para limpiar los canales que estaban totalmente invadidos por lirios acuáticos. Fue entonces cuando algunos funcionarios llegaron a la chinampa de Don Julián, y se quedaron asombrados: tanto la choza en la que el extraño hombre residía, como el resto del lugar, estaba poblado por otros inquietantes habitantes: docenas, cientos de muñecas y muñecos de distintas formas y materiales, que el estrambótico ermitaño había ido coleccionando y colocando allí.

Don Julián Santana Barrera había desaparecido del mundo, se había dedicado a recoger todas estas muñecas que ahora habitaban en su pequeño, escondido y misterioso islote artificial.

Y es que, durante el tiempo en el que Don Julián Santana Barrera había desaparecido del mundo, se había dedicado a recoger todas estas muñecas que ahora habitaban en su pequeño, escondido y misterioso islote artificial. Don Julián había construido un mundo propio, un lugar reservado y fuera de la civilización, en el que solo habitaban él y sus muñecas, a las que consideraba como seres vivos que le protegían y acompañaban.

Colgando como bebés ahorcados… 

Según lo que contaba él mismo, la idea de recoger las muñecas le vino en los años 50, después de encontrar el cadáver de una muchacha joven que se había ahogado en las aguas del canal, muy cerca de su chinampa. Don Julián recogió a la muerta, pero aseguraba que, desde ese día, el espíritu de la joven ahogada se había quedado allí, en las aguas del canal, junto a su choza, convertido en una especie de sirena que le llamaba para que se fuera con ella al fondo de las aguas. Aseguraba que por las noches pasaban cosas extrañas, y asustado por ello, comenzó a colocar pequeñas muñecas, a modo de figuras protectoras, que servían, según decía, para ahuyentar al espíritu, y en general, para alejar de su casa a todas las fuerzas malignas. Así fue como Don Julián comenzó a recoger muñecas de diferentes formas tamaños y tipos, que iba colgando y colocando a lo largo de su chinampa, en el techo o las paredes de la cabaña, en los árboles de la isla o los alrededores del canal: docenas, cientos de muñecas comenzaron a habitar la isla de Don Julián.

Desde los sitios mas remotos del mundo acuden visitantes que quedan impactados por el lugar

Para aumentar su insólita colección, el ermitaño se acercaba hasta las calles de Xochimilco donde recogía muñecas que habían sido arrojadas a los basureros o que encontraba entre los trastos viejos. Algunas de ellas pudieron salir de una antigua fábrica que hubo en la zona. Más adelante, cuando los lugareños empezaron a conocer la isla, ayudaron a ampliar la colección de Don Julián llevándole otras. El caso es que la chinampa de Don Julián se transformó en la Isla de las Muñecas.

 

Una imagen de la fotógrafa Cindy Vasko

Dentro de su gran colección, Don Julián tenía sus muñecas favoritas, como Agustina, a la que creía milagrosa, y a la que había encontrado el 28 de agosto, día de San Agustín. Además, el excéntrico hombrecillo igualmente coleccionaba o recopilaba otros objetos extraños que incrementaban el aspecto enigmático y espeluznante del lugar, como cruces realizadas con maderas, fotografías viejas, pescados secos o recortes de periódicos de los reportajes que le hacían cada vez con más frecuencia, sobre todo en sus últimos años de vida, porque sus pequeñas guardianas de plástico no pudieron evitar que Don Julián falleciera, en el año 2001, de una forma un tanto siniestra, ya que sufrió un infarto radical que le fulminó instantáneamente, justo cuando se encontraba en el mismo lugar donde años antes había encontrado a la joven ahogada. Por eso sus familiares, y sobre todo su sobrino, que heredó la chinampa, consideran que al final la sirena se llevó al espíritu de Don Julián con él al fondo de las aguas, donde seguramente habitan ahora los dos; aunque seguramente se encuentra feliz porque al fin y al cabo habita en su chinampa, el mismo lugar que tanto amó, y en la compañía de sus muñecas.

La exposición de muñecas no puede ser más siniestra

Desde la muerte de Don Julián, la fama de esta isla se ha hecho cada vez mayor, tanto entre turistas, como entre los habitantes, muchos de los cuales consideran que está envuelta en tenebrosos misterios. Por eso, algunos traen muñecas propias que cuelgan entre los árboles y a las que les piden que les proteja de los malos espíritus.

Algunos visitantes traen muñecas propias que cuelgan entre los árboles y a las que les piden que les proteja de los malos espíritus.

De hecho, hay incluso un dicho de la zona que dice algo así como: “¡Ay de aquel que venga a Xochimilco y no visite la chinampa de Don Julián, el señor de las muñecas, ya que seguramente el espanto lo espantará! Muchos famosos, como la cantante Lady Gaga, han visitado de forma anónima el sitio, quedando verdaderamente impactados. La famosa fotógrafa Cindy Vasko -especialista en lugares misteriosos y abandonados- también estuvo en la chinampa en el año 2015 realizando una inquietante serie de imágenes que dieron la vuelta al mundo.

Los intrusos serán cazados destripados y destazados… 

Hoy en día siguen siendo muchos los curiosos -turistas o no- que se acercan hasta la antigua residencia de Don Julián y quedan asombrados ante lo que allí encuentran. El tiempo ha ido marcando los rostros y los cuerpos de las muñecas, que ahora están sucias, enlodadas, desgastadas, con los pelos arrancados o raídos, y con las marcas de descomposición, putrefacción o simplemente, vejez. Todo ello añade un matiz aún más terrorífico a este inquietante, pero fascinante, lugar.

Más información:

La Isla de las Muñecas está ubicada en la zona de canales de Xochimilco, y solo se puede llegar a ella en la trajinera; aunque hace años eran pocos los que querían acercarse hasta allí, ahora ya son muchos tours y guías locales los que ofrecen transporte y acompañamiento. Una visita imprescindible dentro de la fantástica ruta de los canales que puede hacerse en esta precisa zona de Ciudad de México declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad.

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