Mundo Yold. Ángel Domingo recomienda este film de máxima tensión para los amantes de la velocidad

Le Mans 66 a 7.000 revoluciones por minuto

 

Angel Domingo
10 diciembre, 2019

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Hoy, nuestro crítico de cabecera, Ángel Domingo, nos comenta uno de los últimos estrenos: Le Mans 66, una experiencia cinematográfica de velocidad sobre cuatro ruedas, basada además en la mítica carrera del año 1966. ¡Dan ganas de verla!

James Mangold (1963, Nueva York) es uno de los pocos cineastas contemporáneos que aún podría definirse como artesano; da igual el género o los actores que tenga a su disposición, James construirá una película correcta, puede que demasiado calculada, dejando muy pocas oportunidades al azar.

El argumento de esta cinta gira en torno a la mítica carrera de resistencia francesa 24 horas de Le Mans, donde la precisión al encajar las piezas para aguantar funcionando un día completo, arañar décimas de segundo, calcular el hueco y la velocidad para adelantar en una curva necesitan de un realizador con estas características: frío y calculador, como fríos y calculadores son también sus protagonistas.

El argumento de esta cinta gira en torno a la mítica carrera de resistencia francesa 24 horas de Le Mans.

No obstante, por muy fiel a la realidad que haya querido ser el director, sospecho que la cinta no pretende superar un exhaustivo examen por parte de ingenieros y expertos en mecánica. La trama cuenta con el handicap de estar basada en un hecho real: lo sucedido en la carrera del año 1966.

La pericia del director para mantener la intensidad en unos espacios tan reducidos, como la cabina de un monoplaza, es digna de consideración. Sus protagonistas, Matt Damon y Christian Bale, son tan parecidos en su fisonomía que, durante el fragor de las escenas de pilotaje, cuesta distinguirlos.

La película tiene otros atractivos que merece la pena considerar: el valor de la amistad, la lealtad a los principios personales y la importancia del apoyo familiar.

Pero para el espectador ajeno a los tecnicismos mecánicos y a todo un cúmulo de intereses empresariales que envuelve la mítica bandera de cuadros, la película tiene otros atractivos que merece la pena considerar: el valor de la amistad, la lealtad a los principios personales y la importancia del apoyo familiar. De esta manera, gran parte de las dos horas y media de metraje suceden fuera del monoplaza. El realismo con el que trata los hechos que suceden fuera de la pista, chantajes o amenazas muy directas, generan en el espectador un desprecio por un mundo, a priori, tan sofisticado y elegante.

Mangold ha sabido elegir a sus intérpretes; tanto Matt como Christian son dos de los actores mejor valorados en la actualidad, pese a que Damon haya abusado de su merecido éxito en la saga Bourne; Bale sí ha arriesgado al participar en películas menos dirigidas al gran público, pero más enriquecedoras.

En definitiva, no creo que esta película haga las delicias de un espectador casual, pero consigue que el aficionado al mundo del motor saboree un cierto olor a gasolina y no aparte los ojos de la pantalla un instante, en las escenas de máxima tensión ya que, como dice el slogan de un conocido canal de tv para su retransmisión de las carreras de la competición, “si pestañeas, te lo pierdes”.

 Ángel Domingo Pérez

 

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