Mundo Yold. Hoy queremos recordar a estas dos grandes artistas de la Francia del XVIII

Louise Vigée Le Brun y Adélaïde Labille-Guiard: grandes artistas, grandes rivales

 

 

Carmen Matas
27 agosto, 2021

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Sufrieron las históricas dificultades por ser mujeres y artistas en la segunda mitad del siglo de XVIII, y el mundo quiso enfrentarlas por ver quién tenía más talento. Lo cierto es que ambas lo tenían, cada una en su estilo. Hoy te hablamos de las fantásticas pintoras francesas Louise Vigée Le Brun y Adélaïde Labille-Guiard. Ambas fueron admitidas en 1783, en la Real Academia francesa de Pintura y Escultura.

Dos extraordinarias mujeres pintoras fueron contemporáneas en la segunda mitad del siglo XVIII. Ellas eran Adelaïde Labille-Guiard y Louise Vigée Le Brun, y a pesar de ser grandes artistas, debieron enfrentarse a lo largo de su vida al prejuicio masculino, que trataba permanentemente de minimizar su talento. Debieron, como grandes valientes y pioneras, defender su independencia y dignidad personal en una sociedad tremendamente patriarcal que imponía a la mujer un papel secundario relegado fundamentalmente al hogar, como esposa y madre de familia, o a las labores religiosas.

María Antonieta retratada por su pintora favorita: Vigée Le Brun. 1783.

Posiblemente, estas dos pintoras sean de las pocas artistas plásticas a las que se le ha dedicado algo de atención y reconocimiento en la historia, algo poco común -el genio femenino no ha sido precisamente valorado a lo largo las épocas-. Sin lugar a dudas, estas dos mujeres se posicionan hoy como grandes mitos dentro de la historia del arte, ya que, con las únicas armas de su talento personal y artístico, consiguieron, cada una a su manera, triunfar en el arte y en su vida personal.

A pesar de ser grandes artistas debieron enfrentarse a lo largo de su vida al prejuicio masculino, que trataba permanentemente de minimizar su talento.

Autorretrato realizando un retrato de la reina María Antonieta, 1790. Óleo sobre lienzo, 100 x 81 cm. Galería de los Uffizi, Florencia. Vigée Le Brun

Comienzos diferentes
Adélaïde nació el 11 de abril de 1749
. Era la pequeña de ocho hermanos de una familia perteneciente a la burguesía parisina. Su padre era mercero y regentaba una tienda en el barrio de Saint-Eustache.

Fragmento de La pintora con dos alumnas: Adelaïde Labille-Guiard. 1785. Museo Metropolitano de Nueva York

Adélaïde no provenía de una familia de artistas, como sí era el caso de Louise Vigée-Lebrun, así que no pudo aprender en su propia casa. Se desconocen muchos datos de su formación aunque sí que se sabe que el pintor francés de miniaturas y retratos, François-Elie Vincent, así como su hijo, le enseñaron el arte de la miniatura y el óleo, respectivamente.

Augustin Pajou modelando el busto de su profesor, Jean-Baptiste Lemoyne 1782, París, Museo del Louvre. Adelaïde Labille-Guiard

Por su parte, Louise Vigée, nació en París en 1755 en un entorno artístico. Su padre, Louis Vigée, fue retratista y un magnifico pastelista que introdujo muy pronto a su hija en el oficio. A los 15 años Louise comenzó a trabajar como retratista y en 1774 ingresó en la Academie de Saint Luc, donde se expusieron sus primeros trabajos.

Retrato de mujer, 1787, óleo sobre tabla. Musée des Beaux-Arts de Quimper. Labille-Guiard

Ambas lograron afianzar sus carreras hasta el punto de retratar a grandes personalidades: mientras Vigée-Lebrun pintaba para la reina María Antonieta, Labille-Guiard recibió el apoyo de la princesa María Adelaida, tía del rey Luis XVI. Su mecenazgo le reportó una pensión de mil libras y numerosos encargos para retratar a la familia real.

Ambas lograron afianzar sus carreras hasta el punto de retratar a grandes personalidades.

La Duquesa de Anjou, de Adelaïde Labille-Guiard. Óleo sobre tela, 1790.

Poco reconocidas
Sin embargo, a pesar del indudable talento que ambas habían demostrado desde una temprana edad, las carreras artísticas de las dos estuvieron ensombrecidas por el único motivo de ser mujeres. Incluso a posteriori, se ha minimizado el impacto e influencia de sus obras, hasta el extremo de querer negar su relevancia dentro del panorama artístico de su tiempo.

Desde la crítica artística a menudo han sido tratadas con indiferencia o desdén, con obras algo cursis y demasiado sentimentales o convencionales. Nada que ver con sus contemporáneos masculinos, que han obtenido siempre infinitas mejores valoraciones por parte de la crítica.

Autorretrato de Vigée Le Brun. 1782. National Gallery. Londres

Sin embargo, queda claro que, tanto Adelaïde Labille-Guiard, como Louise Vigée, cada una de un modo diferente, contribuyeron en gran medida al importante cambio en la sensibilidad que se produjo en su época. Por no hablar de la inyección de feminidad que generaron, que logró aportar una mirada nueva que pedía con urgencia ser expresada.

Por ser mujeres, se ha minimizado el impacto e influencia de sus obras, hasta el extremo de querer negar su relevancia dentro del panorama artístico de su tiempo.

La Virtud dudando, de Vigée Le Brun. 1774

Louise Vigée Le Brun logró alcanzar un gran éxito en toda Europa; definiendo una nueva feminidad. Consiguió algo tan excepcional como que las mujeres empezaran a verse a sí mismas de un modo diferente. La misma reina María Antonieta, a la que retrató, sentía una gran simpatía por la pintora.

Paisaje con arbustos, 1820-1830. Pastel sobre papel azul, 14 x 16 cm. Colección particular. Vigée Le Brun

Rivalidad instrumentalizada
Tal y como ha ocurrido en infinidad de ocasiones -y en diversas épocas, incluida la actual- pareciera que no puede haber dos grandes talentos femeninos coincidentes en el tiempo en una misma disciplina. Y si los hay, se las fuerza a competir por demostrar cuál es mejor. Como si solo pudiera quedar una. Eso mismo les ocurrió a Labille-Guiard y Vigée Le Brun. Cuando exhibían sus obras en las exposiciones, la crítica y el público las comparaba sistemáticamente, lo que acabó propiciando una dura competencia entre ambas.

Autorretrato con dos alumnas, de Labille-Guiard. Metropolitan Museum of Art. 

Cuando exhibían sus obras en las exposiciones, la crítica y el público las comparaba sistemáticamente, lo que acabó propiciando una dura competencia entre ambas.

Generalmente, las opiniones más favorables se las llevaba Vigée-Le Brun, aunque hoy por hoy la obra de Adélaïde Labille-Guiard se considera de igual valor. A pesar de que las dos artistas fueron víctimas de esta rivalidad instrumentalizada, queda claro que ambos talentos se inspiraron mutuamente, y eso queda reflejado en ambas obras. Lo cierto es que había muchas cosas que las unían, seguro que más que las que las diferenciaba. Ambas, por ejemplo, ayudaron a promover la pintura entre las mujeres y permitieron que muchas que estaban comenzando sus carreras aprendieran con ellas.

A lo largo de los años, los dos rivales avanzaron hacia la perfección. Vigée Le Brun fue elogiada por su hermosa técnica e innovaciones cromáticas y la naturaleza vivaz de sus composiciones, como las poses, el vestuario y las decoraciones. Labille-Guiard, por su parte, recibía elogios por su estilo vigoroso y realista, sus semejanzas bien logradas, el diseño de sus composiciones y los colores armoniosos que utilizaba.

Retrato de Madame Adelaida, tía de Luis XVI (1787). Palacio de Versalles. Labille-Guiard

A la vez en la academia francesa
El 31 de mayo de 1783, tanto Labille-Guiard como Vigée Le Brun fueron aceptadas como miembros de la Real Academia francesa de Pintura y Escultura. El hecho de ser admitidas como miembros el mismo día generó cierta consternación por parte de algunos integrantes masculinos. Por no hablar de que este hecho, alimentó todavía más la comparación entre las obras de ambas. Mucho más que la que se pudiera haber generado con la obra de los miembros precedentes.

En 1789, la tormenta de la Revolución sacude Francia y ambas artistas optaron por tomar caminos muy distintos. Adelaïde era ya una pintora reconocida y con muchos contactos en la corte. De ideología bastante progresista, decide quedarse, llegando a retratar al mismísimo Robespierre y recibiendo una pensión del nuevo gobierno revolucionario. Louise, por el contrario, emigró y difundió su idea del retrato en Europa y Rusia.

¿Conocías a estas dos artistas? ¿Qué opinas de la figura de la mujer en la historia del arte? No dudes en compartir tus sensaciones con nosotros a través de los comentarios o en alguna de nuestras redes sociales. ¡Nos vemos muy pronto!

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