Mundo Yold. La más surrealista de las pintoras españolas

Maruja Mallo: la dama impía del surrealismo

 

Redacción Yold
28 septiembre, 2019

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Mujer de vanguardia (que no de bandera), provocativa, audaz, libre… Pintora surrealista, buscadora, experimentadora… Todo eso y mucho más fue Maruja Mallo, una de las grandes pintoras del arte español e internacional, que hoy queremos recordar en Gente Yold, como todo un símbolo de libertad y talento.

Ana María Gómez González (Viveiro, Lugo. 1902) fue su nombre “oficial”; internacionalmente es conocida como Maruja Mallo, pero a ella le gustó siempre llamarse Marúnica, que suena tan personal y surreal como su propia vida lo fue.

Una de las obras favoritas de la artista: La sorpresa del trigo

A Maruja le gustó pintar desde niña y, por su visible talento, terminó ingresando en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. Pero, como era de esperar, dada su despierta inteligencia y aguda sensibilidad, las encorsetadas enseñanzas académicas no iban con ella, y pronto abandonó las clases para vivir la pintura y la vida a su manera provocativa, cuestionadora y rebelde.

Primer plano de la joven Maruja

Junto a María Zambrano y Rosa Chacel fue una de las iniciadoras del movimiento llamado “Las sin sombrero”.

Maruja hizo grandes amistades entre la intelectualidad madrileña y conoció y frecuentó a los grandes artistas de los años 20-30. Lorca, Dalí, Buñuel, Torres García… Con el muy guapo y joven Rafael Alberti mantuvo una relación libre y desinhibida, como las que mantuvo posteriormente con otros dos poetas: Pablo Neruda y Miguel Hernández. Mallo fue siempre un espíritu libre, que se negaba a ser una extensión del hombre y su independencia asombraba a amigos y compañeros.

Cloacas y campanarios

Algunos despreciaban su liberación (hoy diríamos empoderamiento), y se burlaban de su concepto de amor libre, como Buñuel, pero para otros Mallo era una inspiración en sí misma. Por ejemplo, el crítico C.B. Morris cuenta: “Alberti se limita a poner en palabras lo que Maruja Mallo expresa en su pintura” (Morris se refiere al poemario Sobre los ángeles, de Rafael Alberti y la serie de Maruja, Cloacas y Campanarios).

Con Rafael Alberti

Pintora libre, mujer libre
Son curiosas las anécdotas de los años madrileños de Maruja. Se cuenta que burló la prohibición de acceder con faldas al monasterio de Silos e improvisó unos pantalones con la chaqueta de Dalí. Se dice también que perdió su trabajo de profesora por darse un paseo en bicicleta dentro de una iglesia, durante la celebración de una misa, y se asegura que ganó un concurso de blasfemias que se celebró en el café de San Millán.

Maruja Mallo y Josefina Carabias tras el lienzo Antro de fósiles

Grandes amigas fueron también otras mentes femeninas avanzadas, como la filósofa María Zambrano y la escritora Rosa Chacel; ambas iniciadoras, junto a otras mujeres, del movimiento llamado “Las sin sombrero”. En concreto, fueron Maruja Mallo y Margarita Manso las que, con otros dos amigos, se quitaron el sombrero en la Puerta del Sol, donde los cuatro fueron insultados. Hoy el gesto es risible, pero en su día fue toda una provocación.

Reunión en la Residencia de señoritas

Mallo, Zambrano y Chacel desafiaron en numerosas ocasiones las convenciones misóginas del momento que les prohibía el ingreso en lugares públicos, como las tabernas. Las tres se burlaban desde los escaparates o formulaban preguntas mordaces en las conferencias más pacatas.

La imagen de Maruja era de la una mujer moderna, libre de convencionalismos

El mismísimo Andre Breton mostró admiración por Mallo y le compró el óleo Espantapájaros.

Sin embargo, también había personalidades que supieron valorar el talento de Mallo. Entre ellas, nada más y nada menos que Ortega y Gasset, que tuvo a bien prestar la sede de la Revista de Occidente para que la pintora expusiera sus primeras obras en Madrid.

La verbena

Era el año 1928 y Maruja expuso los cuatro óleos de la serie dedicada a las fiestas madrileñas, entre ellas La verbena, hoy en el Museo Reina Sofía. Un profuso barroquismo de motivos que se multiplican inunda la pintura, junto a algunos de los protagonistas principales de las típicas ferias. Barracas, gigantes, atracciones se confunden y distorsionan creando una escena colorista de signo surrealista.

Espantapájaros

Cuando a Maruja la capital se le quedó pequeña, como hacía todo artista de mente abierta en esos tiempos, se fue a París y allí el surrealismo la deslumbró y, a su vez, hizo brillar sus nuevas obras: Paul Eluard y el mismísimo André Breton mostraron su admiración por Mallo, y Breton incluso llegó a adquirir el lienzo Espantapájaros.

Con manto de algas en las playas de Chile (imagen retocada por la artista, 1945)

Buscadora incansable
El espíritu voraz de Mallo se traducía en una continua experimentación de técnicas y materiales, que incorporaba a sus lienzos en un proceso creativo continuo. Era frecuente la inclusión de materiales orgánicos como ceniza, cal o pizarra. De esta manera, sus obras adquieren a menudo un carácter escultórico que las llena de fuerza e intensidad.

Inauguración de la galería de arte Fernando Vijande, en Madrid, con Andy Warhol

Fue amiga de los grandes de su época: Dalí, Warhol, Neruda, Alberti, Miguel Hernández…

A Maruja le interesaban los símbolos y sus superposiciones intrincadas, que se enredan en remolinos y se confunden entre sí, y en los que la figuración femenina suele tener un protagonismo activo. Como en el Canto de las espigas, una de sus obras más representativas y emblemáticas. Mallo manifestó en repetidas ocasiones su deseo de que el cuadro terminara finalmente “en manos del pueblo español”.

Canto de las espigas

Pintado en Argentina, Canto de las espigas se inscribe en la serie dedicada a los trabajos del campo y del mar, en el grupo de óleos llamado Religión del trabajo. Se trata de una de sus obras más singulares, tanto por su tamaño como por su fuerza resolutiva y original contenido.

Vivió un exilio sin lágrimas en Argentina y Nueva York y a su vuelta a España fue la musa de la Movida Madrileña.

Con Pablo Neruda en Chile

Exilio sin lágrimas
Cuando comenzó la Guerra Civil, Mallo escribió y denunció los horrores cometidos por los golpistas en Galicia y, tras ello, debió exiliarse a Argentina. Allí su talento fue ampliamente reconocido y alternó Buenos Aires con periodos en Nueva York, donde trabó amistad con Andy Warhol y participó de la intensa vida cultural de la ciudad.

A la vuelta a España, en 1962, se le reprochó que su exilio no fuera una etapa amarga, de morriña y lágrimas por la tierra ausente; pero Maruja no era una persona débil, propensa a la blanda nostalgia y supo disfrutar con intensidad de sus años en Estados Unidos y Argentina.

Protozoarios (1981)

Constelaciones, estrellas, universos y naves espaciales poblaron los lienzos de su última etapa, y su obra vivió un renacer al convertirse en un fetiche de la Movida Madrileña. Maruja asistió a bares, tertulias y reuniones hasta acabar convirtiéndose en musa de este híper creativo momento.

Acróbatas y microcosmos (1982)

No obstante fue un momento efímero de fama, pues Maruja terminó sus días en una residencia de ancianos en Madrid, en 1996. Tenía 93 años. Hoy la recordamos por su singular talento y su intenso amor a la vida en libertad.

Más información:

http://www.ahmagazine.es/dos-referentes-maruja-mallo-y-merce-llimona/

https://www.elespanol.com/cultura/historia/20170303/197980368_0.html

https://subastareal.es/blog/maruja-mallo-la-musa-rebelde-de-la-vanguardia-espanola

https://elpais.com/elpais/2017/09/02/eps/1504303519_150430.html

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