MUNDO YOLD. Un recorrido nostálgico por esos objetos que van desapareciendo de nuestras vidas

Objetos y oficios que los yold hemos visto desaparecer

Redacción Yold
10 octubre, 2024

Evolucionar implica, entre otras cosas, prescindir de lo que ya no es útil o necesario y crear nuevas y mejores herramientas para tener una vida más cómoda. Es lo que ha hecho el ser humano desde que aprendió a subsistir de la caza, la pesca o la recolección.

Sin embargo, inventos que antes duraban siglos, ahora apenas sobreviven unas décadas, cuando no, solo unos pocos años, obligándonos a un ejercicio permanente de readaptación. El desarrollo tecnológico, que cada vez es más desenfrenado, va configurando una sociedad muy diferente de la que años atrás nos tuvo como protagonistas. Y lo más sorprendente es que envueltos aún en la nostalgia y sin terminar de digerir tantos cambios, estamos preparándonos para muchos otros, de profundo calado, que ya se vislumbran.

La correspondencia manual, -una milenaria costumbre imprescindible en la historia de la humanidad-, ha desaparecido casi por completo con el auge de la comunicación digital

 

Objetos cotidianos que han ido desapareciendo

Hace tan solo unas décadas hubiera sido imposible imaginar que las cartas dejarían de ser ese objeto romántico y  personal, por todos anhelado, para convertirse en simple soporte de facturas o comunicaciones oficiales. Cuesta creer que elementos que fueron cruciales en nuestras vidas, y en la historia de la humanidad, tengan los días contados. Pero desde las cartas escritas con papel y bolígrafo, a las que iban tomando forma en la máquina de escribir, lo cierto es que la correspondencia personal ya casi no se usa. Los emails, los WhatsApp, y otras aplicaciones de mensajería instantánea, han ganado la partida.

¡Qué tiempos aquellos en los que el cartero nos felicitaba con entusiasmo la Navidad!

Durante todos estos años, desde que éramos unos niños hasta ahora, hemos ido viendo como los ordenadores dejaban atrás a las máquinas de escribir, que en su día también tuvieron su momento de gloria y fueron la representación del futuro. Y es que, el desfile de mecanismos tecnológicos no deja de cesar. Otro invento revolucionario en su día, el fax, hoy no es más que un vestigio del pasado. Y de la misma forma, el teléfono fijo, (genial invento que durante más de un siglo atribuimos a Alexander Graham Bell y que ahora sabemos que fue obra del inmigrante italiano Antonio Meucci) tiene un uso totalmente minoritario en comparación de la estrella indiscutible de nuestra era: el teléfono móvil.

La máquina de escribir, que en su día fue un vertiginoso objeto del futuro, fue desplazada por los ordenadores


Hasta hace pocos años, el timbre del teléfono móvil rompía la monotonía de nuestro hogar

Pero la transición tecnológica es tan vertiginosa, que incluso los elementos que nacieron durante su proceso son ya parte del pasado. Por ejemplo, los disquetes, compañeros imprescindibles de los primeros ordenadores caseros, que pronto se vieron desplazados por los CDs o Compact Discs. Y con ellos vivimos años felices hasta que a mediados de los 90 se impusieron los DVDs que multiplicaban hasta lo inimaginable las capacidades de almacenamiento. Desde el 2000 hemos asistido a una sucesión continuada de formas cómodas y fáciles de almacenar y transportar archivos de todo tipo, desde pendrives o memorias flash, a tarjetas y micro tarjetas de memoria, discos duros externos y, lo que actualmente es la solución del presente y del futuro: el almacenamiento en la nube. ¿Quién recuerda ahora los disquetes?

Lo que apenas cabía en un macro ordenador de los años 70, ahora apenas ocupa un micro espacio de nuestros teléfonos móviles.

Similar viaje al olvido han tenido algunos de los objetos más importantes en cualquier juventud yold: el tocadiscos, los discos, las cintas casete y, o, las de video, que alguna vez fueron soportes esenciales para nuestro entretenimiento, pero que nada han podido hacer frente a fórmulas tan estelares como los servicios de streaming y los archivos digitales. El casete, creado en 1963 por el alemán Lou Ottens para Phillips, obró auténtica magia en nuestras infancias y adolescencias, llenándola de las voces y las músicas que elegíamos. Mientras que las cintas de vídeo, inventadas en 1970 por Panasonic, hicieron el milagro de llevarnos el cine a casa. Algo más tarde, a partir de los 90, tomarían el relevo el DVD y el VHS.

¿Qué hubiera sido de nuestra generación yold, sin las cintas del casete?


Algunos expertos alertan de que, en el futuro, podría ser más fácil encontrar fotos en papel de los siglos XIX y XX, que fotografías digitales de nuestra época.

¿Y qué decir de las fotografías en papel, con sus aparatosos álbumes que aún siguen en nuestra casa? A día de hoy, normalmente las hacemos con el móvil y las publicamos en nuestras redes sociales, pero pocas veces nos dedicamos a guardarlas para que perduren. Algunos expertos avisan de que, en el futuro, podría ser más fácil encontrar fotos en papel de los siglos XIX y XX, que fotos del XXI que desaparecerán en el maremágnum del universo digital.

En muchas casas aún tenemos las máquinas de coser de nuestras madres y abuelas… pero casi siempre, sin usar.

En la memoria de nuestra vida quedarán para siempre todos esos objetos cotidianos que nuestras madres o abuelas utilizaban en su tremendo trabajo de “amas de casa”, o que simplemente, formaban parte de la vida normal. Objetos que van desapareciendo con el desuso: agujas, hilo, costureros, jabones y limpiadores artesanales, tablas de lavar, molinillos, pesas, botones, orinales, vasijas de mil formas y colores… Un universo de grandes y pequeñas posesiones que formaban el modesto inventario de cualquier hogar.

Telefonistas en el siglo XX. Cuadro urbano de Vitoria. Archivo Fundación Telefónica.


Linotipistas, telefonistas, carteros, hieleros, serenos, faroleros… Hay un mundo entero de oficios que han desaparecido en las últimas décadas

Aquellos viejos oficios

A medida que la tecnología ha ido evolucionando, muchos trabajos y oficios tradicionales también han ido desapareciendo. Y si bien algunos subsisten, lo hacen normalmente en zonas rurales.

Acostumbrados a la inmensa variedad de lácteos que hoy adquirimos en miles de formatos, resulta difícil creer que hubo un tiempo en el que los lecheros eran quienes traían la leche fresca a nuestras casas. A las generaciones actuales que escriben y editan modernos mensajes audiovisuales en su pequeño smartphone, les debe resultar difícil imaginar que un periódico se creara, línea a línea, a través del trabajo del linotipista.

Los lecheros, que repartían la leche por pueblos y ciudades

Tampoco entra en el imaginario de los más jóvenes la figura del telefonista u operador de centralita, que hacía posible las llamadas de larga distancia, entre otras funciones.

Aún más extraño para todos, hoy en día, es recrear la figura del hielero; un oficio muy lejano en el tiempo pero que fue trascendental, hasta la aparición de los frigoríficos. Como también tuvieron su importancia, el sereno, y el aldabonero, hasta que se inventó el despertador. Y el farolero, cuya labor resultó innecesaria con la aparición del alumbrado eléctrico. O los hojalateros, lateros o caldederos, que constuían o reparaban cualquier artilugio o útil de metal.  El pregonero, -que hunde sus raíces en el siglo XVIII-, es de las pocas figuras representativas de un pasado casi olvidado que ha tenido cierta continuidad en áreas rurales y pequeños pueblos, en los que aún hoy se le resucita en fiestas, como atracción turística.

En nuestra vida actual de usar y tirar, el trabajo del caldedero sería inimaginable

Zapateros, afiladores, merceros o herreros pueden verse aún en algunas poblaciones, aunque como raras avis en el mundo laboral.  Sus oficios nos recuerdan que no siempre todo se fabricó en serie, ni con procesos totalmente automatizados.

También una gran cantidad de establecimientos se han ido esfumando de ciudades, barrios y pueblos. Los puestos de castañas, que resolvieron tantos antojos en épocas de frío; las tiendas de discos, donde adquiríamos los álbumes recién salidos; los videoclubs, que convirtieron las tardes de sábado en maratones de cine… Y hasta los propios cines, una especie en extinción que solo se encuentra en las ciudades. Ya no forman parte del entramado comercial de ninguna ciudad.

Los videoclubs: templo de los adolescentes yold

El mundo cambia, y siempre lo hará. Pero tal vez nunca ha cambiado tanto como en las últimas décadas lo ha hecho. Los yold hemos vivido un viaje increíble en el que han aparecido y desaparecido objetos, oficios, costumbres, formas de vida. Los que hemos mencionado y otros muchísimos, incontables más.  ¿Recuerdas alguno en especial? Ayúdanos a recordarlos juntos, ¡no dejes de comentar!

 

 

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