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Tendría que pararse el mundo
Un poema de Lina Bombilla

Tendría que pararse el mundo,
el pueblo salir a buscaros
-ya que no lo hacen quienes deberían-.
Y no volver con las manos
vacías, que ninguna
se pusiera de nuevo a lo suyo
hasta que todas y cada una
de las diez mil desaparecidas
-¿o seréis ya cien mil, niñas?-
apareciérais sanas y salvas
y pudierais por fin refugiaros
en los senos de vuestras madres
-eso, se entiende, las afortunadas
que no fuerais ya hijas
de un cadáver-.
Pero no. Nosotras somos menos
hoy, sin vosotras
-sin vosotras, nada-.
Y sigue girando el mundo,
indiferente aun sin rumbo;
solamente los guardas
del capital controlan
que las que de vuestra clase quedan
aún frente a nuestras puertas
no se crean con algún derecho.
Y solamente algunas de nosotras
os lloramos -eso sí, de lejos-,
preguntándonos en qué manos
habréis caído, temblando
solo de pensar cómo estarán
ensuciándoos el alma,
mancillando vuestros cuerpos
tan limpios, tan sin mancha,
diez mil, cien mil niñas
desaparecidas,
en la hoguera vuestro hogar,
vuestro rastro visible todavía
en la interminable travesía
que os llevó de infierno a infierno,
diez mil, cien mil niñas
desaparecidas,
tras un chocolate frío en invierno;
con tan pobre señuelo
os robaron vuestros sueños,
y son vuestras madres ahora
las que de lejos le lloran
al vacío, o a ti nadie,
niña desaparecida
hija de un cadáver.


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