Crónicas carpetovetónicas, por Florentino Areneros

España y el pelucón

 

Florentino Areneros
9 diciembre, 2016

En un artículo anterior analizábamos la importancia que el factor capilar ha tenido en las elecciones norteamericanas. Hoy, nuestro cronista Florentino Areneros repasa la situación española, llegando a una clara conclusión: desde los ministros calvos de Franco a las coletas actuales, hemos evolucionado un mundo. Con sus más y sus menos, claro. Y sin duda, las nuevas tendencias nos auguran sorpresas estilistas.  

La política en España de finales de los 50 y principios de los 60, el inicio de la Era Yold, no tenía nada que ver con la de Estados Unidos: aquí no se votaba, lo más parecido que teníamos a un “caucus” era la concentración de la Plaza de Oriente del primero de octubre. Aquí no había vistosos carteles rotulados a todo color, aquí las pancartas estaban hechas de sábanas viejas donde con brocha se escribía “Franco” o “Viva España”.  Esto era una dictadura pura y dura, no quiero ni pensar lo mal que lo tuvieron que pasar en su juventud los que hoy se indignan con lo de Venezuela y Cuba. Y qué decir de los políticos de entonces, aquí un flequillo como el de los Kennedy era impensable, España era un país de políticos calvos y con cara de mala leche, la mayoría con un bigotillo imposible, trazado a tiralíneas, una invención estética carpetovetónica sin parangón en ningún otro lugar del planeta. Bueno, hasta la llegada de Pinochet, que sentía auténtica devoción por aquel régimen. España en lo político era un país en blanco y negro, apenas se había evolucionado en los últimos 40 años.

Gobierno de Franco en 1957

Gobierno de Franco en 1957


“España era un país de políticos calvos y con cara de mala leche”.

La Transición supondría un cambio notable en la estética de los políticos españoles. El Rey, que estaba viajado (no sean malos, no estoy pensando en Namibia), y sabía de las nuevas tendencias en USA, prescindió de Arias Navarro (“Franco… ha muerto”), calvo y con el bigotillo reglamentario, y eligió a Suárez, un político prácticamente desconocido hasta el momento, pero que tenía la virtud de conservar íntegra toda su cabellera, aunque bien es cierto que muy repeinado, que tampoco estaba la situación para cambios radicales ni en lo político, ni en lo estético.

suarez-ucdSuárez lideraría la transición y ganaría las dos primeras elecciones de 1977 y 1979, y eso teniendo en cuenta que enfrente tenía a Felipe González y su revolucionario pelucón, una innovación de la estética política nunca vista en España. Incluso Carrillo intentó subirse sin éxito al carro de las pelucas, se le notaba mucho que era postiza.

Cartel electoral PSOE 1982

Cartel electoral PSOE 1982

Pero Suárez caería en desgracia dentro de su propio partido y, ya sin rival capilar posible, Felipe González llegaría al gobierno en 1982.

La verdad es que se lo pusieron a huevo, como adversarios tenía a dos oponentes de débil capilaridad como Fraga y Carrillo, y el representante de UCD, Landelino Lavilla, tampoco era rival.

Además del factor pelucón, Lavilla con su peinado engominado nos recordaba a los tecnócratas del Opus del tardofranquismo, tenía el serio hándicap del nombre: Landelino, que está muy bien para regentar una tienda de ultramarinos o trabajar de pasante en el negociado de un ministerio, pero no para presidir un gobierno.

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Felipe y su pelucón arrasarían con casi el 50% de los votos, alcanzando la mayoría absoluta.

“La Transición supondría un cambio notable en la estética de los políticos españoles”.

El pelucón de Felipe le permitiría gobernar con relativa tranquilidad desde el 82 hasta el 96. Desaparecida la UCD, solo tenía como oponentes a los alopécicos Fraga y Carrillo, al frente de AP y PCE; no eran rivales para González, no le aguantaban un cardado. Los partidos de la oposición reaccionaron: AP, concienciada por fin de la importancia del pelucón, tiró de su mejor hombre en Sevilla, el extremeño Antonio Hernández Mancha, de poderosa pelambrera con abultado almohadón de rizo jerezano sobre la nuca, todo ello con la reglamentaria gomina, una de las herencias del franquismo en la nueva derecha española. El PCE no le iría a la zaga, y sacaría de la mina al asturiano Gerardo Iglesias, de poblada cabellera y más poblado bigote. Pero no eran rival suficiente para el flequillo de Felipe.

Destronar a Felipe González y su pelucón requería una maniobra de mayor calado, de alta peluquería, de “haute coiffure” que dicen nuestros vecinos. AP pasaría a llamarse PP, Fraga sería retirado de la circulación, y de la meseta castellana llegaría, cuan moderno Cid, José María Aznar, de poderosa y camaleónica melena, y un bigote misteriosamente mutante, en tamaño, pelambrera y forma.

bigote-de-aznarEl combate capilar no iba resultar fácil, se lucharía hasta el último cabello, González ganaría a Aznar en las elecciones del 89 y el 93, pero la distancia cada vez se acortaba más. Dicen que a la tercera va la vencida y en 1996 se impondría Aznar, pero por un estrecho margen, por los pelos.

“AP pasaría a llamarse PP, Fraga sería retirado de la circulación, y de la meseta castellana llegaría, cuan moderno Cid, José María Aznar, de poderosa y camaleónica melena”.

Aznar era un candidato difícil de vencer, se trataba de un personaje mutante, capaz de hablar en perfecto castellano, o con acento yanqui (“estamos trabahando en ellou”), o imitando al padrino de una boda después del baile con unas copitas de más (“quien te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mi“), incluso llegó a afirmar que hablaba catalán en la intimidad. Pero su pelo no se quedaba a la zaga: a Aznar le hemos visto pasar de un corte de pelo discreto, a lucir unas guedejas que, si le quitabas la americana y la corbata, le desabrochabas la camisa hasta el ombligo, le remangabas, y le ponías al cuello un cadenón de “colorao” con eslabón del 12, podía haber pasado sin despeinarse por un componente de Los Chichos o Los Chunguitos. Pero lo más sorprendente de todo es su misterioso bigote mutante, los Ojos del Guadiana de los mostachos. A veces desaparece formando una pelusilla; otras cambia de forma. Incluso en ocasiones se intuye pintado como el de Groucho Marx. No cabe duda de que el bigote de Aznar será un tema de análisis y estudio para los politólogos del futuro.

José María Aznar en su pilosidad era un candidato invencible, hacía falta una buena mata de pelo para intentar desbancarle. Los socialistas o estuvieron muy torpes, o bien tiraron el partido antes de salir del vestuario, y no se les ocurrió otra cosa que presentar como candidato a Joaquín Almunia.

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Sí, amigos lectores, a un calvo, pero calvo de solemnidad. El resultado estaba cantado, no había rival, y Aznar ganó por mayoría absoluta. Según cuentan algunos veteranos militantes socialistas, tras el escrutinio se escuchó una voz que salía de la tumba de Pablo Iglesias (el del siglo pasado, que no se asuste nadie) que al parecer dijo: “¿pero a quien se le ha ocurrido presentar a un calvo?, ¿estamos locos o qué?”.

El Presidente Aznar se había comprometido a permanecer solo dos mandatos en el puesto y cumplió su palabra. Le sustituiría en el 2004 Mariano Rajoy Brey, un político imprevisible, ni era calvo ni lo contrario.

El factor Mariano

El factor Mariano

Como buen gallego, si te lo encuentras en una escalera no sabes si sube o si baja. Aunque Rajoy va más allá: incluso te hace dudar de si está en una escalera o es un efecto de un croma en la imagen del plasma. Tras el fracaso de la frente despejada de Almunia, en el PSOE se lo debieron de pensar mejor y nuevamente tiraron de pelucón, en este caso del de José Luis Rodríguez Zapatero, quien finalmente ganaría las elecciones. En 2008 los candidatos volverían a ser los mismos, al igual que los tupés y al igual que los resultados. Nuevamente, y en dos ocasiones por si podía quedar alguna duda, el factor capilar volvía a demostrar su eficacia.

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Llegaría 2011 y Zapatero, al igual que Aznar dejaría paso a otro candidato, aunque en realidad, tras la crisis, si no se hubiera quitado de en medio le hubieran pasado por encima. En el otro lado todo hacía pensar que Rajoy, tras perder dos elecciones seguidas se marcharía, pero como buen gallego, no se iba, sino que venía. En el PSOE, que ya de por si estaba muy castigado tras el inicio de la crisis económica, no se les ocurre otra brillante idea más que presentar otra brillante calva, en este caso la de Rubalcaba. El resultado era previsible, y Rajoy se impuso por goleada con mayoría absoluta. Se repetía la historia ocurrida con Almunia. Nuevamente algunos veteranos militantes socialistas aseguraron que finalizado el escrutinio se escuchó la voz de Pablo Iglesias saliendo de la tumba: “¿pero a quien se le ha ocurrido presentar a un calvo?, ¿estamos locos o qué?”.

Un paréntesis para destacar también la importancia del pelucón en la política catalana. Durante muchos años presidió la Generalitat Jordi Pujol, casi parecía un cargo vitalicio. Pujol, que comenzó su andadura política en tiempos del franquismo, era calvo como correspondía a un político de aquella época.

el-pelo-crece-en-catalunaTras más de 20 años sería destronado por uno de los pelucones más contundentes de Cataluña, el de Maragall, a quien sorprendentemente sustituyó un calvo como Montilla, que además era de Córdoba (esto lo tenemos que mirar, no sabemos cómo pudo pasar). Contratacaron las fuerzas autonomistas con el flequillazo de Artur Mas, pero tanto pelo no era suficiente para dar el salto al independentismo y pusieron a Carles Puigdemont, un político con pelo suficiente para hacer un colchón; parece que le han colocado una fregona en la cabeza. ¡¡Qué mata de pelo amigos lectores!!

Volvamos a la política nacional. Llegamos a las elecciones 2015, la crisis había destrozado la credibilidad de los bloques del bipartidismo, y habían aparecido dos pujantes fuerzas emergentes. Por un lado estaba Ciudadanos, que en realidad se podrían llamar Albertianos o Riverianos, ya que todo el partido gira alrededor de su líder y gran timonel Albert Rivera, un político joven, con cara de no haber roto nunca un plato y que cumple con los estándares de calidad capilar que se le pueden exigir a un político.

14303006676565Entre sus virtudes hay que reconocerle su destreza en el ajuste de los gemelos de las mangas de la camisa, un gesto que domina a la perfección y repite constantemente, y que sin duda ha perfeccionado viendo películas y actuaciones de Arturo Fernández. Rivera, al igual que Arturo Fernández, también ha sabido rodearse de sus “chatinas”, un selecto grupo de jóvenes políticas de agradable imagen e inmaculada presencia, permanente sonrisa, exquisitos modales y una educación ursulina, como si estuvieran sacadas de un mismo patrón, la cara amable del partido. Sin duda un gran complemento para arropar al Gran Timonel, aunque lejos de Melania, no nos engañemos.

“Por la izquierda había surgido Podemos, un conglomerado de sensibilidades, de tendencias, de confluencias e incluso de alguna flatulencia, unidos en el interés común de dar la vuelta al calcetín de la política”.

Por la izquierda había surgido Podemos, un conglomerado de sensibilidades, de tendencias, de confluencias e incluso de alguna flatulencia, unidos en el interés común de dar la vuelta al calcetín de la política, para acabar con los usos, costumbres y vicios de lo que denominan “la Casta” y devolver a los ciudadanos la soberanía popular, que les habría sido usurpada por el sistema bipartidista, un sistema que además habría hecho pagar a las clases más populares y desfavorecidas el precio de la crisis. Así a bote pronto, el mensaje tenía tirón, sobre todo si eres uno de los millones que se han caído del tren y te ha pasado por encima la crisis. La apuesta era fuerte, había que dar una imagen de ruptura total, gran parte de los gurús de Podemos vienen de las Ciencias Políticas y seguro que son conscientes del imparable poder capilar.

cartel-evento-pablo-iglesias-toledo_ecdima20150701_0017_3Pero en sus ansias de renovar la política tal vez se les haya ido la mano, lo normal hasta ahora había sido colocar el pelucón sobre la frente, pero en Podemos han ido más allá y lo han colocado en la nuca, creando una nueva imagen con su líder Pablo Iglesias, “el Coletas”. El tiempo dirá.

“Lo normal hasta ahora había sido colocar el pelucón sobre la frente, pero en Podemos han ido más allá y lo han colocado en la nuca, creando una nueva imagen con su líder Pablo Iglesias, “el Coletas”.

Pero volvamos a las elecciones de 2015, el PP repetía con Rajoy, y el PSOE volvía apostar por el pelucón, en este caso el de Pedro Sánchez, un político de perfil medio, casi desconocido, que tenía como principal activo político su pelucón y su planta de baloncestista. En condiciones normales, con un Rajoy muy castigado por los efectos de la crisis y por la escandalosa corrupción en su partido, el pelucón de Sánchez habría ganado por goleada, pero la irrupción de los nuevos actores políticos iba a dejar un complicado puzzle. Las fuerzas que pedían un cambio no conseguían ponerse de acuerdo: Sánchez firma un pacto con Rivera, pero Iglesias no les sigue, y propone otro acuerdo nombrando él los futuros ministros, que Rivera no está dispuesto a aceptar, como en la canción de la Fania All Stars “quítate tú pa ponerme yo”. Mientras tanto Rajoy continuaba en su escalera, ni para arriba ni para abajo, leyendo el Marca tan tranquilo.

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Al final nuevas elecciones, y resultados similares, aunque Mariano sube unos escalones. Rivera decide jugar a caballo ganador y se ofrece a Rajoy; Sánchez en un intento desesperado intenta un acuerdo con Iglesias y algunas fuerzas nacionalistas, pero desde las catacumbas del partido se niegan, las puertas giratorias echan humo, amenazan a Sánchez con cortarle el pelucón al cero y finalmente lo acaban haciendo. El PSOE se abstiene y Rajoy es nombrado Presidente. Sánchez deja su escaño y le sustituye el que hasta entonces había sido su mano derecha, Antonio Hernando, que da muestra de sus profundas convicciones marxistas, pero de los Hermanos Marx: “Tengo unos principios innegociables… pero si no le gustan tengo otros”. Muchos acusan a “El Coletas” de soberbio, patoso e intransigente, Sánchez denuncia presiones para evitar un acuerdo de la izquierda, Rivera se traga todos los sapos posibles para justificar su “Digo Diego”, y Rajoy desde su escalera ve pasar los cadáveres de sus enemigos. Nuevamente se cumple la máxima que desde el siglo XIX rige la política española: “las fuerzas progresistas se dividen para defender sus diferentes ideas y las fuerzas conservadoras se unen para defender sus intereses”.

“Nuevamente se cumple la máxima que desde el siglo XIX rige la política española: `las fuerzas progresistas se dividen para defender sus diferentes ideas y las fuerzas conservadoras se unen para defender sus intereses´.

Según un gran número de “todólogos” y las casas de apuestas, las posibilidades de que la legislatura se complete son escasas, se prevén elecciones anticipadas. Es casi seguro que por Riverianos, perdón quería decir Ciudadanos, repita como candidato Albert Rivera flanqueado nuevamente por sus “chatinas”. En Podemos los pronósticos son más complejos, su líder indiscutible comienza a ser cuestionado, algunos lo atribuyen a errores de fábrica a la hora de diseñar al candidato. Al concentrar toda la masa capilar en la nuca, parece que se produce un sobrecalentamiento de las meninges que provoca que Iglesias haga cosas muy extrañas y le dé por soltar exabruptos fuera de lugar. También tiene problemas de orientación y cree estar en una asamblea de la universidad cuando en realidad está en el Parlamento. Los gurús ideólogos de Podemos ya han convocado varias reuniones asamblearias para tratar el problema: como alternativa se postula Errejón, al que habría que dotar de un pelucón adhoc o bien pintarle barba y bigote.

“La principal incógnita surge en las filas socialistas, mientras Sánchez continúa quemando rueda en su turné por España, todo parece indicar que Susana Díaz, conocida popularmente como “La Felipona”, se decidirá finalmente a cruzar “Despeña-Pedros” y postularse a presidenta”.

La principal incógnita surge en las filas socialistas, mientras Sánchez continúa quemando rueda en su turné por España, todo parece indicar que Susana Díaz, conocida popularmente como “La Felipona”, se decidirá finalmente a cruzar “Despeña-Pedros” y postularse a presidenta. La presencia de ese pelucón trianero de ciclópea permanente cardada puede alterar el equilibrio político; para contrarrestar este ciclón bético el PP tiene pocas alternativas. En estos casos lo mejor es contraatacar con las mismas armas, y el PP debería lucir a su mejor pelucón con permanente que no es otra que Esperanza Aguirre.

pelucon-genteyold El duelo puede ser apoteósico, algo nunca visto en nuestro país, la dialéctica cheli de Lina Morgan en “La Tonta del Bote”, enfrentada al chascarrillo folclórico de Rocío Jurado en “La Lola se va a los puertos”, la bata de guatiné contra la bata de cola. No sé si el país estará preparado para resistir este choque de trenes, este combate épico digno de un Godzilla contra King Kong. Impresionante.

Lo cierto es que ya muchos ciudadanos están hartos de que les tomen el pelo, y no verían con malos ojos que a algún que otro político se le cayera el pelo, hastiados ya de tantos recortes; no estaría de más sacar la maquinilla para recortar pelucones, o mejor las tijeras de esquilar, que son más carpetovetónicas. ¡Nos auguran sorpresas en los venideros estilismos!

Florentino Areneros

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