Cine Yold. Repaso a las películas sobre personas un poco o un mucho trastornadas, con la excusa del reciente estreno Napoléon, de Ridley Scott

¡Prefiero ser un loco como Napoleón… a la locura de la vida!

Angel Domingo
30 noviembre, 2023

El cine ha abordado con frecuencia el tema de la locura, en historias protagonizadas por seres desquiciados, a veces también geniales… Napoleón es el último estreno mediático que trata la enfermedad mental en la figura de este megalómano que fue el emperador francés. Esta gran superproducción es el trampolín por el que se lanza Ángel Domingo para recordarnos otros títulos emblemáticos del cine más loco.

Napoleón Bonaparte, interpretado por Joaquin Phoenix en la película que dirige Ridley Scott, de reciente estreno, es recordado como uno de los locos que mayor poder ha alcanzado en la historia de la humanidad, pero ¿estaba realmente loco, o tan solo fue una leyenda originada en las naciones que derrotó? Desde hace mucho tiempo, tanto en España como Latinoamérica, asociamos a los desequilibrados mentales la histórica figura del militar francés.

La historia real asegura que fue tan popular en vida, que consiguió convertirse en uno de los personajes más admirados del viejo continente, y al mismo tiempo en una de las personas más parodiadas de la historia contemporánea. Lo cierto es que su baja estatura y su obsesión por utilizar un vestuario típico de una persona enajenada hicieron que se convirtiera en una ‘caricatura’ de sí mismo.

¿Qué pensáis que dirá el mundo cuando yo ya no esté en él? Fue una cuestión que le atormentó durante gran parte de su vida.

En realidad, fue la prensa de su tiempo la que logró unificar los conceptos de ‘genio militar’ y ‘locura’, que se expandieron por toda Europa.

También hay que reconocerle ser ‘el primer loco mediático de la historia’, ya que, hasta su periodo de mayor gloria, la prensa ignoraba a los ciudadanos con fama de no tener juicio.
No podemos olvidar que tanto su baja estatura, como el vestuario tan poco convencional, que elegía cada mañana, fueron decisivos para crear esa imagen de perturbado. Sin embargo, los historiadores aseguran que la locura corría por sus venas desde el golpe militar de Brumario en 1799; un alzamiento tan inesperado que solo podía haber nacido en la mente de un enajenado. En dicho alzamiento militar, capitaneado por un joven Napoleón, perdieron la vida numerosos ciudadanos, tanto franceses como extranjeros.

Lo cierto es que para crear una leyenda, sea histórica o no, hacen falta pocos ingredientes; entre ellos, una figura física diferente al resto y un puñado de excentricidades. Aunque recientes estudios aseguran que Napoleón no fue tan bajo de estatura como aseguran las crónicas.

Madame de Rémusat acababa de cumplir veintidós años cuando Napoleón la nombró dama de compañía de la emperatriz Josefina. Desde entonces, año 1802, no solo se convirtió en la confidente y gran amiga de la señora Bonaparte, consolando sus penas y ofreciéndole consejo de forma sabia, sino también en la compañera habitual de las conversaciones con su marido, el emperador de Francia.

Esta mujer, una noble inteligente y sensata que había perdido a su padre y a su abuelo durante la revolución, casada con el conde de Rémusat, a la postre nombrado por Napoleón como su chambelán imperial, fue testigo de todas las intimidades y eventos registrados en la corte consular. Si bien Madame de Rémusat exaltó al principio de esta aventura al corso como el Hombre del Destino, su marido y ella no mostraron reparos en dar la espalda a la causa del emperador, cuando los reveses militares se iban encadenando.

Arsénico por compasión

A la hora de escribir sus memorias, editadas en este 2023 por la editorial Arpa bajo el título de Las guerras privadas del clan Bonaparte, con los comentarios del traductor y filólogo Xavier Roca-Ferrer, Napoleón aparece como un hombre al que ella había amado, admirado, juzgado y temido, sospechado y finalmente odiado y abandonado.

-“Mis opiniones han hecho camino con él”, escribe Claire de Vergennes (1737-1824), “pero siento que mi espíritu está tan lejos de los ataques de una recriminación personal que no me parece posible apartarme de la mesura que debe siempre acompañar a la verdad”.

Repulsión

En sus memorias, redactadas tras la caída de Napoleón, cuando su matrimonio se había amoldado a la perfección a la Francia de Luis XVIII, Madame de Rémusat no solo vierte interesantes descripciones sobre los continuos choques entre los Bonaparte, la familia del emperador y los Beauharnais, parientes de la emperatriz Josefina. Su ironía destripa las curiosidades de la corte y los comportamientos más extravagantes del propio Napoleón, un hombre ‘bajo y desproporcionado, de cabellos ralos, mentón corto y mandíbula cuadrada’.

El corso, según dejó por escrito la dama, manifestaba una desorbitada obsesión por la limpieza. Durante sus campañas era necesario enviarle ropa de cama y trajes a diversas localizaciones a la vez porque los ensuciaba deprisa: “La menor mancha le hacía deshacerse de una pieza de ropa y también la menor diferencia sobre la calidad del lino”. No se cansaba de decir que “no quería ir vestido como un oficial de la guardia”, relata Madame de Rémusat.

Hacerse la manicura era otra de las tareas de aseo a las que más tiempo y cuidados dedicaba el emperador: contaba con una gran cantidad de tijeras para cortarse las uñas, porque “las rompía y las tiraba al suelo si no estaban suficientemente afiladas”. En cuanto a las fragancias, Napoleón jamás hizo uso de perfume alguno, según la dama de su primera esposa (la segunda sería María Luisa de Austria) aseguró que “le bastaba el agua de Colonia, con la cual inundaba su persona tan generosamente que llegaba a gastar sesenta garrafas en un mes“. Respecto a su barba, lo pasaba ostensiblemente mal cada vez que un barbero se le acercaba, por lo que hubo de aprender a afeitarse él mismo, tarea que le resultó muy dificultosa.

Spider

En definitiva, Napoleón, según el relato de esta mujer que vivió en su corte, era un ser ciertamente extraño e impulsivo, propenso a unos ataques de cólera que aterrorizaban a sus subordinados. “Se acostumbró tanto a ignorar a cuantos le rodeaban, que este desprecio del prójimo pasó a ser una de sus costumbres”, relata.

Y hay más: si un sirviente le causaba alguna impaciencia al vestirlo, la emprendía brutalmente contra él, sin tener en cuenta a los presentes en la habitación, ni su propia dignidad y arrojaba al suelo o al fuego la prenda que se le resistía. Entre las costumbres más extrañas del Napoleón enfurecido se contaba también la de atizar el fuego de la chimenea con el pie, de modo que las suelas y sus botas se le quemaban.

El emperador se solía levantar a las siete de la mañana y sus despertares eran, por regla general, melancólicos.

12 monos

Remusát define a Napoléon como un misógino patológico, y pone en su boca cosas como: “Conviene que las mujeres no pinten nada en mi corte. No me amarán, pero yo estaré mucho más tranquilo”. Asimismo, repetía que las damas “solo sabían impresionar a los hombres con los coloretes y las lágrimas”. Aunque las curiosidades referidas ya resultan picantes, se echa de menos en las memorias de la dama de la corte algo más de luz sobre las supuestas cincuenta amantes que tuvo el emperador, un hombre que llegó a estar convencido de su esterilidad al no ser capaz de poder engendrar un hijo con Josefina, su legítima esposa.

Películas de locos muy locos
Historias de manicomios, sesiones tumbadas en un diván o depresiones, esquizofrenias y demás trastornos de la mente tendrán presencia en las películas que proponemos, donde hemos preferido obviar a los criminales y demás psicópatas, porque para eso podéis efectuar la búsqueda de ‘asesinos en serie’ en vuestro buscador de Internet. También hemos dejado fuera aquellas películas sobre adiciones creadas por las drogas y el alcohol.

Más que nada porque nosotros, al igual que tú, fiel seguidor de Yold Cultural queremos permanecer en nuestros cabales:

Ordet (La palabra). (Carl Theodor Dreyer, 1955). Hacia 1930, en un pequeño pueblo de Jutlandia occidental (la actual Dinamarca), vive el viejo granjero Morten Borgen (Henrick Malberg). Tiene tres hijos: Mikkel, Johannes y Anders. El primero está casado con Inger, tiene dos hijas pequeñas y espera el nacimiento de su tercer hijo. Johannes es un antiguo estudiante de Teología que, por haberse imbuido de las ideas de Kierkegaard e identificarse con la figura de Jesucristo, es considerado por todos como un loco. El tercero, Anders, está enamorado de la hija del sastre, líder intransigente de un sector religioso rival. Tal circunstancia revitaliza la discordia que siempre ha existido entre las dos familias, ya que ninguna ve con muy buenos ojos que sus hijos contraigan matrimonio.

Repulsión (Roman Polanski, 1965). Carol Ledoux (Catherine Deneuve) es una bella y reprimida joven belga que vive con su hermana Helen en un apartamento de Londres. Carol experimenta sentimientos simultáneos y contradictorios de atracción y repulsión hacia los hombres; por eso para ella resulta tan incómoda la relación que mantiene su hermana con un hombre casado. Cuando la pareja se marcha de vacaciones, Carol comienza a tener alucinaciones y su mente se desquicia definitivamente.

Retratos de una obsesión (2002). El malogrado Robin Williams, que en su vida real también sufrió un extraño trastorno mental, conoce la vida de todas las personas a su alrededor, pero no es capaz de desarrollar la suya propia con cordura. Cuando entra en su vida Connie Nielsen está dispuesto a hacer lo que sea para cuidarla de una manera que roza la obsesión.

Spider (2002). El canadiense David Cronenberg no podía faltar en un ranking sobre personajes enfermos mentalmente. Ambientada en el East End londinense durante los años sesenta, Spider (Ralph Fiennes) es un hombre de mente frágil e inestable que, después de ser dado de alta en un psiquiátrico, es ingresado en un asilo. Allí su mente va reproduciendo una parte fundamental de su infancia, que no traerá nada bueno a sus compañeros de residencia.

Una mente maravillosa (Ron Howard, 2001). Los aliados derrotaron al nazismo gracias a las aportaciones del matemático John Forbes Nash, cuyo elevado coeficiente intelectual lo colocaba al borde de la locura. Por fin, Nash esboza una revolucionaria teoría y consigue una plaza de profesor en el MIT. Alicia Lardé (Jennifer Connelly), una de sus alumnas más destacadas, lo deja fascinado al mostrarle que las leyes del amor están por encima de las de las matemáticas. Gracias a su prodigiosa habilidad para descifrar códigos, es reclutado por Parcher William (Ed Harris), del departamento de Defensa, para ayudar a los Estados Unidos en la Guerra Fría contra la Unión Soviética.

Insomnio (2002). Si Christopher Nolan es considerado un director de culto es gracias a esta película sobre un veterano detective al que da vida Al Pacino, que es enviado a un pequeño pueblo de Alaska para investigar un asesinato, donde el principal sospechoso es un tétrico novelista al que da vida Robin Williams.

Abre los ojos (Alejandro Amenábar, 1997). César (Eduardo Noriega) es un atractivo joven que ha heredado de sus padres una gran fortuna, vive en una espléndida casa en la que organiza lujosas fiestas. Cuando una noche conoce a Sofía (Penélope Cruz), se enamora de ella. Nuria (Najwa Nimri), su antigua amante, se muere de celos. Al día siguiente, yendo en coche con César, intenta suicidarse. Cuando César se despierta en el hospital, descubre que su rostro ha quedado horriblemente desfigurado. Diez nominaciones a los Premios Goya certifican a Abre los ojos como uno de los mejores debuts en la filmografía española.

Arsénico por compasión (Frank Capra, 1944). ¿Es posible burlarse de las enfermedades mentales? Si te llamas Frank Capra y te acompaña Cary Grant, es posible. Grant es un crítico teatral que acaba de casarse, y decide visitar a sus ancianas tías antes de marcharse de luna de miel. Durante la visita descubrirá que las encantadoras viejecitas tienen una manera muy peculiar de practicar la caridad.

El crepúsculo de los dioses (Billy Wilder, 1950). El cine se ha mirado con frecuencia ‘al espejo’, pero pocas veces descubre una realidad tan distorsionada como la que dirigió Wilder sobre la mítica estrella de cine, ficticia naturalmente, Norma Desmond (Gloria Swanson), en las tristes realidades que el brillo de Hollywood intenta ocultar.

Abre los ojos

Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975). Randle McMurphy (Jack Nicholson), un hombre condenado por asalto, es un espíritu libre que vive contracorriente, es recluido en un hospital psiquiátrico. La inflexible disciplina del centro acentúa su contagiosa tendencia al desorden, que acabará desencadenando una guerra entre los pacientes y el personal de la clínica con la fría y severa enfermera Ratched (Louise Fletcher) a la cabeza. La suerte de cada paciente del pabellón está en juego. Primer Oscar para un desquiciado Nicholson.

12 monos (Terry Gilliam, 1995). En la película más comercial del líder de los Monthy Python no podía faltar la locura. Tras la epidemia provocada por un virus asesino que ha matado a millones de personas, los supervivientes se refugian en comunidades subterráneas, húmedas y frías. El prisionero James Cole (Bruce Willis) se ofrece como voluntario para viajar al pasado y conseguir una muestra del virus, gracias a la cual los científicos podrán elaborar un antídoto. Durante el viaje conoce a una bella psiquiatra (Madeleine Stone). Junto a ellos, Cole tratará de encontrar al ‘Ejército de los 12 Monos’ en un universo dominado por la locura más salvaje.

El loco del pelo rojo (Vincent Minnelli, 1956). El pintor holandés Vincent Van Gogh nos maravilló con lienzos como La noche estrellada o Los girasoles, pero su historia real fue el mejor ejemplo de que ‘arte’ y ‘locura’ son las dos caras de una misma moneda.

El resplandor (Stanley Kubrick, 1980). Una enfermedad psicológica como la esquizofrenia, si no es tratada correctamente, puede estallar en un brote homicida, pero nunca ha sido retratada por una cámara como en este clásico de Kubrick.

Mejor… imposible (James L. Brooks, 1997). Queriendo terminar este artículo de forma positiva presentamos a Melvin Udall (Jack Nicholson), un escritor maniático que padece un trastorno obsesivo-compulsivo, que le convierte en el ser más desagradable y desagradecido que uno pueda tener como vecino en Nueva York. Entre sus rutinas está la de comer todos los días en una cafetería, donde le sirve Carol Connelly (Helen Hunt), camarera y madre soltera. Simon Nye (Greg Kinnear), es un artista gay que vive en el apartamento contiguo al de Melvin, y padece constantemente su homofobia. De repente, un buen día, Melvin tiene que hacerse cargo de un pequeño perro, aunque detesta los animales. La compañía del animal contribuirá a suavizar su carácter.

Ángel Domingo Pérez

 

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