Mundo Yold. Entrevista a Roberto Martínez, entrenador canino
Roberto, entrenador canino: “Cualquier problema con tu perro puede mejorar con tiempo, esfuerzo y ganas”

Entre las cosas que los yold hemos visto mejorar desde que éramos niños una importante es el trato a los animales. En nuestra generación era normal ver a los perretes malviviendo por las calles, e incluso (hay que reconocerlo) les tirábamos piedras o contribuíamos a su desgracia. Hoy, afortunadamente, gran parte de los peludos forman parte de nuestras familias. Los queremos, los necesitamos, pero no siempre los entendemos. Por eso, cada vez es más frecuente recurrir a educadores caninos. Hoy entrevistamos a Roberto Martínez, joven entrenador y educador canino de Madrid, que nos habla sobre su profesión, cada vez más necesaria en nuestra sociedad.“A los perros no solo hay que quererlos mucho, hay que quererlos bien. Debemos pensar en su bienestar, en sus necesidades y en su estado emocional”.
Grandes, pequeños, cachorros, mayores… Los perros -que siempre han sido el mejor amigo del hombre- ya son un miembro más de buena parte de nuestras familias. Cada vez somos más los que descubrimos que un animal añade cariño, risas y felicidad a nuestra vida. Los necesitamos, los queremos y los cuidamos, pero a veces no los entendemos. Y es que, como cualquier otra cosa en esta vida, para conocer y saber convivir con nuestros canes también necesitamos entenderlos, saber qué les pasa… Y de la misma forma, los peludos también necesitan aprender a ser parte de nuestra familia.

Por todo ello, cada vez es más frecuente contar con la ayuda de profesionales preparados para facilitar la convivencia entre perros y humanos, y al revés. Algo que definitivamente, puede cambiar la experiencia entre unos y otros. Educar a los perretes desde cachorros puede evitar tremendos y, a veces, enormes problemas en el futuro. Eso lo sabe muy bien Roberto Martínez, entrenador profesional titulado, que trabaja con todo tipo de canes y al que hoy hemos entrevistado para que nos hable, largo y tendido, de todos los secretos de su profesión.
Roberto, madrileño, de 37 años, creció amando a los animales. Sin embargo, cuando terminó los estudios no tenía muy clara su vocación, y se decantó por otras opciones. Pero, ya siendo adulto y cuando llevaba años trabajando, tuvo la oportunidad, a través del SEPE (Servicio Público de Empleo) de realizar un curso oficial sobre adiestramiento totalmente subvencionado, que además le ofrecía una titulación homologada.

Roberto y Towa
Paralelamente, Roberto aprobó la TIP (Tarjeta de Identificación Profesional), para trabajar como Vigilante de Seguridad, y se sacó la especialidad como Guía Canino. Así fue cómo, tras años de trabajo y sacrificio, recondujo su camino profesional hacia las ilusiones de su infancia, que eran trabajar con animales. Hoy trabaja por su cuenta como entrenador canino, y nos habla de su experiencia:
G.Y..: Roberto, ¿desde cuándo te interesan los perros?
R: “Mi primer perrete, Cobi, un caniche toy de color blanco, llegó a nuestras vidas cuando yo tenía 14 años. Fue un animal muy querido para nosotros, y a mí me enseñó el significado de responsabilidad y compromiso, pues el perrete estaba a mi nombre (en aquella época los animales sí podían estar a nombre de un menor), por lo que yo era su principal benefactor, y quién más lo paseaba por la calle a lo largo del día. Pero es verdad que me involucré poco en su enseñanza. Si bien me leí algunos libros sobre perros para aprender más sobre ellos, en aquella época mis intereses se orientaban más a pasármelo bien con los amigos, por lo que, aunque Cobi era un compañero de aventuras, enseñarle cositas no era una de ellas. Además, era un perro realmente inteligente. Con lo poco que le enseñamos, me doy cuenta de que realmente aprendió un montón. Si le hubiéramos dedicado el tiempo que realmente se merecía, podría haber logrado resultados asombrosos. Murió a los 15 años, ya de abuelito, habiéndonos regalado una vida plena llena de alegrías.

Towa, apareció en mi camino casi un año después de la marcha de Cobi. Cuando los sentimientos se serenaron, llegó el momento de abrir mi corazón a un nuevo peludito. Pero esta vez fue todo diferente. Cuando Towa llegó, yo me encontraba en un momento de experimentar el mundo con otros ojos, por lo que nuestra conexión fue distinta, y desde el primer día me volqué en ella al 200%”.
G.Y..:¿Cuándo te planteaste trabajar de una forma profesional con ellos y por qué?
R: “Cuando se me ofreció la oportunidad de realizar el curso de “Adiestramiento de Base y Educación Canina”, y con la conexión y vínculo tan fuerte que tenía con Towa, vi que era mi oportunidad de exprimir esa situación, y de aprender más y más de mi perra.
Luché por mi plaza, y de cerca de 800 interesados, fui uno de los 15 afortunados que obtuvimos un curso de 380 horas de formación. Tres meses de lunes a viernes de 09:00 a 15:00, donde aprendimos teoría y trabajamos de manera práctica con nuestros perros y con otros perretes distintos.
Como me gusta decir, yo iba al cole con mi perra, era mi compañera de clase, pues aprendimos juntos. Y nuestro título homologado así nos lo avala. A partir de ese momento, entendí que quería que mi futuro se dibujara en esa dirección, por lo que una vez me titulé, comencé a buscar clientes, a trabajar con ellos, y a seguir formándome”.

Roberto, dirigiendo una actividad grupal con otros perros
G.Y.:¿Dónde se forman los adiestradores caninos? ¿Hay estudios y escuelas reconocidos oficialmente en España?
R.: “En España hay una formación oficial, aunque carece del carácter de estudios reglados, que son los Certificados de Profesionalidad. Es una titulación que acredita un conjunto de competencias profesionales que posee una persona para ejercer una actividad laboral concreta, basado en un temario preestablecido por el Instituto Nacional de las Cualificaciones (INCUAL). Pero no son formación reglada, porque no los expide el Ministerio de Educación, sino el Ministerio de Trabajo, y por eso existen profesionales que, al no tenerlo, lo critican queriendo restarle validez.
Actualmente hay varios centros en España que imparten el certificado, siendo la Residencia Escuela Narub, ubicada en la Comunidad de Madrid, donde yo lo obtuve. El resto de las escuelas caninas que no imparten cursos oficiales, ofrecen formación en base a ese mismo temario, pero sin haber obtenido la aprobación como centros habilitados. Recientemente, se ha comenzado a realizar una convalidación de los títulos de centros no habilitados, donde la gente debe demostrar su formación y experiencia. Pero realmente la formación canina en España es todavía algo muy precario. Las escuelas imparten sus conocimientos en base a los suyos propios, y aunque haya temarios establecidos, son muy flexibles.
La formación canina en España es todavía algo muy precario. Las escuelas imparten sus conocimientos en base a los suyos propios.
Esto implica que, de una escuela a otra, la información puede variar totalmente, porque siempre va a depender del criterio del maestro o la escuela. Lo ideal es que la educación canina se estableciera como un ciclo formativo, y que fuera el Estado quien estableciera unos criterios firmes y estables sobre los que el profesorado pudiera sustentarse.

Durante otro de los ejercicios de adiestramiento
Una vez obtuve mi título, comencé a buscar clientes. Además, acudí como voluntario durante una temporada al CPA (Centro de Protección de Animales) del Ayuntamiento de Madrid, donde además de pasear con perretes sin hogar, seguí cogiendo experiencia. Y después comencé a realizar talleres y seminarios sobre distintos aspectos del mundo del perro, intentando aprender todo lo posible.
El mundo del perro es muy amplio y tiene muchísimas vertientes, pero es interesante conocer de todo un poco y aprender a manejarse en cada unas esas ramas. Es por ello por lo que me encuentro en constante formación, haciendo talleres y seminarios más específicos, con los que sigo aprendiendo. De hecho, los que puedo cursar junto a Towa son los que más disfruto, porque no estoy solo, sino que los realizo con mi compañera de aventuras”.
G.Y.:¿Qué funciones realiza un entrenador canino? ¿Es lo mismo entrenador que adiestrador?
R.: “En mi opinión, los términos adiestrador, educador o entrenador, los concibo como sinónimos. Si nos basamos en el significado etimológico de cada palabra, vemos que cada una tiene un significado distinto:
Un adiestrador es quien instruye a un perro a hacer ciertas conductas concretas.
Un educador es el que guía a un perro para una correcta socialización y convivencia en el entorno.
Un entrenador es el que practica a diario unas rutinas de trabajo que se han establecido.
Pero en la realidad, todo está entrelazado. No se puede enseñar a un perro a hacer una conducta si no tiene unas normas sociales, no se puede enseñar unas normas sociales si no hay un trabajo posterior de práctica, y no se puede practicar sin establecer unas condiciones conductuales. En redes es habitual ver cómo mucha gente tacha el término adiestrador para recomendar a un educador. La realidad es que mi título, como el de muchos compañeros profesionales, recoge y enseña ambas cosas. Oficialmente soy educador y adiestrador.
Al final lo que se necesita es saber de perros, de entenderlos y de ponernos en su piel y en la de sus dueños, por eso hay que dejar de lado el poner etiquetas, que fluctúan como las modas, y valorar a los profesionales por su estilo de trabajo, y por la vertiente en la que se especialicen. Y sobre todo, por la confianza que transmiten y el vínculo que se establece con los perretes con los que trabajan”.
G.Y.: Entendemos que un entrenador canino sería una aportación estupenda para todos los canes, pero ¿en qué casos te suelen llamar? ¿Cuáles son los principales problemas a los que te sueles enfrentar?
R.: “La sociedad cada vez es más amante de los animales en general, y por eso cada vez tenemos más perros en los barrios, pero esto provoca que surjan más y más problemas. Y esto viene principalmente por el crecimiento exponencial que sufren las ciudades.
Seamos realistas, las personas hemos decidido vivir en las ciudades, y somos capaces de comprender todo nuestro entorno y lo que nos rodea, y hemos decidido incluir a nuestros perros pese a que no sabemos si realmente están preparados para este entorno. No tienen capacidad de decisión, somos nosotros los que decidimos que vivan en estas condiciones. Y lo que para nosotros es normal, para ellos en muchas ocasiones es antinatural.
Lo primero de lo que debemos ser conscientes es que no hay que quererlos mucho, sino quererles bien.
Lo primero de lo que debemos ser conscientes es que no hay que quererlos mucho, sino quererles bien. Deberíamos pensar en su bienestar, en sus necesidades y en su estado emocional. Y normalmente, una gran parte de la gente que se pone en contacto para trabajar con sus perros, no es porque sus perros lo pasen mal, sino porque los problemas les comienzan a afectar.
Si un perro ladra, se mea, o rompe cosas en casa cuando se queda solo, ya te está avisando de que no gestiona bien esa situación. Pero normalmente no se toman medidas para solucionar ese problema hasta que no afecta a los dueños, ya sea porque ha roto algo muy caro, o los vecinos comienzan a quejarse, etc.
Como todo, siempre hay excepciones, y hay personas comprometidas desde el primer día, y personas que acuden a un profesional cuando tienen cachorros para hacer las cosas bien desde el principio.
Principalmente hay tres situaciones típicas ante las que se acude a un profesional para resolver problemas con sus perros, o al menos, basándome en los casos que a mí me llegan:
Por ansiedad por separación (cuando los perritos no saben gestionar el estar solos en casa).
Por reactividad (ladridos y comportamientos exagerados e incontrolados en la calle ante ciertos estímulos).
Por paseos incómodos (dificultad de pasear con normalidad, impidiendo llegar a disfrutarlos).
Hay situaciones más puntuales que también se dan, como temas de agresividad, miedos intensos, cachorros en etapa de aprendizaje o recién adoptados, desobediencia, integración de manadas…
Aunque lo más común de todo es que te consulten por un “único” problema, y cuando comienzas a trabajar, acaben surgiendo diversos aspectos que les gustaría mejorar.
Y la verdad, dos de cada tres “problemas”, se resuelven atendiendo a las necesidades que tienen nuestros perretes tanto como especie como individuales”.

Gran salto de Towa
G.Y.:¿Qué comportamientos perrunos pueden mejorarse con entrenamiento? ¿Se pueden establecer tiempos y pautas para ello?
R.: “Cualquier problema, comportamiento, o situación con tu perro puede mejorar, cualquiera. Solo se necesitan tres cosas: ganas, tiempo y esfuerzo. No conozco ni un solo perro que dedicándole esas tres cositas, no hayan mejorado. El problema surge cuando nos generamos falsas expectativas, por ejemplo: “Quiero que mi perro sea tranquilo y me haga caso, como el de mi vecino”.
Eso es irreal, porque cada perro es un individuo que tiene su forma de ser y de mirar el mundo. Y por tanto, no puedes equiparar a un perro con otro, como no podrías equiparar a dos niños por el simple hecho de que vayan a clase juntos. Además, que en ese caso solo ves reflejada una parte del animal, que después puede tener otra serie de dificultades donde tu perro tenga mayor estabilidad.
Pero si logramos comprender que conociendo y entendiendo a nuestro perro, con el fin de proporcionarle lo que necesita, podemos mejorar nuestro vínculo, y con ello establecer unas normas de convivencia, podemos empezar a trabajar y a exigir a nuestro perro una actitud enfocada también en la mejora de la respuesta, fomentando esa sana convivencia.
En cuanto a los tiempos, a mí personalmente no me gusta mojarme en ese aspecto. Como he dicho antes, cada perro es un mundo. Y lo que un perro puede aprender en 10 minutos, a otro le puede costar aprenderlo 2 semanas. Y ninguno es mejor ni peor que otro, sino que cada uno destaca en aspectos distintos, por lo que nunca hay que comparar a los perros, sino brindarles lo que necesitan para mejorar”.
G.Y.:¿Qué podemos hacer para mejorar la convivencia y el vínculo con nuestro perro?
R.: “Lo primero, atender sus necesidades. Como perro, y como individuo. Los perros descubren el mundo a través del olfato, e interactúan a través de la boca.
Sacar solo 30 minutos al día a los perretes es no permitirles abrirse como espécimen, ni dejarles hacer actividades como la exploración y el reconocimiento, que son fundamentales para ellos.
También me gusta hacer hincapié en nuestro estado anímico y emocional: nosotros somos referentes para nuestros perros, y ellos que son observadores natos, están muy pendientes de todo nuestro lenguaje, por lo que si nosotros nos comportamos de manera nerviosa, transmitiremos ese nerviosismo a nuestros perros, ya que ellos se fijarán en nosotros y actuarán en consecuencia. En cambio, si queremos que nuestro perro se encuentre tranquilo, nosotros debemos irradiar esa calma.
Evidentemente esto no es algo matemático, pero no hay más que ver lo hacemos en el día a día con las personas de nuestro entorno. Con que una persona de nuestro entorno esté enfadada, ya se siente el ambiente tenso. Y cuando las personas están contentas, irradian alegría. Pues ahora pensemos en los perros, que poseen un rasgo que se denomina deseo de agradar, y se debe a la continua lectura que nos hacen para aprender de nosotros.
Si queremos que nuestro perro se encuentre tranquilo, nosotros debemos irradiar esa calma.
Una persona tranquila puede tener un perro nervioso y al revés, pero sí que influimos fuertemente en ellos. No hay más que fijarse en los perros de la gente mayor, que por norma son perretes tranquilos y pausados. ¿El típico dicho de que los perros se parecen a sus dueños? Está claro que hay ciertas situaciones en las que les transmitimos nuestra energía y generamos respuestas en ellos de manera involuntaria.
Otra acción muy importante que podemos hacer con nuestros perros es ofrecerles retos y actividades. Retos que deban resolver por sí mismos, donde podemos ayudarles, pero el objetivo es que ellos los consigan superar por sí mismos, aportando autonomía, capacidad de superación, estimulación cognitiva, independencia y fortaleza mental.
Y actividades que podamos realizar como binomio, donde nuestro vínculo y confianza crece exponencialmente, además de otros beneficios como los ya nombrados. Personalmente, con mi perra, además de ciertas formaciones que hemos superado juntos, hemos hecho canicross (correr junto a nuestro perro), hemos participado en concursos de habilidades, y actualmente además de trabajar la obediencia de manera constante, realizamos detección (localización de sustancias) y mantrailing (búsqueda de personas por olor de referencia)”. 
G.Y.: Los canes y otros animales cada vez forman más parte de nuestras familias, y vuestra profesión está cada vez más requerida, pero tal vez esto puede conllevar el peligro de intrusismo, ¿has notado esto? ¿Cómo podemos asegurarnos de requerir a personas realmente preparadas?
R.: “La legislación en el mundo canino es actualmente confusa. Teóricamente el único requisito que establece la ley para trabajar como profesional es estar dado de alta como autónomo en el epígrafe correspondiente (Grupo 979.4 Adiestramiento y cuidados de animales). Ni siquiera te exigen tener una formación específica, por lo que al final depende mucho de la confianza que generes en el cliente.
Yo tengo una reducción a tamaño tarjeta de mi titulación homologada, a disposición de cualquier cliente que me la pudiera exigir, pero la realidad es que nadie me la ha pedido nunca, y realmente son los resultados los que te abalan y hablan por sí mismos.
Pero como todo en la vida, siempre hay quien quiere aprovecharse de la situación, que haciendo un seminario de 10 horas ya creen tener el derecho de impartir clases o considerarse profesionales, y luego pasa que me llegan clientes con cierto temor, porque han pasado por algún educador previo, y no están contentos.
También es verdad que esto va a depender de la sintonía entre el educador y el cliente. Hay gente que quiere resultados inmediatos, sin hacer grandes cambios, y sinceramente esto no funciona así. Para obtener mejorías con nuestros perros nuestra implicación debe ser máxima, y ello va a repercutir en cambios de rutinas, de comportamientos, o de establecer otro tipo de cambios”.
G.Y.:¿Qué opinas sobre la nueva Ley de Bienestar Animal?
R.: “La nueva Ley de Bienestar Animal ha sido y es un auténtico quebradero de cabeza. Lamentablemente a nadie le ha dejado contento. A algunos por defecto y a otros por exceso, pero sí es verdad que tiene muchas lagunas, que van a tardar años y años en resolverse. La ley está hecha por políticos, que no han recabado la suficiente información de profesionales del sector.
Pero personalmente creo que, con todo ello, es un paso de gigante que por fin se ha dado. El querer promover unas normativas más acordes con la actualidad donde se busque el beneficio de todos y el bienestar de los animales.
¿Que está llena de errores? La verdad es que sí, pero la otra opción era quedarnos como estábamos, en la que cada comunidad autónoma tenía sus propias directrices.
Solo el tiempo establecerá el éxito de esta norma o, como ya se prevé, pese a no estar siquiera aún vigente, acabarán apareciendo diversos reglamentos para solventar distintos agujeros que la misma ha provocado.
Al final se trata de remar hacia delante y todos en la misma dirección, y al menos se ha dado un primer paso. Como digo, llena de errores, de contradicciones y obviando a muchos animales, con muchos temas sobre los que retrabajar, pero por lo menos un primer paso”.
Inés Almendros
Más información:
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