Mundo Yold. Conmemoramos al actor italiano que arrasó en Hollywood

Rodolfo Valentino: el primer sex symbol del mundo del cine

Carmen Matas
15 mayo, 2019

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Rodó poco más de una decena de películas y todas ellas mudas, pero fue un auténtico fenómeno de masas. Esta semana se cumplen 124 años de su nacimiento y en Gente Yold hemos querido conmemorar a este gran actor, primero en generar lo conocido hoy como ‘fenómeno fan’ -o directamente histeria colectiva-.

Su nombre real, Rodolfo Alfonso Raffaello Pierre Filibert Guglielmi di Valentina d’Antonguolla, era bastante menos sencillo que el que eligió para desarrollar su carrera como actor: Rodolfo Valentino. Su imagen siempre estuvo ligada a la del “amante latino”. Y es que su mirada seductora no tenía nada que envidiarle a la de los galanes de Latinoamérica. Esta semana se cumplen 124 años de su nacimiento en Castellaneta, un pueblo en el sur de Italia. A pesar de su corta vida -falleció a los 31 años-, Rodolfo consiguió convertirse en toda una estrella del cine. El primero por el que se desató una verdadera histeria fan.

La mirada matadora del latin lover por excelencia

¿Qué tenía él que no tuvieran los demás? Según Emily W. Leider, autora de la biografía del actor Dark Lover: The Life and Death of Rudolph Valentino, “antes de Valentino, no existía un galán con rasgos étnicos. Demostró que no era necesario ser un típico estadounidense de tez blanca para poder convertirse en todo ídolo”. Y así fue, ya que Valentino se convirtió en una absoluta estrella del cine mudo estadounidense, interpretando grandes clásicos como El Caíd, Los cuatro jinetes del Apocalipsis y Sangre y arena.

En su primera etapa en EE.UU. en ocasiones tuvo que dormir en los bancos de Central Park.

En uno de sus papeles más clásicos: El Caíd

En busca de una nueva vida
Con tan solo 17 años, en 1912, trató por primera vez de alzar el vuelo, saliendo de su Italia natal rumbo a Francia. Una intentona fallida, ya que no tardó en quedarse con los bolsillos a cero a causa de su adicción al juego y se vio obligado a regresar a la pequeña aldea italiana que le vio nacer. Firme en sus decisiones, volvió a intentarlo a los 19, esta vez en busca del sueño americano. Los comienzos en otro lugar nunca son fáciles, pero Valentino supo añadir a este reto el toque de inmadurez de un chaval que no le hacía ascos a una ‘juerga’ y que, de nuevo, dejó sus reservas a cero prácticamente nada más llegar a Nueva York. En su primera etapa en el país donde todo es posible en ocasiones tuvo que dormir en los bancos de Central Park.

Con Pola Negri

Para poder vivir, comenzó a realizar todo tipo de trabajos, desde limpiabotas a camarero, pasando por… gigoló. Sí, su genuina belleza provocó los deseos de más de una millonaria, que le pagaba cuantiosas cantidades por pasar junto a él una noche de sexo y lujuria. Poco después se vería obligado a trasladarse a Los Ángeles para evitar verse implicado en un turbio caso de asesinato, después de que una de sus clientas, la aristócrata chilena Blanca Errázuriz, matase a su ex esposo de un disparo. En la Meca del cine decidió adoptar el apellido Valentino y pronto comenzó a trabajar como extra en algunas producciones, ganando tan solo cinco dólares al día.

En 1920 Valentino se convertía en el primer galán del cine mudo.

Caracterizado como oriental en Sainted Devil (1924)

Eso hasta que el destino hizo de las suyas y el actor se entusiasmó leyendo la novela Los cuatro jinetes del apocalipsis, del español Vicente Blasco Ibáñez, enfocado en una Europa destrozada por los estragos de la Primera Guerra Mundial. Cuando el actor se enteró de que Metro Goldwyn Mayer había adquirido los derechos cinematográficos, se presentó en las oficinas neoyorquinas de la compañía. Su sorpresa fue que le comunicaron que la guionista June Mathis, que ya había trabajado con él anteriormente, lo había estado buscando para ofrecerle el papel principal. ¡Y qué bonita casualidad! ¿Alguien ha olvidado ese tango que Valentino se marca junto a la actriz Beatrice Domínguez?

Así, en 1920 Valentino se convertía en el primer galán del cine mudo. En un tiempo en el que la mayoría de películas que se realizaban eran cómicas, llegó él configurando en el imaginario colectivo la figura de ‘latin lover’ tal y como hoy la concebimos: nadie se resistía a sus encantos.

El verdadero éxito
Aunque Los cuatro jinetes del Apocalipsis fue todo un éxito, la Metro no otorgó al actor el crédito que éste consideraba que se merecía y pasó a fichar por Paramount, con quien rodó El Caíd en 1921, la película que sería su verdadero trampolín al estrellato y que lo convertiría definitivamente en un icono sexual. Su papel era el de un jeque árabe que pasea en caballo por el desierto de Argelia y secuestra a un mujer blanca. La película contenía escenas de sexo jamás presenciadas antes por la tradicional sociedad de principios del siglo XX y el personaje sensual y arrebatador de Valentino volvió totalmente loco al público, especialmente el femenino.

En escena romántica de época

La suya fue una de las carreras más cortas de la historia de la gran pantalla, pero alcanzó grandes cotas de éxito.

El fenómeno fan había comenzado: cartas de amor llegaban desde todas las partes del mundo, las admiradoras abarrotaban los cines un día tras otro para ver de cerca a su nuevo ídolo, se decía que la película era tan ardiente que en los cines había médicos para atender a las que se desmayaban durante la proyección… Paramount tenía a una auténtica estrella entre sus manos. A partir de ese momento, y hasta su muerte años después, en 1926, Valentino protagonizó seis películas más: una de las carreras más cortas de la historia de la gran pantalla, pero que alcanzó grandes cotas de éxito. Rodolfo Valentino llegó a cobrar dos mil dólares por semana, cuando el salario medio de un obrero en esa época no llegaba a los 120. Solo en 1926 sus ganancias habían sido de un millón de dólares.

Todo un dandy y fumador

Trágico adiós
El 23 de agosto de 1926, Valentino falleció a la edad de 31 años a consecuencia de unas complicaciones, tras someterse a una intervención quirúrgica por una peritonitis. La noticia cayó como un jarro de agua fría entre su ejército de seguidores, provocando una especie de histeria masiva. La gente, conmocionada, lloraba en la calle a la espera de poder dar el último adiós a su ídolo.

Su fallecimiento fue considerado como un auténtico drama nacional. Tal y como relató la revista Life, más de 100.000 “se agolparon bajo la lluvia para ver pasar su cuerpo” cuando el coche fúnebre salió de la iglesia Campbell’s Funeral Church, del neoyorkino barrio de Broadway. Más de 10.000 personas habían hecho cola durante toda la noche. La revolución fue tal que hubo 100 heridos. Los más fanáticos robaron algunas piezas de su ataúd y los días posteriores a su muerte se recibieron avisos de decenas de intentos de suicidio por parte de sus fans. Pola Negri, su última pareja, no logró soportar tanta presión el día del entierro y se desmayó dramáticamente sobre el cuerpo del actor, donde además descansaba una corona de flores con la inscripción “De parte de Benito Mussolini”.

Una ceremonia de adiós no exenta de emociones y nerviosismo para despedir a una gran figura del cine, cuya vida fue efímera y turbulenta, pero rebosante de talento.

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