Mundo Yold. Hoy nos detenemos a admirar las bellas piezas cerámicas de la firma gallega

Sargadelos: la legendaria cerámica galega

 

 

Redacción Yold
5 febrero, 2024

Hablar de Sargadelos es hablar de Galicia y de cerámica, de una cerámica de calidad y resistencia legendaria y diseños exclusivos. Su creador, Antonio Raimundo Ibáñez, murió sin saber que había establecido todo un símbolo de su tierra. Hoy queremos volver a admirar sus bellísimas piezas de inconfundible color azul cobalto, el del profundo océano galego.

La primera fábrica de cerámica de Sargadelos se instaló en el municipio lucense de Cervo, Galicia. Se inauguró en 1806, por Antonio Raimundo Ibáñez y tras varias generaciones, que se encontraron con problemas de todo tipo, acabó cerrando en 1875.

Vajilla de la colección Espiroide, una de las más emblemáticas de la firma

A mediados del siglo XX, comenzó una nueva etapa, con nuevos diseños y ya con los tonos azules como protagonistas, unos azules que han hecho famosa a la firma, reconocibles en todo el mundo. Esta nueva fase supone la creación de un grupo de empresas, el grupo Sargadelos, por el impulso del ceramista Isaac Díaz Pardo.

Antonio Raimundo Ibáñez, Marqués de Sargadelos, el creador visionario 

Pero volvamos al creador del concepto Sargadelos: Antonio Raimundo Ibáñez, un hombre ilustrado, de familia hidalga con escasos recursos pero gran iniciativa empresarial. Desde muy joven inició negocios de importación y exportación, con mayor o menor fortuna hasta que, en 1806, creó en Ribadeo una manufactura de cerámica que enseguida empezó a cosechar éxitos. Hasta el punto que el rey Carlos IV le otorgó la cruz de la Orden de Carlos III, y los títulos de marqués de Sargadelos y conde de Orbaiceta.

Antiguos hornos de fundición de la primitiva fábrica, hoy Bien de Interés Cultural

Ibáñez no perdía de vista el éxito conseguido por la cerámica inglesa, tanto en cuanto a su cuidado diseño, como a su expansión comercial.

Sin embargo, solo dos años después, en 1808, el emprendedor Ibáñez fue asesinado durante la Guerra de la Independencia. Una serie de directores le sucedieron en el cargo con desiguales aciertos, hasta su cierre definitivo en 1875.

Vajilla en loza estampada, 3ª época, serie Vistas de Cuba (1845-1862)

No fue hasta mucho después, en el último tercio del siglo XX, cuando pudo resurgir la manufactura de cerámica, en nuevos edificios, pero conservando las ruinas de la primera fábrica gracias a la ayuda que supuso su declaración como Conjunto Histórico–Artístico, en 1972.

Jarra tipo Mambrú, con la figura de Antonio Raimundo Ibáñez

La visión creativa de Ibáñez
La idea visionaria de Ibáñez era aprovechar que las materias primas –arcillas, caolines, leña, cursos de agua-, imprescindibles para fabricar cerámica, estaban ahí mismo, disponibles en el bello entorno de Sargadelos. Además había otro recurso fundamental para la difusión de su proyecto creativo-comercial: el puerto de San Ciprián era el punto estratégico ideal para el transporte marítimo de sus productos cerámicos. Ibáñez no perdía de vista el éxito conseguido por la cerámica inglesa, tanto en cuanto a su cuidado diseño, como a su expansión comercial.

Diseño moderno de la tipología de jarra Mambrú con la figura del Marqués de Sargadelos

Por otro lado, como Ibáñez era un hombre moderno, consciente de los últimos avances tecnológicos, introdujo un nuevo sistema de producción -el proceso mecánico-, que permitía sustituir la pieza hecha a mano para abaratar los precios. También, la pintura artesanal fue sustituida igualmente por el moderno sistema de estampación que ya estaba operativo en Bristol (Inglaterra). Además, se consiguió una loza fina, un producto intermedio entre la loza y la porcelana, que era dura y ligera a la vez.

Plato con la característica decoración de “góndola”

Ya fallecido Ibáñez (1808), el proyecto experimentó un gran impulso cuando Fernando VII, desde su exilio, autorizó la estampación de la corona real en las marcas, y la fábrica se convirtió ya en Real Fábrica.

Revisitación contemporánea del clásico florero de cinco dedos

Piezas históricas
Una de las piezas más emblemáticas de aquellos inicios fue el florero de dedos, y también los floreros de peces y árboles (unos pocos ejemplares supervivientes se encuentran en colecciones particulares de Galicia y en los museos de A Coruña, Lugo y Pontevedra).

Precioso bote de farmacia, decorado en gris y negro, pieza exhibida en el Museo de A Coruña

También es característico de esta primera etapa el jarrón de jardín con pedestal, inspirado en la cerámica de la fábrica inglesa de Wedgwood, así como las jarras de peregrino.

Igualmente, se hicieron muy populares los botes de farmacia, decorados con relieves y un pequeño estrechamiento en el centro.

En nuestra época yold, causaron furor estos amuletos

El relieve sobre la defensa del Parque de Monleón de Madrid, que el propio Ibáñez dedicó a Fernando VII y que se conserva en el Museo Arqueológico Nacional y en el Museo de Pontevedra, es otra pieza ya histórica de esta fase. Entre las series elaboradas en el XIX destaca también el Apostolado; los relieves sobre héroes de la Independencia y bustos de hombres célebres de la Antigüedad.

Rosalía de Castro

Respecto a las vajillas, relojes y candelabros, que originalmente se hacían en blanco, hacia 1838 comenzaron sus diseños con estampaciones de temas populares gallegos y flores.​ Estas creaciones coloreadas tuvieron mucho éxito, especialmente los bibelots (figura pequeña de adorno), como la muy famosa y apreciada jarra de cerveza Mambrú, inspirada en las jarras Toby inglesas. ​

Tras un breve cierre de la fábrica en 1842, comenzó una etapa de esplendor, en la que se crearon grandes cantidades de piezas de buena calidad, tanto estética como técnica, así como algunas vajillas reales para Isabel II. En este momento, las vajillas eran de loza fina pero de gran dureza, llamadas de «pedernal» y estilo isabelino.

Estatua moderna de Antonio Raimundo Ibáñez, delante del tinglado de la fábrica actual

La fábrica daba trabajo a mil familias; poseía trescientos pares de bueyes y nada menos que veintidós buques de cabotaje.​ También se hicieron importantes obras de infraestructura como la elevación de la presa, que permitió una mayor caída de agua. Se trazaron los paseos llamados de la Presa y de los Enamorados, y se inauguró la carretera que unió las fábricas con el puerto de San Ciprián.

En su etapa de esplendor, a mediados del XIX, la fábrica daba trabajo a más de mil familias y disponía de 22 buques.

La decoración tipo “góndola” fue la más característica de esta época. Consistía en un dibujo paisajístico, y un primer plano de una balaustrada con un gran jarrón; tras él, se representa un río con una góndola. En el fondo, unas colinas con arquitecturas y árboles.

La fábrica actual, también sede de la Fundación Sargadelos

Otros diseños representaban cisnes, pavos reales o temas chinescos, muy de moda en el XIX. Los colores más empleados eran el negro, el violeta, el rojo, el verde y el azul cobalto claro.

Las piezas más populares, como las jarras Mambrú, siguieron produciéndose y también continuó la fabricación de figuras de varios animales -macacos, osos, perros, patos y palomas-, con los que se fabricaban palilleros y salseras. Y es que se amplió el catálogo con diversas piezas, como las pilas para el agua bendita, tinteros, centros de mesa, aguamaniles, escupideras, orinales y pediluvios.

Por diversos problemas económicos y administrativos, en 1875 la fábrica cerró definitivamente y sus instalaciones fueron desmanteladas por completo.

En la actualidad, cada pieza es pintada a mano

Recuperación y renovación
El nuevo proyecto moderno de Sargadelos comenzó con la recuperación de la antigua fábrica, cuya planta circular se inauguró en 1970. Este edificio se levantó cerca de las ruinas del antiguo complejo industrial de fundición, declarado Bien de Interés Cultural.

La fase moderna de la fábrica comenzó en 1970 cuando se inauguró la actual instalación de planta circular.

Los servicios de mesa y piezas de decoración fueron los primeros productos fabricados, con colores básicos como el azul y el marrón dorado, incorporando el rojo en piezas muy especiales, pues este color encarecía el producto. Los diseños, sobre todo los de Luis Seoane, abarcaban desde las formas clásicas a las más vanguardistas.

Florero de peces y ailanto

Gustaron mucho los retratos de celebridades de las letras y el arte, tanto en forma escultórica como en las jarras Mambrú, con las series dedicadas a Rosalía de Castro, Antonio Machado, León Felipe, Castelao, Unamuno, Valle Inclán, Pérez Galdós y Picasso; y también a personajes históricos como el maestro Mateo, el obispo Gelmírez o la heroína María Pita.

En 1981 comenzó la serie sobre la fauna gallega, integrada por toda clase de aves, y también la muy popular serie de amuletos, figuras pequeñas para colgar del cuello, cada una con su leyenda particular, inspiradas en las historias de las meigas y sus hechizos.

Collar de piezas cerámicas

Los amuletos llevaron al diseño de joyas, creación de Carmen Arias De Castro “Mimina”. Con combinaciones de plata y cerámica se fabricaron innumerables sortijas, pulseras, dijes, collares, pendientes…

Jarra pez

El legendario azul cobalto
Seña de identidad de la mar, el azul cobalto le aporta una personalidad inconfundible; es a la vez elegante y funcional, y recuerda al poderoso y profundo color del océano gallego, el Atlántico. Sin duda, es el ADN de la firma.

Pendientes Rosalía

Además, Sargadelos presenta distintos tonos de azul cobalto, resultado del proceso artesanal, pues cada pieza, en la actualidad, es pintada a mano por ceramistas distintos.

Las marcas de la tercera época

La marca Sargadelos
Cada pieza de loza tenía su marca correspondiente, en las primeras épocas incisas y grabadas en las últimas. Junto a las marcas figuraban las iniciales de los artistas y a veces unos números relacionados con el tamaño de las piezas. En total, se llegaron a utilizar alrededor de veinticinco marcas.

Museo Carlos Maside

Desde 1988 está abierto el museo que exhibe todo el material recuperado de las antiguas fábricas de fundición, y las piezas más emblemáticas de cada época. Tanto el museo como la propia fábrica se pueden visitar en un amplio horario y es especialmente interesante poder admirar el delicado trabajo artesanal de los ceramistas, directamente en sus puestos de trabajo, mientras elaboran las piezas.

En paralelo, muchos otros proyectos han surgido con la marca: la editorial Ediciós do Castro; un museo de arte contemporáneo situado en Sada, el Museo Carlos Maside; un centro de comunicación que recibe el nombre de Instituto Galego de Información; y el Seminario de Estudos Galegos.

Además, para la difusión y venta de las piezas cerámicas están las Galerías Sargadelos distribuidas por toda Galicia, Madrid y Barcelona.​

Museo, editorial, instituto, seminario… Es todo un mundo el que se ha creado en torno a estas bellísimas cerámicas, tan identitarias de la cultura gallega contemporánea y ancestral.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies