MUNDO YOLD. Pese al rechazo de sus colegas masculinos, Evans demostró las ventajas de la pasteurización.
Si hoy bebes leche con tranquilidad, es gracias a esta mujer: Alice Catherine Evans

La microbióloga Alice Catherine Evans revolucionó la industria láctea al demostrar que la leche sin pasteurizar podía transmitir enfermedades graves. Aunque enfrentó desprecio y discriminación por ser mujer y no tener un doctorado, luchó durante años hasta lograr que sus descubrimientos fueran reconocidos. Gracias a ella, la pasteurización de los lácteos se convirtió en un proceso habitual en todo el mundo, salvando así innumerables vidas y transformando la seguridad alimentaria a nivel mundial. Durante el proceso, ella misma contrajo la enfermedad y durante años sufrió fiebres y otros graves problemas. Sin embargo, sigue siendo una figura muy poco conocida, por eso hoy, desde Gente Yold, le rendimos este pequeño homenaje.
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Alice Catherine Evans nació en 1881 en una pequeña granja en Pensilvania, Estados Unidos. Desde joven, desarrolló una profunda curiosidad por el mundo natural, pero como tantas mujeres de su época, su acceso a la educación superior era limitado. Inicialmente, Evans comenzó su carrera como maestra de escuela rural. Sin embargo, su pasión por la ciencia y sus excelentes aptitudes, la llevaron a aprovechar una oportunidad que cambiaría su vida para siempre: una beca para estudiar en la Universidad de Cornell.

En 1906, Alice comenzó sus estudios en bacteriología, una ciencia emergente en aquel entonces. Cuatro años después, en 1910, se convirtió en la primera mujer en Estados Unidos en obtener un máster en Bacteriología. Este logro fue notable en una época en que las mujeres rara vez accedían a la educación superior, y menos aún en campos científicos dominados por hombres. A pesar de la expectativa de que las mujeres abandonaran sus carreras una vez casadas, Alice estaba decidida a continuar su trabajo científico. Tras obtener su máster, se enfrentó a una difícil decisión: continuar sus estudios con un doctorado o empezar a trabajar. Debido a limitaciones económicas, eligió esta última opción, y por eso ingresó en el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), donde comenzó a investigar los productos lácteos frescos.
Años más tarde, en sus memorias, recordó que al mandar su solicitud de ingreso a la USDA había firmado como “A. Evans”; por eso, los miembros de USDA la habían aceptado sin saber que era una mujer
Años más tarde, en sus memorias, recordó que al mandar su solicitud de ingreso a la USDA había firmado como “A. Evans”; por eso, los miembros de USDA la habían aceptado sin saber que era una mujer. Cuando se incorporó, los funcionarios casi se desmayan al verla entrar. Pero, con su esfuerzo, trabajo y capacidad logró convencerles: años después, sería la primera mujer en conseguir un contrato fijo en la USDA.

El descubrimiento que lo cambió todo
A principios del siglo XX, el consumo de leche no pasteurizada era la norma. En esa época, la leche fresca se consideraba un alimento extremadamente nutritivo, y se creía que cuanto menos manipulada estuviera, más saludable sería para los consumidores. Sin embargo, lo que la mayoría de la gente no sabía era que la leche cruda podía ser un medio perfecto para la transmisión de enfermedades. En la USDA, Alice fue encargada de realizar los análisis bacteriológicos de leches y quesos. Para entonces, científicos como Bruce, Zammit y Bang ya habían estudiado las enfermedades que padecían y al mismo tiempo, transmitían las vacas; siguiendo su estela, en 1917 Alice logró demostrar que el consumo de leche podía trasmitir la bacteria Bacillus abortus y que esta causaba síntomas devastadores en humanos, como fiebre crónica, dolores articulares y debilidad extrema.
En 1917 Alice logró demostrar que el consumo de leche podía trasmitir la bacteria Bacillus abortus y que esta causaba síntomas devastadores en humanos, como fiebre crónica, dolores articulares y debilidad extrema
A esa enfermedad, conocida hasta entonces como “fiebres de Malta”, se la llamó brucelosis. Evans también concluyó con que, si la leche se sometía a un proceso de calentamiento suave, -la pasteurización-, se eliminaba la bacteria sin alterar significativamente las propiedades nutritivas del alimento. Este método ya había sido propuesto por Louis Pasteur en 1864 y se utilizaba para la conservación de vino y cerveza; sin embargo, sorprendentemente, hasta ese momento no se había aplicado al consumo de leche. El descubrimiento de Evans fue revolucionario, pero a pesar de la claridad de sus pruebas, se encontró con una feroz oposición.
Una lucha por ser escuchada
En el contexto de principios del siglo XX, la idea de que una mujer pudiera hacer un descubrimiento tan importante no fue bien recibida por la comunidad científica y la industria láctea estaba manejada, obviamente, por hombres. Los prejuicios de género, sumados a la falta del título de doctorado que todavía le faltaba a Alice, sirvieron de excusa para desacreditar su trabajo. Así es que, pese a lo obvio que era su descubrimiento, y lo insistentemente que lo mostró, durante años el rechazo fue la respuesta de la comunidad científica masculina a su aportación. En una ocasión, mientras daba una conferencia ante empresarios del sector lácteo, fue abiertamente ridiculizada por los asistentes. Otros la acusaban de estar influenciada por las compañías que vendían maquinaria para la pasteurización de la leche. Estos hombres no estaban dispuestos a aceptar que una mujer les demostrase que sus prácticas de producción de leche pudieran poner en peligro la vida de las personas.
Su perseverancia fue clave para que finalmente, a partir de los años 30, la pasteurización se adoptara como el estándar en la industria láctea de Estados Unidos, salvando así incontables vidas
Evans no se dejó intimidar. Durante más de trece años, continuó presentando sus hallazgos y abogando por la implementación de la pasteurización como una medida de salud pública fundamental. Pero sus esfuerzos no siempre fueron bien recibidos. En 1925, cuando fue nombrada miembro de un comité oficial que investigaba la seguridad de la leche, algunos de sus colegas dimitieron en protesta, ya que no estaban dispuestos a considerar una teoría propuesta por una mujer. Pese a estos obstáculos, Evans nunca dejó de luchar. Su perseverancia fue clave para que finalmente, a partir de los años 30, la pasteurización se adoptara como el estándar en la industria láctea de Estados Unidos, salvando así incontables vidas. Poco a poco, el sistema de la pasteurización pasó a emplearse en todo el mundo, una vez que se comprobó que las enfermedades asociadas al consumo de lácteos se reducían casi por completo, con este método.
Reconocimientos y legado
A pesar de todas las dificultades que enfrentó a lo largo de su carrera, Alice Catherine Evans finalmente recibió el reconocimiento que merecía. En 1928, fue elegida presidenta de la Sociedad Americana de Bacteriólogos, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar ese cargo. Este logro fue un hito, no solo para Evans, sino también para todas las mujeres científicas que la siguieron. Además, en 1936, fue galardonada con un doctorado honoris causa por el Wilson College de Pensilvania, en reconocimiento a sus importantes contribuciones al campo de la microbiología.
Continuó dando conferencias hasta su retiro en 1945, alentando a las jóvenes a no dejarse intimidar por las barreras que pudieran encontrar en su camino, con doctorado o sin él
A lo largo de su carrera, Evans también dedicó tiempo a inspirar a otras mujeres para que persiguieran carreras científicas. Continuó dando conferencias hasta su retiro en 1945, alentando a las jóvenes a no dejarse intimidar por las barreras que pudieran encontrar en su camino, con doctorado o sin él. Su mensaje fue claro: la ciencia y el progreso no deberían depender del género ni de los títulos formales, sino de la calidad del trabajo y el impacto en la sociedad.
Su descubrimiento sobre la pasteurización ha tenido un impacto incalculable en la salud pública, y su perseverancia frente a la adversidad continúa siendo una fuente de inspiración.
Alice Catherine Evans murió en 1975, a los 94 años, habiendo dejado un legado que sigue vivo hasta el día de hoy. Su descubrimiento sobre la pasteurización ha tenido un impacto incalculable en la salud pública, y su perseverancia frente a la adversidad continúa siendo una fuente de inspiración. Gracias a su esfuerzo, millones de personas pueden consumir productos lácteos de forma segura, y las mujeres en la ciencia tienen un ejemplo a seguir de cómo luchar por lo que es correcto, sin importar las barreras.
¿Sabías que la pasteurización de la leche, una medida que hoy consideramos esencial para la seguridad alimentaria, fue impulsada por Alice Catherine Evans? ¿Conocías la larga lucha que enfrentó para ser reconocida? Comparte tus impresiones en los comentarios o en nuestras redes sociales, ¡nos encantaría conocer tu opinión! ¡Nos leemos muy pronto!




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