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Te echo de menos
Un cuento de Irene García-Andrade

Si tienes algún cuento, unos versos, un fragmento de diario, algún artefacto literario de cualquier género que necesita ser leído, éste es tu espacio. Mándanos tus escritos (breves, máximo 10.000 palabras) a xuxurlatu@genteyold.com y los publicamos. Aquí encontrarán sus lectores y comentarios.
Esther está desvistiéndose en su habitación. El móvil de él está encima de la cama. Nunca lo mira, nunca lo escruta, el amor está por encima de dudas y resquemores. El amor ciego, el que llena el alma de confianzas, el sordo, “el de verdad”, el que aprendió y regó desde que era una mujercita, que descubría el mundo.
Pero, sonó y sonó. El Wattsup, ese que alimenta silencios y aísla personas-.Que rompe sobremesas. Provoca espacios y mata conversaciones… ese mismo fue el que Esther miró. “Te echo de menos”…”Te echo de menos”. Solo tres palabras que hundieron su mundo. “Te echo de menos”, nunca algo tan bello fue tan doloroso. Destructor, hiriente. Un derrumbe en aquello que Esther creía firmemente: la pureza. El amor puro entre ella y él, el amor que construyó con risas, llantos, manos entrecruzadas, miradas preciosas y reproches nocturnos. Puro. Puro como solo es ese amor en el que pones hasta el alma, en el que duelen los huesos cuando falla.
Esther suelta el teléfono y de su boca un grito, un alarido de dolor brota. Y las explicaciones, y el “no significó nada”, y el “fue hace mucho tiempo”, “se terminó” y el dolor. Un dolor tan profundo, que es físico. Un dolor que duele como un mordisco, como un latigazo. Y la pena, la pena infinita por la pérdida de esa pureza, de ese “es nuestro, es especial”. La pena porque perdonará pero nunca será puro. Ese amor tiene una mancha, tiene una cruz, tiene una doblez.

Y Esther escruta, pregunta, busca, duda, se hunde en un mar de pena porque no puede sentir rabia, ni odio… solo una pena, un vacío que va ocupando cada espacio de su vida. Un vacío que hiela todo lo que Esther hace, habla, sueña, mueve. Y quiere saber y cada detalle es mas doloroso que el anterior pero sigue y sigue…¿por qué busca respuestas que no tienen explicación? Porque cree que saber le curará el corazón y no sabe aún que un corazón roto solo lo curan dos cosas: el perdón y el tiempo.
Esther busca el olvido, obvia sentimientos, sensaciones, incluso conversaciones, pero no llega. Habla, se desahoga, busca respuestas pero no hay. El engaño quema un cuerpo igual que un monte en verano y no llega. Y pone pruebas y busca salidas falsas que solo dan a calles cortadas. Y un día llega la rabia. Una rabia que se aúna a la pena, una rabia de efectos retroactivos, una rabia brutal, que duele mas que la pena.
Y esa rabia desemboca en la indiferencia y la indiferencia desemboca en el perdón. Y Esther aprende a vivir con esa cicatriz. Aprende a vivir con un amor que nunca será igual, un amor que no es puro, un amor que fue prostituido, un amor que se hizo mas fuerte a la vez que perdía inocencia. Un amor mas maduro, mas templado. Un amor a prueba de tempestades pero un amor sin aquella frescura mantenida durante muchos años.
Y Esther vuelve a sentir y pasa el tiempo y ese tiempo es como una cortina que tapa la desnudez pero deja pasar la luz.

Y Esther no olvida pero perdona y aprende a vivir con un amor incondicional y un día, en un momento, Esther se hace mayor y la mujercita que amaba como si hoy fuera la primera vez, ama como si hoy fuera la última vez.
Firma: Irene García-Andrade


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