Mundo Yold. Uno de los artistas clave de finales del XIX

Toulouse-Lautrec: un transgresor con mucho talento

 

Carmen Matas
21 mayo, 2019

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Hoy en Gente Yold, aprovechando que hemos visto la excelente muestra que se ha exhibido en el Caixa Forum de Madrid, hemos querido rememorar a uno de los artistas de referencia de finales del siglo XIX: Henri de Toulouse-Lautrec, aristócrata y dibujante francés que retrató a la perfección el ambiente bohemio del país galo de la época.

Las calles, los cabarets y los cafés del bello barrio parisino de Montmartre fueron escenario, a finales del siglo XIX, de una explosión creativa, marcada por la bohemia y la vanguardia de la mano de jóvenes y rebeldes artistas e intelectuales que desafiaron a lo establecido y contribuyeron al florecimiento de un movimiento rompedor al margen de la burguesía. Henri de Toulouse-Lautrec fue uno de ellos, pero también otros como Vincent van Gogh, Jean-Louis Forain, T. A. Steinlen, Pierre Bonnard o Édouard Vuillard.

El genial pintor leyendo el diario

El centro sociocultural Caixa Forum de Madrid ha exhibido, a lo largo de los meses de marzo, abril y mayo, la magnífica exposición “Toulouse-Lautrec y el espíritu de Montmartre. La muestra, que también se expuso el pasado otoño en la sede de Barcelona del mismo espacio cultural, presenta a través de pinturas, dibujos, carteles e ilustraciones la producción del artista francés en sintonía con la de sus contemporáneos en el París de la época.

Cartel: El diván japonés

Tras haber paseado por los majestuosos pasillos de esta muestra, que ha constado de más de 350 obras con préstamos internacionales de colecciones públicas y privadas, que nos trasladaron directamente al bohemio barrio parisino, hemos decidido que no puede haber una mejor ocasión para hablar de la trayectoria del aristócrata y dibujante francés, que retrató a la perfección el ambiente bohemio francés del siglo XIX.

El artista siempre se sintió excluido del ambiente burgués en el que creció.

Retrato de Suzanne Valado

Talento y excesos
Henri de Toulouse-Lautrec nació en 1864, lo que le hizo ser directamente un heredero del impresionismo. Sus padres, pertenecientes a la alta aristocracia francesa, eran primos hermanos lo que condenó a Toulouse a padecer una minusvalía genética, llamada picnodisostosis, que afecta directamente al crecimiento de los huesos. Esta enfermedad rara, sumado al hecho de que que durante la adolescencia se fracturó los dos fémures en una caída, afectó al correcto crecimiento óseo y Tolouse no sobrepasó el metro y medio de estatura. “Soy feo, pero la vida es hermosa”, solía decir el artista francés.

Precisamente estos problemas físicos son los que le animaron a trasladarse a París, pues siempre se sintió excluido del ambiente burgués en el que creció. Hijo de terratenientes muy adinerados, en el ambiente esnob de la alta sociedad, sumado además a que su padre poseía un físico especialmente vigoroso, Toulouse-Lautrec no duda en tomar el camino de la pintura, como una especie de alternativa, ante el rechazo que sentía por parte de su entorno social.

El pintor siempre se sintió excluido del ambiente burgués en el que creció

Así, en 1882 el artista se traslada a París con el objetivo de formarse como pintor, donde comienza a conocer a otros a otros artistas con los que se siente enormemente identificado, por haber llevado, ellos también, una vida especialmente complicada. Empezó a formarse en el estudio de Léon Bonnat, y algo más tarde junto a Fernand Cormon, donde conocería a Louis Anquetin, Émile Bernard y Vincent van Gogh. Ésta fue la etapa en la que el pintor se sintió más cercano al impresionismo.

Con 21 años vendía con regularidad dibujos a diversas revistas y periódicos, ilustraba libros y realizaba litografías para los locales que frecuentaba.

Cartel de la exposición en Caixa Forum

Pero dos años después, en 1884, creó su propio taller en Montmartre, que era frecuentado por artistas desde la década de 1850. Pronto comenzó a alternar las horas en museos y galerías de arte, con visitas a los cafés, circos y cabarets de su nuevo barrio. Estas excursiones nocturnas le proporcionarían los temas predilectos para sus pinturas, dibujos y litografías. Con 21 años vendía con regularidad dibujos a diversas revistas y periódicos, ilustraba libros y realizaba litografías para los locales que frecuentaba. Desde 1886 su obra estuvo colgada de manera permanente en el cabaret Le Mirliton y una de sus pinturas, En el circo de Fernando: El Equestrienne, se expuso durante la inauguración del Moulin Rouge en 1889. La fama de Toulouse-Lautrec se extendió por París, tanto por la admiración hacia su obra como por los escándalos que protagonizaba cada vez con más frecuencia.

Autorretrato

Y es que el artista, a la vez que afianzaba su carrera en la capital francesa, se sumía en una vida de salidas, mujeres y excesos que acabó pasándole factura: contrajo la sífilis, sufría de alcoholismo, padecía neurosis y depresión… Tras varios episodios de delirium tremens, o delirios provocados por la abstinencia de alcohol, su madre, que vivía con él en París, se vio forzada en 1899 a internarle en un sanatorio. Murió un par de años después, en 1901, después de sufrir una apoplejía cuando aún no contaba 37 años y convirtiendo su carrera en una corta, aunque valiosa, trayectoria de 10 años.

En la cama, una de sus obras más intimistas

Montmartre: el epicentro de la vanguardia
Montmartre, el barrio parisino sobre el que ha girado la exposición del Caixa Forum en Madrid, no solo es el escenario de muchas obras del polifacético Toulouse-Lautrec, sino el motor social y cultural que definió su estilo moderno y carácter bohemio.

Montmartre se convirtió en centro neurálgico de todo un movimiento artístico, que contribuyó activamente a definir la estética vanguardista de la época.

Tolouse tenía un gran sentido del humor y gustaba de disfrazarse y reírse de sí mismo

En 1880, Montmartre era una zona marginal y peligrosa, apartada del centro de la ciudad, que empezó a atraer a numerosos jóvenes creadores. Junto a Toulouse-Lautrec, los también artistas Paul Signac, Pierre Bonnard y Henri-Gabriel Ibels; los intérpretes Aristide Bruant e Yvette Guilbert; los escritores Émile Goudeau, Alphonse Allais y Alfred Jarry y los músicos Erik Satie, Vincent Hyspa y Gustave Charpentier se mudaron allí. Todos ellos aspiraban a lo mismo: básicamente construir un París más bohemio y evitar así el centro burgués de la capital francesa. Montmartre se convirtió de esta manera en centro neurálgico de todo un movimiento artístico, que contribuyó activamente a definir la estética vanguardista de la época.

La Goulue (1892)

Las propias calles de Montmartre y el entretenimiento que se encontraba en los cabarets, los teatros, los cafés concierto y los circos era una fuerte inspiración para los artistas que conseguían vivir al margen de la sociedad establecida. Todo ello quedó plasmado en la obra de todos ellos, incluido por supuesto Toulouse-Lautrec, que particularmente representa una figura clave en este momento de transgresión y vanguardia de finales del siglo XIX.

Uno de sus carteles más famosos, el protagonizado por la bailarina Jane Avril

Toulouse-Lautrec en el cine
La figura de Henri de Toulouse-Lautrec ha quedado retratada en el cine en diversas ocasiones a lo largo de los años. Películas que, además de hablar de la historia del artista, reflejan el París de la época y la ebullición y creatividad que destilaba el barrio de Montmartre.

 

Cartel de la película de John Huston, protagonizada por José Ferrer

Una de ellas es la primera versión de Moulin Rouge, dirigida por John Huston en 1952, en la que se recuerdan dos aspectos clave en la vida del artista: el accidente de infancia que lo convirtió en un tullido y su primer amor. En 1998 el dramaturgo francés Roger Planchon dirigió Toulouse-Lautrec, con el claro objetivo de dar una visión mucho más positiva del artista, más allá de los dramas y las adversidades a las que tuvo que enfrentarse. “Lautrec era un gran optimista, una persona que amaba la vida, la juerga, las mujeres y el placer”, declaraba el propio director en el estreno del film.

Seguro que la que más recordamos todos es la versión de 2001 de Moulin Rouge!, dirigida por Baz Luhrmann, una película musical que entusiasmó a muchos y que está también basada en la ópera de Giuseppe Verdi, La Traviata y en la novela La dama de las camelias del escritor francés Alejandro Dumas. El film tiene como tema principal el amor y se desarrolla en un entorno que mezcla el lujo y la bohemia al estilo Toulouse-Lautrec, que aparece como uno de los amigos del protagonista.

Más información:

https://caixaforum.es/es/madrid/fichaexposicion?entryId=544695

http://musee-toulouse-lautrec.com/

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