Hoy es mañana. La atareada vida de los abuelos jóvenes

Yayo-Yold

No se trata de ningún abuelo de tribu ancestral, hablamos de los yayos jóvenes que, incluso activos en su carrera profesional y con mucha cuerda por delante, renuncian a sus actividades para echar una mano con el nieto. Y es que, las reuniones de la AMPA deberían llamarse AMPAAB, dada la gran cantidad de abuelos que asisten a ellas.

No fue fácil encajar la primera vez que el chiriveje nos llamó “yayo”. Ese día se estremecieron las coordenadas tiempo-espacio, nos pusimos en órbita y aquí andamos, dándole la vuelta a la vida y dando el callo. Somos abuelos, es cierto, porque nuestros hijos ya han tenido descendencia, y tenemos la misma querencia hacia nuestros nietos que los abuelos tradicionales, pero también tenemos una vida y queremos seguir disfrutándola.

Seguramente, esta declaración de principios no vale para nada en cuanto entramos en harina. Si estamos sanos, vigorosos y encima tenemos más tiempo libre que nuestros hijos, ¿cómo no les vamos a ayudar y aliviarlos así de la dura jornada de trabajo? Claro que estamos dispuestos a madrugar para llevar al niño al colegio; perdernos la siesta para recogerlo; sacrificar la marcha campestre con los amigos el fin de semana… ¿Pero dónde está el límite de la bondad y la ayuda, cuando la situación pasa a ser esclavitud? ¿Y si los hijos se sobrepasan y no se dan cuenta de nuestras aspiraciones como personas, y tampoco advierten que cuidar a los nietos es para nosotros una carga y no un placer? Entonces viene el problema.

Hay estudios que señalan que, en España, hasta el 50% de los abuelos cuidan de sus nietos, al menos durante unas horas, y ese porcentaje sube considerablemente en época estival. Además, según las estadísticas, parece que el agobio y la mayor carga de responsabilidad con los nietos se los llevan los abuelos de clases más bajas -los más baqueteados por las sucesivas crisis económicas-, es decir, que a perro flaco todo se le vuelven pulgas.

“En España, el 50% de los abuelos cuidan de sus nietos con regularidad”.

Luego, también puede pasar que, si nos quejamos, viene el pique familiar de la nuera o el yerno y salimos a mal. Y por otra parte, está la diferente forma de ver la vida. Somos abuelos pero no canguros gilipollas. Estoy convencido de que en muchos casos, los yayos jóvenes somos más liberales y transigentes que nuestros propios hijos. Si mi nieto cree que la Gloria es la Playstation, las zapatillas Nike y el último Smartphone que ha salido al mercado, cómo le voy a negar la Gloria (con mayúscula, porque estamos hablando de la única, la del cielo, la oficial); pues claro, yo voy y se la compro.

Nuestra vida como yayo-yold se parece a la de aquellos caballos martirizados por el duro trabajo diario de tirar de un carro de piedras. Al verle pasar, otro caballo colega le pregunta: ¿Cómo te va, hermano? Ya me ves -contesta el primero- cargando piedras toda la semana, ¡eso sí, llega el domingo, me ponen el peto de picar y a los toros! Eso nos pasa a muchos yayos-yold, que después del invierno cuidando a los peques, llega agosto, nos cuelgan al hombro la sombrilla y los cubitos de la arena y… ¡a Torrevieja o a Punta Umbría con los nietos! Y nuestros hijos, a Cancún o a Tailandia. Y encima, orgullosos de que estén tan lejos, para contarlo a los vecinos y recibir por móvil sus fotos en exóticas playas.

Corren tiempos difíciles para los yayo-yold. ¿Es tu caso o conoces alguno? Desahógate y no dejes de compartirlo con nosotros. ¡Esperamos tus comentarios!

Alonso C. Caballero

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.

ACEPTAR
Aviso de cookies