Mundo Yold. Ha fallecido Astrid Kirchherr, la primera en fotografiar a los Beatles

Adiós a la dulce Astrid

 

 

 

 

Inés Almendros
22 mayo, 2020

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Singular, magnética, discreta, creativa… Recordamos a la recientemente fallecida fotógrafa alemana Astrid Kirchherr, amiga íntima de los Beatles a quien aportó su peculiar peinado en los sesenta. Es igualmente antológica su historia de amor con el quinto Beatle, Stuart Sutcliffe, cuyo precioso reencuentro imaginamos en ese universo donde solo habitan los genios y los unicornios.

Han pasado varias décadas, pero las fotos que Astrid Kirchherr realizó a los Beatles cuando estos eran unos desconocidos resultan igualmente atrayentes, con ese sugestivo blanco y negro y ese halo de elegancia misteriosa que rodea a los muchachos. 

Primer plano de la joven fotógrafa 

Poco tiempo después de estas fotos, realizadas en Hamburgo en 1960, la banda inglesa rompería literalmente todos los conceptos conocidos del éxito y la fama, convirtiéndose en un fenómeno universal que ha trascendido el tiempo y los espacios.

Una de las primeras fotos que Astrid les hizo como grupo

Astrid Kirchherr ha fallecido el 12 de mayo de este lánguido 2020. La noticia fue trasmitida al mundo entero por uno de sus amigos y representantes, quien dijo también que la artista murió a consecuencia de un cáncer.

Las fotos que Astrid realizó a los Beatles, cuando estos eran unos desconocidos, impactan por su sugestivo blanco y negro y un halo de elegancia misteriosa.

George, Stu y John en la mítica sesión del parque de atracciones 

Astrid había nacido un 20 de mayo, así es que faltaban solo unos días para su cumpleaños. A lo largo de su vida, dos hechos le marcaron para siempre: su amistad con los Beatles y su romance con el malogrado Stuart Sutcliffe.

Beso entre los dos enamorados; Astrid y Stu, en 1961 (Fotografía: Courtesy of Pauline Sutcliffe, supplied by Pacificcoastnews.com)

Hamburgo, 1960. Cinco chicos de Liverpool: John Lennon, Paul McCartney, George Harrison, Stuart Sutcliffe y Pete Best (Ringo entraría más tarde), con el nombre entonces de The Silver Beatles, amenizan los conciertos nocturnos del club Kaiserkeller, en el barrio de Reeperbahn; una zona de tugurios y prostíbulos masivamente transitada por brutos marineros que apuran al máximo su paso por la ciudad. Una noche acierta a pasar por allí el joven estudiante de arte, Klaus Voormann, que no frecuenta ni la zona, ni el ambiente de este barrio. Klaus había discutido con su novia (y compañera de estudios), que no era otra sino nuestra Astrid, y deambulaba, de mal genio, por la ciudad. Al pasar por la puerta y escuchar a los Beatles, Voormann queda impactado por su sonido y decide entrar y escuchar la actuación. En los próximos días, Klaus lleva a su novia y a sus amigos a escuchar a aquellos rockeros ingleses que tanto le habían gustado.

Impactante retrato de John con Stuart al fondo en la sesión del parque de atracciones

Nada más verlos, Astrid sintió la misma magia que había hechizado a Klaus: “Ver a los Beatles fue como sentir un auténtico tiovivo en mi cabeza… Me parecían totalmente asombrosos… A partir de ahí, lo único en lo que pensaba era en conocerlos”, recordaría la artista años después.

Uno de los autorretratos más famosos de Astrid

Astrid confesó: ‘Ver a los Beatles fue como sentir un auténtico tiovivo en mi cabeza…'”.

Desde el escenario los chicos de Liverpool igualmente comenzaron a fijarse en aquel grupo de estudiantes que aparecían en sus conciertos, y que tanto se diferenciaba del resto del público. Porque Astrid y compañía eran tan jóvenes como ellos, pero mucho más modernos. Se consideraban “existencialistas”, seguían las tendencias estéticas venidas de París, con el pelo corto y liso, flequillo y pantalones de piel ceñidos; un look que los ingleses no habían visto jamás. Pese a las diferencias, por supuesto, los modernos alemanes y los rockeros ingleses acabaron haciendo amistad y formando grupillo. El choque vital y cultural para unos y otros fue impactante y trascendental.

Astrid, Klaus y Stu en Hamburgo representaban la modernidad en pleno siglo XX

En aquellos días de Hamburgo, la casa de Astrid se convirtió en un cálido refugio para los Beatles: allí se reunían, hacían fiestas o disfrutaban de un cálido desayuno después de los agotadores conciertos nocturnos. Se dice incluso que la madre de Astrid les ayudaba a conseguir el Preludin, un fármaco que los de Liverpool necesitaban para aguantar tocando toda la noche, sin dormirse.

El amor puro de Astrid y Stu quedó inmortalizado en preciosas imágenes

Pero algo igual de fuerte que la amistad surgió desde el principio: nada más conocerse, Astrid y Stu se sintieron fuertemente atraídos, y aunque Astrid quería a Klaus (han seguido siendo amigos toda la vida), le abandonó para convertirse en la novia del guapísimo guitarrista. Stu se fue a vivir a su piso, la pareja se comprometió para casarse. Bohemios, sensibles, creativos y unidos por amor al arte, Stuart y Astrid estaban realmente enamorados.

La casa de Astrid se convirtió en un cálido refugio para los Beatles: allí se reunían, hacían fiestas o disfrutaban de un cálido desayuno después de los agotadores conciertos nocturnos.

Stu y Astrid, la creatividad les unía

Los intensos días de Hamburgo se alargaron: aunque The Silver Beatles había programado unas semanas de concierto, acabaron quedándose medio año en la ciudad alemana. En aquellos felices días, Astrid también les realizó numerosas fotos. Las más famosas, tal vez, las que les tomó en un parque de atracciones semi abandonado. Era la primera vez que alguien les hacía fotos de una forma profesional, así es que los Beatles estaban realmente fascinados con el trabajo de Astrid, que supo plasmar en las imágenes la personalidad de los chicos, su magnetismo y carisma.

The Beatles en 1966, con su famoso corte de pelo

Astrid influiría sobre los Beatles con otra fantástica aportación: su famoso corte de pelo. En aquella época, tanto ella, como su ex novio Klaus y el resto de su grupo de amigos se peinaban con el llamado MopTop, igualmente inspirado en los franceses. A Stu le encantó el estilo y pidió a su novia que se lo cortase igual. Aunque el resto de los Beatles al principio se reían de Stu, uno por uno acabó igual: Astrid les cortó el pelo a todos, creando así la imagen por la que, poco tiempo después, les conocería el universo entero.

Stu, fotografíado por Astrid 

A finales de 1960, tras los intensos meses vividos en Hamburgo, los Silver Beatles regresaron a Liverpool desanimados, tras sufrir algunos problemas con la justicia alemana y cierta sensación de fracaso generalizado. Todos menos uno: comprometido y feliz, Stu abandonó definitivamente a los Beatles, y se quedó con Astrid, dedicados ambos a sus estudios y carreras artísticas. Y es que, tanto durante su época de estudiante de arte en Liverpool, como en Hamburgo, el joven estaba considerado por sus profesores como un auténtico talento, con una gran proyección en la pintura contemporánea.

La impresionante belleza del músico/pintor bajo el flequillo MopTop

Astrid cortó el pelo a John, Paul, Stu y George, creando así la imagen por la que, poco tiempo después, les conocería el universo entero.

Pero la salud de Stu se empezó a resentir: sufría jaquecas intensas y dolores de cabeza cada vez mayores; a finales de 1961 se desmayó en las clases del Colegio de Arte de Hamburgo y tuvo que ser trasladado a casa. El 10 de abril de 1962, el mismo día que el resto de los Beatles emprendía el regreso a Hamburgo para actuar de nuevo en la ciudad, Stu fallecía en un taxi. Había sufrido un nuevo ataque y su novia Astrid le llevaba a urgencias. No pudo llegar vivo, falleció en sus brazos dentro del automóvil. Astrid nunca pudo olvidar aquel momento.

George quería mucho a Astrid; ambos mantuvieron su amistad hasta la muerte del músico

El dolor de la joven y el del resto de los Beatles por la muerte de Stucliffe fue tan enorme que Astrid y John sufrieron por ello una auténtica depresión.

La sensibilidad y el carácter del joven Lennon tras la cámara de Astrid

Pero la fotógrafa recordaría, años después, que el propio Lennon le ayudó a salir adelante: “Me dijo: Vamos, toma una decisión, vive o muere. Que sigas en casa sentada no te ayudará a traer a Stu de vuelta”. Y poco a poco se recuperó.

Astrid con Paul McCartney cuando los Beatles ya estaban en pleno auge

En 1962, The Beatles lanzaban su primer disco oficial, Love me do, y en 1963 llegaba la locura: la beatlemanía arrasaba el mundo; John, Paul, Ringo y George se convertían en los tipos más famosos del planeta. Pero mantuvieron -entonces y después- una auténtica amistad con Astrid, que trabajó con ellos en numerosas ocasiones. “Siempre me cuidaron y me protegieron”, aseguró ella. Igualmente Klaus Voorman siguió, toda la vida, como amigo íntimo de todos ellos, e incluso fue quien dibujo la fantástica portada del álbum Revólver. Tanto Astrid como Klaus estuvieron especialmente unidos a George, y Voorman tocó con Harrison en algunos de sus discos en solitario. Tras la muerte de Astrid, Paul McCartney expresó su dolor en las redes sociales, recordando su amistad y aquellos días felices que habían compartido juntos.

Además de su trabajo con los Beatles, Astrid realizó numerosas exposiciones de su obra, y colaboró en muy distintos ámbitos. En lo personal, se casó y se divorció dos veces, sin tener hijos. Ella misma reconoció que partía con el listón muy alto, que nunca pudo olvidar a Stu: Era tan inteligente y creativo que fue imposible olvidarle”.

Astrid en su bella madurez

Sin duda, después de una separación de ambas décadas, Astrid y Stu se han reencontrado en el arco iris donde los espíritus geniales habitan siempre. Nosotros nos quedamos con sus preciosas imágenes para recordarles.

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