Mundo Yold. Recordamos al conocido como ‘mago del suspense’

Alfred Hitchcock, genio o demente

Angel Domingo
13 agosto, 2019

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El 13 de agosto se cumplen 120 años del nacimiento de uno de los directores de cine más geniales, famosos y carismáticos de la historia. Aprovechando la efeméride, nuestro crítico de cine Ángel Domingo, ha dedicado este homenaje al inmortal Alfred Hitchcock.

El cineasta sobre el que voy a escribir es, sin duda, el director más influyente de la historia del cine. A día de hoy, en las televisiones de todo el mundo reponen sus películas, algunas de hace más de cuarenta años, consiguiendo niveles altos de audiencia. Este reconocimiento le llegó en las últimas etapas de su vida; sin embargo, poco le importó. Para él, el mejor crítico es el espectador; que acude a las salas de cine para que le cuenten una historia y después regresar a su casa. Si se va contento, es que la película ha sido buena.

Con la claqueta de rodaje de Psicosis

¿Por qué ha sido ignorado durante tanto tiempo por la crítica especializada? La respuesta sería: por considerarle un director comercial sin vocación de artista. Sin embargo, sumó cinco nominaciones al Oscar como mejor director (Rebeca, Náufragos, La ventana indiscreta y Psicosis). Rebeca, en 1941, ganó la estatuilla a mejor película y mejor fotografía. Y ya de viejo, en 1968, a modo de consuelo, le dieron uno honorífico; es famoso su discurso de aceptación en la gala, considerado el más corto de la historia:Thank you.. very much, indeed”. Ni cinco segundos y se marchó tan orondo.

En una escena de Psicosis

En mi opinión, estamos ante un pionero del cine en muchos aspectos. ¿Cuál ha sido el secreto? Romper estereotipos; tanto a nivel narrativo como en innovaciones técnicas.

Británico de nacimiento y criado en el seno de una familia de clase media, fue el menor de tres hermanos. De niño era un chico gordito, tranquilo, reservado y tímido. También un niño bueno; al menos eso pensaba él, hasta que un hecho trascendental de su infancia trastocó esta certeza. A principio de los 60, el cineasta francés François Truffaut, después de conversar largo y tendido con nuestro personaje, publicó un libro-entrevista titulado El cine según Hitchcock. En él, además de muchas confidencias, recuerda lo sucedido: un día su padre le encargó llevar una carta al comisario del barrio. Hasta aquí todo normal, pero cuando el policía leyó lo escrito por su padre, abrió una celda y lo encerró durante quince minutos. Pasado este tiempo, el comisario le dijo: “Esto les pasa a los que son malos”. Aquí murió el niño Alfred.

En una de las conversaciones con François Truffaut

Si pudiésemos ver, desde una cámara aérea, el caminar por las calles de Londres del niño Alfred, portando sin saber su propia desgracia, encontraríamos un paralelismo con otro niño que aparece en una de sus películas, Sabotaje, 1936. En este caso, Steve, un chaval londinense lleva abrazadas unas latas que supuestamente contienen cintas de películas en 35 mm. Todos sabemos que no es así; todos menos el niño.

Hitchcock hace saber al espectador que, en realidad, lo que esconden las latas es una bomba que explotará en un momento determinado, gracias al mecanismo de relojería que lleva incorporado; sin embargo, numerosos contratiempos interrumpen el trayecto del niño logrando que supere el tiempo determinado para que la bomba explote, antes de llegar a su destino. Y cuando esto sucede, el espectador se siente aliviado. ¿Cómo es posible? Muy sencillo: el director no pretende asustar, más bien quiere poner nervioso al público. Para ello utiliza imágenes y música. Por esto, cuando el autobús en el que viaja el niño con las latas de películas se desintegra, parece escucharse en la sala de cine: uff, ¡que alivio! Este recurso, querido lector, tiene un nombre: suspense. Y en esto Hitchcock, siempre será el maestro; aunque a otros, les parezca más un vicioso del suspense.

El joven Alfred

Los malos, en el cine, siempre tienen cara de tales, pero en la vida real no suele ser así; Alfred, no solo recogió esta realidad en sus películas, más bien la acentuó. Sus malos son guapos, elegantes y, sobre todo, seductores. Ni en La sombra de una duda (1943) ni en Psicosis (1960) los asesinos son malencarados.

La famosa carrera de Gary Grant en Con la muerte en los talones

Tampoco hace falta un bosque ni un callejón oscuro para presentir el peligro; éste puede estar en el lugar menos sospechado y, además, surgir del cielo abierto Con la muerte en los talones (1959) o Los pájaros (1963).

Nos hace creer que un personaje o un objeto es clave en el desarrollo de la trama y, después, no tiene ningún reparo en hacerlo desaparecer.

Todo un experto en engañar al público. Nos hace creer que un personaje o un objeto es clave en el desarrollo de la trama y, después, no tiene ningún reparo en hacerlo desaparecer. En Psicosis, ni la ladrona Marion ni los 40.000 dólares que robó son protagonistas en el filme. Inventó un nombre para este truco: MacGuffin.

Peinado, vestido y maquillado como una coqueta mujer

Y, ¿qué decir de sus famosos cameos? A parte de jugar con el espectador a una especie de Buscar a Wally, dos respuestas se me ocurren: yo soy uno más en esta historia; o, a mí no me preguntes, no sé nada, solo pasaba por aquí. Han llegado a decir que, en más de una de estas fugaces apariciones, lo hace vestido de mujer.

Con Ingrid Bergman en Londres

Siempre alardeó que sus películas pueden entenderse con el sonido apagado, que lo sustantivo es la imagen. Yo no lo creo; los diálogos, en sus filmes, no adjetivan la trama; son el modo de entender el fondo de la historia. Y los efectos de sonido son herramienta clave a la hora de crear suspense. Nos dejó ver, por primera vez en el cine, qué sucede cuando se tira de la cadena. (Psicosis).

Los diálogos, en sus filmes, no adjetivan la trama; son el modo de entender el fondo de la historia.

Hitchcock cuenta su historia usando la cámara, como un escritor su bolígrafo. Libera la cámara del trípode y la hace deambular por la escena. En La Soga (1948), su primer filme en color, hace creer al espectador que ha sido rodada empleando una sola toma (plano secuencia) pero no es así; aprovecha cualquier oportunidad, donde un fondo negro, una espalda que se cruza o un objeto voluminoso, para ocupar toda la pantalla y cortar y cambiar la bobina; partiendo en la siguiente toma desde el mismo encuadre.

Kim Novak y James Stewart en Vértigo

En Vértigo (1958), la historia de un detective obsesionado por sufrir este problema es recordada, entre otros aspectos, por el plano secuencia realizado con un travelling vertical; concepto contradictorio en sí mismo que el director británico utiliza para acentuar el efecto del vértigo en las pupilas del espectador.

Una escena de Crimen perfecto

Otra faceta de su trabajo, que pocos conocen, es que durante la Segunda Guerra Mundial fue desplazado a Reino Unido con el fin de colaborar activamente contra la amenaza nazi; allí, durante dos años, tuvo tiempo de rodar varias obras como Bon Voyage (1944) Aventura Malgache (1944), con miembros de las fuerzas francesas libres como actores. A su vez, colaboró en la creación de un documental sobre los campos de concentración del nazismo, aunque su trabajo no fue difundido hasta 1985; cuando fue rescatado por una cadena estadounidense.

Con su mujer, en sus inicios como cineasta

De su vida personal, tanto dentro como afuera del set de rodaje, sus neuras, obsesiones y excentricidades han ocupado miles de páginas. Nunca puso objeciones para contar secretos íntimos; algunos creíbles y, otros, no sé si faroles para inquietar al público. Realmente, ¿Cada noche, de rodillas ante la cama de su madre, le confesaba sus pecados del día? ¿Aprendió de memoria el trayecto de muchos autobuses de Londres? ¿Nunca condujo un coche por el terror que sentiría si un policía le parase? ¿Fue cruel con su hija? ¿Maltrató a sus actores? ¿Encadenó a un técnico de fotografía, junto a su cámara, hasta hacerle defecar en los pantalones? ¿Obligó a los pájaros picotear el cuerpo de Tippi Hedren? ¿Le obsesionaban las rubias frías? ¿Enseñaba su barriga a las damas para que viesen que no tenía ombligo? ¿Se metía en el camerino de sus actrices para olisquear su ropa interior? ¿Fue vengativo con Grace Kelly, su musa? ¿Rompía las tazas después de tomar el té? ¿Invitaba a sus amigos a comer menús coloreados de azul?

Si esto es cierto, está claro que estamos ante un demente. Demente sí, pero genio del cine, también. Y a las pruebas me remito: una estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood y el título de Caballero de la Orden Británica.

Ángel Domingo Pérez

Comentarios

  1. Nancy dice:

    Excelente nota! Todo un placer leerte

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