Mundo Yold. Un homenaje a Lucretia, Elizabeth, Lucy, Kate y otras increíbles luchadoras

Aquellas abuelas que se dejaron la piel para que tú hoy puedas votar

Inés Almendros
8 marzo, 2019

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El voto femenino se aprobó en Nueva Zelanda, después de la increíble campaña liderada por la maravillosa Kate Shepperd. Como ella, otras heroínas del sufragio femenino lucharon, y hasta arriesgaron sus vidas, para que las mujeres pudieran votar, cuando esta idea era una total provocación. Hoy recordamos a algunas de aquellas increíbles y valientes abuelas que pelearon por el voto femenino cuando aún vestían corsés.

Desde que el mundo es mundo, la mayor parte de las mujeres, en prácticamente todas las sociedades, han ocupado un lugar secundario en cuanto a la organización social y a la toma de decisiones. Durante milenos y de una forma global (salvo contadas y muy excepcionales ocasiones), han sido los varones los que han dominado los poderes de la sociedad, que en el transcurso de la historia se han ido fraguando a golpe de luchas intestinas, batallas cruentas, alianzas y tejemanejes, sucesiones de varón a varón y sufragios restringidos, normalmente, a la élite masculina.

Annie Kenney y Christabel Pankhurst, dos pioneras en pro de la igualdad

En 1789, la Revolución Francesa traspasó los poderes al “pueblo llano”, pero las mujeres tampoco formaron parte del “pueblo llano”, porque las dejaron sin votar. Indignada y con razón, en 1791 la escritora revolucionaria Olympe de Gouges expresó su protesta con la publicación de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, que venía a ser una Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, pero contando con la otra mitad de la población. Al año siguiente, la británica Mary Wolstonecraft también escribió su Vindicación de los derechos de la mujer, otra biblia del feminismo posterior. Pero estos primeros pasos de poco sirvieron: todavía quedaba más de un siglo para que, en los países más avanzados del mundo, se aprobara el voto femenino.

Durante una concentración en Londres

Pero las mujeres del siglo XIX ya empezaban a estar hartas: querían expresar su voz, querían tener los mismos derechos que los varones. Así es que, pasito a pasito, pero cada vez con más fuerza e insistencia, se empezaron a organizar. En 1848, en Estados Unidos, dos respetabilísimas, piadosas y muy creyentes damas, Lucretia Mott y Elizabeth Cady, organizaron la primera conferencia centrada tan solo en el voto femenino y en los derechos de la mujer, la Convención de Seneca Falls.

Congreso de la Alianza Sufragista

Este fue el punto de partida para el nacimiento de numerosas asociaciones, eventos y movimientos que reclamaban el sufragio para la mujer. No fue fácil: que la mujer pudiera votar solo se consiguió después de muchos años de trabajo, manifestaciones, protestas…

Emmeline Pankhurst, junto a otras luchadoras, encabezando una protesta por las calles londinenses

En muchas ocasiones, con enfrentamientos violentos, cárcel y auténticas torturas. Las primeras que lo lograron fueron las neozelandesas, en 1893, gracias al liderazgo de la increíble Kate Shepperd, que abanderó un movimiento femenino inteligente y bien organizado. A partir de ahí, poco a poco, las instituciones del mundo se rindieron a la realidad y fueron cediendo espacio para que la mitad femenina de la población pudiera votar. El sufragio femenino se aprobó en Australia, en 1902; Finlandia, 1906; Noruega, 1913; Dinamarca, 1915; Irlanda, Polonia, Georgia y Rusia, 1918; Islandia, Luxemburgo, Bélgica, Alemania, Suecia y Países Bajos, 1919; Austria, Hungría, Estados Unidos, Checoslovaquia y Reino Unido (donde desde 1918 ya podían votar las mayores de 30 años), 1920. Pese a la Revolución Francesa, en el país galo las mujeres no pudieron votar hasta ¡1944! Y antes de esta fecha, el sufragio femenino fue aprobado en España en 1931 (aunque luego el voto en general quedó anulado por la dictadura franquista) y en países de Latinoamérica como Ecuador, Uruguay, Cuba, Filipinas, El Salvador, República Dominicana… Hasta el año 2015, cuando el último país en aprobar el sufragio femenino, Arabia Saudí, cedió, aunque manteniendo restricciones.

Los hombres también se organizaron… para que las mujeres no votaran. En la imagen, la sede de una asociación contraria al voto femenino

Activistas con faldas largas
En nuestro mundo contemporáneo, la idea de que una mujer no pueda votar por el simple hecho de ser mujer nos parecería algo totalmente absurdo. Pero hay que recordar que hace poco más de un siglo la mentalidad general era justamente la contraria: que las mujeres votaran era una idea estrafalaria, revolucionaria y que ni la mayor parte de las mujeres avalaba por completo. Fue necesario que miles de féminas pioneras, visionarias, con criterio y sobre todo valientes, se pusieran manos a la obra, para convencer a la sociedad.

En numerosos países, mujeres trabajadoras y de clase alta se unieron en defensa de sus derechos

Generaciones enteras de mujeres que lucharon y protestaron en una época en la que la que aún iban vestidas con faldas largas, miriñaques, refajos y corsés. Nuestras antepasadas, aquellas mujeres sufragistas, feministas, o las que simplemente querían un mundo más justo, y que sus hijas, nietas y bisnietas pudieran hacer valer su pensamiento y su voz. Miles de luchadoras, hoy olvidadas, que se pelearon con su mundo para hacerse escuchar.

En una manifestación a favor del sufragio femenino

Hoy recordamos a algunas de estas maravillosas y luchadoras abuelas. Solo nos cabe una lista muy ajustada, muy estricta, de nombres. Por ello nos hemos centrado en algunas de las que son más reconocidas. A ellas y a todas las demás, a las miles de heroínas que salieron a la calle para que sus descendientes pudiéramos votar, ¡gracias de todo corazón!

En 1848, Lucretia Mott y Elizabet Cady organizaron la Convención de Seneca Falls, la primera conferencia sobre los derechos femeninos.

Lucretia Mott, una de las madres del feminismo

Lucretia Mott (Estados Unidos, 1793-1880). Esta entrañable abuelita de la imagen es una de las grandes madres del feminismo. Perteneciente al movimiento cuáquero, comenzó luchando contra la esclavitud, y a partir de aquí se alió con otras mujeres para reclamar el voto y otros derechos para la mujer. En 1848, ella y Elizabet Cady organizaron la Convención de Seneca Falls, la primera conferencia sobre los derechos femeninos. Pese a ser una respetable madre de cinco hijos, Lucretia popularizó por primera vez las reclamaciones femeninas en la muy conservadora sociedad de su época, pero siempre manteniendo un tono pacífico y conciliador. Aunque a veces tenía que enfrentarse a malos momentos (por ejemplo, cuando arrojaban basura a la puerta de su casa) con su actitud tranquila, y seria, y con su humor y dignidad, consiguió convencer a mucha gente. Cuando murió en el año 1880 era considerada la mujer más influyente de Estados Unidos; pero aún faltaba mucho tiempo para que las estadounidenses pudieran votar.

Elizabeth Cady Stanton fundó una de las primeras organizaciones feministas de la historia

Elizabeth Cady Stanton (Estados Unidos, 1815-1902). Educada en una familia culta, que la permitió estudiar y formarse intelectualmente -a diferencia de lo que era normal en la época- Cady fue coorganizadora, junto con Lucretia de la importantísima Convención de Seneca Falls, donde además presentó su Declaración de Sentimientos, una primera reivindicación pública de los derechos femeninos, en la que no solo se hablaba del voto, sino de otros asuntos que afectaban a la mujer, como los derechos parentales y de custodia, de propiedad, el divorcio, etc. Como es de imaginar, el texto provocó no pocas burlas de sus coetáneos, pero Cady no se arredró: continuó con la fundación de la National Woman Suffrage Association (NWSA), una de las primeras organizaciones feministas y pasó el resto de su vida trabajando por este tema. Murió en 1902 sin poder votar.

Susan Anthony, en 1872, fue arrestada por inscribirse en el censo preelectoral; le pusieron una multa, pero se negó a pagarla

Susan B. Anthony se recorrió Estados Unidos pidiendo el voto para la mujer

Susan B. Anthony (Estados Unidos, 1820-1906). En 1851, Susan, que también había participado en el movimiento abolicionista, conoció a Elizabeth Cady con la que forjó una buena amistad desde el principio. Juntas fundaron la NWSA y durante décadas viajaron por todo el país dando charlas y conferencias. En pleno siglo XIX, recorrer Estados Unidos para pedir que las mujeres votasen era una verdadera osadía, pero Anthony era una mujer valiente: varias veces se enfrentó a las fuerzas del orden para defender sus ideas. En 1872 fue arrestada por inscribirse en el censo preelectoral; le pusieron una multa, pero se negó a pagarla (y no se hizo ningún intento para obligarla). Susan murió en 1906, catorce años años antes de que las mujeres pudieran votar en Estados Unidos.

Lucy Stone omitió voluntariamente los votos de obediencia a su marido en su boda y se negó a llevar su apellido

Lucy Stone (Estados Unidos, 1818-1893). Lucy fue la primera mujer de Massachusetts que pudo obtener un título universitario, tras años de duro trabajo y enfrentamiento al rechazo permanente de las instituciones académicas para admitir a mujeres. Acostumbrada desde muy joven a reivindicar sus derechos, durante su boda con Henry Blackwell omitió voluntariamente los votos de obediencia a su marido y se negó a llevar su apellido.

Mujeres de la Asociación Nacional del Sufragio Femenino

Era la primera mujer en los Estados Unidos que se atrevía a registrarse como una mujer casada sin renunciar a su apellido, lo cual provocó un auténtico escándalo nacional, pero Henry la apoyó entonces y siempre. Stone también organizó una primera convención, a nivel nacional, sobre el tema y cofundó la Asociación Estadounidense de Sufragio (AWSA). Con 75 años, en 1803 dio su última conferencia sobre la mujer. Murió pocos meses después sin tampoco haber podido votar.

Kate Sheppard pasó su vida defendiendo grandes y pequeñas cosas para mejorar la vida de las mujeres, como montar en bici o quitarse el insano corsé

Kate Sheppard (Nacida en 1848 en el Reino Unido y fallecida en 1934 en Nueva Zelanda). Inteligencia, habilidad y perseverancia fueron las principales herramientas que Katherine Wilson Sheppard utilizó para convertir a Nueva Zelanda en el primer país de la historia en permitir el voto femenino; algo que con los años supone, sin duda, un orgullo nacional bien merecido.

Kate Sheppard, en 1893, recogió más de 30.000 firmas (todo un récord para la época) y las presentó en la Cámara de Nueva Zelanda, que aprobó el sufragio femenino en ese mismo año.

Kate comenzó su activismo en congregaciones religiosas, lo que le llevó a centrarse en los problemas femeninos. Durante años lideró una potente campaña para pedir el voto de la mujer con una estrategia tan hábil como perseverante: escribía panfletos que luego difundía, tanto en la calle, como entre los medios de comunicación, lobbies y partidos políticos. Supo hacerse un hueco entre las personalidades más influyentes, e igualmente consiguió numerosos apoyos y seguidores de ambos sexos.

Mujeres neozelandesas tomando las calles para reclamar el voto femenino

Tras varios intentos para que el Parlamento aprobara el derecho de la mujer a votar, en 1893 recogió más de 30.000 firmas (todo un récord para la época) y las presentó en la Cámara, que aprobó el sufragio femenino en ese mismo año. Pero, además, Kate pasó su vida defendiendo grandes y pequeñas cosas para mejorar la vida de las mujeres, como montar en bici o quitarse el insano corsé. Reconocida como una de las figuras más importantes de la historia de Nueva Zelanda, en realidad todas las mujeres del mundo le debemos mucho a la gran Kate.

Millicent Garret fue de las pioneras que consiguió votar antes de morir

Millicent Garrett Fawcett (1847-1929). Una de las madres del feminismo en Europa, Garret pasó más de cinco décadas luchando por el derecho al voto, pero siempre con una actitud pacifista, y haciendo gala de una infinita tolerancia y paciencia, a través de la Unión Nacional de Sociedades del Sufragio Femenino (NUWSS), que ella misma cofundó.

Millicent Fawcett en un mitin

Realizó su trabajo organizando continuadamente campañas políticas, conferencias, discursos y reuniones con los líderes políticos. Afortunadamente, Millicent tuvo el gran privilegio de poder votar cuando ya era una anciana.

Auclert fue la primera en utilizar el término “feminista”, que tan absurdamente negativo sigue sonando hoy a muchas mujeres y hombres.

La valiente Emmeline Pankhurst siendo arrestada durante una manifestación

Emmeline Pankhurst (Reino Unido, 1858-1928). La versión activista más agresiva del sufragismo en el Reino Unido fue el movimiento liderado por la brava Emmeline Pankhurst, que optó por medidas más contundentes. Guiadas por ella, cientos, miles de mujeres en todo el país iniciaron una verdadera batalla por el sufragio que incluía acciones directamente provocadoras y hasta violentas, desde romper ventanas hasta provocar pequeños o medianos incendios.

Emmeline, hospitalizada durante su huelga de hambre

Pasaron a la historia por sus enfrentamientos contra la policía y sus acciones impactantes: en 1913 una de sus seguidoras, Emily Davison, murió al arrojarse bajo el caballo del rey. En el mismo año, iniciaron una feroz huelga de hambre: para disuadirlas, policías, médicos y enfermeras las ataban y les introducían comida con una sonda.

Así de brutal era la violencia institucional contra la mujer. Ilustración que recrea la alimentación forzada a una huelguista

Con la Primera Guerra Mundial, en 1914, Pankhurst y sus sufragistas hicieron un parón para apoyar labores sociales, pero después de la contienda siguieron luchando intensamente hasta que, por fin, en 1918, el Reino Unido permitió que las mayores de 30 años pudieran votar. El sufragio femenino completo llegó al país en 1920.

Hubertine Auclert consiguió, junto a otras compañeras, que las mujeres pudieran controlar sus propios salarios

Hubertine Auclert (Francia 1848-1914). La principal lideresa entre las sufragistas francesas. Intelectual, periodista, activista por el voto de la mujer, igualmente abanderó protestas activas y contundentes, que iban desde negarse a pagar los impuestos, inscribirse en las listas electorales y convocar manifestaciones que a veces acababan en enfrentamientos (aunque nunca llegaron al nivel que las seguidoras de la británica Pankhurst). Auclert, que fue también la primera en utilizar el término “feminista” fue una de las fundadoras del Consejo Nacional de las Francesas, para unificar las proclamas de las mujeres. Su lucha y la de miles de francesas tuvo algunos éxitos, por ejemplo, el de lograr la ley que permitía a las mujeres controlar sus propios salarios. Tristemente, Hubertine falleció en 1914 mucho antes de que en su país las mujeres pudiesen votar.

Comentarios

  1. Flora dice:

    Me emociona saber de tantas MUJERES VALIENTES ..lo que me da fuerza a seguir con mi lucha..ya que presido un centro de jubilados y pensionados nacionales “20 de septiembre” hasta la fecha nos ignoran..sin ayuda .. gracias por éste espacio 😘

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