Yoldilandia. La revista ilustrada que dio nombre al cómic en español nació en 1917
Cien años del TBO

En el año 1917, hace ahora un siglo, nacía en Barcelona el TBO, la primera revista española dedicada enteramente al tebeo o cómic, que se publicó durante décadas y que llegó a dar nombre al resto de las revistas de historietas, en España. Creada durante toda la vida por una empresa familia, su historia fue tan larga como interesante.
Había una vez un editor que tenía un pequeño taller en Barcelona. Se llamaba Arturo Suárez, y se dedicaba a imprimir trabajos por encargo. Tenía un empleado, Joaquín Arqués, al que le gustaba la lectura, el arte y la lírica. Un día de 1917, en el que sobraba tiempo y faltaban encargos, le propuso aprovechar los ratos libres para hacer una revista infantil con historietas y narraciones, algo que no era un encargo, sino que sería una producción propia. Prepararon un primer número, al que alguien bautizó como TBO, que iba impreso en un solo color (azul) y que se vendió bastante bien, a 5 céntimos por ejemplar. La idea parecía buena, así es que a las pocas semanas Arturo Suárez llamó a su yerno, Joaquín Buigas, para que se encargara de la revista.
Conservadora y sin estridencias políticas, el TBO se supo adaptar a la visión social de cada época
Joaquin Buigas pertenecía a una de las más importantes familias de la burguesía y las artes catalanas: su abuelo materno, Miguel Garriga y Roca, era nada menos que el arquitecto del Gran Teatro del Liceu; su padre, Cayetano Buigas, había realizado el Monumento a Cristóbal Colón; y su hermano, Carlos Buigas, diseñó las fuentes luminosas de Montjuïc. En aquel ambiente familiar de tanto prestigio y renombre, durante muchas décadas a Buigas le daba cierto pudor que se supiera que él se dedicaba a dirigir, dibujar, escribir… crear, en suma, una pequeña revista de humor, por eso casi nunca hizo alarde de ello, y prácticamente jamás mostró su trabajo en público, ni en ningún evento importante. Fue guionista de casi todos los contenidos de TBO hasta 1962, pero nunca llegó a firmar un solo guión. El tiempo ha puesto, finalmente, su trabajo en la historia.
A la izquierda, portada del TBO número 1, de 1917. A la derecha, del mismo año, el número uno de los realizados por J. Buigas
Una familia unida durante décadas
El pequeño TBO tenía su público y se vendía, así es que Buigas decide potenciarlo y para ello se asocia con doña Emilia Estivill Monlleo, que era la viuda del editor Bartolomé Bauzà Rosselló, y con Emilio Viña González, que era uno de los empleados de la Editorial Bauza. Así, durante muchos años, Buigas realizaba el trabajo artístico, sobre todo de guiones, mientras que Viña se ocupaba de la gerencia de la editorial. Al final, dos de los socios de TBO llegaron a contraer matrimonio, ya que Emilia Estivill y Emilio Viña, se casaron en 1957, cuando ya ambos habían quedado viudos.
En la primera época, colaboraban en la revista dibujantes como Donaz, Manuel Urda, Tínez, Nit, Ricard Opisso, Méndez Álvarez o Castanys. La mayor parte de las revistas contenía historietas dibujadas para niños y jóvenes y ya desde 1923 se incluía la sección Los grandes inventos del TBO, una increíble e imaginativa historieta en la que se proponían artefactos inverosímiles, pero la mar de entretenidos, que alucinaron a niños de muy diversas generaciones. También del principio son las tiras del despistado y entrañable Melitón Pérez, una creación de Coll.
El despistado Melitón Pérez, un friki adelantado a su tiempo
Sobreviviendo a la guerra… y a la posguerra
Durante los años veinte y treinta, TBO se convierte en una de las revistas más vendidas del país, llegando a publicarse más de 200.000 ejemplares en 1935. El éxito llevó a los editores a sacar otras revistas complementarias, como B.B., que iba dirigida a las niñas, Historietas y Cuentos TBO, Colección Gráfica TBO, etc. Durante la guerra se siguió editando en la zona republicana con pocas variaciones; el equipo logró aguantar enormes dificultades, como la carencia de papel, pero se las apañó para sobrevivir. En medio del terror de la contienda, los ejemplares de TBO daban una pequeña alegría a los privilegiados niños que la podían leer.
La guerra no impidió a los editores seguir publicando, para muchos niños el TBO siguió siendo de las pocas alegrías de la época
Al final de la contienda, con el fin de editar de forma regular y legalmente, los socios de la revista oficializan la creación de la editorial Buigas, Estivill y Viña. Sin embargo, les deniegan el permiso de publicación periódica, y debido a ello, y a las enormes carencias, como la falta de papel, se ven obligados a reducir de forma importante las tiradas. Ello no impidió que en esta época se crearan algunas de las secciones y personajes más importantes, por ejemplo, la inolvidable Familia Ulises, obra del propio Joaquín Buigas, con dibujo de Marino Benejam, que justamente nació a mediados de los años 40, y que nos acompañaron durante muchos años. La familia encajaba perfectamente en este ambiente conservador, pacato y mediocre de la posguerra. Se trataba de una familia compuesta por un matrimonio de mediana edad, Don Ulises Higueruelo y Doña Sinforosa, a los que acompañan sus hijos: Lolín, Merceditas y Policarpito, la abuela Filomena y el perro Treski.

La familia Ulises, tal vez los personajes más conocidos del TBO
En general, los editores del TBO lograron sortear bastante bien todos los problemas con la censura durante el franquismo, menos en 1951, cuando la mala suerte quiso que publicaran una historieta sobre un personaje llamado Blas Pérez, nombre que justamente coincidía con el entonces ministro de Gobernación, quien se sintió aludido y ordenó la confiscación de la revista, además de decretar a sus dueños una importante multa de 10.000 pesetas (cantidad nada desdeñable para la época). Evidentemente, cualquier atisbo político contrario a la dictadura fue plenamente rechazado; por ejemplo, Joaquín Buigas hablaba y escribía en catalán, pero el propio Viña, que era asturiano, le traducía todos los textos. El espíritu conservador de la publicación encajó bien con los tiempos.
Esplendor y ocaso
A partir de los años 50, el TBO se volvió a publicar de forma regular, creciendo cada vez más la venta de la revista, que ya llegaba a toda a España en los años 40 y que en 1972 sacó 789 números ordinarios y un montón de almanaques y números extraordinarios. De esta época, los yold seguramente recordamos a personajes como Josechu el Vasco (de Joaquim Muntañola) o Altamiro de la Cueva (de Joan Bernet Toledano).
Los inventos del TBO, hipnógica recreación de hipotéticos ingenios que nos dejaban alucinados
A partir de los años 70, la revista se empezó a modernizar considerablemente, e incluía historietas de autores de otros países, como Los Pitufos, rebautizados como Los Tebeítos, y otros formatos más renovados, como Florentino y su vecino, de Spirou. Sin embargo, de alguna manera en esta década comenzó también la decadencia, en parte por el gran tirón que empezaban a tener otros cómics más famosos, especialmente los de la Editorial Bruguera, que había trasformado el mercado con sus historias de Mortadelo Filemón, Vázquez o Zipi y Zape. En 1979, la cabecera TBO pasa a llamarse El TBO y se comienzan a reeditar historietas de años atrás. A primeros de los años ochenta, la revista desaparece, y los fondos de TBO son adquiridos por su máxima competidora, la Editorial Bruguera, que en 1983 la vuelve a relanzar, aunque con poco parecido a la anterior. En 1986, con la quiebra de Bruguera, la editorial desaparece y lo derechos pasan a Ediciones B, que saca algunos ejemplares durante 1988 pero que deja de editarla regularmente. 
Además se publicaron muchos almanaques y números especiales
El TBO no solo ha sido la revista de cómics más longeva y tal vez más importante de nuestra historia, sino que, gracias a su influencia durante décadas, el resto de las publicaciones de historietas fueron bautizadas en España como tebeos. El uso de esta denominación fue adoptado en 1968 por el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia. Durante décadas, nadie sabía realmente de dónde había salido, y qué quería decir lo de “TBO”, pero justamente, hace pocos años, la secretaria de la editorial Rosa Segura, cuando ya estaba retirada, descubrió que la denominación seguramente fue idea de Joaquín Arqués, el empleado del primer editor, Suárez, quien era aficionado a la lírica y que podría haber cogido el nombre a partir de la revista lírica de 1909 titulada T.B.O., firmada por Eduardo Montesinos y Ángel Torres del Álamo.
Cincuenta céntimos costaba un ejemplar el año en que comenzó la guerra civil
Para celebrar el centenario del padre de los tebeos, se han preparado diversos actos y publicaciones: el periodista Jordi Manzanares ha presentado el libro 100 años, en castellano y catalán, mientras que Ediciones B también ha lanzado 100 años de TBO, del también especialista en cómic Antoni Guiral. Presentaciones, charlas y jornadas especiales, sobre todo en Barcelona, se realizan estos días para homenajear a uno de los títulos de nuestra vida. Y es que, millones de niños de muchas generaciones en España nos hemos entretenido y reído con el TBO, que forma parte de nuestra historia y de la historia de nuestros padres y abuelos.
Más información:
Se pueden consultar numerosos ejemplares antiguos del TBO en la fantástica web


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