Danza de amor y guerra en Torre de Santa María

El día 21 de Septiembre se celebra el día de San Mateo, Patrón de Torre de Santa María, y es en ese día cuando tiene lugar la Fiesta de los Tableros, la más tradicional del municipio. La “danza de los tableros”, danza de amor y de guerra, tiene reminiscencias árabes. Pasó más adelante a ser una fiesta semireligiosa, al igual que en pueblos cercanos, donde existen fiestas parecidas en su forma, pero que han ido evolucionando de manera distinta (Albalá, Valdefuentes o Montánchez).
Tradicionalmente, el día de San Juan Bautista, 24 de Junio, el párroco publicaba en la iglesia los nombres de la primera y de la segunda madrina, para que éstas se encargaran de gestionar quienes habrían de ser las tableras. Actualmente esta situación ha cambiado, y son las propias mujeres del pueblo las que se prestan voluntarias. Además, todas ellas serán madrinas de San Mateo, y por lo general se trata de mujeres solteras, que a su vez habrán de designar a un danzador, normalmente algún pariente.
Antiguamente, las dos madrinas eran las que confeccionaban los tableros, pero hoy día son las propias tableras las que lo hacen.
La primera misión de las damas consistía en recorrer las eras recogiendo el donativo que voluntariamente entregaba cada uno: una cuartilla de trigo, un celemín de garbanzos, cebada, etc. Con la ayuda de una borriquilla de carga hacían los viajes que eran necesarios.
Más tarde visitaban las casas donde las vecinas del pueblo entregaban productos caseros, como aceite y huevos. Con todo ello se fabricaban dulces típicos como son las famosas roscas de lustre, roscas cocidas, repelaos y piñonates.
Los danzadores van vestidos con chalecos antiguos y fajas coloradas y un pañuelo por el cuello, atado delante, y otro anudado por la cabeza, con el lazo al lado izquierdo y alpargatas blancas. Las madrinas van con los refajos bordados, mantón de manila o pañuelos de cien colores, mandil negro y una rodilla en la cabeza hecha de cintas.
Los tableros, cuya elaboración es muy compleja, están adornados con banderas preciosas, ramos, panes, roscas de piñonate y muchos dulces. Se presentan todos iguales, menos los correspondientes a las dos madrinas delanteras, que llevan más que los otros, y por ello conseguirán, como luego se dirá, posturas más altas en la puja.
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