Cine Yold. Desgraciadamente el cine bélico sigue de actualidad

Distintas guerras, distintas ciudades: el mismo terror que inunda Kiev

Angel Domingo
27 junio, 2022

El género bélico, como le ha ocurrido a otros géneros predominantes en la industria estadounidense, ha sido relegado a una posición menor en la época actual. Ángel Domingo nos comenta algunos de sus más emblemáticos títulos cinematográficos.

La guerra y sus consecuencias siempre han sido objeto de interés para varias generaciones de cineastas, bien como medio de propaganda para las naciones que representaban, o bien como medio de denuncia, con el objetivo de que el espectador tome conciencia de la destrucción que traen consigo estos enfrentamientos armados.

Si nos remontamos a los comienzos del cine, cuando todavía no se soñaba con el cine hablado, el pionero estadounidense D. W. Griffith filmó en 1915 el que es considerado el primer blockbuster de la historia, El nacimiento de una Nación. La Nación, por supuesto, era los Estados Unidos, y parece que desde su Declaración como una Nación Independiente, la Estatua de la Libertad quería ‘entretenerse’ prendiendo con su antorcha la mecha de algún fusil. La película muestra el trágico asesinato del Presidente Lincoln, y el dramático nacimiento del Ku Klux Klan. Pero dejando a un lado esto, posee el reconocimiento unánime de ser la primera película de la historia con un argumento coherente; hasta entonces, solo existían producciones que mostraban escenas sin ningún hilo argumental que las uniera.

Avanzamos hasta 1932, en plena I Guerra Mundial, el director Frank Borzage decide adaptar al cine la célebre novela de Ernest Hemingway, Adiós a las armas, sobre el primer conflicto bélico que asoló al mundo entero. Antes de que los Estados Unidos entren en la guerra en 1917, Frederick (Gary Cooper), un periodista norteamericano, se alista como voluntario en el Cuerpo de Ambulancias italiano para poder seguir de cerca los acontecimientos. Tras recibir una herida, ingresa en un hospital y se enamora de Catherine (Helen Hayes), una enfermera británica. Imagino que, en plena guerra, el mundo no era todavía consciente del horror que se producía en Europa, y Hollywood prefirió enfocar su cámara en una aventura romántica antes que en el horror que todavía no se había hecho público.

Parece que el ser humano tiene que tropezar varias veces con la misma piedra. Atrás quedó la I Guerra Mundial, que se resolvió aplicando un gran castigo, tanto económico como moral, a Alemania, la nación que provocó la conocida como Gran Guerra. La frustración del pueblo germano se saldó con el ascenso del partido nazi liderado por Adolf Hitler, que comenzó lo que él mismo denominó ‘Guerra Relámpago’ invadiendo toda Europa central sin apenas encontrar resistencia.

Toda Europa se plegó al poder germano, ¿toda? No. Inglaterra, que había elegido hace poco a Winston Churchill para llevar el mando de la nación, se sintió intimidado por el ansia conquistadora de Hitler, tal y como nos cuenta la película El instante más oscuro (2017).

Gary Oldman increíblemente caracterizado como Churchill

En mayo de 1940, Winston Churchill (Gary Oldman) se convierte en primer ministro británico en un momento realmente crucial de la Segunda Guerra Mundial, pues los nazis avanzan imparables conquistando prácticamente la totalidad del continente europeo y amenazando con una invasión a Inglaterra. Churchill deberá entonces explorar la posibilidad de un tratado de paz con Alemania, o ser fiel a sus ideales y luchar por la liberación de Europa. Naturalmente, opta por lo segundo, pero antes debe convencer a su Parlamento para que le permita defender sus ideales en el campo de batalla. Lo consiguió gracias al imprescindible discurso que finaliza con la memorable expresión, “sangre, sudor y lágrimas, venceremos”. La renuncia del Reino Unido a rendirse, pese a soportar cientos y cientos de bombardeos en su capital, Londres, unido al error fatal de Hitler de bombardear la base estadounidense de Iwo Jima, hizo entrar a Estados Unidos en la guerra, y gracias al potencial bélico estadounidense, el bloque del llamado ‘mundo libre’ salió victorioso de la contienda.

En 2002, el director Roman Polanski dirigió El pianista. Wladyslaw Szpilman, un brillante pianista polaco de origen judío, vive con su familia en el gueto de Varsovia. Cuando, en 1939, los alemanes invaden Polonia, consigue evitar la deportación gracias a la ayuda de algunos amigos. Pero tendrá que vivir escondido y completamente aislado durante mucho tiempo, y para sobrevivir tendrá que afrontar constantes peligros. El actor de origen judío, Adrien Brody, conquistó todos los premios individuales posibles gracias a su inolvidable interpretación.

En 2022, Rusia ha entrado en territorio ucraniano en una ofensiva a gran escala en varios frentes. En España no es conocido, pero el guionista y director ucraniano Sergei Loznitsa ha intentado mostrar al mundo la invasión de Ucrania y el terrible cerco con el que el ejército ruso ha sometido a Kiev, utilizando una de las pocas armas con las que contamos los países democráticos, el cine, y en este caso la película Maidan (Sergei Loznitsa) es la única respuesta audiovisual del acosado régimen del presidente Zelenski (que llegó a ser el actor más popular de su joven nación, hasta que decidió dar el salto a la política). Un documental de una gran belleza plástica destinado a quedar para la posteridad, demostrando que ningún misil puede destruir el cine.

En portada: fotograma de Maidan

Ángel Domingo

 

 

 

 

 

 

 

 

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