Mundo Yold. El joven enólogo que devolvió la vida a su pueblo con las bodegas de sus abuelos

 

El joven bodeguero que regresó para devolver la vida a su pueblo

 

 

 

 

Inés Almendros
1 julio, 2022

Mientras que buena parte de la España rural sucumbe ante la despoblación y el abandono, en el pequeño pueblo conquense de Pozoamargo encontramos esta historia inspiradora: la del joven enólogo Daniel Sevilla que decidió regresar a su localidad natal para crear sus propios caldos con las uvas de los antiguos viñedos familiares. Hoy, Daniel dirige una exitosa bodega, ha recuperado la tradición de fermentar en tinajas de barro y su negocio ha devuelto la vida a su pequeña localidad.

 

El pequeño pueblo de Pozoamargo se encuentra en una zona privilegiada de viñedos tradicionales entre La Mancha y La Manchuela, al sur de la provincia de Cuenca y en plena Ribera del Júcar. Como todos los pequeños pueblos de la zona, y al igual que en la gran mayoría de la España rural, en las últimas décadas, su población ha ido en descenso (en la actualidad quedan unas 300 personas) porque las generaciones jóvenes han emigrado hacia las urbes, buscando mejores expectativas laborales y de otros tipos.

En la bodega solo se trabaja con procesos artesanales y por tanto ecológicos

Pero ahora Pozoamargo vive una especie de renacimiento gracias a uno de sus más jóvenes habitantes: el enólogo y bodeguero Daniel Sevilla que, con tan solo 28 años y con la ayuda de su familia, ha hecho realidad su sueño: realizar sus propios caldos con las uvas de los viejos viñedos familiares, utilizando el tradicional sistema de fermentación en tinajas de barro que, prácticamente, estaba desaparecido. Así nació Las Calzadas, una bodega ecológica, artesana y familiar, que ahora vende sus propios vinos en España e incluso exporta a otros países del mundo.

Sueño hecho realidad: realizar sus propios caldos con las uvas de los viejos viñedos familiares, utilizando el tradicional sistema de fermentación en tinajas de barro.

Un sueño trabajado con mucho amor familiar
El sueño de Daniel comenzó desde niño: su padre, José Julián Sevilla, trabajaba los propios y muy añejos viñedos de la familia, alguno de ellos, con más de ochenta años de antigüedad.

Exterior de la bodega

Afortunadamente, José Julián no cayó en la tentativa de arrancar sus vides viejas y sustituirlas por otras nuevas, una práctica habitual en la zona, -e incluso fomentada durante años desde las administraciones-, con la que las viñas generan mayor cantidad de vino, pero de mucha peor calidad. Por eso, paradójicamente, los viejos viñedos, que la familia ha sabido preservar durante décadas, ahora producen excelentes caldos que han sido la base para generar este estupendo proyecto de futuro.

Los preciosos y antiguos viñedos de la familia

En este entorno de viñedos con historia, Daniel creció en el amor al vino y se decidió a formarse profesionalmente en el sector, así es que, tras finalizar su formación básica, se marchó a la Universidad de La Rioja para realizar la carrera de enólogo, que completó con un Máster en Enología y Viticultura por la Universidad de Castilla La Mancha. Al finalizar su carrera, comenzó un rodaje por bodegas de España, de Europa y hasta de Australia y Nueva Zelanda, ampliando su formación con numerosos trabajos y experiencia internacional.

Daniel también atiende a los visitantes que acuden, entre otras cosas a realizar catas de sus magníficos vinos

Sin embargo, y pese a su interesante periplo, el sueño de Daniel era regresar a su hogar y aprovechar los viñedos familiares para elaborar sus propios caldos. Así pues, a los 23 años, decide regresar a su pueblo y junto con su familia, se embarca en la fascinante, pero ardua y difícil aventura, de crear su propia bodega. El nombre escogido para bautizarla -Las Calzadas- tiene su origen en que Pozoamargo se encuentra ubicado en el estratégico cruce de dos importantes caminos romanos: la calzada que unía a Alcalá de Henares con Cartagena, y la que iba desde Córdoba a Sagunto. De hecho, en algunas de las viñas de la familia es fácil encontrar pedruscos blancos, arrancados de aquellos caminos romanos.

El patio del restaurante se llena en el verano

Por fin, en 2017, tras un enorme trabajo y un sinfín de complicadísimas gestiones, Las Calzadas presenta su primera añada formada por 10.000 botellas de los vinos Tinácula Red y Tinácula X. Al año siguiente sigue y aumenta la producción, y además la familia amplía el negocio con el restaurante. Poco a poco, la marca Tinácula se afianza: expertos y enólogos de Rioja, Ribera del Duero, Galicia, Sevilla, Cataluña, etc. comienzan a visitar Las Calzadas con el fin de aprender del uso de las tinajas de barro antiguas. Actualmente, elabora una producción limitada a 25.000 botellas anuales creadas desde la viticultura ecológica y el respeto por el medio ambiente.

Daniel y su padre trabajando los viñedos

Todo queda en casa
A día de hoy, Daniel y su familia han sobrevivido a los difíciles tiempos marcados por el COVID, y siguen adelante con su cada vez más asentado negocio. Ellos mismos se ocupan de todo el proceso: desde mantener y podar las cepas o vendimiar, a elaborar, afinar, y embotellar los vinos. También llevan las gestiones –muchas veces dificultadas y complicadas por las administraciones competentes-, así como el marketing, la publicidad y las tiendas física y digital de la bodega. Las Calzadas también cuenta con una tienda gourmet con productos locales como queso, aceite, miel, conservas, etc. En el restaurante –donde se pueden probar platos clásicos de la gastronomía de la zona, como ajoarriero, gazpachos manchegos, etc.- también se organizan actuaciones y eventos.

Las viejas tinajas recuperadas

En el negocio familiar hay dos figuras femeninas trascendentales: por un lado, la madre de Daniel, Josefina Medina, que se encarga de la tienda física y el restaurante, y que además es la artista y la autora de las docenas de óleos que decoran la bodega y que han servido para ilustrar las etiquetas de las botellas. Al elenco familiar se unió también Raquel, la pareja de Daniel -que también es enóloga-, y como tal participa en la creación de los vinos, además de atender el restaurante. Amigos y colaboradores complementan un equipo lleno de ilusión, que recibe a las numerosas visitas que acuden tanto a comprar, como a comer o a visitar la bodega y realizar catas de vino. De esta manera, el sueño de Daniel ha contribuido al renacer de su pueblo y a alejar del mismo la pesadilla del abandono y la despoblación.

La marca de la casa, Tinácula, se inspira en el nombre en latín de tinaja

El cuidado de las vides o recogida de las uvas se realiza a mano, sin maquinaria ni tractores.

Recuperando tradiciones
A la hora de plantearse los procesos de trabajo, Daniel y su familia apostaron sin dudarlo por mantener las tradiciones vinícolas artesanales, que al mismo tiempo garantizan el respeto ecológico de la tierra, tan importante en nuestro tiempo. Por ello, el cuidado de las vides o recogida de las uvas se realiza a mano, sin maquinaria ni tractores. Son viñedos de secano, que no requieren riegos ni instalaciones similares, y Daniel y su padre recurren a las técnicas clásicas de cuidados de las plantas, evitando productos industriales o fertilizantes agresivos. Al producir y comercializar un vino de calidad, apreciado en el mercado, el negocio es al mismo tiempo rentable y respetuoso con el medio ambiente.

Las etiquetas están ilustradas

El sabor del barro
Uno de los aspectos más llamativos de la bodega de Daniel es que todos los vinos se fermentan en grandes ánforas o tinajas de barro, tal y como hacían hace siglos los romanos. Un proceso prácticamente desaparecido en nuestros días, pero que era el habitual en el centro de España hasta los años 50, cuando la aparición de otros materiales –hormigón y acero, principalmente- sustituyó a la arcilla.

Hoy en día, Las Calzadas es de las pocas bodegas de España y del mundo, que solo fermenta en depósitos de barro.

Hoy en día, Las Calzadas es de las pocas bodegas de España y del mundo, que solo fermenta en depósitos de barro, lo que devuelve a los vinos unos sabores y aromas tradicionales y olvidados, ya que la arcilla apenas roba protagonismo al sabor de la uva, al contrario de lo que sucede, por ejemplo, con la madera, en la fermentación tradicional en barricas. Por todo ello, la principal marca de vinos de casa –Tinácula- procede, precisamente, del latín “tinaja pequeña”, y el logotipo de la casa es el mismo que estaba inscrito en las tinajas familiares más antiguas, las que pertenecieron a los antepasados de Daniel.

Óleo de Josefina Medina

Además de seguir utilizando las viejas tinajas familiares, Daniel y su familia han logrado recuperar otras ánforas ya abandonadas que permanecían en Pozoamargo y en otros pueblos de la zona. Con ello, han recopilado unas 30 tinajas de barro de entre 50 y 150 años de antigüedad, con diferentes tamaños y capacidades. Entre ellas está la tinaja de Valentina, una viuda de un pueblo cercano, fallecida hace años, que en tiempos de la postguerra elaboraba sus propios vinos, con cuya venta podía mantener a sus hijos, ya que su marido había muerto en la guerra. Pese a ser mujer, y trabajar ella sola, el vino de Valentina era considerado el mejor de la zona, lo que irritaba a los vinateros varones.

Daniel y su pareja Raquel, también enóloga, en una feria internacional de vinos

Hoy, la tinaja de Valentina, marcada con su nombre, junto con los otros viejos y grandes recipientes, revive una nueva existencia, en la que fluyen proyectos e ilusiones renacidas. Proyectos, como los de recuperar la variedad de uva llamada Pardilla, muy típica en esta zona de La Mancha en los años 50 y que hoy está a punto de desaparecer, pese a que los viejos del lugar siempre recuerdan que daba el vino más fino.

Equipo Las Calzadas

Así, recuperando uvas y tinajas antiguas, con procesos artesanales del pasado, pero creando vinos apreciados en el mercado actual, Daniel y su familia han devuelto vida y futuro a sus viñedos y a su pueblo. Ellos son un excelente ejemplo de que las ilusiones pueden regresar a esos lugares que tristemente se van despoblando, pese a sus enormes posibilidades. Con emprendedores como Daniel, con ideas, imaginación y trabajo, se pueden recuperar los pueblos vacíos. Para ello, también es imprescindible el apoyo definitivo de administraciones, que deben apoyar más y mejor la creación de iniciativas en las zonas rurales. Mientras tanto, en Gente Yold, la historia de Daniel y su familia nos parece una maravillosa inspiración.

 

Comentarios

  1. CELINA HARO dice:

    Una historia realmente apasionante.
    Enhorabuena familia. Por eses logros tan merecidos.
    Como cliente ocasional, debo reconocer que gratamente me sorprendió el lugar, así como la sencilla y selecta carta.
    Se lo recomiendo a todo el mundo.

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