Mundo Yold. Un genio desconocido que creó la primera película completa de dibujos animados
Emile Cohl: el padre de los dibujos animados

Fantasmagorie es el título de la primera película completa de dibujos animados, que hoy nos parece casi mágica. Fue realizada en 1908, hace 110 años, por Emile Cohl, uno de esos genios absolutos, que murió olvidado y en la miseria. Hoy te contamos su historia.
Un minuto y 57 segundos. Es el tiempo de duración de la que, hasta el momento, se considera que es la primera película completa de dibujos animados de la historia. Su creador fue Eugène Jean Louis Courtet, más conocido como Emile Cohl, nacido en París en 1857 y tremendo aficionado desde muy joven al dibujo y la caricatura.

Emile, en su juventud, guapo y con talento
Tras la muerte de su madre, cuando Cohl tenía tan solo siete años, comenzó su educación en un internado, donde descubrió su talento artístico y su pasión por las estampillas. En su adolescencia, se decantó por el teatro de marionetas, el guiñol y el fantoche y se dedicó durante un tiempo al dibujo de la caricatura política, prohibida durante la época de Napoleón III.
Siendo tan solo un niño Cohl descubrió su talento artístico y su pasión por las estampillas.
Su mentor: André Gill
Su pasión le llevó a ser aprendiz del caricaturista más conocido de la época: André Gill. Emile Cohl consiguió una carta de recomendación que le permitió trabajar codo con codo por muchos años junto al que era su ídolo. Su relación fue tan cercana que Emile fue el único que estuvo al lado de André Gill cuando éste murió ingresado en un asilo mental.

Cohl fue el primero en unir la fotografía en movimiento con el dibujo
Su trayectoria al lado de Gill le dio alas para convertirse en un artista reconocido. A los 50 años, Emile comenzó a sentir auténtica fascinación por el incipiente mundo del cine, y pronto comenzó a preguntarse qué sucedería si se unía la fotografía en movimiento con sus caricaturas. De ahí que hoy podamos considerarle nada menos que el padre de los dibujos animados, por más que actualmente sea un personaje prácticamente olvidado.
Su pasión le llevó a ser aprendiz del caricaturista más conocido de la época: André Gill.
Su primera creación fue Fantasmagorie, estrenada el 17 de agosto de 1908 en París, en lo que supuso todo un acontecimiento. Por suerte, hoy podemos todavía disfrutar de este maravilloso corto.
Fantasmagorie
Era la primera vez que el público podía disfrutar de dibujos en movimiento y, a pesar de que la pieza no llega a los dos minutos de duración, quienes asistieron a aquella proyección quedaron impresionados al ver a los personajes dibujados por Cohl moverse libremente en el espacio. Fueron 36 metros de película que cambiaron la historia de la animación y abrieron un sinfín de posibilidades para todos los creadores que, a partir de ese momento, se lanzaron hacia el maravilloso mundo de las películas de dibujos animados. Aunque se habían realizado antes otros proyectos de cine con partes animadas, nunca se había realizado un film que solo narrase la historia con animaciones. Así Emile trazó la prehistoria de lo que sería luego el mundo Disney.
Las marionetas y el guiñol fascinaban al creador
La película, que mostraba las peripecias de un payaso y un caballero enfrentados a varias situaciones graciosas, consta de 700 dibujos realizados a mano por el propio Cohl y está realizada con la técnica denominada “efecto línea de tiza”, en el que se filmaban líneas negras sobre fondo blanco, para luego revertir el negativo. A partir de ese momento y hasta 1923, Cohl filmó más de 300 películas.
Fragmento del efecto llamado ‘línea de tiza’
Georges Sadoul, importante historiador cinematográfico de principios del siglo XX, reconoció que Cohl “no fue solamente un extraordinario técnico, creando o desarrollando diversos procedimientos, sino también era un gran artista, gracias a la precisión maliciosa de sus dibujos y a su fantasía extravagante. Es el más directo antecesor de la animación moderna”.
La mala suerte y la pobreza le acompañaron gran parte de su vida
Un gran talento que cayó en el olvido
Una vez más, nos encontramos con la historia de un gran genio que marcó toda una época, con un enorme talento, pero que tuvo que enfrentarse durante toda su vida a la mala suerte y a la pobreza, y que vivió sus últimos años en la soledad y el olvido.
Tras haber conseguido grandes logros y haber desarrollado una carrera de éxito Cohl vivió los últimos años de su vida arruinado y en la absoluta indigencia.
Tuvo que asistir al hundimiento de su amigo y maestro André Gill, que falleció abandonado y públicamente denostado. Su primera mujer le abandonó, y la hija que tuvo con ella también fallecería años más tarde por un aborto. Su segunda mujer, Suzanne Delpy y su hijo André le siguieron hasta los Estados Unidos, donde realizó también una serie de películas inéditas, la mayor parte de las cuales se perdieron para siempre en un incendio.
Hoy, una plaza parisina, lleva su nombre
La Primera Guerra Mundial terminó de dificultar su carrera, aunque ya era mayor. Por todo ello, pese a haber conseguido grandes logros y haber desarrollado una carrera de éxito en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, Emile Cohl vivió los últimos años de su vida arruinado y en la absoluta indigencia. Su situación económica se vió muy deteriorada durante la Gran Depresión y finalmente, en 1938, falleció en parte debido a la secuelas de un desgraciado accidente, cuando su barba se incendió con la llama de una vela en el asilo en el que estaba recluido. Pocos días después, y ya solo y arruinado, se apagó la vida del primer gran animador. Afortunadamente y como pasa tantas y tantas veces, la historia se encargó de hacer justicia, y su obra quedó para recordar al hombre que fue capaz de realizar, de forma mágica y artesanal, la primera película de dibujos animados.
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