YOLD PSICO. La edad de dirigir, por fin, la vida hacia donde queremos
El mediodía de la vida, la plenitud de la existencia

Nos pasamos la juventud aprendiendo y construyendo nuestra vida, y es ahora, en nuestra mediana edad, cuando por fin podemos empezar a decidir lo que queremos. Es una de las aportaciones del psicólogo Carl Jung que dio ejemplo de ello: a partir de los 50 años se dedicó a viajar por todo el mundo y conocer otras culturas.
La vida, de verdad, empieza a los 40. Y lo de antes ha sido un ensayo, un aprendizaje, un master de vivencias con una misión fundamental: que la experiencia adquirida durante años nos ayude a alcanzar la plenitud vital e intelectual.
Esta fue una de las aportaciones del gran psicólogo y filósofo Carl Jung, que dedicó una importante parte de su obra a estudiar la experiencia humana en la edad adulta.
Carl Gustav Jung (1875-1961) fue un auténtico renacentista de los siglos XIX-XX. Psicólogo, psiquiatra, médico, viajero, ensayista… Jung dedicó una parte importante de su obra a estudiar el ciclo humano de la madurez, la llamada “mediana edad”, que él situó sobre los cuarenta años, en una época en la que los cuarenta años de entonces eran los cincuenta de ahora. Un periodo que él llamaba “el mediodía de la vida”.

Tras estudiar los cambios que se experimentan durante la fase de la mediana edad, Carl Jung describió la primera parte de la vida como el momento en que el ser humano debe formarse y afirmarse, mientras que la segunda parte de la vida es la fase en que la experiencia adquirida nos ayuda a vivir.
En su conferencia El punto de inflexión de la vida, de 1930, con 55 años ya cumplidos, Jung argumentó que, entre el amanecer de la infancia y el atardecer de la vejez, está la mediana edad.
Siguiendo su discurso, durante la primera etapa de la vida, tenemos que definir quiénes somos; aprender el funcionamiento del mundo y de la sociedad; tomar consciencia de nosotros mismos; construir nuestra vida, nuestra carrera, nuestra familia… Durante este primer ciclo estamos absortos en construir y aprender, en realizar tareas obligatorias, gran parte de las veces impuestas. Sin embargo y por ello al mismo tiempo, es a partir de la segunda parte de nuestra vida, cuando -aunque sigamos teniendo obligaciones- comienza la auténtica época en la que podemos tomar nuestras propias decisiones.

Ahora que nos conocemos más, somos conscientes de qué es lo que queremos y necesitamos. Tenemos más tiempo real, porque ya tenemos construida nuestra carrera, nuestra familia. Es el momento, por lo tanto, de escoger realmente lo que queremos e ir hacia ello.
Un ejemplo de vida
El propio Jung fue un ejemplo de cómo hacer de la madurez todo un arte de vida. Sobre los 45 años sufrió una importante crisis vital, de la que salió reforzado. Durante la década de los años veinte, con casi cincuenta años, aprendió a esculpir en piedra, y comenzó a construir la que sería su preciosa y definitiva casa de Bollingen, el lugar de retiro y experimentación durante el resto de su vida.
Gracias a su situación familiar acomodada y a los beneficios de las ventas de sus anteriores trabajos, desde los años veinte Jung se dedicó a viajar para descubrir nuevos países y estudiar culturas primitivas de otros continentes: visitó Túnez, Argelia, recorrió el Sahara y pasó una importante temporada estudiando las culturas de los indios americanos de Nuevo México.
También realizó un impresionante viaje por Kenia, recorriendo las colinas africanas de Mombasa y Nairobi en tren; vivió importantes aventuras en Uganda, donde su grupo de safari fue atacado por las hienas y padeció la malaria.
Con más de sesenta años también realizó un importante viaje a La India y Ceilán (hoy Sri Lanka), que le permitió aprender y analizar las culturas y filosofías orientales, y conocer y relacionarse con intelectuales y filósofos de aquella parte del mundo.
En la década de los años cuarenta tuvo que defenderse de quienes le acusaron de mantener posiciones antisemitas, y por lo tanto pronazis. Unas cuantas décadas más tarde, cuando Jung ya había muerto, se desvelaron una serie de documentos que sugerían que, en realidad, Carl Jung habría trabajado como colaborador de la Agencia Central de Inteligencia Americana (CIA), en pos del movimiento secreto antinazi en Alemania.
Aunque estuvo toda la vida casado con Emma Rauschenbach, una rica heredera que también fue analista y escritora, Jung tuvo dos amantes reconocidas: Sabina Spielrein y Toni Wolff.
Carl Jung fue un ejemplo de cómo aplicar la filosofía a la vida real. Él mismo fue un ejemplo de cómo convertir el mediodía de la vida en el momento de plenitud de la existencia.
I.Almendros


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