Yold Coach. Ante la tontería de avergonzarte por tu edad…

El orgullo de tener 53 preciosos años

Inés Almendros
14 diciembre, 2018

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Vivimos en un mundo en el que mucha gente se avergüenza de decir su edad. Pero en Gente Yold precisamente reivindicamos el valor de nuestra edad, porque cada uno de nuestros años cumplidos son nuestro mayor tesoro, un archivo de vida, experiencia, momentos y sentimientos. Y cuantos más acumulamos, más valemos y no al revés. ¡Qué viva el Orgullo Yold!

Era sábado por la noche; en la casa de un compañero de trabajo nos reunimos un grupo tan variopinto como particular. Después de intercambiar unas cervezas y unas risas, tres niñitas de veintitantos comenzaron una retahíla de quejas acerca de su edad. Parece ser que una de ellas pronto iba a entrar en la “terrible” fase del cambio de década, apenas si le quedaban unos días para cumplir los treinta, ¡una auténtica tragedia, según ellas!

Avergonzarte de tus años es como avergonzarte de tu vida y de tus experiencias…

Haciendo alarde de prestancia y seguridad las miré a la cara y les dije, muy seria, ¿nenas, sabéis cuantos años tengo yo? Me miraron las tres con expectación y sus pestañas postizas se mecieron cuales locos abanicos cuando les, solté, así, de un golpe: ¡ cincuenta y tres!  “Uy, vaya, … pues estás estupenda, nadie lo diría, no se te nota nada”, contestaron eufóricas las muchachas, que estaban a punto de aplaudirme, como si fueran jueces de Operación Triunfo, por no parecer la momia de Tutankamon teniendo nada más y nada menos que ¡53 años!

La verdad, nunca sé si la frase “no se te nota nada” es para reír o para llorar; por una parte, supongo que es un halago parecer supuestamente más joven de lo que eres; por otra, me da la sensación de que, si se me notaran mis años reales, me tendría que avergonzar de ello.

En mi piel y en mi mirada se han grabado las experiencias buenas y malas de nuestra vida.

¿Es que tiene algo de malo tener cincuenta y tres años? Por otra parte, me consta que las chicas se equivocan plenamente: mi aspecto actual es el intermedio de cualquier mujer yold de mi edad. No soy yo la que estoy estupenda: son ellas las que se equivocan de concepto, y piensan que a los cincuenta años lo normal es parecer un fósil.

Segundo round: una vez superado el trance de las tres muchachas, aparece otro de los amigos -este entradito en años, como yo-, que había escuchado la conversación. Como si tuviera necesidad de darme un buen consejo, se me arrima al oído y me dice: “¿Por qué tienes que decir tu verdadera edad, cuando parece que eres más joven?”. Tras un breve estupor inicial, la respuesta que le di es muy clara, muy sencilla: porque estoy encantada de tener cincuenta y tres años estupendos, llenos de vida y de experiencias. Porque yo soy mi cúmulo de vida. Porque soy mis años vividos, con cada uno de sus días, de sus minutos y de sus segundos, y porque estoy contenta, satisfecha y hasta orgullosa de ello.

ORGULLO YOLD es el orgullo por cada uno de nuestros años, días, horas, minutos y segundos vividos.

Esa terrible manía de querer ser siempre joven, esa estupidez de quitarse años, la estrafalaria necedad de mentir sobre nuestra edad… es una costumbre seguramente tan antigua como el tiempo, y tan de hombres como de mujeres porque, aunque se ha achacado mucho a la coquetería femenina, todos conocemos a algún caballerete que se quitó años cuando salió de la mili.

Nunca voy a entender la tontería de avergonzarse por la edad, porque para mí la acumulación de años significa justo lo contrario. Tal y como yo lo veo, mis cincuenta y tres años son cincuenta y tres tesoros; cincuenta y tres cofres llenos de joyas preciosas, únicas, inimitables: los miles de días con sus cielos azules o grises, sus momentos de risas o penas, sus miradas y palabras, sus silencios y músicas… Diamantes en forma de tiempo, momentos únicos y exclusivamente míos tallados en experiencias singulares e irrepetibles, recuerdos, sentimientos, pasos dados, aciertos y errores, alegrías o disgustos… ¡Mi trabajo me ha costado recopilar tanta vida como para ahora avergonzarme de mi edad!

Encima, al miedo eterno a la vejez que siempre ha tenido el ser humano, se junta el desdén con el que en los últimos tiempos se asume la madurez, debido al culto a la juventud en el que nos hallamos sumergidos. La sociedad en que vivimos solo quiere gente joven, nada de arrugas faciales o vetustos trabajadores en la oficina. Algo que no es ninguna tontería, porque ha desembocado en verdaderos problemas como la discriminación laboral por edad, una realidad que hace que, a partir de los 40-45 años, muchísimos parados tengan mucho más complicado encontrar un trabajo, y formen un grupo laboral especialmente sensible. ¡Con 40-45 años, que es prácticamente la mitad de una vida, resulta que te has convertido en un dinosaurio laboral!

Nada te enseña más que la experiencia vivida.

También es negativamente sintomático que las actrices o actores de cine y televisión se quejen de que, a partir de los cuarenta, es casi imposible encontrar papeles, especialmente de protagonistas, porque los guiones del siglo XXI se escriben mayormente con personajes jóvenes.

¡Cómo si en el mundo real solo vivieran los que tienen veinte o treinta años! La sociedad que antaño veneraba la experiencia y la veteranía ahora detesta estos conceptos. La sabiduría que te otorga la experiencia se encuentra infravalorada en nuestro mundo moderno. Un auténtico paso hacia atrás porque, como decía Freud, sólo la propia y personal experiencia hace al hombre sabio“.

Evidentemente, cumplir años significa un paso adelante en nuestra vida, que nos acerca al fin y nos separa del principio. Es cierto que con los años se pierden fuerzas juveniles, se ganan arrugas y el cuerpo inicia una lenta degeneración (cuya incidencia dependerá mucho de cómo le hayamos tratado previamente). Pero a cambio, también hemos ganado mucho: a lo largo de nuestros años hemos recopilado todo lo que somos, nuestros conocimientos, nuestros amores, nuestra familia, nuestros recuerdos

La mejor edad es la edad que se vive en cada momento.

Mi experiencia personal me ha otorgado un intenso aprendizaje, que me permite analizar mejor la vida, me ha hecho madurar y me ayuda a tomar decisiones con cada vez mejor criterio, aunque me seguiré equivocando, sin duda, hasta el final de mis días.

Cada uno de los momentos vividos nos han convertido en lo que somos hoy. Han forjado la persona que somos ahora. Nuestra edad es la base esencial de lo que somos, y por ello no deberíamos avergonzarnos de ella, sino justo lo contrario; porque tener cincuenta y tres años, como tener trece, veinte, setenta y cuatro o noventa es maravilloso. Porque, además, la mejor edad es siempre la que se vive en el momento; solo hay que saberla vivir. Por todo ello, hoy y siempre, ¡viva el Orgullo Yold!

Inés Almendros

 

 

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