Mundo Yold. Repasamos la gran trayectoria vital y artística de Akira Kurosawa

El samurái del cine

Angel Domingo
11 octubre, 2019

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Uno de los grandes del cine internacional, Akira Kurosawa, es recordado hoy por nuestro crítico de cine, Ángel Domingo. No solo por su maestría y elegancia en la creación de escenas y el desarrollo del lenguaje cinematográfico, sino también por su discurso narrativo entorno a defender los valores humanos más sólidos y universales, el respeto a la vida y al medio ambiente, la solidaridad… Repasemos la trayectoria de este gran humanista.

Muchas personas de nuestra sociedad occidental reclaman a sus estados mayor interés en las instituciones y órganos de gobierno, por fomentar valores como la solidaridad, el respeto a los mayores y del medio ambiente, el cese de la violencia de género, el respeto por la vida… Nuestra cultura es el resultado de la huella que los artistas, científicos, deportistas y políticos plasman en la sociedad.

El director durante un rodaje

Hoy me propongo hacer un recorrido por la personalidad y la obra de uno de los mayores genios del cine que, sin rodar en suelo americano, es comparable a los grandes cineastas de Hollywood.

Akira Kurosawa (23 de marzo de 1910, Omori-Tokio, Japón), sin duda alguna el realizador japonés más reconocido, entró en el mundo del cine gracias a sus excelentes dotes para el dibujo, que le proporcionaron oportunidades para realizar tareas de storyboard; después, fue escalando posiciones hasta llegar a la silla de director, que consiguió, por primera vez, en 1943, para rodar La leyenda del Gran Judo (1943).

 

La leyenda del Gran Judo

No se conserva una copia completa de este filme debido a la censura de la época. Sin embargo, conocemos el argumento de la cinta, basado en la popular novela de Tsuneo Tomita quien, gracias a la intervención de su esposa, cedió los derechos a nuestro director. Cuenta la historia de un joven camorrista de barrio que quiere aprender judo para realizar sus fechorías con más posibilidades de éxito; sin embargo, el maestro que encuentra se niega a instruirle si mantiene dicha actitud agresiva, tan alejada de los valores éticos de este arte marcial. Se trata de una obra repleta de valores éticos, más que de escenas de acción.

Escena de Rashomon

La filmografía del japonés es tan extensa, con más de 30 películas, que sería imposible comentarlas todas; así que me limitaré a reseñar las más relevantes. Su primer título importante llegó en 1950 con Rashomon, película en la que un leñador, un sacerdote budista y un peregrino debaten sobre el castigo de un condenado muerte; este filme se alzó con el León de Oro del Festival de Venecia y, como curiosidad, está considerada la película que motivó la creación de la categoría Mejor Película Extranjera en la Academia de Hollywood.

Uno de los momentos más mágicos de la historia del cine en Vivir

Dos años después, presentó Vivir (1952). El cineasta pretende demostrar que el ser humano nace para vivir una vida plena, pero no solo consigo mismo, sino también con sus vecinos. Con esta premisa, el protagonista, acomodado a la rutina del funcionariado, acaba de recibir la noticia de que está gravemente enfermo; decide realizar una acción que pueda dar sentido a su vida: construir un parque infantil que un barrio llevaba tiempo pidiendo. El texto, basado en una popular obra de Tolstoi, supone una feroz denuncia del Estado japonés, especialmente de la burocracia a la que somete a sus empleados públicos.

Una de las últimas fotografías del director

Después de sus primeros éxitos, el realizador sufrió un trance emocional muy fuerte que le llevó a intentar quitarse la vida, aunque no lo consiguió. De niño presenció el suicidio de uno de sus siete hermanos y la muerte de todos ellos. También fue testigo del monstruoso terremoto que asoló Tokio en 1923. Estas experiencias marcaron su fuerte personalidad, su capacidad de no echarse a un lado cuando aparecen las adversidades y cómo enfrentarse a ellas.

Los siete samuráis

Poco a poco superó estos trances y regresó al cine con la famosísima Los siete samuráis (1954), que John Sturges adaptó en 1960 para producir la popular Los siete magníficos. La cinta de Kurosawa nos lleva a un pequeño poblado japonés cuyos habitantes, desesperados por los continuos ataques de los bandidos, deciden escuchar el consejo del hombre más anciano; este opina que deberían contratar a algún grupo de samuráis de los que vagabundeaban buscando trabajo, después del periodo de entreguerras. Este filme está considerado como la cinta más taquillera de la historia del cine japonés, y supuso el reconocimiento en occidente del cineasta.

Kurosawa fue un maestro en aprovechar recursos naturales, como la lluvia y el viento, para subrayar los sentimientos de sus personajes.

Es legendaria la elegancia de Kurosawa en el arte de construir las escenas; utiliza los recursos técnicos que después emplearon los grandes cineastas de Hollywood: filmación con varias cámaras, uso del teleobjetivo que permitía alejar la cámara para no interrumpir la actuación de los intérpretes y aprovechar recursos naturales, como la lluvia y el viento, para subrayar los sentimientos de sus personajes.

En Yoyimbo, la niebla es otro personaje

En 1958, estrenó La fortaleza escondida, que parece ser la historia que inspiró a George Lucas para realizar su serie La guerra de las Galaxias. La trama de la película japonesa nos cuenta el viaje de la destronada princesa Yuki para llevar a un lugar seguro una gran cantidad de oro; y su camino con el fiel general Rokurota Makebe, que la protege de los bandidos. Este filme supuso el descubrimiento para Kurosawa del formato CinemaScope, que después utilizó con frecuencia. El paisaje se convierte en un personaje esencial en la trama, dejando de ser simplemente el escenario donde suceden los hechos. Fue premiada con el Oso de Plata en el Festival de Berlín en 1959.

Escena de El cazador (Dersú Uzalá)

Dos producciones realizadas antes de El cazador (1975) no tuvieron la aceptación del público nipón, ni beneficios en taquilla, lo que le llevó a pensar que su carrera como cineasta estaba acabada, al no disponer de productoras que confiaran en él. Sin embargo, la industria soviética acudió en su ayuda y le propuso adaptar al cine una novela de Vladimir Arseniev titulada Dersú Uzalá.

El libro cuenta la historia de un cazador chino que, más que vivir en la taiga, convive con la taiga: se trata de un canto al respeto por la naturaleza, a la amistad y al precio que los humanos tenemos que pagar por las comodidades de vivir en la ciudad.

Para el director, el cine era lo único que le permitía aunar literatura, música, pintura y teatro bajo una misma mirada.

Los tres protagonistas son el cazador, hombre de gran corazón y excelente observador de las señales con las que nos habla el entorno; el capitán, amigo incondicional que comete el error de creer poder ayudar al anciano, ya casi ciego, llevándole a su casa en la ciudad y Amba, un tigre de Bengala que representa la defensa de la taiga ante quien se atreva a ofenderla. Quiero señalar la excelente interpretación que Maksin Munzuk hizo del personaje principal y también la de Yuri Solomin en el papel del capitán. Como anécdota del rodaje, Akira desapareció dos días preocupando al equipo y, cuando por fin apareció, llevaba consigo un gran cuadro de la cabeza de un tigre que había estado pintando para regalárselo a Solomin el día de su cumpleaños.

Otra escena de fuerte impacto visual en Ran

Si me permiten, me gustaría dar un consejo a los profesores interesados en educar a sus alumnos en los valores que nuestra sociedad necesita: faciliten visionar esta obra de arte, que bien puede ser un recurso didáctico para lograrlo.

La Academia de Hollywood le concedió un Oscar honorífico en 1980.

Nuestro director se puso tras la cámara por última vez en 1993 para rodar Madayo.

Viudo desde 1985, decidió retirarse y falleció en Setagaya (Tokio) el seis de septiembre de 1998. Tras de sí dejaba una huella imborrable en el séptimo arte y un sello inconfundible que hoy sigue siendo referencia para muchos directores. Según sus allegados su secreto consistía en que pensaba en el cine las 24 horas del día, actitud que defendía justificando que el cine era lo único que le permitía aunar literatura, música, pintura y teatro bajo una misma mirada.

Ángel Domingo Pérez

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