Yoldilandia. La más completa exposición de Ramón Casas que se ha realizado en Madrid
Belleza intemporal

Ramón Casas: la modernidad anhelada es el nombre de la muestra que se puede visitar en el CaixaForum de Madrid, para conocer la obra de uno de los nombres más importantes del modernismo catalán; un artista con mayúsculas cuya obra ha superado los cánones de su estilo y su tiempo.
El año pasado, en el 2016, se cumplió el 150 aniversario del nacimiento de Ramón Casas y por ello, numerosas instituciones, especialmente en Cataluña, organizaron exposiciones y eventos varios para homenajear a este gran pintor del modernismo, cuyas obras han atravesado los siglos para llegar todavía más bellas, vivas y sugerentes hasta nuestros días.

Autorretrato
Casas fue, sin duda, una de las grandes figuras, no solo del movimiento modernista, sino en general de las artes catalanas, junto con Santiago Rusiñol. Juntos vivieron en el París más bohemio y artístico de finales del siglo XIX, en pleno Montmartre, con Miguel Utrillo e Ignacio Zuloaga. Casas se relacionó con la intelectualidad europea, y supo plasmar en su obra un espíritu cosmopolita e internacional.

Después del baile
Nació en 1866 en el seno de una familia “bien” de la Barcelona burguesa y acomodada. Su padre regresó a Barcelona después de haber hecho fortuna en Cuba, y su madre pertenecía a la burguesía textil catalana. Desde adolescente comenzó a pintar y a participar en exposiciones, con el beneplácito de su familia: era fácil comprobar el talento de aquel joven dibujante. De mentalidad inquieta, pasó parte de su juventud en el París más bohemio, donde también trabajó como redactor y corresponsal de la revista L’Avenç, de la que él mismo fue fundador.

Cartel para el Real Automóvil Club de Barcelona
Con casi 40 años conoció a Julia Peraire, una vendedora ambulante de apenas 20 años y origen humilde, que se convirtió en su mujer y en su inspiración. Tal y como ha llegado hasta nosotros, su historia de su amor comenzó en el café barcelonés La Maison Dorée, en plena Plaza de Cataluña, donde ella vendía lotería y flores. Casas, que acostumbraba a tomar allí el café, acabó prendado de la joven, de la que se decía que tenía un carácter tan fuerte, que uno de sus retratos se llama ‘La Sargantain’ (1907). La relación causó el escándalo de la sociedad barcelonesa, y no pocos recelos por parte de su familia: al fin y al cabo, por muy artista que fuese, Casas siempre había pertenecido a la burguesía catalana, para la que siguió pintando y trabajando casi toda su vida. Pero el pintor mantuvo las buenas relaciones con todo el mundo, y finalmente su entorno asumió sin costes ni traumas a la pareja.

Júlia en grana
Una huella imborrable
A caballo entre la burguesía, y la modernidad; entre la tradición y los movimientos más vanguardistas, la obra de Casas, vista hoy en día, ofrece rasgos de todas estas influencias, pero además mantiene una esencia colorista y viva que ha traspasado siglos y etapas hasta llegar hasta nosotros más viva que nunca. Su capacidad para captar el espíritu intemporal de la belleza y el arte hacen que su obra siga siendo hoy en día igualmente cautivadora. A ello sin duda contribuyeron sus dotes de excepcional dibujante y excelente pintor, con poderosa capacidad para plasmar las figuras, y clavar las miradas.

Garrote vil
Una de sus facetas más importantes fue la de experimentar con nuevos formatos y técnicas: poseedor de una habilidad creativa versátil y renacentista, Casas ensayó con el cartel y la fotografía, sellando de esta forma también su visión moderna y avanzada del arte. Era un aficionado al ciclismo y al automovilismo, algo muy moderno por aquel entonces y de lo que dejó constancia también en algunas de sus pinturas y carteles.

Ramón Casas y Pere Romeu en un tándem
Pintó numerosos retratos de muy diferentes tipos y modelos; rostros generados con una visión psicológica y arriesgada, que le convirtió en uno de los principales retratistas y cronistas de su época y de los personajes más importantes de su momento. Además, el retrato le permitió trabajar y mantenerse con una buena posición económica. Casas era también un hombre muy familiar, y de hecho gran parte de su obra son pinturas realizadas a su propia familia, sus hermanas, cuñados, sobrinos, consortes, y por supuesto a Julia, que fue su modelo favorita, repetida docenas de veces.

Catalina Nieto Casas de Rocamora. Fundacio Rocamora
Otro de los ámbitos en los que sobresalió fue en la creación de carteles de enorme calidad, con un colorido vivo que llega hasta nosotros, y una capacidad asombrosa para sintetizar las figuras en un concepto a la vez publicitario y artístico.

Cartel para el Real Club de Vela de Barcelona
De ellos hay que destacar los de Anís del Mono o Codorniu. Con el de Anís del Mono ganó el primer premio, pero además generó una estampa artística exportable: la de la Manola que se convirtió en un icono del mundo español. Hoy en día son piezas históricas.

Cartel para Anís del Mono
La muestra del CaixaForum Madrid contribuye a conmemorar el 150 aniversario del nacimiento del pintor, y está formada por 145 obras de Casas y de otros pintores relacionados con su época, como Toulouse-Lautrec, John Singer Sargent, Romero de Torres, Sorolla, Picasso y por supuesto, Santiago Rusiñol. Es una ocasión excepcional para conocer a una de las figuras imprescindibles de la época, y disfrutar de la belleza intemporal.

Pel & Ploma
Más información:
Ramón Casas: la modernidad anhelada
CaixaForum Madrid
Hasta el 11 de junio de 2017
http://agenda.obrasocial.lacaixa.es/-/expo-ramon-casas
Soledad Bañeza


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