Mundo Yold. Recordamos cómo eran los juegos callejeros de los niños yold

Generación Yold: los últimos niños que jugaban en la calle

Inés Almendros
19 febrero, 2019

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Ya no hay niños por la calle. En algunas ciudades, apenas si se ven críos jugando como antaño. La generación yold fue la última que creció molestando sanamente a los vecinos con nuestras risas y carreras. No teníamos móviles, ni tablet, pero ni falta que hacía: una cuerda o un balón proporcionaban horas de diversión. Los expertos alertan del peligro de que los niños cada vez jueguen menos en la calle.

Las ciudades están cambiando. Y no sólo porque cada vez hay más cemento y menos árboles, sino porque, en muchos lugares, también hay cada vez menos niños jugando por las calles. Los niños de las generaciones yold, nacidos en la mitad del siglo XX, amenizábamos los parques y las calles de pueblos y ciudades con el alegre escándalo de nuestros gritos y risas. Todavía entonces los niños de todo el mundo aún jugaban al aire libre, bajo el cielo abierto, con sol y con lluvia; con frío o con calor. Corríamos, nos manchábamos, a veces nos hacíamos daño y molestábamos sanamente a los vecinos con nuestro griterío. Sin embargo, las generaciones infantiles de ahora, en vez de salir al parque, están en casa viendo la televisión, jugando con los videojuegos o manipulando la minitablet. Eso, si no están haciendo los deberes.

Los juegos en torno a una pantalla son los más habituales hoy en día

Que los niños cada vez juegan menos, y que apenas se juega en la calle es una realidad global confirmada por entrevistas y datos en todos los países. Por ejemplo, una encuesta elaborada en 2018 por la empresa de seguridad Norton by Simantec revelaba que los menores entre 5 y 16 años pasan gran parte del tiempo de ocio que les deja sus tareas escolares -entre dos y tres horas- jugando con dispositivos móviles, como la tablet, el móvil o la consola, en su propio hogar.

Las generaciones infantiles de ahora, en vez de salir al parque, están en casa viendo la televisión, jugando con los videojuegos o manipulando la minitablet.

En la encuesta participaron más de 7.000 padres de Europa y Oriente Medio. Otro ejemplo: la encuesta realizada por la Universidad Complutense de Madrid, en colaboración con Unicef, según la cual solo el 18% de los menores entre 3 y 12 años reconocía jugar fuera de casa; la mayoría se divierte en su hogar, con sus propios aparatos. Y los datos similares se repiten en numerosos estudios, en numerosos países. Tampoco nos hacen falta estadísticas: la mayor parte de nosotros podemos comprobar cómo en las calles y parques de nuestras ciudades y pueblos cada vez hay menos niños jugando.

La imagen de niños jugando en un parque es cada vez más insólita

Para los que somos yold, esta realidad nos resulta al mismo tiempo dramática e increíble, ya que la mayor parte de nosotros, -y da igual en qué lado del mundo- nos hemos criado prácticamente en la calle. Fuera de nuestro hogar era donde hacíamos nuestros amigos; hemos pasado la infancia corriendo, saltando, escondiéndonos, lanzando balones, planeando grandes y pequeños proyectos infantiles.

Solo el 18% de los menores entre 3 y 12 años juega fuera de casa.

Para pasar los mejores ratos de nuestra vida, no necesitábamos nada más que nuestras ganas de divertirnos. En todos los lugares del mundo existían docenas de juegos callejeros, tan simples como divertidos, para pasar el rato. Jugábamos a escondernos, con las canicas o las chapas; a la gallinita ciega, al pasemisí-pasemisá (o la víbora del mar en México, o el martín pescador en Argentina); a saltar la cuerda; a la rayuela o el avión; a policías y ladrones; al tira y afloja; a las tabas, a hacer carreras… ¡O nos inventábamos otra nueva diversión! Juegos tan fáciles como divertidos, tan participativos como sencillos. Hasta que, llegada la noche, las mamás del barrio se asomaban a la ventana para llamarnos a cenar.

¡Qué tiempos tan chulos los tiempos de la infancia yold!

Niñas y niños jugando en Burgos, en plena guerra civil, en 1938. Autor desconocido, fondo de la Biblioteca Nacional de España

¿Por qué los niños ya no juegan en la calle?
Las razones generalizadas por las que cada vez se ven menos niños en la calle obedecen a los cambios sociales vividos en los últimos años, y a las nuevas costumbres sociales. Vivimos en una época en la que ambos progenitores trabajan fuera de casa; salvo en urbanizaciones cerradas, no es fácil dejar a los niños sin vigilancia, en la calle. Los padres modernos tienen miedo del tráfico, de la delincuencia, de los accidentes… Las noticias sobre abusos infantiles y otros horrores similares influyen, sin duda, para que los padres actuales estén mucho más alertados que los de antes.

Ver series y películas se ha convertido en una actividad de ocio infantil habitual

El segundo gran motivo de la ausencia de peques en las calles del mundo está en la impactante llegada de la tecnología a todos los ámbitos de nuestra vida actual. Los niños de ahora, tal y como indicaba la encuesta de Norton by Simantec, prefieren jugar con la tablet, la consola, el smartphone o ver la Smart Tv. Opciones tecnológicas audiovisuales verdaderamente atractivas para ellos, y con algunas engañosas ventajas: no hay que salir de casa, no hay que correr, no hay que preocuparse por hacer amigos…

Tarjeta publicitaria de la Compañía Colonial de Chocolates Superiores, del siglo XIX

Hay otros muchos factores que influyen para este drástico cambio en las costumbres infantiles, por ejemplo, los estresantes horarios a los que muchos pequeños tienen que enfrentarse con su exigente vida académica, que incluye las horas de colegio, las clases extraescolares, y los deberes para casa, o trabajos encargados por los profesores.

Escolares saltando a la comba en el patio del colegio; otra estampa ya de otra época

La calle como escuela de la vida
Sin embargo, los expertos ya han alzado la voz para alertar de los riesgos de esta tendencia, cada vez mayor en las sociedades de todo el mundo. Educadores, pedagogos, psicólogos y profesores lo tienen claro: jugar en la calle y relacionarse de forma normal con otros niños, debe formar parte de la infancia de cualquier pequeño. Por ello, los padres deben buscar la forma en que sus hijos sigan divirtiéndose de esa manera, al margen de que practiquen otras formas de ocio.

Columpios y toboganes vacíos… Antes había que hacer cola para subir y columpiarse

Las ventajas del juego clásico en la calle, tal y como apuntan estos expertos, son innumerables. En primer lugar, los juegos de calle son activos y dinámicos, a diferencia de los juegos tecnológicos. En la calle, los niños saltan, corren, compiten, se esfuerzan… Jugar en la calle ayuda a mantener la salud física y a evitar la obesidad infantil. Jugando en la calle los niños aprenden a relacionarse con otros pequeños de distinto sexo, edad y condición.

En el mundo abierto y exterior, fuera de la protección del hogar, los niños conocen a sus primeros camaradas y compañeros de aventuras, a los primeros grandes amigos de su vida.

En el mundo abierto y exterior, fuera de la protección del hogar, los niños conocerán a sus primeros camaradas y compañeros de aventuras, a los primeros grandes amigos de su vida. Juntos aprenderán a divertirse, a compartir, a explorar, a investigar, a plantearse metas, a proyectar grandes aventuras. Gracias a los juegos infantiles callejeros y compartidos, los niños estimulan y entrenan sus destrezas, aprenden a negociar, a funcionar en equipo, a organizarse, a ganar y a perder. La infancia en la calle es una auténtica escuela de la vida.

Jugando en la calle, los niños estimulan y entrenan sus destrezas, aprenden a negociar, a funcionar en equipo, a organizarse, a ganar y a perder

Por todo ello, los psicólogos y pedagogos advierten de la importancia de desarrollar este proceso en la infancia: un niño que no sale y se divierte solo, con aparatos en casa, puede ser un adulto aislado al que le sea difícil relacionarse en el futuro.

Cromo de Chocolates Amatller de 1909, con niños jugando a la pelota

Por eso, instan a los padres a buscar formas de que sus niños sigan jugando en la calle, aunque sea en los fines de semana; a que hagan nuevos amigos en el parque; a salir en plan familia para jugar al aire libre, porque que un niño se divierta corriendo con otros niños es una parte de la infancia que no debe desaparecer jamás. Los especialistas también subrayan la importancia de que en urbes y pueblos haya lugares aptos para los juegos infantiles.

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